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viernes, 20 de diciembre de 2019
Dos tiranos de Atenas
viernes, 29 de noviembre de 2019
Milcíades según Nepote
sábado, 26 de octubre de 2019
La inscripción persa de Kartir
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| Wikipedia |
lunes, 11 de diciembre de 2017
Caridemo paga con la vida su sinceridad
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| Ruinas en Gordion |
Celenas es una antigua ciudad de Frigia,
en el interior de Anatolia y a orillas del río Menderes (antiguo Meandro),
donde Alejandro Magno, según Quinto Curcio Rufo, cortó el nudo gordiano y se
preparó para ir en busca del rey persa Darío. Como ocurría con frecuencia,
cuando un poderoso rey entraba en una ciudad, sus habitantes la abandonaban, y
así hicieron los de Celenas refugiándose en la fortaleza que tenían construída.
El legado que envió Alejandro a la
fortaleza para convencer a los habitantes de que se rindieran no tuvo éxito,
siendo colocado aquel en lo alto para que viese lo inexpugnable que era, pero
como Alejandro acotó cada vez más el espacio, los habitantes pidiereon una
tregua de sesenta días en espera de recibir ayuda del exterior, prometiendo
rendirse si dicha ayuda no les llegaba, como así ocurrió.
Entonces llegó a Alejandro la noticia de
que Darío aún no había atravesado el Éufrates en dirección este, lo que motivó
la prisa del rey macedonio en recorrer Frigia, que según Curcio Rufo, sus
poblaciones eran más villas que ciudades, con excepción de Gordio, “antigua y
famosa corte del rey Midas” a orillas del río Sangario. Alejandro se apoderó
entonces de la ciudad y entró en el templo de Júpiter (Curcio era de cultura
latina).
Para asegurar la retagurdia encargó a su
colaborador Anfótero el gobierno de la flota que estaba en el Helesponto, y a
Hegéloco el mando de las demás tropas con orden de liberar de enemigos las
islas de Lesbos, Quíos y Cos, para lo que les dio suficiente dinero. También
dio dinero a Antípatro y a los que había dejado en defensa de las ciudades de
Grecia, dando instrucciones a los aliados para que contribuyesen con
determinado número de bajeles que diesen seguridad al Helesponto.
Alejando no sabía entonces que Memnón, uno
de los generales más importantes de Darío, había muerto, y entre tanto había
llegado a la ciudad de Ancira y luego a Paflagonia, en la costa sur del mar
Negro, en la misma frontera de los hénetos, encaminándose hacia Capadocia.
Caridemo, consejero de Darío, trató de
hacerle ver que si su ejército era suficiente para vencer a los vecinos, no lo
era para enfrentarse con éxito a los madeconios: “posible es, señor, que
te disguste mi verdad; pero si la omito ahora, de nada servirá decírtela
después…”. Darío, a pesar de los datos que su consejero le dio sobre el
ejército de Alejandro, no le hizo caso y mandó a Caridemo a suplicio, pues “de
ordinario la prosperidad pervierte al mejor”, dice Curcio Rufo en su relato.
Pero Caridemo, aún en estas circunstancias adversas, siguió opinando lo que
honestamente creía: “espero (le dice) que muy en breve satisfaga mi muerte al
mismo contra quien te he dado tan saludable consejo”, recordándole que por muy
poderoso y capaz que se sea (Darío) todo ello puede no valer nada cuando los
resplandores de la fortuna le ciegan.
Darío se dejó llevar por ese resplandor
mientras cortaban por su orden la cabeza a Caridemo. Más tarde, viendo que los
designios le fueron desfavorables en su lucha con Alejandro, se arrepintió, se
acordó de su consejero y mandó dar sepultura a su cuerpo.
viernes, 6 de abril de 2012
Los jonios se levantan
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| Una calle de la antigua Mileto |
lunes, 20 de febrero de 2012
Dos estilos
Puede haber una diferencia de uno o dos siglos entre una escultura y la otra, pero la evolución de uno y otro estilo nunca fueron en la dirección de encontrarse, sino de mantener sus señas de identidad. Cuando Persia esté bajo dominio alejandrino se impondrá, antes que otra cosa, el gusto griego en el arte.
miércoles, 1 de febrero de 2012
Tracios avasallados
Los primeros, cuando terminaba el siglo VI a. de C., fueron los perintios, que se resistieron a someterse al rey Darío, los cuales a su vez habían tenido que soportar las intromisiones de los peones, otro pueblo tracio, según nos cuenta Heródoto. Los perintios habitaban en el Quersoneso de los Dardanelos, mientras que los peones vivían en torno a la actual Tesalónica.
Algunos griegos estaban en contacto con el rey persa Darío I, pues Histieo de Mileto y Coes de Mitilene se llegaron a entrevistar con él para recibir de él tierras. Al segundo le concedió el lugar de los edonos, llamado Mircirio, donde fundó una colonia. A Megabazo, general persa que se econtraba en Tracia, le ordenó que sacase a los peones de su tierra, de lo que estos fueron avisados. Esperando que los persas atacasen desde el mar se apostaron todos los peones varones en la costa, dejando las ciudades vacías, con solo las mujeres y los niños. Pero Megabazo decidió atacar por el norte y se hizo dueño de las ciudades sin resistencia. Sabido esto, los peones varones no tuvieron más remedio que entregarse. Solo los que moraban cerca del monte Pangeo, los doberes, los agrianes y los odomantos, quedaron libres del dominio persa, siendo este el comienzo de la dominación persa de Tracia.
sábado, 28 de enero de 2012
Persas en Grecia
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| Griegos y persas en un friso del tempo de Atenea Niké |
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| Estrecho de Dardanelos |
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| Río Maritza, en la actual Bulgaria |
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| Paisaje de Tesalia |
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| Isla de Salamina, al oeste de Ática |
martes, 24 de enero de 2012
Mileto traiciona a Naxos
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| La isla de Naxos. Mileto en la costa de Jonia |
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| Sardes, ciudad lydia desde donde los persas controlaban Jonia |
sábado, 21 de enero de 2012
Costumbres de los escitas
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| Joya de oro escita |
Targitao parece ser el ascendiente mítico de los escitas, cuyos padres fueron Júpiter y una hija del río Borístenes (el Dnieper). Pero Heródoto dice "téngolo yo por fábula", añadiendo que los escitas se empeñan en citar incluso a los descendientes de Targitao: Lipoxais, Arpoxais y Colaxais. "Cayeron del cielo en su región -sigue el mito- ciertas piezas de oro, a saber, un arado, un yugo, una copa y una segur [hacha u hoz, según las diversas traducciones]. El mayor de los hermanos quiso apoderarse de ellas, pero "el oro se puso hecho un ascua"; hizo lo mismo el segundo y sucedió otro tanto; "pero yendo por fin el tercero... apagose la llama, y él fuese con el oro a su casa. A lo cual atendiendo los dos hermanos mayores, determinaron ceder al menor todo el reino y el gobierno". Para los escitas del siglo V antes de Cristo, Lipoxais descendía de la tribu de los aucatas; Arpoxais de las tribus llamadas catiaros y traspies; y Colaxis de los paralatas, siendo estos escitas expertos ballesteros.
Los reyes escitas -dice Heródoto- guardaron aquel oro sagrado que les vino del cielo con todo el cuidado, y todos los años, en un día de fiesta celebrado con grandes sacrificios, iban sacando y paseando por la comarca el tesoro; "y añaden que si alguno en aquel día, llevándolo consigo, quedase a dormir al raso, ese tal muriera antes de pasar aquel año". Los griegos contemporáneos de Heródoto contaban que Hércules, al volver con los bueyes de Gerión, llegó al país de los escitas, entonces despoblado, habiendo partido de Gades o de una isla llamada Erithrea; y como sorprendiese al héroe "un recio y frío temporal, cubriose con su piel de león y e echó a dormir. Al tiempo que dormía dispuso la Providencia que desaparecieran las yeguas que sueltas del carro estaban allí paciendo".
| Territorios escitas al norte el imperio persa a principios del s. V a. C. |
Reinando el persa Darío I, hizo una expedición contra los escitas, según Heródoto por venganza y por el deseo de obtener tributos; si por lo primero debido a que el rey persa consideró una afrenta que el rey escita no le diese a una hija por mujer... Estaban cerca los tiempos en que esos persas iban a ser los grandes enemigos de los griegos.
domingo, 1 de enero de 2012
Persas en Etiopía
viernes, 9 de diciembre de 2011
Los persas toman Samos
El noble Otanes dispuso las tropas para la expedición de Samos cuando la isla estaba gobernada por Menandrio, hijo a su vez de otro Menandrio, a quien Polícrates había dejado como regente en su asencia. Este Polícrates, tirano de Samos, había llegado al poder en alianza con sus dos hermanos, pero una vez seguro, mandó a matar a uno y exilió a Persia al otro, Silosonte. Después de esto en la propia Samos las cosas no estaban tranquilas: previendo Menandrio que no había de faltar alguno que pretendiera alzarse con el mando en el caso de que él lo dejase, abandonó la idea que tenía de dejar el poder, de forma que se retiró a la ciudadela de la isla y fue llamando a cada uno de sus vasallos para darles cuenta de ciertas cosas, sobre todo del estado de la economía; pero una vez que dichos vasallos se confiaban e iban a presencia de Menandrio, éste ordenaba que los encerrasen en prisión.



















