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martes, 30 de junio de 2020

De los diezmos al diezmo

Monasterio de Obarra (Huesca)

La frase es de García de Cortázar, que en una obra colectiva[i] nos habla sobre los orígenes del diezmo, remontándose a momentos en los que éste no estaba institucionalizado, sino que era impuesto (o aceptado) de forma particular en algunos lugares del Aragón pirenaico, la Marca Hispánica, Navarra y otros. Cuando estos diezmos, que se repartían señores, reyes, condes, monasterios y obispos, pasen a ser algo tan general que ya dejan de discutirse (lo que demuestra que tanto al principio como al final, en el siglo XIX, el diezmo fue objeto de oposición por parte de los que lo sufrían) se puede hablar de su institucionalización[ii].

La legitimación de aquellos diezmos –dice nuestro autor- fue antes hecha por los reyes que por la Iglesia, por lo que aún tiene menos sentido defender, como hizo ésta, que los diezmos tenían un origen divino. Cuando se llega a mediados del siglo XIII “la inacabable casuística de apropiaciones, cesiones y enajenaciones de diezmos” es bien conocida por los historiadores. García de Cortázar, en su estudio, consulta los fondos documentales de los monasterios de Obarra, San Victorián de Sobrarbe, San Juan de la Peña, Leire, Irache, Santa María de Nájera, San Millán de la Cogolla, San Salvador de Oña, Cardeña, Sahagún, Samos y Celanova, además de en las catedrales de Pamplona, Calahorra, Burgos, Palencia, León, Astorga, Santiago de Compostela, Ourense, Segovia, Ávila y Salamanca.

En los cánones de los concilios toledanos –dice- no aparece ni una sola vez la palabra “diezmo”, aunque sí “un reparto ex rebus ecclesiasticis" (los asuntos eclesiásticos) en tres partes iguales: una para el obispo, otra para los clérigos y la tercera para la restauración o iluminación del templo. Esta disposición se ve también en el I Concilio de Braga del año 561 y luego reiteradamente. En el reino hispanogodo los cánones conciliares dan la impresión de que los bienes que llegaban a las iglesias eran por vía de donación voluntaria, pero en el reino de los francos el sínodo de Tours (567) “recomendaba” que los fieles satisficieran  el diezmo y, pocos años después (585) el de Mâcon (*) establecía el pago decimal obligatoriamente. En ambos casos la coincidencia de fechas con hambrunas importantes, ha hecho pensar que el diezmo se cobraba como acto de caridad compensatorio hacia los pobres. El grado de cumplimiento de esta obligación, sin embargo, se ignora.

En otra coyuntura crítica, durante el reinado de Carlomagno, dos siglos más tarde, se obligó a diezmar (Herstal[iii], 779) y así se ve en los cánones del sínodo de Fránfort de 794, llegando noticia de ellos a la Asturias de Alfonso II, y con mayor razón a los condados de la Marca Hispánica. Aquí se produjo la aparición del vocablo “diezmo” en el año 839 en el obispado de Urgel con ocasión de la consagración de la catedral (lo material y lo sacro al mismo tiempo), y de forma progresiva se fue registrando en los obispados de Girona, Vic y Barcelona, empezando a generalizarse el vocablo en la documentación del siglo X.

Hasta cien años después, la presencia del diezmo en textos de la Marca Hispánica, a menudo en concesiones de inmunidad de los monarcas carolingios, parecía asociar a señores, comunidades campesinas, monjes y clérigos locales en una institución de beneficiarios de los que monasterios y obispos resultaban los más frecuentes destinatarios de las donaciones decimales. Algunas de ellas constituían una compensación a la Iglesia por la expropiación regia de parte de sus bienes patrimoniales en beneficio de la aristocracia laica.

La pretensión de algunos clérigos de vincular los diezmos a sus iglesias resultó inútil, ya que la mayor parte de los templos debía su construcción y mantenimiento a comunidades campesinas o familias señoriales. Unas y otras, tras recoger los diezmos en sus dominios, aplicaron parte o su totalidad al templo erigido o poseído por ellas. Cuando en 1023 el abad Oliba consagró la iglesia de San Martín de Ogassa[iii], rehecha por Joan Oriol y su mujer Adelaida, confirmó a aquella “todas las décimas y primicias y oblaciones”, sin aclarar la identidad del beneficiario de dichos ingresos. En 1016 el obispo Armengol de Urgel cedió al conde Bardina la iglesia de San Jaime de Frontinyá[iv] con sus diezmos y primicias; y en 1046 el inventario de bienes de Arnau Mir de Tost registra que este noble poseía en feudo de manos del obispo nada menos que veinte parroquias.

Los ejemplos de infeudaciones por parte de los obispos, de iglesias o diezmos anejos a ellas a los laicos en los condados se multiplicaron en la documentación del siglo XI y afectaron tanto a las tierras al norte como al sur del río Llobregat. Si en los condados de Pallars y Ribagorza sus condes eran los cedentes de diezmos a sus fieles y a los monasterios, al sur del Llobregat, los condes de Barcelona trataron de estructurar el territorio a partir de los castillos y sus distritos entregados como feudos a sus vasallos, quienes habitualmente percibían la décima parte de las rentas generadas en los mismos. Cuando se producen los concilios de Girona en 1068 y 1078, los laicos siguieron conservando los diezmos, que, al fin y al cabo, eran, en buena medida, los instrumentos que aseguraban la fidelización y la articulación feudal de la sociedad. En lo que luego se llamará Cataluña, el diezmo aparece implantado ya a comienzos del siglo IX, muy pronto en comparación con otros territorios hispánicos.



[i] “Fisco, legitimidad y conflicto en los reinos…”.
[ii] El título de la aportación de Cortázar es “De los diezmos señoriales al diezmo eclesiástico y las tercias reales en Castilla en los siglos X a XIII”.
[iii] Noroeste de la actual provincia de Girona.
[iv] En el límite norte de la provincia de Barcelona (Bergadá) con la de Girona.
(*) Al este de Francia.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Señoríos y mayorazgos en la tierra de Ávila


Navamorcuende,
hoy al noroeste de la provincia de Toledo

Los primeros señoríos de la tierra de Ávila surgen en la segunda mitad del siglo XIII como consecuencia de repoblar una parte de su extenso alfoz, estando vinculados algunos al patriciado urbano de la ciudad, lo que supuso menoscabar la jurisdicción municipal. El linaje de los Dávila, por ejemplo, que procedía de Salas (Asturias) había participado en la repoblación de Ávila en la primera mitad del siglo XII. La ocupación de cargos por parte de los Dávila (escribano, juez del rey, notario mayor del reino) hizo que recibiesen donaciones de tierras y su jurisdicción sobre los habitantes de las mismas.

Cuando las donaciones se hicieron sobre tierras concejiles (al amparo del derecho eminente del rey) se originaron serias discrepancias entre el poder central y el municipal, dándose también el caso del otorgamiento de donadíos tanto del rey como del concejo. Este, por ejemplo, concedió en 1276 a Blasco Ximénez las heredades de Navamorcuende y Cardiel, en la parte oriental del campo de Arañuelo, para que “los podades poblar de quienquier”. A favor de Velasco Velázquez, el rey concedió, en 1275, el heredamiento de Guadamora, y al año siguiente recibió un total de siete importantes donadíos, uno de ellos el de Segura “para que lo pueble”. Luego, entre 1277 y 1302, siendo juez del rey, arcediano y deán de la catedral a partir de 1297, Velázquez fue comprando casas, prados, huertos y heredamientos.

Los señores intentaban hacerse con un amplio patrimonio mediante adquisición de heredades próximas al núcleo principal del señorío, lo que les convertía en hacendados terratenientes. La venta masiva de sus tierras por parte de pequeños campesinos fue debida a las dificultades por las que pasaron, sobre todo en el siglo XIV. Luego, los herederos solicitaban la confirmación del señorío al siguiente rey, como hizo Sancho Sánchez Dávila a Fernando IV, pero algunas propiedades se cedían luego a la Iglesia, como las que recibió en el siglo XIV el cabildo de la catedral de Ávila. En 1339 Alfonso XI confirmó a Juan Sánchez Dávila las cartas y privilegios que poseía de sus antepasados en el campo de Arañuelo, lo mismo que hizo Enrique II, en 1371, a Sancho Sánchez, del linaje de la Velada.

Por su parte, Blasco Ximénez fundó en 1294 sendos mayorazgos a favor de sus hijos: Navamorcuende para el primogénito y Cardiel para el segundo. En el mayorazgo, el titular se beneficia de todo tipo de fruto rendido por un determinado patrimonio, pero sin poder disponer del valor constitutivo del mismo, ni siquiera tras la muerte. El heredero del mayorazgo indiviso es, generalmente, el primogénito, consolidándose aquel cuando se aplica el Derecho Romano. Alfonso X ratificó de derecho la institución al introducir en las Partidas (V, V, 44) una ley que permitía al testador prohibir a sus herederos la enajenación de sus castillos y heredades. En ocasiones no se cedía a las mujeres y en otras sí, desarrollándose, en esta materia, una amplia casuística.

La consolidación del mayorazgo en Castilla se da entre 1374 (Enrique II lo reconoce oficialmente en su testamento) y 1505, en que las leyes de Toro extendieron y generalizaron los mayorazgos.

Miembro de la casa de Navamorcuende era don Sancho Blázquez, obispo de Ávila ente 1312 y 1355, y estrecho colaborador de Alfonso XI, habiendo tenido importantes cargos durante la minoridad del rey. Doña María de Molina nombró, por ejemplo, a Blázquez notario mayor de Castilla, cargo que ocupó desde 1313 hasta 1320, y Alfonso XI le nombró canciller mayor de Castilla, pero luego fue apartado de la política, obedeciendo esto –como supone José I. Moreno Núñez[1]- a los deseos del rey de favorecer al arzobispo de Toledo, a quien tradicionalmente estuvo reservado el oficio de canciller. En realidad, el episcopado castellano tuvo una intensa actividad política en estos siglos, ocupando los más importantes cargos de la administración central: consejeros, notarios, cancilleres y embajadores. También participaron los obispos en campañas militares con frecuencia; Sancho Blázquez debió de hacerlo, pues en su testamento lega sus armas a sus sobrinos: lorigas de cuerpo y de caballo, lorigones, capellina y gorguera, cota y gambaj, las espadas… También asistió al concilio provincial de la metrópoli compostelana, celebrado en Salamanca en 1335 por iniciativa de Benedicto XII para corregir los abusos, desmanes y escándalos que sufría la Iglesia en León y Castilla.

El patrimonio del obispo Blázquez consistió en bienes relictos en numerario, semovientes y bienes raíces, constituyendo estos últimos el grueso, pues fue señor de Villatoro, Villanueva y El Torrico. En conjunto incluía lugares y “algos”, esto es, haciendas de desigual extensión y composición: casas, viñas, tierras, molinos, etc. El señorío de El Torrico estaba enclavado junto a Oropesa, formando parte entonces del alfoz de Ávila, que llegaba hasta el Tajo.

En 1236 el concejo de Ávila concedió al obispo Domingo Dentudo el señorío jurisdiccional sobre la aldea de Guadamora, transfiriéndole parte de la potestad pública, tratándose de uno de los primeros testimonios de señorío jurisdiccional que se conocen. E 1272 una carta de Alfonso X ordenó a los alcaldes, hacedores de padrones y cogedores de Ávila que no cobrasen pechos en dicho señorío.

En el señorío de San Adrián se atribuyen a Velasco Velázquez amplias facultades jurisdiccionales –judiciales, administrativas y fiscales- de modo que puede poner en dicho lugar alcaldes y “aportillados”, oficiales y otros oficios que quisiere, eximiendo a los habitantes del lugar de los pechos, gabelas y servicios de índole pública (portazgos, montazgos, cozuelos, yuntería, andanería, cuartillas, guarda de la villa, carrera, yantares, comediría, martiniega y marzadga, fonsado y fonsadera, de toda facendera, de servicio y pedido, de ayuda, de soldado de alcalde y de justicia, de cosechas y faceduría de padrones…). De lo único que no les exime es de la moneda forera, que se debía satisfacer al rey. Poco después el rey Sancho IV confirmó lo acordado por el concejo a favor de Velázquez.

En el señorío de Navamorcuende-Cardiel el concejo solo expresó que su propietario lo podía poblar con quien Blasco Ximénez quisiera  (el señor). Esto es ejemplo –según el autor al que sigo- de un señorío jurisdiccional pleno, pues el señor podía otorgar fuero a los futuros moradores, que tendrían que pagarle pechos y prestarle facenderas, tributos y servicios de índole pública.


[1] “Ávila y su tierra en la baja Edad Media (siglos XIII-XV)”.

lunes, 29 de agosto de 2016

Un monasterio asturiano




Al noroeste de Tineo se encuentra Bárzana del Monasterio, cuyo nombre deriva del que hay en la población. El relieve es verde con prados y bosques alternantes, pero no tan montuoso como más al sur y por el valle discurre en río Bárzana.

Hay varios estudios sobre este monasterio, fundado en el siglo X por la familia Vela como algo de su propiedad, pero ahora han aportado nuevos datos Francisco J. Fernández Conde y María J. Suárez Álvarez[1]. El monasterio de Bárzana tuvo señorío sobre territorios y jurisdiccional, detrayendo las rentas del campesinado sometido en competencia con otros señores laicos y eclesiásticos de esa tierra. Cerca está el monasterio de Obona, fundado por la misma época, y también el de Corias, en el alto Narcea, tenía intereses en las tierras que señoreaba Bárzana.

La nobleza laica –dicen los autores a los que sigo- ejercía como tenente del rey, poseyendo este también varias mandationes o distritos realengos. Las fuentes hablan de “hombres del rey”, “hombres de Bárzana” y “hombres de otros señores” desde el siglo XI. El núcleo básico del monasterio de Bárzana se constituyó en el siglo anterior con una serie de donaciones para constituir un monasterio “familiar”: siete villas completas (que los autores identifican con aldeas) cuatro villas solo en parte y doce brañas*, a lo que hay que añadir otras adquisiciones como heredades, yuguerías, parte de un molino y una iglesia. La familia fundadora del monasterio, proveniente de tierras leonesas en pleno proceso de dominio de espacios sociales, lo vincularon a que sus miembros fuesen enterrados en él.

La existencia de brañas pone de manifiesto la importancia ganadera de las posesiones monacales, pero los autores consideran que más que una ganadería trashumante, donde ganados y pastores se desplazaban a las montañas en los meses del verano, se trata de emplazamientos de altura, pueblos altos sin migraciones estacionales. En el siglo XI las villas completas del monasterio eran cinco, dos villas solo en parte, una heredad, dos heredades solo en parte, diez brañas completas, cuatro solo en parte y tres distritos de poder señorial compartido, además de otras adquisiciones durante dicho siglo.

El monasterio vio crecer la explotación pecuaria y recibió del rey Alfonso V privilegio de inmunidad, aunque el documento que ha sido estudiado ofrece dudas a los autores sobre su autenticidad, y como ha ocurrido en otros casos, algún monje lo habría falsificado con posterioridad**. En el siglo XII el monasterio cuenta con una villa completa, dos villas solo en parte, nueve heredades y una yuguería, además de otras adquisiciones.

El territorio estuvo sometido a las presiones de una nobleza numerosa, de forma que en el siglo XII, todas las aldeas del valle de Bárzana estaban ya bajo dominio señorial de algún notable o del rey, mientras el monasterio mostraba interés por contar con iglesias (sus rentas) en el momento en que se configura la red parroquial que los siglos venideros heredaron. En dicha centuria habría culminado también la imposición del diezmo. En el siglo XIII las posesiones del monasterio de Bárzana son dos villas solo en parte, tres heredades, dos heredades solo en parte, una yuguería y veinte lugares con hombres dependientes.

En 1204 el rey Alfonso IX visitó el monasterio e hizo una partición de hombres conmixti entre Bárcena, el rey y otros monasterios. En los siglos XIV y XV las propiedades del monasterio son: dos heredades, una heredad en parte, una yuguería, un préstamo[2], un préstamo en parte, cuatro molinos y un lugar con hombres dependientes. El censo de los arrendamientos y foros se pagaba en dinero, en especie, en dinero más especie, fundamentalmente escanda, aunque también en otros cereales y una pequeña parte en nueces.


[1] “El monasterio de Bárzana. Patrimonio y poder”.
[2] Unidad administrativa integrada en una renta determinada.
* Véase aquí mismo "Brañas y ganados".
** Ver aquí mismo "Falsificadores de documentos".

domingo, 14 de octubre de 2012

Los que se comieron Galicia

Fortaleza de los Andrade en Pontedeume
Tras la gran crisis del siglo XIV, que Galicia sufrió como otras muchas partes de Europa, muchos campos se quedaron sin cultivar porque muchos campesinos perecieron ante las embestidas de la peste negra. Los señores quisieron mantener el mismo nivel de rentas que con anterioridad y ello motivó una serie de conflictos sociales que, aunque ya se habían conocido con anterioridad, se agudizaron y reiteraron ahora si cabe con más violencia. 

Aquellos cuerpos desnutridos por dietas insuficientes fueron víctimas, con facilidad, de las pandemias, y muchos concejos acudían a los señores y al propio rey para que aflojasen en sus exigencias de impuestos o prestaciones, pues las economías domésticas no lo soportaban. Un ejemplo de ello lo tenemos en Baiona: Gonçalvo Fernández, notario público, levanta acta de como dos vecinos tenían arrendado al convento del monasterio de Oia la mitad de un horno, además de una casa tras el castillo y heredades y heredamientos... (enero de 1349). En definitiva, los vecinos pedían una moratoria o disminución de la renta que debían pagar al monasterio.

Otro es el caso de Chantada, de fecha 13 de septiembre de 1350: la iglesia de San Xoán de Cabreiros, en Chantada (Lugo) había quedado vacante y no se podía cubrir con un sustituto, por lo que el abad del monasterio de San Salvador de Chantada pide al obispo de Lugo que dicha parroquia se una a la de Santa María de Camporramiro. Un cura que se ha de contentar con las rentas de una sola parroquia cuando ha de regir dos.

Los nobles de Galicia no se van a quedar quietos: si pierden por un lado han de resarcirse por el otro, de manera que se hacen abades de los monasterios (mediante el sistema de encomiendas forzosas) con el único objeto de percibir sus rentas. Un caso se pone de manifiesto en la carta real de Juan I ordenando a Vasco Gómez das Seixas para que deje la encomienda del convento de San Esteban de Chouzán (Chantada). Situaciones como esta llevaban aparejada la violencia, ejemplo de lo cual tenemos en el caballero Álvaro Sánchez desde su fortaleza de Felpós (Palas de Rei, Lugo): 

En este tiempo [1320] un cierto caballero llamado Alvaro Sánchez de Ulloa, que moraba en territorio realengo, mató a algunos de los vasallos de la Iglesia [de Santiago], hirió a otros y encarceló a otros más en su fortaleza llamada de Felpós; después les extorsionó gran cantidad de dinero, no sin haberlos sometido previamente a graves tormentos y penas. Cuando el santo varón [el arzobispo Berenguel deLandoira] oyó esto, lo llevó muy mal, y juzgó como propia la ofensa inferida a aquellos. Envió al mencionado caballero sus nuncios con cartas suyas, y lo requirió más de una vez y lo amonestó para que se cuidase de reparar cuanto antes las injurias inferidas a él y a sus vasallos; en caso contrario, él mismo le exigiría una condigna reparación y corrección, a pesar de habitar fuera del dominio de la tierra de su Iglesia. El caballero, tomándolo a chacota, endurecido en su malicia, añadió palabras malas e injuriosas a sus malas obras...

Pero el arzobispo Berenguel, citado en el documento anterior, no se libró de la oposición vecinal: los de Compostela, capitaneados por el hidalgo Alonso Suárez de Deza, rechazaron el señorío arzobispal y declararon la ciudad de realengo, hartos de pagar tributos y servicios al arzobispo. En 1418 contamos con nuevos levantamientos de los vecinos de Santiago contra el arzobispo Lope de Mendoza, acusado de no impartir justicia, extendiéndose las revueltas a Ourense, Tui y Lugo, ciudades obispales también.

Algunos nobles se alían con otros; en otras ocasiones guerrean entre sí por un territorio, unos vasallos o unas rentas. A veces aparecen aliados al propio rey, como en el caso de Fernando de Castro, que recibe de Pedro I los condados gallegos de Sarria, Lemos y Trastámara, que pertenecían al hermado del rey, Enrique, en lucha con aquel. Los nobles, como es sabido, sufren la crueldad de los reyes en ocasiones, pues está en juego la supremacía monárquica u oligárquica; por su parte también Enrique II recompensó a sus aliados, uno de ellos Fernán Pérez de Andrade, recibiendo el señorío sobre las villas de Ferrol y Pontedeume. 

La invasión portuguesa de Galicia en 1369 es motivo para nuevas alianzas y violencias, pues la hija del rey Pedro de Castilla era la esposa del inglés duque de Lancáster (aliado de la monarquía portuguesa), prolongándose la guerra civil castellana en Galicia hasta 1370, pues el duque de Lancáster, a su vez, invadirá Galicia en dicho año.

Pero los grandes conflictos sociales del siglo XV en Galicia superarán a los anteriores: la primera guerra irmandiña da comienzo en 1429 contra Nuño Freire de Andrade, dirigiendo a los irmandiños Roi Xordo. En 1433 se ha de producir un pacto entre el concejo de Pontevedra y Suero Gomez de Sotomayor para que este defienda a la villa de su mismo padre, Pay Gómez de Sotomayor. La Xunta de Melide reunió, en 1466, a varios dirigentes de la hermandad, concejos de Galicia y miembros de la nobleza gallega (Pérez de Andrade, Gómez Pérez das Mariñas, Sancho Sánchez de Ulloa) para luchar contra otros nobles a los que se acusa de abusos sin cuento y se pacta derribar sus fortalezas, donde daban cobijo a malhechores que actuaban a su dictado.

Una nueva guerra irmandiña unirá a clérigos, concejos, artesanos y campesinos contra la más alta y ambiciosa nobleza por sus abusos contínuos, verdadero hito de la conflictividad social en Galicia. El movimiento antiseñorial se dividirá entre los moderados y los radicales: será su ruina, y un pleito posterior dejará constancia de las casas fuertes, torres y castillos que los irmandiños habían derribado. Pero mientras tanto los señores de Maceda en Ourense, los de Monterrei en la tierra de Verín, los de Lemos en Monforte (sur de Lugo), los Sotomayor en la raya galaico-portuguesa, los Sarmiento en Ribadavia y los Andrade en Pontedeume, entre otros, se habían comido Galicia.

Los campesinos y vecinos de las villas y ciudades no fueron los únicos que sufrieron aquella violencia y exacciones: también la Iglesia, hasta el punto de que los papas Calixto III (1455) y luego Paulo II, excomulgaron a varios nobles usurpadores. Poco les importó: sabían bien distinguir las penas temporales de las espirituales, y en cuanto a estas suponían había tiempo para remediar sus males. De igual manera que Sánchez de Ulloa se burló del obispo de Lugo, la más alta nobleza gallega (la que cayó más bajo) se burló de sendos papas (no ignoraban que los arzobispos de Santiago, obispos y monasterios, también tenían sus culpas).

sábado, 15 de septiembre de 2012

Del mundo antiguo al feudalismo


Una aportación más al estudio de como y por que se produjo el tránsito de lo que llamamos mundo antiguo al feudalismo la debemos a Chris Wickham, profesor de Historia medieval en la Universidad de Oxford. Su obra "La otra transición: del mundo antiguo al feudalismo" (1), aporta datos que permiten entender algunos puntos oscuros hasta ahora.

La idea de "lo obsoleto y lo improductivo de la esclavitud", que ya Engels había señalado en "El origen de la familia", y el dinamismo de la barbarie germánica, no explican los profundos cambios que se produjeron desde la sociedad regida por la ciudad a una sociedad ruralizada, al menos desde el sur del Rin y del Danubio hasta el norte de África. El autor se fija en la "caída del Estado" romano y se inspira en un artículo de Bloch donde señala "el tremendo incremento en el número de esclavos durante las grandes guerras de los siglos V y VI después de Cristo", pero estos esclavos no formaron parte de las haciendas señoriales, sino que fueron tenentes de tierras; por lo tanto "en algún momento las haciendas se habían derrumbado y los esclavos fueron diseminados en tenencias; cuando decayó la posición de los tenentes libres, la servidumbre surgió a partir de la fusión de estos dos grupos sociales".

Si las relaciones sociales feudales ya existían en el 300 después de Cristo -se pregunta Wickham- ¿que era el Estado tardorromano? Moses Finley "se ha declarado derrotado": "no soy capaz de encajar la antigüedad tardía en ninguna serie clara de etapas", por lo que concluye que "la sociedad esclavista no dio paso inmediatamente a la sociedad feudal" (el subrayado es mío). Es difícil definir los diversos modos de producción -sañala Wickham-: "los ciudadanos eran propietarios privados, pero cooperaban en el control de la riqueza basada en la tierra pública de la ciudad... [luego] se rompió el igualitarismo teórico de la ciudad y el modo esclavista comenzó a desplazar al campesinado propietario libre".

"El modo feudal, el otro que nos interesa,... se ha visto como basado en la servidumbre y la autoridad política coercitiva sobre los tenentes establecida por el señorío". Los grandes propietarios tuvieron también poderes coercitivos no económicos, sobre todo la justicia pública y la privada, pero "este feudalismo no tiene nada que ver con las obligaciones militares, el vasallaje o el feudo". El proceso fue de tal cambio que coexistieron "más de un modo de producción en la misma formación social". El capitalismo y el esclavismo -señala el autor comentado- coexistieron en el sur americano en 1860, lo que quiere decir que aquel proceso no es escluvivo de una época determinada, sino que lo podemos ver en más de un momento.

"Normalmente el modo de producción dominante es aquel que tiene los vínculos más estrechos con el Estado". Durante el reinado de Diocleciano, a finales del siglo III de nuestra era, "el cultivo dependiente se realizaba... a través de los tenentes, esto es, organizado mediante el modo de producción feudal". Los esclavos se habían trasnformado en tenentes. En los textos se encuentran palabras como coloni, es decir tenentes libres, "con frecuencia en niveles de dependencia personal muy considerable... pero el modo feudal no dominaba la sociedad... la fuente dominante de extracción del excedente en el Bajo Imperio no era la renta, sino el impuesto".

Peristilo de una villa romana
La importancia de la recaudación de impuestos fue cuantitativa y cualitativa, dice Wickham, siendo el elemento básico el impuesto sobre la tierra, a menudo denominado annona, iugatio, capitatio. Otros impuestos sobre la propiedad de los comerciantes (collatio lustralis) se suman a una variedad de derechos de tránsito y aduanas. La annona se tributaba en especie, pero a comienzos del siglo V se volvió a cobrar en oro: un ejemplo de economía monetaria cuando tantas veces se ha dicho que el Estado se derrumbó, que la moneda desapareció, etc. Avanzada la segunda mitad del siglo IV los tenentes comenzaron a pagar el impuesto a través de sus señores. Donde los campesinos tenían que pagar impuestos y renta es difícil -dice Wickham- estimar la relación proporcional entre los dos. Citando a Jones (Later Roman Empire) parece que el Estado, como gran propietario, tuvo que recurrir a la venta de tierra y Whittaker "intenta demostrar que el impuesto no destruyó por sí mismo la economía romana, lo que quiere decir que siguió percibiéndolo (Inflation and Economy).

(Incompleto)
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(1) Studia histórica, 1989.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

La abolición del Voto de Santiago

Sobre la base de una falsedad, como en otras ocasiones, se originó una obligación que las poblaciones de Galicia, Asturias, León y Castilla contrajeron con los obispos y cabildo de Santiago de Compostela, consistente en el pago de productos agrarios. Si en la batalla de Clavijo contra los musulmanes había intervenido el apóstol Santiago, razonable era que la Iglesia de la ciudad gallega se beneficiase de las aportaciones de los fieles. No está claro que Ramiro I de Asturias lo hubiese instituido, pero de hecho el voto u obligación entró en vigor muy pronto y fue confirmado a mediados del siglo XVII por el rey Felipe IV. Ni siquiera está demostrada la existencia de la batalla de Clavijo.

El 18 de septiembre de 1834, en el Estamento de Próceres (podríamos decir el Senado) sus señorías decidieron abolirlo, aprobando el siguiente artículo (1): Quedan abolidas desde el día en que se publique como ley el presente proyecto las prestaciones de pan y vino conocidas con el nombre de Voto general y particular de Santiago, cualesquiera que sea la dignidad, corporación, establecimiento o persona que las percibía. En realidad el Voto de Santiago había sido suprimido en las Cortes de Cádiz, luego durante el trienio liberal y ahora -tras varias reposiciones- se volvía a abolir, habiendo sido beneficiarios del mismo también los canónigos y prebendados de Oviedo, Mondoñedo, Ourense y Lugo.

Si durante la primera regencia y mientras estaba en vigor el Estatuto Real, se produjeron importantes avances legislativos en orden al establecimiento del liberalismo en España -dice M. Artola- no fue sino porque se actuó de facto y no mediante el respeto a lo que dicho Estatuto decía. Pero si quienes legislaban no eran ya los "exaltados" de 1812, el Estamento de Próceres estaba formado por los más moderados de los liberales de entonces, e incluso algunos no lo eran aunque se acomodaran al nuevo régimen. Tanto es asi que, dada la situación de guerra que vivía España, y ante la incertidumbre de la misma, algunos de los "próceres" no asistían a las sesiones, lo que llevó a alguno de ellos a hablar de la "poca gana de venir" para jurar el Estatuto Real y por si en aquella cámara se tomaban decisiones comprometedoras.

Pero una cosa es abolir el Voto de Santiago y otra los atrasos que en su pago existían, para lo que las Cortes de 1834 consagraron la obligación del pago de dichos atrasos. Además, el artículo 5º de la ley que resultó aprobada decía: Los actuales individuos del venerable Cabildo de la santa iglesia de Santiago, poseedores de prebendas, canongías y beneficios, dotados en parte con los productos del Voto tendrán opción a canongías y prebendas de igual clase, vacantes o que vacaren en las demás iglesias del Reino. Es decir, si ya no resultaba rentable ser canónigo en Santiago, una vez desaparecido el producto del Voto, los miembros del cabildo santiagués tenían derecho preferente a ocupar cangongías vacantes en iglesias más productivas. Por si esto no era suficiente para resarcir a los perjudicados (ahora los beneficiados serán los que se libran de pagar el Voto) se pide por parte de un prócer (el señor Burgos) que se exima a los canónigos de la media anata a la que estaban obligados. Por su parte, el obispo de Barcelona (Martínez San Martín), que era miembro del Estamento de Próceres, se expresó en términos de que eximir a los canónigos del impuesto era cosa que se les debe de rigurosa justicia.

La votación arrojó el resultado de 42 votos a favor y 23 en contra, lo que quiere decir que el cambio hacia un régimen liberal y sin privilegios no estaba asegurado ni era compartido. Este es un ejemplo que permite comprender mejor la violencia con la que se expresó el anticlericalismo naciente (que en realidad se había incubado en el siglo XVIII). Una Iglesia jerárquica aferrada a privilegios, unida a los poderosos, que contrastaba con aquella otra Iglesia misionera que tantos ejemplos ha dado de sacrificio y abnegación.
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(1) Diario de Sesiones de 18 de septiembre de 1834, páginas 194 a 197.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Acre cristiana y musulmana

Arquería en el iterior de la muralla

En la costa mediterránea israelí, al sur de la antigua Tiro, la ciudad de Acre es el símbolo más notable de la lucha entre dos mundos, entre dos ambiciones, a finales del siglo XII: musulmanes que la habían tomado en 1187 y cristianos que la conquistarían cuatro años más tarde. 

Ciudad que remonta sus orígenes, según los estudios arqueológicos que se han venido realizando hasta el momento, a mediados del segundo milenio antes de Cristo, en la primera mitad del siglo VII de nuestra era ya estaba administrada por árabes y quizá sirios, durante la inicial expansión del islam hacia el norte a partir de la península Arábiga. Ahora lo que nos interesa es la época en que más encarnizada fue la lucha entre musulmanes y cristianos: las décadas finales del siglo XII.

Una calle fortificada de Acre
Olimpia Niglio ha estudiado la estructura e historia arquitectónica de la ciudad, señalando que nos han quedado muestras de las arquitecturas sucesivas, tanto cuando edificios de una etapa se han integrado como cuando han venido a sustituir a otros, e igualmente ocurre con los materiales. Antiguo puerto comercial, Acre fue lugar de encuentro (hay muchas ciudades "lugares de encuentro") entre oriente y occidente, fundamentalmente -dice la autora cidata- de italianos y españoles. En particular ha quedado el barrio de los genoveses configurado ya a principios del siglo XII; el de los venecianos por la misma época; el de los pisanos, que se forma en la segunda mitad de la centuria; y algo más tardío el barrio de los templarios. Estos son los barrios que se vieron ocupados por los musulmanes de Saladino, tan capaz de extender la fe musulmana como los cristianos Ricardo, Felipe y Berenguela la suya.

Eran barrios mercantiles, que hacían de Acre una ciudad cosmopolita en la Edad Media, en la costa entre Palestina y Líbano. Algunas plazas porticadas, con rudas columnas sin basa, bóvedas y entibos, hablan de riqueza y de actividades al aire libre: mercantiles, cívicas, guerreras, incluso religiosas. La ciudad sale prominentemente hacia el mar, y desde él se dejan ver algunas de sus torres. La dominación cristiana durante el siglo XII dejó una clara impronta europea, "cuyo impulso fue particularmente relevante" en dicho siglo, de la misma forma que será relevante la influencia musulmana a partir del XVI por obra de los otomanos. Los recorridos -dice Olimpia Niglio- los barrios bien definidos, con ejes carreteros principales y secundarios, evolucionaron de forma que, en ocasiones, las calles quedaron convertidas en espacios cubiertos y destinados al comercio.

Murallas de Acre
En este marco es donde se desenvolvió la lucha entre Saladino y los reyes de Francia e Inglaterra, principales interesados en que la ciudad retornase a manos cristianas. Era un centro estratégico, era "tierra santa", pero aquella lucha era también el símbolo de una concepcion feudal del mundo, donde un reino en oriente próximo podía ser tributario de los reinos occidentales. En el año 1191 se dio el sitio: los cristianos pusieron por la parte no litoral de la ciudad sus trabuquetes y manganas, sus torres de madera de varios pisos para alcanzar la altura de las murallas; allí se empleó el llamado "fuego griego", y allí había llegado el rey Ricardo tras una estancia en Chipre, el único que se quedaría en Acre para administrar la victoria, con su esposa Berenguela de Navarra. El asedio no fue duradero, pero sí muy intenso, llegando a extremos de crueldad que diríamos nunca vistos si no tuvíesemos sobrados testimonios en la historia: varios miles de musulmanes, prisineros de Ricardo, fueron muertos impiamente: la carga de conciencia no era tal, pues se trataba de "infieles". E infieles eran los cristianos para Saladino, por eso consideró legítima la ocupación de la ciudad cuatro años antes. 

Cuando Felipe, rey de Francia, regresó a su país desinteresado de Acre, abandonó las gruesas ménsulas y los grandes y bien labrados sillares de los muros, las callejuelas medio cubiertas por túneles y pasadizos para comunicar una plaza, un espacio con otro; abandonó una ciudad con arquitectura riquísima en pleno auge del gusto románico; y dejó a los cristianos a quienes se restituyeron sus propiedades, sus casas, sus tierras en torno a la ciudad. Ahora de nuevo surcarían naves cristianas el mar de Acre, pero atentas a la próxima embestida de un islam en plenitud de ambición y de fe; de crueldad también, como los cristianos opuestos.

sábado, 18 de febrero de 2012

Una interpretación de la primera cruzada



Para los musulmanes llamar cruzadas a las luchas entre los dos mundos puede resultar ofensivo, pues se trata de una denominación que se refiere solo a una de las partes en conflicto. Dicho esto no puedo dejar de utilizar el término, en primer lugar porque "cruzados" se llamó a los que se alistaron en aquellos ejércitos totalmente irregulares, donde iban desde experimentados soldados y generales hasta mujeres y niños, formando familias enteras. Para los musulmanes de la época, y así lo revelan sus fuentes, aquellos seres que invadieron los trritorios ocupados por ellos (turcos selyúcidas y sus vasallos) eran "francos". La memoria que existia en el siglo XI es la del antiguo imperio de los merovingios, Carlomagno y sus sucesores, que ocuparan buena parte de Europa occidental. 

Un aspecto de las cruzadas -de la primera a la que aquí me refiero- es el enorme recorrido que implicó, con todo lo que ello significa de penalidades, sufrimiento, muertes en el trayecto y necesidades insatisfechas. La geografía recorrida fue variadísima: valles y angosturas, páramos y mesetas, montañas y zonas desoladas. En el camino habría robos, pero también compras, recurriendo a los campesinos y comerciantes que salían al paso y se asombraban de aquella turba. 

Cuando el papa Urbano predicó la primera cruzada a finales del siglo XI ¿por quien se dejó aconsejar? ¿fue el mismo papa el inspirador o hubo otros? ¿Podemos considerar que el papa Urbano era un fanático, era un cristiano convencido de que defendía su fe de la mejor manera o ambicionaba acrecentar su poder político al ayudar al emperador bizantino en apuros? Una buena dosis de fanatismo parece evidente, pero no solo en el papa, sino en todos aquellos que le siguieron convencidos y en los opositores turcos. Aquel sería un mundo sin medias tintas: las dos partes se creían poderosas, las dos estaban en expansión, incluso el imperio bizantino, que volvería a tener una "segunda edad de oro" y sobre todo la cristiandad occidental, en la que los papas habían tomado una primacía evidente sobre reyes y emperadores. Por otra parte no se puede negar la importancia comercial de Palestina y las regiones circunvecinas, ya desde los primeros siglos del Islam e incluso antes. Era el centro entre Egipto, oriente, Arabia y Anatolia, antes de llegar a la Grecia europea.

Otro aspecto a tener encuenta es el de cómo se juzgaría por los protagonistas la muerte infligida al enemigo o los crímenes cometidos en el camino, la rapiña ejercida tras las victorias o los abusos de los jefes militares: el pecado en la Edad Media estaba muy presente en las conciencias, pero ante una moral totalmente relajada se pretendía compensar con una sobredosis de fe. El "no matarás" canónico se entendía con la excepción de si las víctimas eran "infieles", y como este calificativo se atribuía recíprocamente entre un bando y otro, el conflicto estaba servido. La "guerra santa" musulmana, más o menos desdibujada entre los turcos, cobró actualidad ahora con la predicación del papa Urbano, que al parecer prometió a los cruzados un perdón por los pecados cometidos.

La primera cruzada -como las posteriores- fue ocasión dorada para cometer crímenes de todo tipo, siendo de las primeras víctimas los judíos que salían al paso, primeros infieles para los cruzados. La ilegitimidad de estos hechos se agranda con el pillaje que siguió a los asesinatos, y todo ello no se evitó porque fuesen monjes acompañando a aquella monumental comitiva. ¿Que podían hacer unos cientos de monjes ante la decisión tomada por el papa y su corte? Haría falta un verdadero reformador que no existió en la época, como sí conocieron los siglos venideros. El coste de la cruzada debió de ser inmenso: armaduras, caballerías, animales para ser sacrificados, víveres, soldadas (pues habría mercenarios a los que la fe o la defensa de la cristiandad importaba un bledo)... ¿Que aspecto presentaría aquella turbamulta con mujeres y sus niños, acompañando a sus maridos y padres, pasando noches al raso, bajo el cobijo de abrigos naturales, acampando allí donde era posible y la prisa no lo impedía? Las enfermedades, las defecciones corregidas a golpe de amenazas se habrían producido.

La llegada a Constantinopla se produjo tras varios meses, sorprendiendo al emperador bizantino, Alejo, porque al parecer él había pedido al papa unos cientos de soldados experimentados y no aquel ejército que más parecía una amenaza para su ciudad. Las fuentes hablan de que sólo pasaron las murallas los jefes cruzados, negándose el permiso a todos los que les acompañaban, varios miles de personas. Esperando fuera de las murallas, mientras dentro parlamentaban los jefes cruzados y Alejo una estrategia que creo tuvo más de componenda o improvisación que de plan estudiado. Debe tenerse en cuenta que entre los cruzados estaban los normandos cuyos padres habían expulsado del sur de Italia a los musulmanes, formando allí un efímero reino. Y estos normandos ¿que tenían en común con los "civilizados" latinos o los habitantes del Mediterráneo europeo?

Irzyk, la antigua Nicea (al fondo, el lago)
Lo que sí parece obtuvieron de Constantinopla los cruzados es intendencia para seguir el camino; hasta el primer enfrentamiento en Nicea, ciudad entonces musulmana. Hubo dos estrategias: una guerrera e inútil, la de los cruzados; la otra diplomática y exitosa, la del emperador bizantino, que logró se le entregase la ciudad con burla para los luchadores occidentales. Una muestra de las desavenencias entre bizantinos y cruzados, entre el oriente y el occidente cristianos; una desconfianza que no cesaría ya nunca, aún salvando momentos comprometidos.

En futuros enfrentamientos los cruzados pudieron comprobar prácticas militares desconocidas para ellos, como la de los arqueros turcos acostados sobre sus espaldas, levantando los pies y colocando bajo sus plantas los arcos para lanzar las flechas, en cantidades nunca vistas y al unísono, con la fuerza de las piernas. Las carnicerías fueron imponentes, pero el mayor número de cruzados permitió a estos seguir camino hasta llegar a Jerusalén y formar allí los primeros estados cristianos de la época. ¿Para que? Para seguir en medio del enemigo, para que en adelante hubiese que organizar más cruzadas, durante dos siglos de absoluta ambición por ambas partes enfrentadas. Pero ¿era posible algún acuerdo? ¿Como imaginarlo en un tiempo belicoso como la Edad Media, donde la guerra era endémica e incluso una forma de vida?

¡Cuidado! Tengo mis dudas de que la Edad Media haya sido la época más violenta de la humanidad: el mundo antiguo está lleno de guerras y de miserias; los últimos siglos han conocido las más terribles guerras y solo unas generaciones anteriores a la nuestra han protagonizado el más atroz genocidio que conozcan los tiempos. ¿Aprendieron aquellos hombres de la utilidad o inutilidad de las cruzadas? ¿Se lo plantearon? ¿Hemos aprendido nosotros de la historia? Un blog al que sigo con frecuencia tiene en su cabecera una frase de Hegel que reza: "lo único que aprendemos de la historia es que no aprendemos de la historia".

sábado, 11 de febrero de 2012

Agincourt


La guerra evolucionó con el paso del tiempo, y también en la Edad Media lo hizo, de forma que en el siglo XV los ejércitos disponían de armas no existentes con anterioridad y más abundantes, pero sobre todo una que no conocemos hasta el siglo XIII, la artillería. En la península Ibérica parece que la primera vez que se usó fue por parte cristiana en Niebla, entonces plaza musulmana. 

En el norte de Francia el relieve es llano, los horizontes se alejan de los hombres en cualquier dirección, y en una de estas llanuras, cerca de Calais, tuvo lugar el enfrentamiento entre un numeroso ejército francés y otro menos numeroso inglés. Estamos en el año 1415, en plena guerra de los "cien años", que envolvió a varios países europeos entre 1337 y 1453. Las treguas fueron numerosas, pero el conflictó no cesó durante este tiempo por las pretensiones de la monarquía inglesa de hacerse con el dominio de Francia y por el afán de los reyes franceses de incorporar las regiones del oeste. 

Monarquía y feudalismo constituyen un binomio realmente curioso. El normando Guillermo, en 1066, venció en Hastings a la monarquía inglesa, de forma que, como normando, era vasallo del rey de Francia. Pues los sucesores de éste Guillermo van a aspirar, solo por razones matrimoniales, a dominar Francia. Obviamente la guerra de los "cien años" tuvo más motivaciones, como las económicas y la hegemonía europea, pero no es aquí la guerra en su conjunto lo que me interesa.

Los reyes de Inglaterra y de Francia tenían, parece ser, caracteres muy distintos: más guerrero aquel, más cortesano éste. La preparación que Enrique V hizo para invadir Francia por el estuario del Sena, cerca de la villa de Harfleur, llevó su tiempo: una flota de tantos barcos como pudiesen trasladar a unos 6.000 soldados; mercancías, cañones, miles de caballos, mineros y sacerdotes por lo menos. Pensemos en la dificultad de todo esto. La salida de la ofensiva flota se hizo por Southampton y la travesía del canal de la Mancha duraría tres días, pero quizá otros dos para el desembarco de tanto personal, mercancías y animales. En Francia las cosas no estaban bien, en una especie de guerra civil entre los partidarios de los Borgoñones y los partidarios de los Armagnacs; en realidad dos banderías entre las que medió un rey de Navarra, entonces todavía no decidida a inclinarse del lado francés o del castellano-aragonés. 

Paisaje de Agincourt
Las monarquías, hasta el siglo XIX, no eran nacionales: los reyes se apoyaban en sus familias o en sus pueblos según los intereses dinásticos que tuviesen. A veces un aspirante a la corona se enfrentaba a su padre o a su hermano formando una bandería nobiliaria (en la que se veían involucrados campesinos y otros guerreros) y en otras ocasiones la víctima era el pueblo bajo, que aspiraba a librase de un tirano arropado por su familia para repartirse el botín.

El primer objetivo inglés fue la villa amurallada de Harfleur, cerca de la desembocadura pantanosa del Sena. Allí se apostaron las catapultas, los cañones y la pólvora. Las grandes piedras para ser lanzadas contra las murallas de Harfleur se embadurnaban de brea a la que se prendía fuego para que el estrago fuese mayor, pero los cañones eran pocos y su alcance no llegaba a un kilómetro. A los treinta y seis días la villa francesa no tuvo más remedio que rendirse, quedando allí un destacamento inglés. Los mineros ingleses había cavado fosos bajo las murallas y habían conseguido debilitar sus cimientos, pero la disentaría se cebó en la tropa inglesa por los insalubres pantanos que rodeaban a la villa, muriendo quizá un 20 por ciento de aquella soldadesca.

Ahora el objetivo es Calais, pero al intentar atravesar el ejército inglés el río Somme se encuentra, al otro lado, con un poderoso ejército francés, mucho más numeroso, que algunos historiadores, basándose en las fuentes, cifran en 30.000 soldados. Al frente no se encontraba el rey Carlos VI, pero sí importantes generales, mientras que el inglés Enrique V dirigía a sus mesnadas. Curiosa forma de concebir la función real: el monarca era, frecuentemente, un soldado y no importaba desestabilizar la institución si el rey moría en un hecho de armas. El recorrido inglés se hizo por la costa, llegando hasta Blanchetaque, escenario de otra batalla a mediados del siglo XIV. Pero no queda otro remedio que seguir el valle del Somme hacia el interior, en lo que el rey inglés tuvo el apoyo y bendiciones de la Iglesia, que no tenía en estos lances nada de católica, y sí mucho de nacional si es que se puede decir que la Iglesia apoyaba a la nación; más bien a su estatus y a su rey, con el que formaba un tandem muy sólido. El ejército inglés, muy mermado, pasa por Amiens, Boves y Nesle y luego pasa el río por el vado de Betencourt, mientras que el ejército francés destruye los cultivos a su paso para evitar el aprovisionamiento inglés. 

De nada vale el parlamento de Athies, donde el inglés se niega a llegar a un acuerdo con los franceses. A cambio, los soldados ingleses se confiesan ante los curas para afrontar la próxima batalla. En la localidad de Agincourt, cerca de Calais, en una planicie rodeada de una zona boscosa, se producirá el enfrentamiento. Era el 25 de octubre de 1415, en un campo labrado y tras un rechazo, ahora de los franceses, para llegar a un acuerdo propuesto por los generales enemigos. Hachas, lanzas, palos, estacas, espadas y arqueros, éstos sobre todo ingleses enfrentaron a los desiguales ejércitos. La victoria sería para los invasores, si es que se puede llamar así a quienes se reconocen dueños de la mitad de Francia. En medio de la batalla, y tras ella, hubo de todo: códigos de caballería que se pusieron en práctica y masacres de prisioneros que, en el caso inglés, demostraron una curledad extraordinaria. Un nuevo destacamento inglés en Calais y embarque de las diezmadas tropas hacia la isla. Normandía estará en poder inglés durante dos décadas más, pero en 1422 muere Enrique V, un joven realmente osado y pendenciero, quizá con pocas dotes para gobernar pero sí para guerrear, sin pararse a pensar que la vida es corta (y más en su época). Pero entonces lo importante era la gloria militar, el prestigio de la dinastía, el poder del rey sobre sus nobles, y esto solo se podía conseguir con victorias militares.

La victoria inglesa en Agincourt sirvió, sí, para el reconocimiento en Inglaterra de EnriqueV y sus arqueros, capaces de vencer aun ejército mucho más numeroso. Sirvió para producir destrucción, ruina y muertes a cientos, pero no sirivió para que Inglaterra se hiciese con Francia, que desde mediados del siglo XV se encaminaba a construir su estado moderno.




sábado, 31 de diciembre de 2011

Poio: unha poboación e un mosteiro (e 2)

 (Claustro das procesións)

Cada coto tiña as súas ordenanzas para traballar a terra, administrar xustiza, recadar tributos, etc. Un coto, pois, era unha porción de territorio cuxa poboación, como é tradicional en Galicia, estaba espallada polo seu espazo. O mosteiro de Poio exerceu xurisdición sobre os habitantes dos seus cotos, é dicir, xustiza, o cobro de tributos e outros dereitos. Sabemos que os lugares de Simes (Meaño), Padriñán (Sanxenxo) e Beluso (Bueu) pertenceron, xunto con outros territorios, o mosteiro de Poio. Os habitantes dos cotos tiñan que cumplir unha serie de obrigas, como é o caso de mensaxería, dar de xantar ós monxes cando visitaban un coto, dar hospedaxe o abade, traballar para o mosteiro durante algúns días o ano nas terras que éste se reservaba e reparar os camiños por orde do abade. O mosteiro, pola súa parte, tiña dereito a vender o seu viño antes que os veciños. A colonización vitivinícola de Galicia, segundo Huetz de Lemps, é cousa dos séculos XII, XIII e seguintes, se ben é certo que existían viñas xa con anterioridade. Os vales dos ríos Miño, Sil, Ulla, Eo, Avia, as zonas costeiras como as rías galegas e a mariña luguesa foron os lugares preferidos para as explotacións vitivinícolas, que tiñan nas cidades e vilas o seu mellor mercado. 

Xa falamos dos pleitos que algún abade do mosteiro de Poio tivo co arcebispo de Santiago pola xurisdición sobre os cotos. Disponer de dita xurisdición supoñía ter poder sobre os habitantes vasalos, e polo tanto cobrar certos dereitos e "derechuras". Segundo Vázquez Rouco cando o arcebispo de Santiago pleitea co mosteiro, sobre a natureza da xurisdición no coto, recoñece tres feiros fundamentais a favor do mesmo: que o mosteiro é de fundación real, que posúe patrimonio e que os documentos presentados polo mosteiro son "bos e orixinais... co seu selo pendente". O mosteiro alega que "a razón principal e profunda da xurisdición non é codicia... senón unha experiencia triste de que con grave dano se ten seguido e cada día vai descendendo a facenda do mosteiro... e a causa de todo iso é que a cobranza sen xurisdición é moi dificultosa en estos reynos". É dicir, o mosteiro ten serias dificultades para cobrar as rendas que pagaban os habitantes, a maior parte campesiños, se non se dispuña do documento xurisdicional; non era, pois, a piedade popular, a que levaba á xente a pagar, senón a coerción exercida sobre dela. 

Arredor do mosteiro estaban al aldeas e outros territorios limitados por "marcos" ou "fitos", pero a autoridade do mosteiro exercíase tamén en Simes, Bordóns, San Finz de Soloveira e de Santiago Darmelo e Marín con todo a ello anexo, e con xurisdicción civil e criminal, mero mixto imperio, vasalaxe, pechos e dereitos... No actual concello de Barro o mosteiro posuía a aldea de Agudelo, a de Ardán no concello de Bueu, así como a de Beluso; Dorrón no actual Sanxenxo; Ermelo en Bueu; Lantaño en Portas; Leiro en Ribadumia; Lores en Meaño; Lourizán en Pontevedra; Perdecanai no concello de Caldas, como así mesmo a aldea de Romai. 

A fachada actual da igrexa é unha mostra do gusto barroco, composta por tres corpos: o inferior con dúas columnas de orde xigante sobre grosos zócalos, columnas que teñen a súa continuación no corpo central; o corpo superior está formado polas torres, que presentan un maior barroquismo que o conxunto da fachada. As imaxes que vemos aquí son as de San Andrés, a de Santiago apóstolo e a de San Xoán bautista, por ser este o santo da parroquia donde se encontra o mosteiro. O interior da igrexa está cuberto por unha gran abóvada de canón con lunetos, rematándose en 1708 (o que se le nunha clave da abóvada). Na capela do Cristo consérvase o sartego de Santa Trahamunda, do século VI, da que se di viaxou a Terra Santa nunha peregrinaxe que ten máis de lenda que de historia.

O retábulo maior é unha obra barroca do século XVII: columnas salomónicas, abundancia ornamental, imaxes de santos, entre as que destacan a da virxe da Merced e a de San Xoán bautista. A capela do Cristo é de estilo gótico tardío (século XVI). Consta dun retábulo con escenas da paixón de Cristo, Santa Trahamunda e a súa palmeira, alusión a viaxe que fixera a Terra Santa.

O edificio antigo monasterial ten unha fachada onde hai unha porta alintelada, e sobre dela unha imaxe de San Bieito nun nicho, flanqueado por senllos escudos: un deles o da Congregación de Valladolid e outro o do propio mosteiro de Poio. Contrariamente ó que é común nos mosteiros, que os claustros están situados o sur da igrexa, no caso dos de Poio están situados o norte, probablemente porque a benignidade do clima non facía necesario resgardar os lugares de paseo e oración dos rigores atmosféricos. O claustro das procesións, o que se accede por unha porta do muro esquerdo da igrexa, ten abóvadas nervadas con claves florais, así como ménsulas e arcos de medio punto entre fortes piares. De gran mérito parécenos a labra dos perpiaños, cun cruceiro no medio do patio, con árbores e outras plantas. Chama a atención unha cabeza de león ou monstro irrecoñecible, moi propia dos bestiarios que se escribían na idade media. Noutra abóvada hai unha imase sinxela de San Bieito cun báculo como signo de autoridade. Dende a portería hai unha escaleira feita en pedra, obra do século XVIII.

No claustro das procesións hai varios reloxios de sol, concretamente na ala norte: un sobre o tellado, outro sobre unha pilastra e o teceiro gravado no muro tras unha árbore. Outros dous reloxios se encontran gravados nas alas este e oeste, respectivamente, nos muros do claustro alto. Un destes reloxios presenta unha singularidade: construído no ano 1600 segundo se pode ver na epigrafía sobre del: FACIA ANNO 1600; a palabra ANNO vólvese a repetir con letras de maior tamaño na parte inferior da citada epigrafía e, debaixo, o debuxo dun semicículo co diámetro na parte superior; do semicírculo parten liñas diverxentes (11, que xunto co diámetro son 12). A orde dos números que sinalan as horas é de esquerda a dereita.


jueves, 1 de diciembre de 2011

Una época de turbulencias


¿Y cual no lo ha sido? cabría preguntarse. Pero a la que me quiero referir es a ese dilatado período que va desde que pueblos de diverso origen se internan en el imperio romano y este desaparece ya como entidad política. Los godos "foederati" vivían en el interior del imperio con plena autonomía, exentos de pagar impuestos y pagados para formar parte del ejército romano; hasta tal punto esto es así que elementos godos llegaron a puestos directivos del ejército. El propio emperador Teodosio ya no se invistió del título de "pontifex maximus" y en su época se persiguió al paganismo. La distorsión de las cosas había sido grande, incluso el año final de los juegos olímpicos antiguos fue en 393.

El mismo ejército romano en época de Teodosio era inferior en número de hombres que el de los pueblos bárbaros: en campaña solía haber 135 legiones y 198 "auxilia" (unos 180.000 hombres de infantería) además de 88 regimientos de infantería (44.000 hombres); en las fronteras, 10 flotillas fluviales, 250.000 hombres de infantería y 25.000 de caballería. 

África pasó a ser autónoma de "facto" a finales del siglo IV ("comes" Gildon); desde el 427 hasta la invasión de los vándalos África fue independiente ("comes" Bonifacio) y el derecho romano siguió en vigor aún cuando se fue desintegrando a lo largo del siglo V en el imperio occidental. El reino de Siagrio (s. V) fue un resto de soberanía romana sobre parte de las Galias, con capital en Soissons. Es la época en la que el poeta Rutilio Namaciano escribía: Para renacer, es necesario sacar partido de la adversidad y el galo Salviano desarrolló ideas radicales en su "De gubernatione Dei". Incluso en cierta medida la supervivencia del imperio oriental se hizo a costa de pactar con los bárbaros la ocupación del imperio occidental.

Los terratenientes, por su parte, empezaron a tener "bucellarii", milicias privadas que trataban de suplir a las fuerzas del orden, totalmente dispersadas. Salvo en lo político, ya se daban formas feudales en el siglo IV: "el gran latifundio formaba... una unidad autónoma en los planos económico, fiscal, jurídico y religioso, que tendía a arrogarse funciones públicas" (Franz Georg Maier). Hay una convergencia en algunos sectores de la sociedad: los esclavos se van convirtiendo en colonos y los campesinos libres también, y no debemos olvidar que ya en 332 un edicto de Constantino hizo que el colono quedase sujeto a la gleba (al registro catastral de la finca que trabajaba como arrendatario) y, de esta manera, a su profesión y a su señor. La burguesía urbana perdió su significación social y la condición de ciudadano se fue convirtiendo, imperceptiblemente, en la de súbdito. 

Incluso hay historiadores que consideran que hasta el siglo III la sociedad romana estaba organizada de forma parecida a un régimen liberal-capitalista (excepción hecha del mundo esclavo), mientras que a partir de dicha centuria el dirigismo estatal  hace que la sociedad sea más cerrada por las disposiciones que obligaban a heredar la profesión de los progenitores, entre otras. Casi todas las figuras significativas de la cristiandad occidental, hasta muy entrado el siglo V, pertenecen a África, el territorio más independiente del imperio: Tertuliano, Minucio, Cipriano, Arnobio, Lactancio y Agustín de Hipona.

(Reino de Siagrio con capital en Soissons)

domingo, 27 de noviembre de 2011

Galegos acá e acolá

Un dos fenómenos máis importantes da Idade Media é a repoboación, que mellor sería dicir repoboacións, pois se produciron en momentos distintos e con características tamén distintas.

No século VIII formáronse ás "póvoas" ou "polas", das cales hai en Galicia varios exemplos, que teñen a súa orixe nos poboadores traídos o norte por Afonso I e o seu irmán. O historiador portugués Gama Barros ten demostrado que Galicia aportou poboadores o norte de Portugal en época de Afonso III, algo que ven a compensar as devastacións de Afonso I no val do Douro, levando as súas xentes o norte. Polo tanto temos que a poboacion entre o norte do actual Portugal e Galicia estivo, segundo unha época ou outra, a merded das necesidades repoboadoras da monarquía, algo que tamén se deu co interior da meseta castelá. Nesta política es encadran as rebelións contra os monarcas ástures (Fruela e Silo) por parte da nobreza galega da época (galegos e nobreza galega son termos que se poñen aquí sen todo o rigor requerido).

Pola súa parte Odoario, bispo procedente do norte de África, repoboou Lugo na época de Afonso I. Anos máis tarde Afonso II organizou a sede espiscopal de Ourense, mentres que pola súa parte, a principios do século X Lugo estaba aínda débilmente poboada, o que explica as ordes de Ordoño II os condes do territorio para que se establecesen alí, sendo durante este rinado (850-866) cando se produxo a repoboación do val medio do Miño: Tui e Ourense, a donde Afonso III levaría máis tarde o bispo Sebastián, expulsado de Arcávica (Ercavica?) e o mosteiro de Samos chegaron, durante o século X, clérigos desde al-Andalus.

Chaves, no norte do Portugal actual, foi repoboada polo conde Odoario, pero as repoboacións das que vimos falando non se fixeron dunha vez; a inestabilidade da época (invasións normandas sobre todo entre os século IX e X) tiñan á poboación costeira e a aquela que se asentara nos vales dos ríos (Miño, Tambre...) en peremanente inestabilidade, polo que fuxindo a poboación a outras zonas, a monarquía e a nobreza tiveron que volver a asegurar os territorios con poboación comprometida nas terras que podía aproveitar. Debe terse en conta que ata principios do século XII o mar Cantábrico estivo dominado por normandos e musulmáns.

Noutro orde de cousas cabe falar dun feudalismo galego o terse desenvolvido moito as relaciones feudovasaláticas, sobre todo debido o predominio do señorío monástico, pero tamén encontramos casos de oposición nobiliaria o proceso repoboador, como é o caso do interior de Galicia por parte de Afonso IX. En realidade estase no proceso de integración de Galicia nas estruturas do reino ástur (ou galego-ástur, como gosta dicir a algúns) e a nobreza non está polo labor de perder autonomía para facer e desfacer o seu antollo.

(Invasións de musulmáns e normandos durante os séculos IX e X)