viernes, 23 de diciembre de 2011

Un escultor impresionista (para alumnos)


Conocemos a muchos pintores impresionistas, pero menos escultores. Uno de ellos es Medardo Rosso, nacido en Turín en 1858 y fallecido en Milán en 1928, por lo que su vida transcurre cuando el impresionismo está en su momento culminante, pero también otros movimientos artísticos de vanguardia.

Apasionado del dibujo, muchas de sus obras parecen bocetos, pero él las consideró terminadas, pues quiso trascender de la escultura tradicional que ya Rodin había revolucionado. Precisamente porque el boceto es algo muy propio de los dibujantes, Rosso hizo varias versiones de un mismo tema, utilizando incluso diversos materiales. En ocasiones imaginó el tema, pero en otras se valió de modelos que posaron para él; una característica de su obra es que muchas de sus esculturas (no todas) están concebidas para ser observadas desde un solo punto de vista. Otra característica es que en ocasiones la obra consiste en relieve sobre un bloque exento. El relieve tradicional está sometido al lugar donde se encuentra el bloque, pero en el caso de Rosso sus esculturas pueden ser trasladadas de un lugar a otro. 

La desintegración de los volúmenes, tal y como hiciera Miguel Ángel con sus "esclavos" y algunas "piedades", unido a la irregularidad del modelado, hacen de Rosso un innovador que trabajó la escultura en cera sobre yeso, el bronce y otros materiales. En ocasiones consigue el efecto de una veladura sobre el rostro de los personajes (ver el ejemplo de arriba: "He aquí el niño", 1906).


En "La edad de oro" (cera sobre yeso, 41,91 cm. de altura, Fine Arts Museums of San Francisco) una madre abraza a su hijo lloroso sin que los límites de uno y otro personaje estén definidos, como ya hiciera Miguel Ángel, por ejemplo, en "La Piedad Rondanini". ¿Que mejor forma de representar el amor marteno que fundir los dos cuerpos en uno solo?

(1890)





Costubres en la antigua Grecia


 Las excelencias que se suelen cantar sobre la antigua Grecia, sobre todo en el caso de Atenas, cobran su justa medida cuando se conocen algunas costumbres que vienen a poner las cosas en su sitio. Aquella civilización, brillante en muchos aspectos, era humana como las demás, y por lo tanto estuvo llena de miserias, situaciones grotescas y vicios. 

Los proletarios y jornaleros no eran admitidos para ocupar cargos públicos, y mucho menos los extranjeros, entendidos por tales no solo los que no eran griegos, sino los que procedían de otra ciudad griega. Los muy numerosos esclavos, como en todas las civilizaciones antiguas, carecían de derechos. Desde el siglo VI antes de Cristo se hiló más fino, sobre todo en Atenas, pues se establecieron normas para apelar a las autoridades en caso de haber sufrido agravios. Antes de que las poleis cobraran carta de naturaleza, e incluso solapadamente con estas, los griegos estaban agrupados en tribus, ya que disolver estas no fue consecuencia de una decisión administrativa, sino de la paulatina asunción por parte de la población de pertenecer a una patria o a otra, a una pólis o a otra. 

Dentro de una misma ciudad, como cabe esperar, había diferentes opiniones y partidos, pero buena parte de la población se mantenía al margen de estas disputas, lo que a algunos legisladores pareció inconveniente, promoviendo que los ciudadanos se interesasen en los asuntos públicos. Una preocupación, sobre todo en Atenas, fue cómo regular el matrimonio: se empezó a ver poco conveniente que una persona anciana contrajese matrimonio o se amancebase con una joven por simple conveniencia material, o como disculpa de que la joven era huérfana y necesitaba protección. Para el matrimonio existía la dote, que en ocasiones era excesiva y planteaba serios problemas a la mujer y a su familia. Solón señaló que el matrimonio no debía ser "lucrativo y venal", lo que, como sabemos, ha sido a lo largo de muchos siglos con posterioridad. Esto no es extraño, pues siendo el matrimonio concebido civilmente como un contrato, las cuestiones materiales estarían in mente de uno u otro contrayente. La madre de Dionisio, a quien cita Plutarco en sus "Vidas paralelas", pidió un día a su hijo que le permitiese casar con un determinado ciudadano, a lo que el hijo dijo que tal matrimonio estaba "fuera de la edad", lo que era contra natura. Estas "reuniones desiguales y desamoradas" eran costumbre, de forma que en una ocasión Filoctes exclamó sobre este asunto: "¡Bueno estás, miserable, para bodas!", refiriéndose a un viejo que pretendía contraer matrimonio con una joven. El mismo Filoctes, descubriendo a un joven "engordado como perdiz en jaula" en casa de una vieja, lo llevó a casa "de una mocita casadera".

Los odios entre personas y familias, como en la actualidad, se prolongaban más allá de la muerte de algún miembro, por lo que los legisladores se esforzaron en honrar la memoria de los muertos para que no se pudiese hablar mal de ellos, por muy perversos que hubiesen sido, y así "que las enemistades no se hagan eternas". Las normas, en la mayor parte de los casos, no estaban escritas, pues existía la convicción de que no por muchas leyes la sociedad funcionaría menor, de manera que se prefirió que la leyes se hiciesen "sobre lo posible, si se quiere castigar a pocos con fruto, y no a muchos inútilmente". Es decir, había una mentalidad pragmática, de forma que si un vicio era difícil de combatir se prefería no legislar sobre él, pues no por existir la ley se iba a superar. 

La mujer estuvo discriminada, así que se legisló sobre el papel que esta debía realizar en el hogar; igualmente existía la costumbre de dirimir las disputas por medio de duelos y de llorar artificiosamente en los entierros en los que los plañideros no sabían ni de qué muerto se trataba, prueba de que se pagaría a quienes así actuasen para conseguir una sensación de duelo mayor que el que el muerto inspiraba, pero algunos legisladores consideraron que esta actitud era impía. Si un padre no había prestado la debida atención a sus hijos éstos no tenían la obligación de atenderle (alimentarle) cuando fuese viejo, así como tampoco aquellos hijos que se hubiesen tenido con una mujer fuera del matrimonio por el simple placer carnal. Algunos legisladores vieron en las leyes espartanas un ejemplo, impidiendo formar parte de la ciudad a cualquier "canalla forastera"; hasta tal punto iba cuajando el concepto de patriota o ciudadano de una pólis en torno al siglo VI antes de Cristo. 

Solón estableció en Atenas la facultad de que el marido que sorprendiese a un hombre con su mujer le pudiese matar, lo que quiere decir que era costumbre. Como existió la prostitución, ninguna objeción había para el que se ayuntaba con rameras, pero sí existió la costumbre, aunque suponemos que no generalizada, de vender las hijas o las hermanas con un fin u otro. 

Los juegos fueron costumbre griega desde casi siempre, existiendo los ístmicos, los olímpicos, los délficos, entre otros. Solón abolió las leyes draconianas, pues estas imponían a casi todas las faltas la pena de muerte (otra cosa es que se aplicase rigurosamente) y se cuenta que Dracón, preguntado por esto contestó: "que las pequeñas [faltas] las había creído dignas de este castigo; y ya no había encontrado otro mayor para las más graves". 

Aunque el espacio griego ofrece cierta variedad, lo cierto es que es más bien montañoso, con entrantes del mar en la tierra y prolongadas penínsulas, y muchas de las regiones no eran aptas para la agricultura sino en espacios pequeños, lo que planteó problemas que derivaron en conflictos sociales al estar la tierra mal repartida. El país es escaso en ríos y lagos, pero había abundantes fuentes, por lo que los griegos construyeron pozos artificales, algunos de los cuales eran para el uso comunitario. En los sacrificios se valoraba de distinta manera al que presentaba un animal o a otro: oveja, lobo, buey, etc. 

Las ocupaciones profesionales fueron creando un léxico apropiado: oplitas eran la gente de guerra; ergastas los que ejercían oficios ("ergasta" hace alusión al trabajo), labradores y egícoras; estos últimos dedicados a la pastoría y ganadería. Aquí no se agota lo mucho que sabemos sobre las costumbres de los antiguos griegos, pero lo dicho contrasta con la siempre divulgada fama de su filosofía, arte y legislación, que sin duda son la gloria de aquella cultura.


jueves, 22 de diciembre de 2011

¿La plaza más hermosa?

De las varias colinas donde se fueron asentando las primitivas aldeas que darían lugar a la ciudad de Roma, la Capitolina es una de las más altas. Los habitantes de aquellas aldeas construyeron sus casas de madera en lo alto de cada colina, pues las zonas bajas eran pantanosas e insalubres. A lo largo del tiempo esos pantanos fueron desecados y las aldeas pudieron ir uniéndose. 

Pero en el siglo XVI Roma era ya una gran ciudad con edificios notabilísimos que los papas de la centuria anterior se habían encargado de construir. También era una "gran cloaca" por la corrupción de sus clases dirigentes, los papas en primer lugar quizá, con lo que aquellas depresiones lacustres e infectas parece que se resistieran a desaparecer, ahora en el campo de la moral. Quizá fue Alejandro Farnesio el que encargó a Miguel Ángel la urbanización de la plaza que ahora se llama del Campidoglio, sobre la colina Capitolina, de grandes resonancias sagradas para la Roma antigua. El que sería papa Paulo III pertenecía a una nobilísima familia romana que tenía sus posesiones al norte del Lacio, en torno al lago Bolsena y en medio de los montes Volsinos. El paisaje es idílico pero también misteiroso, y debía serlo más en el siglo XVI, donde quienes penetraban en los lugares reservados eran los muy católicos y ricos Farnesio, mientras que los campesinos y carreteros se dedicaban a sus faenas en el campo, podando aquí, plantando allá, vigilando la coloración de las uvas en sus cepas, transportando hacia la ciudad y desde la ciudad hacia la mansión farnesina. Alejandro prosperó quizá por su capacidad política o por su sabiduría, pero puede que tuviera algo que ver que una hermana suya era amante del papa Alejandro VI. La hermana velaría así por el ascenso de su pariente. Luego éste llevaría a cabo un nepotismo que incluso escandalizó a los romanos, pues dió importantes cargos eclesiásticos a nietos suyos, aunque, eso sí, en un documento de 1537 prohibió la esclavización de los indígenas de la América que estaba siendo conquistada.


Miguel Ángel planificó una obra que no vería terminada, pues fueron otros los que la llevarían a cabo. En medio, una plaza oval con un pavimento decorado geométricamente, pero sin exceso alguno. Frente a la rampa que permite subir al Capitolio, el palacio Senatorio (hoy sede del Ayuntamiento de Roma) y a cada uno de los lados, cerrándose la alineación de cada edificio a medida que se aproximan a la rampa (como haría un siglo más tarde Bernini con la comumnata de San Pedro) el palacio Nuevo, así llamado porque sustituyó a otro que estaba medio arruinado, y el palacio de los Conservadores, hoy ambos edificios sede de los museos Capitolinos (las colecciones de escultura son quizá lo más notable).

Miguel Ángel dispuso una doble escalera adosada a cada uno de los zócalos del palacio Senatorio y dio dos plantas a cada uno de los edificios laterales, todos ellos del más puro estilo clásico, aunque a la postre el palacio Senatorio admitiría alguna decoración exterior que rompe con la pureza de líneas y nos habla del tránsito que se estaba produciendo en el gusto arquitectónico de las clases cultas y pudientes. Una copia en bronce de la estatua ecuestre del emperador Marco Aurelio se encuentra en el centro de la plaza, y otras estatuas la embellecen. Lo que predomina es la diafanidad, no solo por la atmósfera mediterránea romana, sino por el sutil cromatismo rosa y gris de las construcciones y el pavimento. Dando la espalda al palacio Senatorio se extiende Roma, la eterna, el centro del mundo, la gran cloaca...



El monasterio de Carboeiro

           (Alzado de la fachada occidental donde se puede observar la diferente altura de las naves laterales y la diferente pendiente de sus cubiertas respectivas)

En la tierra que reorre el río Deza, alfuente del Ulla, al norte de la provincia de Pontevedra, se encuentra el monasterio de Carboeiro, fundación del siglo X cuya iglesia actual (aparte restauraciones) es obra del siglo XII, recibiendo ciertas influencias del románico que se estilaba en Santiago de Compostela. 

 (Portada occidental)

La geografía de esta tierra es fragosa, con alturas medias que a veces llegan a pelarse por la erosión y con valles encajados, prados y bosques de frondosas, entre las que destacan el carballo (roble) y el castaño. La hojarasca del otoño da un aspecto singular a la comarca, donde la lluvia mantiene un verdor y frondosidad especiales, además del caudal del río Deza y sus afluentes que corren rápidos hacia el Ulla, límite en buena parte de su curso con la provincia de A Coruña. Atrás queda el nacimiento del Deza en los montes del Testeiro, cuyo nombre alude a una cabeza de la cual mana el agua vivificadora del paisaje.

 (Ancianos músicos de una de las arquivoltas)

Este lugar apartado, como en tantas otras ocasiones, se eligió para un cenobio que luego sería monasterio cisterciense, la orden monástica que realmente colonizó el campo gallego. La pendiente del terreno, como también ocurrió en la catedral de Santiago, obligó a construir una cripta (en Santiago a los pies de la catedral) bajo la cabecera de la iglesia abacial. Así, desde el borde del río, se yerguen los ábsides de Carboeiro esbeltos y macizos, imponentes en medio de la naturaleza. La pefección de sus sillares graníticos contrasta con los retorcidos troncos de las arborescencias, pero el conjunto ofrece una imagen misteriosa y romántica.

 (Arquivoltas de la fachada occidental)

La cabecera está terminada en tres ábsides, los laterales oblicuos respecto del crucero, que está cubierto por una bóveda de arista, como las naves laterales longitudinales, mientras que la central está cubierta con bóveda de cañón. La iglesia no es grande, desde poniente a oriente la longitud es corta, resaltando así más su altura. Gruesos muros, como corresponde al estilo románico, y fuerte abocinamiento en la portada occidental. En esta, un tímpano que solo conserva las alegorías de los evangelistas Marcos y Mateo (león y ángel), lo que hace suponer que en los huecos que sobran estaban el pantocrátor y las efigies de los evangelistas Lucas y Juan. Las cuatro alquivoltas están decoradas, con motivos vegetales tres de ellas, y esculturas de 23 músicos del Apocalipsis (en vez de 24) con sus instrumentos, que el tiempo se ha ocupado en desgastar.

(Paisaje del río Deza)

(Meandros y comarca del Deza. Al sureste, Carboeiro)

(Cabecera de la iglesia con girola)

(El río Deza encajado entre la vegetación)

(Paraje en la comarca del Deza)


Arriba, planta de la iglesia de Carboeiro donde se pueden observar el abocinamiento de la fachada occidental, los ábsides sobre la cripta, la nave del crucero, el grosor de los muros y los sistemas de abovedamiento. 

 (Cabecera de la iglesia)


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Baecula

En las proximidades de las ruinas de la ciudad romana de Castulo, en un promontorio a orillas del río Guadalimar, se libró una de las más comentadas batallas entre romanos y cartagineses en la segunda guerra púnica, concretamente en el año 208 antes de Cristo: la taballa de Baecula. El valle del Guadalimar, en el alto Gudalquivir (provincia de Jaén) no es encajado, sino que está flanqueado por una penillanura algo levantada con promontorios aislados. Un poco más al norte está la ciudad de Linares. El paisaje es de campiña y olivares.

Tito Livio, contemporáneo de Augusto, y Plinio nos han dejado importantes informaciones sobre el enfrentamiento, en el que también participaron indígenas hispanos (iberos) númidas y baleares (estos últimos tambien hispanos). Aunque el ejército cartaginés dominaba una pequeña altura, el general romano mandó acampar, en una cota más baja, muy cerca, para desde allí ascender arriesgadamente. En el ejército romano se adelantaron los vélites, que consiguieron hacer retroceder a los soldados cartagineses y sus aliados. La arqueología ha podido confirmar algunos datos de Tito Livio y de Plinio. que hablan de las murallas de Castulo (arriba) de las calles y de algunos edificios (abajo).


El objetivo inmediato era la plata que ambicionaban los dos senados, el romano y el cartaginés, no la gloria ni la defensa de una u otra civilización. Uno de los que sabían de esto era el ayudante Lelio, que se distinguió en la batalla. Los cartagineses no consiguieron hacer valer el papel asignado a sus elefantes, que se espantaron ante el fragor. Unos 8.000 muertos se esparcieron por los campos, en las pendientes y en el río. La sangre corrió por las barrancos y encharcó las raíces que asomaban. Mientras los cartagineses huían hacia los Pirineos, los romanos hacían 12.000 prisioneros, de los cuales los iberos se pasaron en cuanto pudieron al bando romano con el fin de salvar su vida.

"Mudar enteramente el gobierno"

Al oeste del Ática se encuentra Megara, en la entrada occidental a la bahía de Eleusis, dejando al sureste la isla de Salamina. En Megara gobernaba el tirano Teágenes, al que intentó imitar Cilón en Atenas, habiendo llegado éste a arconte (estamos en torno al año 632 antes de Cristo). Cilón intentó un golpe de estado tomando la acrópolis con la ayuda de soldados de Megara y nobles atenienses, pero fracasó -al parecer- ante la oposición del pueblo. El cabecilla consiguió escapar, pero sus seguidores fueron ejecutados por orden del arconte Megacles I, uno de los Alcmeónidas, siendo expulsado por no ser clemente, pues había prometido no cometer tal acción.

Libre ya Atenas, volvió a sus problemas de siempre, "dividida el Ática en tantas partes cuantas  eran las diferencias del territorio: porque la gente pastora o de las montañas -dice Plutarco- era inclinada a la democracia; la de la campiña propendía más a la oligarquía; y los litorales, que formaban una tercera división, estando por un gobierno mixto y medio dentre ambos, eran un estorbo para que venciesen los unos a los otros. Entonces fue también cuando la disensión entre los pobres y los ricos llegó a lo sumo... tanto que parecía que solo podía volver de la turbación a la tranquilidad y al sosiego por medio de la dominación de uno solo: porque el pueblo todo era deudor esclavizado a los ricos; pues o cultivaban para éstos, pagándoles el sexto, por lo que les llamaban partisextos y jornaleros; o tomando prestado sobre las personas, quedaban sujetos a los logreros, unos sirviéndoles, y otros siendo vendidos como de condición forastera. Muchos había que se veían precisados a vender sus hijos, pues no había ley que lo prohibiera, o a abandonar la patria por la dureza de los acreedores. La mayor parte y los más robustos se sublevaban, y se exhortaban unos a otros a no mirar con indiferencia semejantes vejaciones; sino más bien elegir un caudillo de su confianza... obligar a que se hiciera nuevo repartimiento de tierras, y mudar enteramente el gobierno".

Cuenta Plutarco que Solón estaba fuera de dichas banderías y extremos, pues ni era rico ni pasaba necesidades como los pobres, por lo que fue llamado para que se pusiese al frente de Atenas. Y según Fanias de Lesbos, prometió a los pobres el reparto de tierra y a los ricos la garantía de sus créditos. Fue entonces elegido arconte "a satisfacción de los ricos por ser hombre acomodado; y de los pobres por la opinión de su probidad". Según Solón, "la igualdad no engendra discordia, y acomoda a ricos y pobres", esperando unos dignidad y virtud y otros número y medida. A tal punto tenía Solón apoyos que hubo quienes le pidieron se constituyera en tirano y otros "no rehusaban que uno solo, tenido por el más justo y más prudente, se encargara del mando". 

Unos le decían que hiciese como Tinondas, que había sido elegido tirano por los de Eubea; o como Pitaco, que había sido elegido por los de Mitilene, a lo que parece Solón contestó: "Sí, muy buena posesión es la tiranía; pero no tiene salida". (A la derecha, kuros de Sunion, finales s. VII-principios s. VI a. de C.).

martes, 20 de diciembre de 2011

¿Que hay de nuevo en Atenas?

Habiendo pasado Solón a Mileto a conferenciar con Tales, dicen que se admiró de que este de ningún modo hubiera pensado en casarse y tener hijos; y que Tales por entonces calló, y dejando pasar unos días, dispuso que un forastero se presentase diciendo que acababa de llegar en diez días de Atenas. Preguntado por Solón qué había de nuevo en Atenas, instruído de lo que había de decir, respondió no haber ninguna novedad, como no fuese la de un mocito que llevaban a enterrar, acompañándole todo el pueblo; porque, según decían, era hijo de uno los ciudadanos más ilustres y principales, el cual no se hallaba allí, sino que andaba viajando hacía tiempo; a lo que contestó Solón: "¡Ay desdichado! ¿Y cómo se llamaba? -Oí el nombre, repuso el otro; pero no me acuerdo de otra cosa sino que se hablaba mucho de su filosofía y su justicia". Aumentando así el miedo en Solón a cada respuesta, y turbado ya éste, preguntó directamente el nombre al forastero, diciendo: "¿Sería el muerto hijo de Solón?" contestándoselo, empezó a darse golpes en la cabeza, y a hacer y decir lo que es común en estos tristes casos. Entonces cuentan que Tales le alargó la mano, diciéndole: "Ve ahí, oh Solón, lo que me ha retraído de casarme y tener hijos: esto mismo que tanto te conmueve a tí con ser tan sufrido; pero por lo demás sal de cuidado, porque esto no es cierto". 
 
"Y es que nuestra alma tiene en sí misma un principio de amor" y "es la debilidad y no el amor el que causa esos extremados pesares en hobres que no están preparados...". (Plutarco, Vidas Paralelas).

El Pombal de Porto

Los de Porto han atribuido el mérito de la transformación urbanística de Porto a dos Almada: Francisco y Joâo, padre este de aquel. Joâo sofocó un motín en 1757 mientres era gobernador militar por nombramiento del marqués de Pombal. A él se debe, según Sant'Anna Dionísio, la construcción de fuentes y acueductos y la apertura de la plaza da Ribeira. También él fue el que promovió en Porto los primeros espectáculos de ópera, con lo que la capital del norte pasó a parecerse a una importante ciudad europea, habiendo empezado a serlo por el comercio inglés del vino de Porto, estimadísimo en la isla. 

Francisco de Almada compuso los paseos panorámicos de las Fontainhas y de las Virtudes y con él se inicia el alineamiento del rio Duero (Douro) junto a su desembocadura. Como antes hiciera su padre, ahora el hijo construye el teatro lírico y trasnforma la Escuela de Náutica en la Academia Náutica y de Comercio, que luego se llamará Politécnica. 

Es la época en que el arquitecto Nasoni triunfa en Porto con su Iglesia y Torre de los Clérigos, con doble escalinata de acceso a la fachada, ésta en dos cuerpos barrocos, con remates muy caprichosos, pilastras en el cuerpo inferior y la gran arcada de medio punto sobre la puerta. La obra de este arquitecto está bien documentada en las investigaciones de Magalhâes Basto, siendo otros ejemplos del barroco portuense la fachada de la Misericordia, la loggia de la Catedral (Sé) y los palacios del obispo. 

Nasoni introdujo en Porto el rocaille que luego se extendería pro todo el norte de Portugal, asombrando cómo un artista italiano, que también fue pintor, arraigó de tal manera en el país que dio a la ciudad de Porto lo más característico de su arte barroco. Visitar Porto y llenarse de su atmósfera, permite pasear por plazas donde se encuentran las estatuas erigidas en honor de Júlio Dinis, António Nobre (el poeta do Só), el Museo de Soares dos Reis y la Plaza de la Libertad, donde discurre la Avenida de los Aliados. No hay casi en todo Portugal una villa o pequeña población donde no se honre a los caídos en la grande guerra. 

 (Edificio de la Universidad de Porto)

Frente a una de las torres del Ayuntamiento (Paços do Concelho) se encuentra la estatua de Almeida Garret, obra de Barata Feito. No hay en todo Portugal una escalera noble de más porte que la de la Universidad de Porto, cuyo exterior es de una sobriedad exquisita (antigua Escuela Politécnica) presidiendo el Risco do Arquebispo Cruz Amarante. (Arriba, torre de los Clérigos).

Desprecio de la riqueza


Plutarco pone en boca de Solón, el comerciante primero y luego legislador griego de los siglos VII y VI antes de Cristo, las siguientes palabras:

El que posee gran copia de oro y plata,
Campos extensos de abundantes mieses,
Y mulas y caballos, y el que solo 
Tiene un pasar honesto que le baste
A comer y vestir comodamente; 
Y si en mujer e hijos a esto acreces
Belleza y juventud, la dicha es llena.

Pero en otra ocasión parece ser que Solón dijo:  

Yo bien deseo en bienes ser muy rico; 
Más no los quiero por injustos medios, 
Que viene al fin la inevitable pena.

En otra ocasión:

Muchos malvados en riqueza abundan,
Y muchos buenos gimen en pobreza; 
Mas mi virtud no cambio con sus bienes, 
Que esta es siempre de un modo; y de riqueza
Usa o abusa el hombre a su capricho.

Cuenta Solón más tarde en que consistió el rodeo del trípode, "una disputa muy honrosa". Unos de Kos, al sacar del mar una red, arrastraron con ella un trípode de oro, que enseguida se atribyó que era el que Helena había arrojado allí cuando volvió de Troya. Unos y otros se disputaron el trípode, tanto los de Kos como los extranjeros, lo que llevó a que muchas ciudades se enfrentasen en una guerra. Entonces medió una pitia llamada Cortola diciendo que el trípode debía darse al más sabio, por lo que fue enviado a Tales de Mileto, pero este consideró que Biante era más sabio que él, por lo que mandó se le enviase a este el trípode, y de este pasó a otro más sabio y así sucesivamente, de forma que volvió a Tales...

 (Playa y acantilado en la isla de Kos)

domingo, 18 de diciembre de 2011

El ciervo y los perros

 (Ciervo acosado por una jauría de perros, de Paul de Vos. M. del Prado)

El fabulista C. Julio Fedro, que vivió en el cambio de era, había nacido en Macedonia, pero era de cultura latina. Su condición de esclavo hace más meritoria su obra. Nos ha dejado varias fábulas, una de las cuales es la que aqui resumo:

Bebiendo un ciervo en una fuente, vio reflejados sus cuernos en el espejo del agua. Al verlos tan esbeltos y ramificados los alababa, sintiéndose orgulloso de ellos. Pero vió también la delgadez de sus patas, lo que le entristeció, despreciando sus extremidades. De pronto oyó los ladridos de unos perros. Viéndose en peligro emprendió veloz carrera, y con la agilidad de sus patas ponía tierra de por medio mientras los perros querían darle alcance inutilmente. Pero en una curva del camino salían unas tupidas ramas donde el ciervo enredó su cornamenta, de forma que, a pesar de sus esfuerzos y movimientos, no pudo desengancharse. Entonces los perros, acercándose a gran velocidad, le alcanzaron y, mordiéndole, despedazaban su cuerpo. ¡Oh, infeliz de mi!, dijo, que desprecié lo que me daba la vida y alabé lo que me condena a la muerte.

Sin ánimo de ofender


 La palabra obispo deriva de la griega "episcopos", que significa guarda, explorador, espía, intendente o jefe eclesiástico. Otro término que también procede tener en cuenta es "episkentomai", que significa examinar, inspeccionar, visitar (interclassica.um.es).

Antiguamente los obispos eran personas que ejercían distintas labores de control en el ejército o en los tribunales. Es el cristianismo el que les da la función religiosa. La acepción de "espía" pudo ser muy apropiada para ciertas épocas (sobre todo en la Edad Media y en los tiempos "modernos"; también en el siglo XIX y, en España, en parte del XX) pues el control social que la Iglesia católica ejerció convirtió a los obispos en verdaderos escrutadores de la vida personal de cada uno, fuese o no fiel católico, labor que llevaron a cabo mediante una tupida red de párrocos, ecónomos, diáconos, subdiáconos, sacristanes y otras personas, incluida la autoridad civil. La acepción de "visitar" tiene mucho sentido cuando se establecieron las "visitas ad limina", consistentes en viajar a Roma cada cierto tiempo para visitar las tumbas apostólicas e informar al papa de la situación de sus diócesis. Los obispos que realmente cumplían con su obligación "pastoral" visitaban las parroquias de su diócesis, pero no todos lo han hecho, incuso muchos ni residían en su diócesis. 

También la palabra obispo designa un pez de más de 2 metros de longitud con una visera que recuerda la mitra de los obispos. La más simpática es la acepción que encontró Antonio de Nebrija a finales del siglo XV: "morcilla grande que hacen cuando matan puerco". Obviamente un obispo (cargo eclesiástico) no tiene nada que ver con una morcilla grande... excepto por la afición que algunos obispos (quizá no pocos) tuvieron a las buenas pitanzas, haciéndose acompañar de dignidades y canónigos con mesa y mantel en determinadas ocasiones del año.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Un mito cartaginés

(La ninfa Cirene laureada por vencer al león)

Siendo ya Cartago una ciudad poderosa en el norte de África entró en competencia con la ciudad griega de Cirene. Entre las dos había desierto, no había agua y el paisaje era llano, de forma que era difícil, en la antigüedad, distinguir donde estaban los límites de la influencia de una y de otra. Ello había llevado a varias guerras.

Pero al fin, después de varias batallas y derrotas de ambas partes por mar y tierra, y que unos y otros quedaron algo quebrantados, temiendo que si sobrevenía un tercero se apoderase de los vencidos y vencedores ya cansados, hacen en tiempo de treguas el acuerdo "de que en cierto día y hora salgan dos de cada pueblo, y el lugar donde se encontraren, sea el común lindero de ambos". De esta forma los de Cartago mandaron a dos hermanos de nombre Filenos, los cuales caminaron aprisa, mientras que los de Cirene no fueron tan diligentes. Ciertamente, en los lugares que he descrito las tormentas de arena son frecuentes, de forma que si el viento sopla en contra el caminar se hace más lento. Esto fue lo que ocurrió a los de Cirene, por lo que acusaron a los de Cartago de haber salido antes de la hora convenida, de forma que se inicia una nueva negociación, pero ya entre los hermanos de una y otra ciudad. 

Los de Cirene propusieron que los de Cartago fuesen enterrados vivos en el sitio donde se habían encontrado, ya que deseaban ese fuese el límite de sus dominios, o bien que les permitiesen a ellos seguir camino hasta donde, desfallecidos, no pudiesen continuar y fuesen enterrados igualmente allí. Los Filenos aceptaron la primera de las condiciones, sacrifiando sus vidas para garantizar una frontera ambicionada por Cartago. En memoria de esto los cartagineses dedicaron en aquel lugar aras a los dos hermanos, y en Cartago les hicieron otros honores. (Arriba, relieve en el que la ninfa Cirene vence a un león y es laureada; Apolo se enamorará de ella y la llevará a África, donde fundó la ciudad de Cirene en su honor).


(Restos de Cartago romana)



Elogio de la milicia


 El general romano Cayo Mario, encargado de ciertas operaciones militares, aprovecha el momento en que parece depender de él el éxito, para exponer su idea de la milicia y el papel poco meritorio de la nobleza. Sé bien, oh Quirites, que por lo regular es muy otra la conducta de los que os piden los empleos, que la que observan después de haberlos conseguido. Esta obervación de Mario, dicha en público, tiene más valor por cuanto en la época (finales del siglo II antes de Cristo) existía la convicción de que "en Roma todo se vende". 

Y como Mario había mostrado más de una vez cierto desdén hacia la nobleza, señala: la nobleza busca portillo por donde entrarme. Sabedor de que el encargo que se le ha hecho, luchar en África, solo a él se le puede encomendar por el gran prestigio que había adquirido en sus luchas contra los cimbrios, señala que si no se tiene plena confianza en él encargueis un negocio de esta naturaleza a alguno de aquel corrillo de nobles, quiero decir, a uno de linaje antiguo, y que tenga muchas estatuas de sus mayores, pero que jamás haya militado... De algunos sé yo, oh Quirites, que después de Cónsules comenzaron a leer los hechos de nuestros mayores y la disciplina militar de los Griegos: hombres que todo lo invierten. Sabiendo que muchos ilustres griegos en todos los campos de la vida ya empezaban a pulular por Roma, y más todavía cincuenta años más tarde, cuando Grecia se convierta en una provincia romana, la visión de Mario es sesgada para, a contrapunto, elogiar la función del militar. 

Habla luego de él separándose conscientemente de la nobleza cuando dice: ...no tengo en mi casa estatuas, y porque mi nobleza es de ayer [desde hace poco]; siendo cierto que es mejor adquirírsela uno por sí mismo, que haber corrompido la que heredó... A mí en la realidad, según me siento, nada de cuanto digan puede dañarme; porque si hablan verdad, han de hablar bien; si no, los desmentirá mi vida y mis costumbres. Y vuelve de nuevo a despreciar veladamente a la nobleza: yo no puedo presentar en abono mío estatuas, ni triunfos, ni consulados de mis mayores; pero, si fuere necesario, presentaré lanzas, banderas, jaeces y otros dones militares; y además de esto heridas recibidas pecho a pecho. Estas son mis estatuas, esta es mi nobleza, no como ellos la tienen heredada [habla a la clase rica de Roma, los quirites, no a los nobles del Senado], sino adquirida a costa de grandes trabajos y peligros.

Ni tampoco he aprendido la lengua griega -continúa-, ni querido perder en ello el tiempo; porque veía que los que la sabían, no por eso fueron mejores. Lo que sí aprendió -insiste- es lo que importa más a la República: herir al enemigo, ganar o defender una plaza, no temer cosa alguna sino la infamia, sufrir igualmente el frío y el calor, dormir en el suelo y luchar a un mismo tiempo con la hambre y el trabajo. Critica luego a los que piden empleos no como recompensa del mérito, sino como cosa debida a su nacimiento. La virtud -dice- ni se regala, ni se hereda. Dicen de mí que soy hombre rústico y sin cultura, porque no pongo una mesa con primor, ni mantengo truhanes, ni doy más salario al cocinero que al que cuida de mis labranzas... (Arriba, correrías de los cimbrios por Europa).

Dichas estas palabras en su tiempo podrán parecer en algunos pasajes no aplicables a la actualidad. Pero son un reflejo precioso de como veía a la clase dirigente de la sociedad romana (la nobleza) un militar de prestigio, quizá cruel en ocasiones, como ha sido norma en casi todas las épocas, pero que incluso a los quirites habla con cierto desprendimiento respecto de ellos: que la gente de bien debe tener mayor caudal de gloria que de riquezas...

viernes, 16 de diciembre de 2011

Padres conscriptos

 (Uno de los escenarios de la guerra)

La guerra que se desató entre diversos pretendientes númidas en el siglo II antes de Cristo, de la que fue protagonista Yugurta (o Jugurta) se libró en el campo de batalla pero también por medios diplomáticos. Cuando Aderbal, hijo del fallecido rey númida Micipsa, se ve despojado del mando que anhelaba en Numidia por su primo Yugurta, antiguo aliado de Roma, realiza una serie de viajes a esta ciudad para plantear al Senado la necesidad de que intervenga en favor de la legitimidad que él dice representar. Salustio pone en boca de Aderbal palabras que quizá éste nunca pronunció con la elegancia que el autor latino supo darles, pero muestran los esfuerzos por hacer valer la diplomacia como arma: alega el númida ante los senadores romanos que su padre le había legado a él el reino norteafricano porque de esa manera Numidia estaría en amistad con Roma (que era como decir sometida a ella), "confederado y amigo del Pueblo romano".


A continuación se esfuerza en hacer ver a los senadores las crueldades de Yugurta, como si de dichas crueldades no supiese nada el Senado y el ejército romanos, que las habían practicado y las practicarían hasta la saciedad: muchos "han sido ahorcados, otros echados a las fieras; y los pocos que han quedado con vida, la pasan en oscuros calabozos, triste, llorosa y más amarga que la misma muerte"; para continuar "mis allegados, amigos, parientes, y demás parciales han sido oprimidos de mil modos". Luego continúa su discruso Aderbal: "...imploraría yo vuesto fravor, Padres Conscriptos, a quienes, por lo grande de vuestra autoridad, corresponde hacer que se aguarde cada uno su derecho y que los delitos se castiguen. Pero ahora, desterrado de mi patria, de mi casa, solo y necesitado de cuanto pide mi decoro, ¿adonde iré? ¿o a quienes apelaré? A las naciones o a los reyes, siendo, como son, todos contrarios a mi familia por causa de vuestra amistad?" (el subrayado es mío). "¿Podré acaso ir a parte alguna donde no haya bastantes memorias de hostilidades hechas por mis mayores en obsequio vuestro? ¿o se apiadará de mi quien haya algún tiempo sido vuestro enemigo? Finalmente, "Masinisa nos crió en esta máxima, oh Padres Conscriptos: que ninguna amistad cultivásemos sino la del pueblo romano, que no hiciésemos tratados ni alianzas nuevas, que harto bien defendidos estaríamos con ser vuestros amigos; y que si a vuestro Imperio fuese algún día adversa la fortuna, pereciésemos todos a la par".

Pero bien sabían los senadores romanos (padres conscriptos, dice Aderbal) que el abuelo del ahora implorante (Masinisa) había luchado con Cartago en Hispania contra las legiones romanas, incluso con éxito; otra cosa son las cambiantes circunstancias cuando las cosas no vienen bien dadas. 

Una serie de parlamentos de Aderbal y de Yugurta ante el Senado no darían el resultado que el primero deseaba: la guerra contra Yugurta continuaría y Roma decidió entonces actuar como lo que era, una gran potencia arrogante y deseosa de ampliar su influencia en África: dividió el reino en dos, uno para cada uno de los contendientes, pero Yugurta no lo aceptó, conflicto en el que Aderbal perdería la vida. Más tarde Numidia caería con todas las consecuencias bajo el dominio romano.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El mercenario Enrique

A finales del siglo XI llegó a León un mercenario borgoñón llamado Enrique que entró en contacto con el rey Alfonso VI. Los servicios que aquel pudo hacer en favor de la corona castellano-leonesa (o galaico-castellano-leonesa) le sirvieron para que el rey permitiese el casamiento de su hija Teresa con el borgoñón, al tiempo que les honraba con el condado de Portugal que, según algunas fuentes, abarcaba desde el Miño en su curso bajo hasta el Mondego. El gobierno de dicho condado por parte de Teresa y Enrique no ha tenido mucho interés para la historiografía, pero el hijo que tuvieron ambos, Afonso, llegado el momento, conseguiría el apoyo de la nobleza condal para independizar de facto al naciente Portugal de la monarquía leonesa.

Afonso Heniques será así el primer rey de Portugal, empeñándose entonces la monarquía y la nobleza en hacer la guerra al islam por su cuenta, terminando las coquistas hasta el Algarve a mediados del siglo XIII. Poco después la corona castellano-leonesa de Alfonso X reconocería las posesiones portuguesas. 

Dos siglos antes habían comenzado las correrías como mercenario de Enrique, tanto en la frontera toledana como en la Extremadura leonesa, en las tierras del Ave y del Mondego. Sus cualidades políticas no han quedado reflejadas en crónica alguna, aunque fue el primero que declaró independiente el condado de Portugal; como tampoco las de su esposa Teresa, que no obstante supo llegar a un acuerdo con su hermana Urraca, empeñadas ambas en extender sus dominios entre Galicia, León y el actual norte de Portugal. Teresa, una vez viuda, se hizo llamar reina, pero la historiografía reconoce a su hijo como el primer rey de Portugal, pues fue el que, a la postre, consolidó la independencia del antiguo condado.

El mercenario y conde Enrique murió en Astorga y quizá su cuerpo se encuentre en uno de los sepulcros que se conservan en el panteón real de la iglesia de San Isidoro, en León.

(Castillo de Guimarâes)

Los tiranos

Se ha dicho muchas veces que el concepto que los antiguos griegos tuvieron de la tiranía no es el mismo que tenemos nosotros, que hemos heredado los aspectos más negativos de aquella institución. Algunos tiranos griegos han sido juzgados por la historiografía muy positivamente; otros no. Los de los siglos VII y VI antes de Cristo, que son los que aquí me interesan, recibieron claras influencias del poder oriental, sobre todo del reino de Lydia y luego de los persas aqueménidas, pero muchos de ellos fueron excelentes gobernantes, se erigieron por la fuerza o no para dar solución a las demandas de la población humilde contra las usurpaciones y privilegios de la nobleza y realizaron una buena cantidad de obras públicas. Fueron en la mayoría de los casos demagogos, pero también sabios (o así han sido considerados), algunos fueron feroces, pero otros gobernaron con mesura, como es el caso de Pítaco de Mitilene, pero las fuentes son muy parcas y algunas de ellas han de ser sometidas a crítica, pues provienen de personas que se sintieron afectadas por la acción de algún tirano, como es el caso del matemático y moralista Pitágoras. (Arriba, Pítaco de Mitilene)

Según Tucídies aparecen cuando las pólis se están desarrollando, es decir, cuando la vida política se hace más compleja y el predominio absoluto de la oligarquía deja de ser soportado por la población. En cuanto aparece alguien con el arrojo suficiente, recibe el apoyo de agricultores, artesanos, pequeños comerciantes, marineros y vulgo en general y conquista el poder político. No todos los tiranos procedían del bajo pueblo, sino que algunos eran aristócratas que, sin embargo, disputaban el poder a otras familias aristocráticas y se apoyaron para ello en la población humilde. Lo que no cabe duda es que después de la sucesión de las tiranías que existieron en la Grecia arcaica (siglos VII-VI antes de Cristo) el número de personas que pudieron participar en la vida política aumentó considerablemente. En este sentido la tiranía ha de ser considerada una institución positiva.

Pítaco de Mitilene, que vivió entre los siglos citados, fue uno de los "siete sabios de Grecia", al igual que Periandro de Corinto. Polícrates de Samos vivió en el siglo VI a. de C. y su gobierno fue de tal influencia que su derrota constituye un hito en la Grecia arcaica. Consiguió hacer de Samos una isla libre del poder de Lydia en época de Creso. Accedió al poder mediante la violencia, ayudado por sus hermanos, de quienes se deshizo cruelmente (a uno lo mandó matar y a otro lo expulsó a Persia); lo mismo que hizo Clístenes de Sición (y esta casualidad es una de las razones de que debamos desconfiar de algunas fuentes). La tiranía de Polícrates en Samos hizo que Pitágoras se exiliase a Egipto. (A la derecha, Periandro de Corinto).

Opositor de la oligarquía fue Ligdamis de Naxos, como Polícrates de Samos, Cipselo de Corinto y Teágenes de Mégara, pero otros fueron aristócratas: Trasíbulo de Mileto. Algunos se alzaron con el poder a partir de una victoria militar, como es el caso de Pítaco de Mitilene, que venció a los atenienses en cierta ocasión y tuvo un gobierno -a juicio de las fuentes- exitoso. También Cipselo de Corinto accedió al poder al apoyar a la población humilde contra la guerra que mantenía su ciudad con Corcira y Argos. Algunos tiranos se aliaron entre sí, como es el caso de Pisístrato de Atenas con Ligdamis de Naxos y éste con Polícrates de Samos. Hubo tiranos violentos: Fidón de Argos, tanto con los naturales como con los pueblos a los que sometió; también Periandro de Corinto, aunque en este caso la fuente es Aristóteles, posterior y muy relacionado con ambientes cortesanos. Otro violento tirano fue Teágenes de Mégara, pero gozó del apoyo popular, pues sus medidas eran contra los nobles; fue uno de los más reconocidos demagogos y realizó obras públicas notables. Clístenes de Sición -de ser cierto que asesinó a un hermano y depuso al otro- también puede entrar entre los violentos.

Las medidas populistas para granjearse el apoyo de las clases inferiores fueron tomadas por Clístenes de Sición, Trasíbulo de Mileto y Teágenes de Mégara. Algunos tiranos de la Grecia arcaica fueron de origen humilde, como es el caso de Ortágoras de Sición, en el golfo de Corinto.

(Restos de la stoa de Mileto)

martes, 13 de diciembre de 2011

Actualísimo Salustio

 (Alegoría de la República romana en época de Salustio)

El historiador que vivió en el siglo I a. de C., en la Roma cuya república se agotaba en medio de traiciones y guerras civiles, es de una actualidad vivísima si comparamos sus apreciaciones con la actitud y mediocridad de muchos de nuestros representantes políticos; probablemente porque nosotros también somos mediocres (¿quien sabe?).

Después de señalar que la Historia es una disciplina "de las que traen mayor utilidad", indica que "he resuelto vivir apartado de la República" (había desempeñado importantes cargos políticos) acusando a muchos de los que se quedan de "que tienen por obra de grandísimo estudio visitar sórdidamente a la plebe, y captar su benevolencia a fuerza de convites"; añadiendo: "soy de más provecho a la República que ellos ocupados". 

Señala luego que muchos de los que en su tiempo pululan por la política con minúsculas (como creo yo que en la actualidad; o quizá en todo tiempo) "aspiran... a los magistrados y honores, más por vías ocultas y latrocinios, que por buenos medios", como si los empleos públicos se dignificasen por ellos mismos y no por el "mérito del que los obtiene. Pero yo, al mirar con displicencia y tedio las costumbres de nuestra ciudad, he sido algo libre...".

Florentinos contra milaneses


En 1440 tuvo lugar una batalla en la localidad toscana de Anghiari, hecho que se enmarca en el contexto de las aspiraciones territoriales de los señores italianos de la época, muy fructífera desde el punto de vista artístico, literario y filosófico, pero llena de corrupciones y violencias. En la Valtiberina se encuentra Anghiari, una localidad bellísima, aunque cuando se produjo la batalla todavía no se había construído la Iglesia de la Santa Croce (1500) y mucho menos la de Santa María delle Grazie (1770). Cuando Leonardo pintó su batalla en el Palazzo Vecchio acababa de concluirse la primera.

Sesenta años más tarde las autoridades florentinas decidieron decorar el Salón de los Quinientos, del Palazzo Vecchio, con un gran fresco que conmemorase la victoria sobre los milaneses. Leonardo se encargó de dicho fresco, con unas demensiones de 17 metros de largo por 7 de alto, lo que representó una monumentalidad extraordinaria. Pero las rarezas y manías de Leonardo le llevaron a utilizar "materiales no apropiados y sin la adecuada preparación del muro" (Ángel Gómez Fuentes), por lo que la pintura se disolvió en todo o en parte, pero dando tiempo a que otros artistas hiciesen copias que hoy se nos conservan. Sobre este fresco, dado su estado, pintó más tarde Giorgio Vasari otras obras. Como Leonardo hacía muchos dibujos y bocetos de sus obras, Rubens, en el siglo XVII, pudo hacer una copia de la batalla de Anghiari leonardesca. Conviene recordar que la técnica utilizada por Leonardo en la "Última Cena" también ocasionó su deterioro, aunque hoy está recuperada (Museo de Santa María delle Grazie, Milán). A la izquierda, calle de Anghiari (fotografía tomada del blog de Elena Tori).
 
Es la época en la que los Médici controlaban, ya en la sombra, ya directamente, la región de la Toscana, y de paso otros pequeños estados, hasta el punto de que los mismos papas recurrieron a esta familia para financiar sus empresas. En una llanura de Arezzo tuvo lugar el enfrentamiento entre las tropas toscano-papales y las del Milanesado. Las batallas, entonces, se ganaban fieramente; no dependía tanto de la estrategia de los generales, y esa fiereza la plasmó Leonardo de forma magistral según los testimonios que de su obra nos han quedado. La copia de Rubens, que seguramente tiene algo de personal, pues los escorzos y el movimiento son más propios del flamenco que del toscano, reflejan la percepción que Rubens tuvo de la batalla, cuya estética se alargó incluso hasta el siglo XIX de la mano de Delacroix.
 
 
 ("La caza del León" de Delacroix)





Pinturas de muertos


En el siglo I de nuestra era Egipto era ya una provincia romana, de forma que algunas ciudades del Nilo y de la costa mantenían relaciones comerciales intensas con Italia y con Grecia. Junto con el comercio, que tuvo en Alejandría un centro y otro en El Fayum, se desarrolló también un arte plástico muy característico donde los modelos suelen ser egipcios, pero los artistas romanos. Se trata de pinturas hechas a partir de la representación de los rostros sobre la máscara decorada que encerraba el cadáver.

La particularidad de estas pinturas es que no solo representan a personajes notables, antes bien, la mayoría son de clase media (si podemos utilizar esta expresión) o incluso personas anónimas que no han tenido notoriedad alguna. Los soportes son tela o madera, en muchos casos sin profundidad, de acuerdo con la tradición egipcia, pero las pinturas de más calidad, por influencia romana, presentan el volumen y el modelado de los rostros, con las mejillas y la nariz aparentando relieve, así como la oquedad de los ojos y los brillos de la luz.
Otras características son la sobriedad, pero también a veces la riqueza de detalles, como joyas, peinados y rostros más o menos refinados. Uno de los ejemplos más notables es el sudario de Alina, encontrado en El Fayum, hecho para la momia de esta mujer que debió de morir a la edad de 35 años (arriba).