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jueves, 4 de mayo de 2023

Franciscanos, indios y plata

 

                                                       Vista parcial de Texcoco (México)*

Nuria Salazar Simarro se ha planteado si los franciscanos formaron parte del grupo de artesanos que trabajaron la plata en América, y aporta interesantes datos sobre los conventos de San Francisco de México, Santiago de Tlatelolco, San Cosme de México y San Francisco de Puebla entre 1670 y 1770, donde los jóvenes novicios eran, además, plateros y sastres en su mayor parte, seguidos por los carpinteros, pintores, tiradores de oro, mineros, arquitectos y escultores[i].

La autora citada se pregunta también sobre si el franciscano Pedro de Gante tuvo algo que ver, con su labor educativa, en la dedicación de los monjes a dichos oficios, si bien aquel se enmarca en la Nueva España en el siglo XVI[ii]. En todo caso la autora ha descubierto todo tipo de objetos de plata y otros metales preciosos en los conventos franciscanos, consecuencia de un mercado local –en cada lugar- de manufactura y venta de orfebrería que habría tenido su origen en la Escuela de Artes y Oficios fundada por Pedro de Gante. Salazar Simarro ha constatado 31 novicios plateros en conventos franciscanos entre 1672 y 1799.

Sobre bordadores y tiradores de oro hay una mención de fray Pedro de Gante, de que en su comunidad hubo un bordador italiano de nombre Daniel que enseñaba a los indios a trabajar las guarniciones de los ornamentos sagrados, y Jerónimo de Mendieta[iii] añade que “el oficio de bordar les enseñó un santo fraile italiano de nación (aunque criado en España), llamado Fr. Daniel” que estuvo en las provincias de Michoacán y Jalisco, dejando en México muchos ornamentos “hechos de su mano y de los indios sus discípulos”.

 “Hablar de la calle de Plateros en la ciudad de México […] podría además vincularse con una de las herencias del mundo prehispánico […]: el mercado especializado y diferenciado por productos que se daba tanto en el mercado fijo y ambulante como en la trama urbana”. Como en España, se consideraba un honor en la época tener parientes en el clero, y ello es así entre las clases modestas como entre las pudientes, teniendo la mayoría de los aspirantes a franciscanos menos de 20 años de edad.

Volviendo a la Escuela de Pedro de Gante en Texcoco, en ella se aprendían oficios mecánicos además de música, lectura, escritura y náhuatl, y al hablar Mendieta de las habilidades de los indios, dice que aprendieron todo lo que sabían los inmigrantes, siendo los oficios los de sastre, zapatero, guadamacilero[iv], campanero, batihoja[v], etc.

Pero trabajar con oro y plata llevó a la tentación, y así se dieron casos de robo, como es el caso de una lámpara de plata de la iglesia del convento franciscano de Tula, lo cual llevó a pleitos. No obstante las más de las veces dichos pleitos estuvieron basados en la lucha por la tierra y los bienes de la comunidad indígena, “cuyos valores materiales más apreciados son y han sido sus iglesias y conventos, construidos en su mayoría por manos y con recursos locales”, señala Salazar Simarro. Tanto la elite indígena como la española solían reunir fondos para la fabricación de los objetos destinados al culto, o donaban algunas alhajas personales, y ello explica el sentido de apropiación o pertenencia.

La autora cita varios casos, particularmente el los otomíes en el pueblo de Huichapan[vi], donde el convento había sido fundado en el siglo XVI, y de modo semejante a otros lugares, los otomíes adoptaron a los franciscanos como sus protectores. En este apoyo se inscribe la obtención de piezas de plata que formaron parte del ajuar del templo (parroquia de San Mateo), costeado por los indígenas y por los españoles vecinos del mismo pueblo. Llegados al año 1720 y estando algunos objetos de plata en mal estado, se pensó en cambiarlas, por lo que los feligreses de todo tipo pidieron a la autoridad “reverenda” que se les entregase plata para hacer un frontal, mecheros y otras cosas “que puedan Servir y Luzir en mayor adorno del Culto Divino en las festividades Nuestras y en las de los españoles”, lo que pone de manifiesto que el adoctrinamiento de los indígenas estuvo entreverado del mantenimiento de sus tradiciones.

En efecto, el reciclaje a partir de la fundición de piezas viejas y en mal estado también fue una labor que se llevó a cabo por unos y otros. En el convento de San Francisco de México se propuso, en 1784, la “Construcción” de una nueva custodia y otras obras, incluyendo el conjunto de piezas desechadas seis candelabros, un copón, una custodia, dos ramilletes, un plato con sus vinajeras, cuatro tiborcitos (jarrones), una lámpara y dos candiles. El interés etnográfico de este trabajo es evidente.


[i] “Filones de plata en conventos franciscanos”. Ver aquí mismo “Fundición de oro y plata en América”.

[ii] Nació en las proximidades de Gante en torno a 1486 y murió en la ciudad de México en 1572. Parece que está emparentado con el emperador Carlos V, el cual enviaría a Nueva España a Pedro de Gante y dos franciscanos más a petición de Hernán Cortés, desembarcando en Veracruz en 1523. Es considerado como el máximo educador de la América española en su siglo.

[iii] Nació en Vitoria en 1525 y murió en la ciudad de México en 1604. Habría cursado en Bilbao Filosofía y Teología, y en 1553 se incorporó en Alcalá de Henares a un grupo de franciscanos que viajaron a Nueva España, llegando a Veracruz a mediados del año siguiente. Fue destinado al convento de Tlaxcala, donde conoció a Motolinia, empleándose poco después en escribir al Emperador repetidamente para que eximiese a los indígenas del pago del diezmo.

[iv] El que trabajaba el cuero, lo labraba artísticamente y lo pintaba.

[v] El que hace panes de oro para decorar objetos.

[vi] En el actual estado de Hidalgo, en el centro-este de México.

* Fotografía de zonaturistica.com

martes, 3 de enero de 2023

Yucatán maya y franciscano

 

                                                 Iglesia en Maní (mexicodesconocido.com)

En el extremo noroeste de la península de Yucatán se encuentran Izamal, Mérida, Conkal, Maní, Homún, Sotuta, Calkimí y Campeche, solo unas cuantas localidades donde los franciscanos, en el siglo XVI y siguientes, hicieron sus misiones, muy meritorias en la mayor parte de los casos pero con serias controversias en otros, particularmente en el juicio que se hizo a caciques e indios comunes en Maní, acusados de idolatría, sacrificios humanos, etc.

En zona tropical, pues las latitudes rondan en torno a los 20 grados norte, la mayor parte del territorio citado es llano, y todavía se conservan importantes restos arqueológicos de época maya, muy particularmente en Izamal, donde los monumentos ceremoniales estuvieron mucho tiempo cubiertos dando la impresión de ser cerros. Otros fueron sede de importantes cacicazgos, como es el caso de Conkal; Mérida fue fundada en 1542 por los españoles, cuando ya la civilización maya se encontraba hacía mucho tiempo en decadencia. Pero una cosa es esto y otra que las costumbres, sobre todo religiosas y rituales hubiesen sido abandonadas, muy al contrario, estaban vigentes en el siglo XVI.

Como la cultura maya es la única precolombina que ideó y empleó una escritura digna de tal nombre, fue el franciscano Luis de Villalpando[i] el extranjero que la descifró en primer lugar, aunque poco después su hermano de religión, Diego de Landa[ii], perfeccionase su conocimiento, y no fueron pocos los cronistas a los que debemos información sobre Yucatán, pero son Bernardo de Lizana y Diego López de Cogolludo los que más nos interesan para la región de la que hablamos. Los dos fueron franciscanos pero de generaciones distintas; Lizana nació en 1581 y Cogolludo en 1614, y los dos conocieron la lengua maya y la emplearon para sus predicaciones, como anteriormente habían hecho los citados Villalpando y Landa, entre otros.

Los franciscanos llegaron a Yucatán a mediados del siglo XVI y se encontraron con una situación parecida a la de otras regiones de las Indias: abusos por parte de los conquistadores, trabajos forzados a los indios, exigencia de tributos abusivos, etc. Además de extender el cristianismo entre aquella población, que todos coinciden en que era numerosa, estuvo la permanente amenaza, para los frailes, de apostasía, prácticas consideradas por ellos perniciosas e incluso nocivas: los sacrificios humanos están documentados y los sufrían sobre todo niños o indios adultos que habían sido capturados o comprados en otros lugares.

Debe tenerse en cuenta que la conquista de Yucatán fue mucho más lenta que el altiplano mexica y el imperio incaico, así como los territorios que hoy conocemos como Guatemala, Honduras, Nicaragua, etc. La segunda mitad del siglo XVI fue de transición, pero hasta finales del XVII no fueron sometidos los habitantes de algunas comarcas del Petén. Hasta 1561 no fue nombrado el primer obispo de Yucatán, aunque en la década de los cuarenta Bartolomé de las Casas tuvo jurisdicción, como obispo de Chiapas, de la península.[iii]

Noemí Cruz Cortés[iv] ha estudiado la visión que percibió fray Diego López de Cogolludo cuando estuvo en Yucatán en contacto con los indígenas mayas. Parece que los mayas, o algunas de las comunidades mayas, tenían un dios particular, Hunab Ku, deidad creadora e incorpórea que no se había representado nunca. Otros, en cambio, ponen en duda la existencia de dicha divinidad, pero lo cierto es que Cogolludo da cuenta de su existencia. El parecido con el Dios cristiano, ciertamente, es grande, por lo que “los españoles se sirvieron de éste para equipararlo con el dios [sic] judeocristiano”. Dice el cronista franciscano que “creían los indios de Yucatán, que había un Dios único vivo y verdadero, que decían ser el mayor de los dioses, y que no tenía figura, ni se podía figurar por ser incorpóreo. A éste llamaban Hunab Ku, como se halla en su vocabulario grande, que comienza con nuestro castellano. De este decían, que procedían todas las cosas, y como a incorpóreo, no le adoraban con imagen alguna, ni de él la tenían”[v].

La citada autora se plantea si en realidad se trata de una deidad maya o si estamos ante el Dios cristiano extraído por Cogolludo de la lengua maya. En las “Relaciones histórico-geográficas de la Gobernación de Yucatán[vi] aparece la presencia de un Dios único, por ejemplo en la relación de Mérida, donde se habla de cómo un indio principal y sacerdote llamado Chilam Balam, había dicho que vendrían por donde sale el sol gentes de tez blanca y barbas, y que los naturales de la tieerra dejarían a sus ídolos y adorarían un solo Dios…”Tuvieron noticia de la creación del mundo y un creador del cielo y tierra, y decían, que éste los creó, no podía ningún hombre pintarle como era… También tuvieron noticia de la caída de Lucifer y del Diluvio, y que el mundo se había de acabar por el fuego..., y asimismo, tenían noticia que antiguamente vivieron sin ídolos y que después, por irrupción de costumbres e introducción de gente extranjera, vinieron a idolatrar”.

Es evidente la influencia de los evangelizadores franciscanos en este relato, pues no cabe suponer que los indios supieran de Lucifer y el diluvio. Y sin embargo un siglo antes la idolatría y la represión practicada por los franciscanos se desató contra los indígenas de Maní, pues entre unas rocas unos indios habían descubierto las pruebas de dichas idolatrías y sacrificios de seres humanos.

Fray Diego de Landa, que entonces había asumido funciones de obispo durante la sede vacante, se erigió en martillo de herejes: convocó a unos y a otros, indios principales y comunes, los sometió a interrogatorios y juicios, algunos sufrieron torturas si no querían confesar libremente, y las penas fueron muy severas. Cuando fue nombrado obispo de Yucatán Francisco del Toral, en 1561, desaprobó lo hecho por Landa y sus colaboradores, siguiéndose un proceso lento que llevó al franciscano a Ocaña (España) y luego a Guadalajara. Aquí preparó su defensa (eran comunes en la época las acciones punitivas radicales como las descritas) y también tuvo que dar cuenta de por qué se había erigido con la jurisdicción episcopal sin haber sido nombrado obispo. De todo ello salió indemne porque tuvo apoyos suficientes, y el Consejo de Indias lo exoneró, volviendo entonces a Yucatán donde sería nombrado obispo en 1572 (hasta 1579, año de su muerte).



[i] Estuvo en Yucatán a mediados del siglo XVI. Véase A. Matilla Tascón, “Diego de Losada y otros destacados zamoranos…”, 1992.

[ii] Nació en Cifuentes (actual Guadalajara) en 1524 y murió en Mérida (Yucatán) en 1579. Debió tener un temperamento autoritario, pues se enfrentó al primer obispo de Yucatán, Francisco del Toral, y tuvo que defenderse en España ante el Consejo de Indias, para lo que compuso su obra “Relación de las cosas de Yucatán”, de importancia histórica extraordinaria, pero en su contra está el haber destruido muchos documentos en maya e ídolos de los indígenas en lucha contra las idolatrías, patrimonio también extraordinario. Su obra citada no se conoció hasta 1864.

[iii] El pontificado de Las Casas fue entre 1543 y 1547, permaneciendo durante catorce años la sede vacante, muestra de la inestabilidad en Yucatán.

[iv] “Hunab Ku, revisión de una deidad en la ‘Historia de Yucatán’ de fray Diego…”.

[v] “Historia de Yucatán”.

[vi] Son respuesta a un cuestionario elaborado en 1577 por mandato de Felipe II y enviado a América, recibiéndose la mayoría de estas “relaciones” en el Consejo de Indias en 1580. Nota de Noemí Cruz Cortés en su trabajo citado en la nota iv.