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sábado, 24 de noviembre de 2018

Los intentos de F. Silvela

Silvela y Polavieja (caricatura tomada de la Wikipedia)

Francisco Silvela es considerado como un político de elevados principios éticos que, viviendo durante el régimen de la Restauración borbónica en España, fue tres veces ministro y dos veces Presidente del Gobierno. Pesimista por naturaleza, según Julio Maestre[i], su criticismo le llevó a no pocos fracasos: en 1899 considera prioritario para España la ordenación de la Hacienda, una amplia descentralización administrativa, el desarrollo de los intereses materiales y la reorganización de las fuerzas militares (se había producido la pérdida de Cuba).

Formando parte del partido conservador de Cánovas, ejerció como Subsecretario del Ministerio de la Gobernación siendo ministro Romero Robledo[ii] en el año 1875, pero ya en 1870 había intervenido como diputado acusando al Gobierno de “saltar por encima de las leyes” al aplicar la llamada “ley de fugas”. Un conservador denunciando un aspecto concreto de la política de los revolucionarios de 1868. En 1876, no siendo ya subordinado de Romero Robledo, pudo ver cómo, en las elecciones por sufragio universal masculino, las coacciones sobre el electorado harán que los escasos candidatos no gubernamentales opten por la retirada.

El falseamiento electoral será precisamente uno de los caballos de batalla que pretenderá erradicar Silvela cada vez que tuvo ocasión, sin conseguirlo como sabemos. Julio Maestre considera que Silvela ha pasado a la historia como el ministro que ha permitido, en la campaña electoral que precedió a las elecciones de abril y mayo de 1879, una total libertad de expresión y la inexistencia de coacciones por parte del partido en el poder. Un decreto de Silvela (15 de mayo de 1879) indultó a los periódicos suspendidos y restableció la libertad de imprenta, tratándose de asegurar la veracidad de los resultados electorales. En una circular del mismo mes y año dirá Silvela: “las coacciones y la presión sobre la voluntad del elector, no porque se descentralicen se disculpan… Y V.S. acreditará todo su celo si evita que nazcan y prosperen esas violencias…” que se ejercían en los centros pequeños más fácilmente que en las ciudades.

Pero la limpia ejecutoria de Silvela no podrá evitar que durante el régimen de la Restauración, como con anterioridad, se falsificasen las elecciones, aunque Aranguren, en su obra “Moral y Sociedad”, no incluye a Silvela en el entramado caciquil que caracterizó a la España de aquella época. Siendo Ministro de Gracia y Justicia envía varias circulares donde dispone el procedimiento que deben seguir los notarios cuando fueren objeto de resistencia o coacción en el acto de cumplir con sus obligaciones relacionadas con el derecho electoral (8 de abril de 1884). En el mismo mes y año envía otra circular sobre averiguación y castigo de los delitos electorales en elecciones de senadores, diputados, diputados provinciales y concejales.

La escisión de Romero Robledo del partido canovista propició el ascenso de Silvela entre 1885 y 1890, precisamente cuando gobernaron los partidarios de Sagasta. En el último año citado, formando parte como Ministro de Gobernación con Cánovas, dirige a los gobernadores civiles una circular con importantes normas éticas y de moral política, y mucho antes, en 1869, es uno de los pocos que denuncian irregularidades y abusos en las elecciones. Silvela sacó esas corruptelas a la faz pública y, una vez en el poder, conseguirá algunos logros y Martínez Cuadrado señala que las ideas regeneracionistas de Silvela procedían de Joaquín Costa.

Hasta tal punto comprendió Silvela que Cánovas no estaba por la labor de moralizar la vida pública española, por lo menos en cuanto a la transparencia electoral, que en 1893 se va perfilando lo que se llamará “Unión Conservadora”, formada por los que siguen a Silvela. Tras el asesinato de Cánovas en 1897 Silvela conseguirá que Romero Robledo no llegue a la presidencia del partido conservador y, en medio de la ruina política, en 1899, la regente encargó a Silvela la formación de un nuevo Gobierno que, con la inspiración de su Presidente, dará apoyo a las pretensiones foralistas reconocidas en el nuevo Código Civil (1888) y la moralización del sufragio.

El regeneracionismo, movimiento político propio de finales del siglo XIX y principios del XX, contó entre sus filas a personajes de muy distinto pelaje: Silvela, Picavia, Costa, Canalejas, Alba, Maura, hasta el mismo Primo de Rivera… Un rótulo que individuos de diversas ideologías tenían como necesario aunque con distintos métodos y resultados.


[i] “Francisco Silvela y su liberalismo regeneracionista”.
[ii] Ejemplo de político de la época: primero formó parte en el unionismo de O’Donnell, luego en el partido liberal de Sagasta y más tarde en el conservador de Cánovas. Participó en la revolución de 1868 para, siendo contrario a la república, luchar contra ella y a favor de los borbones que había contribuido a derribar. En 1886 se alineó con López Domínguez.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Compra de votos: Salamanca, 1936

Tamames (Salamanca)
  (salamancaentresierras.com/2015/01/tamames)

El falseamiento electoral es tan antiguo como las elecciones, pero los estados han ido aplicando mecanismos para corregir este vicio y hoy se puede decir, que en aquellos donde la democracia está bien asentada, los resultados electorales son fiables.

Lamamié de Clairac fue un terrateniente salmantino que participó activamente en la política de la II República española representando los intereses de los de su clase a partir del carlismo y de posiciones ultraconservadoras. Junto con R. Olleros y E. Castaño Arévalo, participó en las elecciones a Cortes de 1936 pero, aunque los tres resultaron electos, sus actas les fueron retiradas por “una compra masiva de votos que implícitamente la habrían reconocido los propios afectados en la nota que publicó la Gaceta Regional el día 7 de febrero. En ella se decía, textualmente, que los señores Gil Robles, Casanueva, Cimas, Castaño y Clairac garantizan con su firma personal un préstamo de millón y medio de pts. (sic) a los agricultores que no vendan su trigo”. Así lo ha estudiado Marcos del Olmo[i] Los beneficiarios de ese dinero –público- estarían contribuyendo a que el precio del trigo subiera y el malestar entre la población se acrecentase, combatiendo así a la izquierda. No obstante, cabe pensar que los terratenientes salmantinos, a cambio de ese dinero, se convertirían en agentes electorales de la derecha, que es la que, antes de las elecciones de aquel año, estaba gobernando.

Lo curioso es que, según la ley electoral en vigor entonces, los electos a los que les fuesen retiradas sus actas de diputados por irregularidades como estas, serían cubiertas por candidatos que no tenían por qué pertenecer a sus mismos partidos políticos o candidaturas; de esta forma los que ocuparon los escaños fueron F. Villalobos, Prieto Carrasco y Valeriano Casanueva. El primero fue un médico salmantino que ya había sido diputado en Cortes desde 1918, pero no participó en la política durante la dictadura de Primo. Fue ministro de Instrucción Pública durante el bienio lerrouxista y luego con Portela Valladares, siendo su personalidad política muy atrayente por su labor social desde posiciones no izquierdistas. Casanueva fue un abogado vinculado al ala caballerista del Partido Socialista, pero destacó más en otros cargos que como diputado.

La II República española no se libró del caciquismo que venía existiendo en España desde tiempo atrás, de los intentos de falsear las elecciones y de delitos graves como el aquí descrito. El hecho de que en el asunto citado esté implicado Gil Robles, dirigente principal de Acción Popular y la CEDA, pone de manifiesto la encarnizada lucha a que se había llegado una vez que se celebran las elecciones de 1936 con el triunfo de Frente Popular, donde ya la política de hechos consumados parece estar por encima de lo que decidiesen las instituciones legales.

De todas formas, el hecho de que los electos implicados fuesen apartados del Parlamento, indica hasta qué extremo se habían ido afinando los métodos para evitar el fraude.



[i]  “Cultura de la violencia y Parlamento: los diputados Castellano y Leoneses en las Cortes de 1936”, 2011.