martes, 13 de marzo de 2012

Perseo y Andrómeda (R. Mengs)


Se trata de una obra de R. Mengs, pintada al óleo sobre lienzo, de tema mitológico, que se encuentra en el Museo del Hermitage (1774-1779) de 227 por 154 cm., lo que permite hablar de gran formato, algo muy querido por los pintores neoclásicos cuando se trataba de temas mitológicos sobre todo. Perseo estaba destinado a ser rey de Argos, pero en una demostración atlética lanzó el disco con tan mala fortuna que hirió de muerte a su propio abuelo. Afligido, renunció a reinar y se marchó a Tirinto (ciudad cercana a Argos, en la Argólida) donde se hizo rey de la ciudad, viviendo felizmente con Andrómeda, que le dio abundante descendencia. Obviamente los personajes no son históricos: Perseo era un semidios, pues había nacido de Danae fecundada por Zeus mediante una lluvia. Andrómeda era hija de un rey etíope. Es una reflexión sobre el destino.

La composición presenta una cierta línea descendente de izquierda a derecha (fijarse en parte inferior del cuadro) para dar sensación de profundicad (además de elementos en segundo plano, como el caballo, que esconde su cuerpo en la oscuridad). El tratamiento que se da a los personajes es clásico: tanto los ropajes y la actitud de Andrómeda (lirismo y ropajes, transparencias y delicadeza) como el desnudo de Perseo, con unas proporciones clásicas cercanas al "ideal de belleza" de la Grecia antigua. El movimiento es contenido; otra característica de la pintura neoclásica; contrariamente a los violentos escorzos del barroco, así como una luz que ya no es fuertemente contrastada con la oscuridad del fondo. La línea dibujística, si la comparamos con la obra de David o de Ingres es menos precisa -otra vez el difuminado de los contornos propio del barroco reciente- y la comuniación entre los personajes es sutil, no convencional. 

¿Que versión nos presenta Mengs aquí? El momento en que Perseo llega, apeado de su caballo, a Tirinto, se encuentra con la inquieta Andrómeda y se predisponen a una vida plácida y amorosa (nada indica en el cuadro drama o inquietud) ante la presencia de un "amorcillo" o Eros, que juguetea siempre entre los enamorados en ciernes para insuflarles la atracción mutua: el amor. Pero Eros parece flotar, como Andrómeda; en el caso del dios inadvertidamente, como si la escena no fuese con él, pues su intervención es siempre indirecta y sorpresiva. La luz no es aquí lo fundamental, sino el tema, la poesía que entraña la composición, con los personajes idealizados y jóvenes, desnudo él, vestida ella levente, con los ropajes agitados por el movimiento y por el aura suave. 

  

sábado, 10 de marzo de 2012

Las "cupae"


En la antigüedad se enterraba a las personas -como hoy- según su estatuto social, pero quizá las diferencias eran más acusadas, dada la importancia que se le concedía al lugar de enterramiento, pues tras la vida no había nada más sino el recuerdo, el testimonio inscrito en una lápida, ara o tumba. Las cupae eran pequeñas sepulturas (otras no tan pequeñas) en las que se enterraba a personas de condición no superior aunque no necesariamente pobres. Se han encontrado por toda la península Ibérica, siendo una obra importante sobre éste tema la publicada por Javier Andreu Pintado.

Hay una gran diversidad tipológica, desde las que tienen inscripciones hasta las que consisten en una sencilla piedra donde se ha hecho un hueco para depositar las cenizas del difunto. Algunas estaban decoradas sencillamente, pero otras ni siquiera eso; acaso una cruz, ya que la mayoría son de época paleocristiana (siglos IV-V de nuestra era) es decir, cuando el cristianismo se había extendido suficientemente por la península aunque hubiese todavía amplias zonas a donde no había llegado. A veces las cenizas del difunto se enterraban bajo tierra, y otras en la misma piedra o cupa. Unas cupae eran monolíticas, la mayor parte de piedra (caliza o granítica) siendo las personas enterradas de esta manera correspondientes a los siguientes grupos sociales: libertos con algún poder adquisivito, veteranos del ejército que no se habían enriquecido y esclavos pero no necesariamente pobres.

En ocasiones una estructura arquitectónica muy sencilla señalaba el lugar del enterramiento en la superficie del suelo; en otras la cupa se ha encontrado bajo tierra. Para las cupae del noroeste de Hispania es importante la investigación de Jorge Sánchez-Lafuente.

Un ejemplo de "cupa" con construcción en superficie

Guerra a la "Excelente Señora"

Documento de Alcaçovas por el que se puso fin a la guerra
Con motivo de la guerra civil castellana, en la que intervino el reino de Portugal (siglo XV) la nobleza gallega se situó a un lado o a otro según sus conveniencias. Eduardo Pardo de Guevara ha estudiado el caso de dos linajes, el de los Fonseca y el de los Sotomayor.

"La nobleza, protagonista de excepción en el enfrentamiento, evoluciona notablemente en sus simpatías hacia una u otra opción": la que apoyaba la sucesión en favor de Juana (la "Excelente Señora", como la conocían sus partidarios) e Isabel, la hermana del rey Enrique IV. Independientemente de los intereses que ambas facciones defendían, Pardo de Guevara ve una cuestión ideológica para explicar el alineamiento de unos y otros: los partidarios de Juana querrían fortalecer el poder oligárquico que detentaban y los partidarios de Isabel querrían fortalecer el poder monárquico, pero sabiendo que así aseguraban sus posiciones; por lo tanto no hay casi diferencia entre las razones de unos y otros. Si el modelo de Estado podía ser uno u otro (aristocrático o monárquico) lo cierto es que la nobleza, y la gallega en particular, lo único que dirimía en esta guerra era el privilegio de que disfrutaba. De ahí que con el triunfo de Isabel solo unos pocos nobles se mantuvieron en su contra, plegándose si querían mantener su estatuto. 

"El arzobispo Fonseca, el clero y en general todo el pueblo compostelano" apoyaron a Isabel, de forma que aquel "se encaminó a la corte" para ponerse al servicio de la reina en ciernes. Isabel ordenó entonces que Pedro Álvarez de Sotomayor, Lope Sánchez de Moscoso y Suero Gómez de Sotomayor "levantasen el cerco que tenían puesto a la iglesia de Santiago" y que restituyesen la fortaleza de Cira (1), las villas de Vigo, Redondela, Pontevedra, Padrón, Muxía y Malpica, que tenían ocupadas.

Castillo de San Jorge, sobre Lisboa
Pedro Álvarez de Sotomayor, "afectado por las cédulas reales despachadas en favor de Fonseca [por Isabel]... se inclina por las banderas portuguesas", que luchaban en favor de Juana (la "Excelente Señora"); no en vano tenía sus posesiones al sur de la actual provincia de Pontevedra y, por lo tanto, cerca de Portugal, con cuya nobleza tenía lazos establecidos: por ejemplo, su esposa Teresa de Tavora era una noble portuguesa, y de Portugal había recibido ayuda cuando la revolución irmandiña de unos años antes. 

Esta nobleza que luchará en un bando o en otro (porque banderías eran y no otra cosa) cuando la monarquía isabelina se asiente volverá a disfrutar de sus riquezas (aunque ahora bajo la autoridad política de una monarquía distinta a las anteriores) y solo el pertinaz Pardo de Cela pagará con su vida la desobeciencia a la vencedora. Una nobleza que en la centuria siguiente abandonará Galicia, se asentará en las ciudades castellanas: Salamanca, Valladolid, Madrid... y construirá allí sus palacios del que el de Monterrey en Salamanca en solo un ejemplo. La nobleza gallega no defendió nunca los intereses de la tierra en la que se asentaba; defendió sus intereses de clase (si se me permite utilizar esta palabra en un tiempo todavía temprano para ella). 

Como es sabido, Juana ingresó en un convento de Coimbra y luego vivió con cierto fasto en el castillo de San Jorge, en Lisboa, mientras que los portugueses la siguieron llamando la "Excelente Señora".  
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(1) Su castillo data de siglo XII. Es una parroquia del municipio de Silleda, al norte de la provincia de Pontevedra. 

Montefurado: oro para Roma

Al oeste de San Clodio, en el sur de la provincia de Lugo, el río Sil describe un meandro tan pronunciado que sus dos partes más próximas casi se juntan. Esto debió dar la idea a los ingenieros romanos para horadar el terreno y construir un túnel (en realidad dos) con el fin de que el agua desviada del río derrumbase el terreno y saliese a flote el oro existente. Es el método de ruina montium, del que nos habla -entre otros- Plinio el Viejo, militar y naturalista romano que nos ha dejado su "Historia Natural".

Los dos túneles siguen una dirección casi paralela; el más pequeño probablemente fue construído para desviar el agua mientras se trabajaba en el mayor. Hoy, cerca de los túneles se encuentra la población de Nocedo. 

La explotación del oro ya había sido llevada a cabo por las poblaciones indígenas antes de la presencia romana, pero de forma más elemental. Roma estableció una serie de civitates que integrarían el territorio y de las cuales dependerían los lugares de asentamiento indígena. En el caso de la minería del Noroeste estuvieron muy interesados el propio Augusto y su amigo Agripa. La existencia de minas llevó a Roma a controlar el territorio, nombrando procuratores, desplazando cuerpos de ejército y ocupando materialmente los lugares con población itálica, pues cuando da comienzo la época imperial se acentúa más aún la diferencia entre las provincias e Italia. 

Son diversas las formas por las que Roma llevó a cabo la explotación minera del Noroeste: mediante el lavado de las arenas de los ríos, mediante el aurum talutium, rastreando el oro que afloraba a la superficie y que delataba la existencia de más mineeral bajo el suelo; mediante galerías subterráneas y el citado de ruina montium.

Otros ejemplos distintos del de Montefurado son As Borreas de Caldesiños (Ourense), La Leitosa (León), Salave (Tapia de Casariego, Asturias), Poço das Freitas (Chaves, norte de Portugal), Bustantigo (Allande, Asturias), Torre del Bierzo (León) y con esto no citamos sino algunos casos bien estudiados por Sánchez-Palencia y otros (1). Queda por decir que la dificultad en horadar la roca para desviar el agua del río llevaría tales peligros que, con toda seguridad, habría heridos y muertos, sobre todo población indígena que era reclutada para estos trabajos por medio de la coerción, así como esclavos, si bien la participación de estos en la explotación minera ha sido menor de lo que se ha supuesto hasta hace unos años. 

Puede verse "Retales de Historia  -4- Montefurado", de J. Ramón López Blanco (video en Terrae Antiqvae).
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(1) F. Javier Sánchez-Palencia y otros; "Las zonas mineras romanas del noroeste peninsular. Infraestructura y organización del territorio".

lunes, 5 de marzo de 2012

Temprano intento de ferrocarril en Galicia


El 25 de octubre de 1852 se reunía el Pleno de la Diputación Provincial de Pontevedra para estudiar un informe por el que se pretendía construir "un ferrocarril en Galicia cuya gigantesca idea es debida a la Diputación Provincial de Ourense". Los diputados pontevedreses reconocen "el patriótico celo" de los orensanos "al agitar el examen de la posibilidad y oportunidad de llevar a buen término un pensamiento grandioso en sí mismo". Enseguida se constató que la obra sería costosísima y que "careciendo la provincia en el momento de su nueva creación en 1833 de un camino de ruedas regular y directo que la comunicase aproximándola a la corte [sic] y sobre a esta con uno de los mejores puertos de Europa como es Vigo, y el mejor sin duda de España sobre el océano...", debía acoger la idea con entusiasmo, dicen los diputados pontevedreses. Pero al mismo tiempo señalan que antes de acometer una obra ferroviaria debía emprenderse la carretera que uniese Pontevedra a otras villas de Galicia, además de "la conservación de la que baja de Pontecesures a Vigo". 

Se consideran entonces los "sacrificios que impone la obra de un ferrocarril completamente aislado por carencia de las vías locales que le han de dar nutrición. Cuatro años más tarde (1856) el Pleno de la Diputación Provincial de Pontevedra acuerda "conferenciar con el empresario de los estudios del ferrocarril desde Vigo a Valladolid...", entrando a nombrar a los señores Eduardo Chao, José Elduayen y el marqués de Valladares, verdaderos animadores de la vida política provincial en aquella época: el primero llegaría a ser ministro en las filas del republicanismo, y el segundo se eternizaría como diputado en Cortes conservador por Vigo.  

En el Pleno de 4 de mayo de 1861 la Diputación de Pontevedra trata "sobre la excitación del sr. Elduayen, relativa a la subvención suplementaria para obtener proposición a la construcción de la vía férrea de Vigo a Ponferrada". Se constata que "son notorias las dificultades para hallar una casa que se encargue de la construcción del camino de hierro que concluye en Vigo, y que en la de Sir Morton concurren circunstancias para poder acometer dicha empresa [se trata de la casa inglesa Sir Morton Peto y Compañía]. Pero -se lamentan los diputados pontevedreses- el presupuesto y la subvención del Estado no son suficientes para llevarla a cabo "porque la línea no reportaría beneficios a los accionistas...". Se pretenden entonces concernir a las demás Diputaciones de Galicia, particularmente a la de A Coruña, en el proyecto de ferrocarril a Galicia, preguntándose los diputados: "¿es justo que solamente las provincias de Ourense y Pontevedra hagan sacrificios para ver de conseguir se subasten secciones de un ferrocarril que también aprovecha a otras provincias de Galicia?". 

Se acordó en esa fecha crear un empréstito por valor de una parte de la subvención, "pagadera en los plzos más convenientes y la otra parte se incluirá con los intereses del empréstito en el presupuesto ordinario, de modo que siendo posible no se recargasen más los arbitrios provinciales".

Habrá que esperar a 1864 para que de nuevo el Pleno de la Diputación de Pontevedra acuerde "decir a la Compañía de ferrocarril de Medina del Campo a Zamora... que no entregaría en lo sucesivo cantidad alguna sin que la empresa le facilitase al mismo tiempo los títulos legales que acrediten sus acciones, acuerdo que no sólo está en prefecta consonancia con la ley [la de 1855 impulsada por el ministro Madoz] sino también con los estatutos de la misma Compañía" en su artículo 17. Luego se constata que "la empresa constructora del camino de hierro de Vigo a Ourense no ha podido hasta hoy cumplir lo prevenido en el artº. de la Ley de 11-7-1856 y sobre compañías concesionarias de obras públicas". 

Lo cierto es que a la ciudad de Pontevedra el ferrocaril no llegaría hasta el año 1887, prueba de las dificultades para comunicar a una región periférica con el resto de España, circunstancia que también se dio en otras regiones españolas. Cuarenta años del siglo XIX perdidos en guerras, una burguesía menos dispuesta que la de otros países europeos a invertir en otra cosa que no fuesen tierras (excepción hecha de algunos casos) y unos gobiernos -formados por miembros de dicha burguesía- que no tuvieron la capacidad para hacer de España un país moderno, hacen que en un aspecto concreto como es el de la construcción del ferrocarril a Galicia, el retraso y las dificultades aparezcan a poco que se indague en los papeles de los archivos. (Archivo de la Diputación Provincial de Pontevedra, Actas de plenos, libros 13.005, 13.008, 13.010, 13.011, 13.013 y 13.014).

El edicto de El Bierzo


 En el año 15 antes de Cristo el emperador Augusto dio a los susarros, habitantes de un castro en las proximidades de Bembibre (León) la inmunidad y la posesión de sus tierras, así como a los cigurros los reintegró a las suyas con la condición de que se sometiesen a las obligaciones que imponía Roma. De esta manera el emperador premiaba a aquellos por no haber ofrecido resistencia a la ocupación romana en comparación con otros pueblos comarcanos, que sí se habían opuesto. Alguien, poco después, grabó en una plancha de bronce rectangular el texto con el edicto imperial. Esta plancha habría servido para que susarros y cigurros exhibiesen sus derechos, pero en algún momento se perdió y ha sido encontrada en el año 1999.

La plancha tiene una pátina verdosa y oxidada. En la parte superior tiene una anilla, lo que indica que estaría colgada en algún lugar a la vista de quien procediese, teniendo la plancha 24,4 cm. por 15,3 y 0,2 de grosor; conservándose en el Museo de León.

En el texto augusteo se hace mención a una provincia Transduriana (territorios al norte del Duero, al noroeste de la península) probablemente englobando lo que luego serían los conventos de Brácara, Lucus y Astúrica. Esta provincia, como entidad administrativa, no duraría mucho, desaparenciendo entre los años 15 ó 13 antes de Cristo. Por lo tanto el llamado edicto de El Bierzo fue acordado por Augusto cuando la provincia estaba en sus últimos momentos. 

La concesión de una inmunitas perpetua a los peregrinos susarros fue algo, si no excepcional, sí poco frecuente (E. García Fernández, 2000) y en todo caso se trata del primer caso de éste tipo de documento en Hispania. La importancia de esta plancha con su texto ha consistido en que nos podamos hacer una idea de cómo estaban organizados los pueblos del noroeste: los castella/castellani no fueron exclusivos de Gallaecia, sino también de los ástures, y el hecho de que existiesen castella era perfectamente compatible con la organización gentilicia de aquellos pobladores (al menos en el área ástur) segun E. García Fernández. 

Lo que hizo Roma cuando se adueñó de estos territorios del noroeste es agrupar varios castella (lugares de asentamiento) en una civitas, sabido que ésta un era un núcleo "urbano" del que dependían áreas rurales circundantes (los castella de los pobladores indígenas). Hasta no hace mucho la existencia de una C invertida en ciertas epigrafías, entendida como castellani, se hacía propia de un área donde la población no estaba organizada en gens: esto hoy aparece como compatible, y de ahí la importancia del edicto de El Bierzo, que por otra parte se inscribe en el afán de Roma por ocupar el noroeste para explotar su riqueza minera.

domingo, 4 de marzo de 2012

Los montes Taburno y Tifata


En la vía Apia, la más importante de Italia en el siglo IV antes de Cristo, se encontraba la ciudad samnita de Caudio. Este pueblo no se avino con facilidad al expansionismo romano, por lo que presentó batalla en varias guerras de las que nos hablan los historiadores romanos. 

En cierta ocasión los samnitas enviaron a unos disfrazados de pastores para que extendieran el bulo de que la colonia romana de Lucera, en la Campania, y por lo tanto al sur de las tierras dominadas por los samnitas, estaba siendo sitiada por ellos. Tal alarma causó esto en Roma que las autoridades enviaron un poderoso ejército para auxiliar a su colonia. Los soldados romanos y sus generales tuvieron que pasar por un terreno abrupto y angosto, entre los montes Taburno y Tifata, que ya en la antigüedad se conoció como las Horcas Caudinas (por la proximidad de la ciudad de Caudio). En dicha angostura se produciría la tragedia. Los samnitas, sabiendo que no había otra ruta por la que llegar a Lucera, bloquearon la estrechez, de forma que los soldados romanos no tuvieron más remedio que volver sobre sus pasos. Pero a poco se encontraron con que frente a ellos se apostaba un ejército samnita. 

La desesperación cundió entre la tropa romana, pues tenía cortadas las dos salidas, mientras que a derecha e izquierda se alzaban, formando parte de los Apeninos, los montes Taburno y Tifata. Intentando escalar las laderas empinadas, eran presa de los soldados samnitas, por lo que se llegó a un compromiso de paz muy deshonroso para los romanos. 

Los samnitas, situados el sureste del Lacio, habían vencido pero luego dudaron sobre la estrategia a seguir en la vitoria: ¿acabar con la vida de los romanos atrapados? ¿desarmarlos y dejarles marchar? El dominio de la via Apia era vital para la mentalidad expansionista del Senado romano, que quería tener el camino expedito hasta Brindisi, en el extremo sureste de Italia. 

Roma, en el siglo IV antes de Cristo, todavía no había salido de Italia; ni siquiera dominaba toda la península: el episodio de las Horcas Caudinas fue narrado de forma diversa por unos y otros historiadores, casi todos ellos partidarios de falsear -en cierto modo- la magnitud de la derrota romana. 

Inscripción romana en la muralla de Lugo


Los periódicos "El Progreso" de Lugo y "La Voz de Galicia" de A Coruña han dado cuenta del descubrimiento, en la muralla romana de Lugo, de una losa de 80 cm. de largo en uno de los descansos de la escalera que da acceso a un cubo, a una altura algo superior a un metro. ¿Se trata del nombre del dueño de un taller? Al destapar una escalera de acceso al adarve del monumento, de cuya existencia ya se tenía noticia, se pudo ver la inscripción. El cubo se encuentra cerca de la puerta de San Fernando, y la inscripción dice: EX OF VP (Ex officina Ulpius).

sábado, 3 de marzo de 2012

La columna trajana


En el año 114 finalizaban los trabajos de la columna trajana, mandada erigir por el emperador en el foro de su nombre para conmemorar las victorias sobre los dacios (antes Roma había recibido severas derrotas). En la fotografía de arriba, soldados romanos y otro personal empleados en labores de construcción. Ver el naturalismo de las actitudes, el detalle de los sillares y el árbol esculpido a la izquierda.



Se trata de un bajorrelieve narrativo separándose las escenas de abajo a arriba por una moldura helicoidal. El material es mármol y la anchura de la columna, 4 metros de diámetro. El friso esculpido tiene 200 metros de longitud. En la fotografía de arriba, dos escenas: la superior, sin perspectiva, con una gran minuciosidad, presenta a soldados de categorías diferentes (tropa y oficiales). En la de abajo la personificación del Danubio, que bajo una gran ola, ve cómo los romanos pasan el río valiéndose de un puente hecho de barcas.



En el interior de la columna hay una escalera que permite ascender hasta la parte superior. Se supone que los relieves son obra de varios autores, pues hay diferencias de calidad y de estilo, estando en su época policromados. La perspectiva no está bien lograda en todos los casos, pero quizá no tuvo este asunto interés, sino la propaganda en favor del estado romano y del emperador Trajano. En la fotografía de arriba personajes romanos conversan entre sí mientras otro se encuentra en un plano distinto. Cabellos y vestidos están representados con gran detalle, además de que los personajes tienen rostros distintos.



Aparecen representados varios dioses y la personificación del Danubio, así como varias veces el emperador. Unas 2.500 figuras humanas están esculpidas, además de diversas construcciones, donde el detalle de los sillares, de las herramientas, de las armaduras de los soldados, incluso en ocasiones sus rostros, embarcaciones, posturas diversas,vestimentas, escudos y armas hacen de esta obra algo único en la historia del arte.


En la fotografía de arriba se ve el nulo efecto de la perspectiva: mientras que en la parte superior soldados romanos avanzan por el río con una barca, en la inferior algunos se encuentran ya en la ribera.





En la fotografía de arriba soldados romanos formando la "tortuga" con sus escudos para defenderse del ataque enemigo, mientras los oficiales dan las órdenes.



En la fotografía de arriba dacios sometidos por los soldados romanos con una clara intención propagandística.



Patricios romanos, quizá en presencia de algún dios, cambiando impresiones sobre la campaña y las acciones que deben llevarse a cabo. Abajo, una escena de las campañas en Dacia.

viernes, 2 de marzo de 2012

Sarmizegetusa

El santuario de Sarmizetegusa
El gran santuario de los dacios sería asaltado al fin, pero años antes este pueblo había infligido a Roma importantes derrotas. En el oeste de la actual Rumanía, a más de mil metros de altitud, rodeado en el siglo I por comunidades dacias, éstas se adentraban en el distrito romano de Moesia. Allí se encontraba la ciudad de Viminacium (hoy al este de Serbia)donde nos quedan los resos de la basílicia, la necrópolis, las termas y un acueducto de época romana, así como los restos de una iglesia paleocristiana.

Opio Sabino, el defensor de Moesia, caería en una de las incursiones dacias, al otro lado del Danubio, en torno al año 85 u 86 de nuestra era. En éste último año Roma enviará al militar Cornelio Fusco, que había participado en las campañas de Vespasiano para hacerse con el poder y ahora se encontraba de mandamás en Panonia. Las llanuras de esta tierra contrastan con las suaves, otras veces abruptas, montuosidades de Transilvania, al sur de la cual se encuentra el Santuario de Samizegetusa, en el actual distrito de Hunedoara. Esta es una tierra boscosa, con praderías que se alternan en un paisaje muy hermoso: son las montañas de Orastia, donde los dacios habían construído una serie de fortalezas con características murallas de gran grosor y altura.

Paisaje de Transilvania
Hasta allí avanzaron las legiones de Fusco, lo que no relatan los relieves de la columna trajana, que cantan solo las victorias posteriores de Roma. Con los militares romanos iban sacerdotes, constructores, a los que auxiliaban los soldados romanos; personal auxiliar y un cúmulo de dependientes. Antes de emprender batalla alguna, las legiones romanas construían su campamento, y entre jornada y jornada los legionarios se entrenaban en artes marciales, se daban al juego y a las diversiones, además de capturar a nativas para su mejor entretenimiento. Algunos enviarían cartas a su casas, dando noticia de esto o de aquello, agrandando sus méritos y quizá tranquilizando a sus familias. 

Arqueros y lanceros se destacaban; también los encargados de las catapultas, los que tenían por misión la vigilancia y la guardia nocturna. La disciplina era norma, incluso entre las tropas auxiliares, formadas por no ciudadanos con la esperanza de alcanzar dicha categoría jurídica. Cada soldado debía tener lista su lórica segmentada, sus hondas y jabalinas, su gladius o espada corta. El avance contra el enemigo, si se hacía en campo abierto, era mediante la táctica de la "tortuga", con los escudos cubriendo el cuerpo y la cabeza; si se trataba de emboscadas era la pericia del que mandaba la escuadra lo que contaba, que tendría que rendir cuentas el centurión o al jefe de la cohorte respectiva. 

La tierra de los dacios
En el año 86 Fusco sería derrotado por aquellos dacios que vivian a las puertas del imperio, en el momento de máxima expansión de éste, antes del reinado de Trajano, el empereador que no tuvo piedad con aquellas gentes, vengador de Sabino y Fusco, pero sobre todo fiel a la tradición guerrera de su civilización y del mundo antiguo. Antes, muchos legionarios que aspiraban a convertirse en agricultores, con la propiedad de la tierra que el estado romano les prometía, no llegarían a su objetivo, porque sus cuerpos habrían quedado en el campo de batalla.

En tempos de María Castaña

Buscando aquí e alá soubemos da Pena dos Catro Cabaleiros, a máis de 1.100 metros de altura. Está entre os concellos de Pobra de Brollón, Folgoso do Caurel, Incio e Samos. Pódese ver desde o alto toda a Terra de Lemos e a Serra do Courel. É moi abondosa a vexetación e hai moitos animais que non se acostuman ver nas zonas máis poboadas; xabarís e corzos. Segundo puidemos ler, na Pena dos Catro Cabaleiros reuníanse os nobres de Pobra de Brollón, Folgoso do Courel, Incio e Samos antigamente.

A pena dos Cabaleiros
Pero non todos eran nobres: a maior parte da poboación de Galicia era campesiña, xunto con artesáns e mariñeiros. Na parroquia de Cereixa, había tamén gandeiros que tiñan unha ou dúas vacas e algunhas ovellas.

Había tempo que houbera una epidemia de peste e a xente andaba polos camiños rezando e pedindo a Deus que se apiadase dela, que non era merecedora daquel castigo. En moitas aldeas a xente morría e cada vez estaban máis abandonadas as leiras. María Castaña perdeu a súa nai naquela epidemia e agora volvía outra vez a peste e outra vez a xente estaba triste e preocupada polas consecuencias que se adiviñaban. Hoxe dicimos “en tempos de María Castaña” cando nos referimos a unha época moi antiga,  fai moito tempo…

Don Pedro, o bispo de Lugo, non tiña piedade, pois os impostos aos que tiña dereito esixíallos aos campesiños aínda que estes fosen pobres e estivesen tristes ao ter perdido a familiares por culpa da peste. A paisaxe da Pobra de Brollón e a da aldea de Cereixa mesmo parecía que cambiara; os días de sol non parecían que fosen de sol; os días de festa non parecían que fosen de festa. Polas noites María Castaña non durmía pensando en que habería que facer algo. Os cabaleiros daquelas terras non colaboraban, pero tamén estaban contra Don Pedro, o bispo de Lugo, porque ambicionaban as súas riquezas.

Serra do Caurel
Unha mañá, moi cedo, María Castaña chamou á porta dunha veciña para dicirlle que quería falar con ela. Edelina, que era como se chamaba a súa veciña, quedou espantada co que oíu: María quería levar ata o Castro dos Cabaleiros a todos os veciños que quixesen loitar contra o bispo, armados con chuzos e fouces, con paos e forcas. Chamaron o marido de Edelina e a un sobriño chamado Bertomé. Este avisou a un amigo seu chamado Lope e este a outros, mozos e mozas, homes e algunhas mulleres, animadas pola valentía de María Castaña.

Algúns choraban porque crían que aquilo non ía acabar ben; outros rezaban, outros dicían malas palabras alporizados como estaban. Cansos de pagar impostos, de ter desgrazas, de non recibir compaixón de ninguén.

María Castaña ía diante, con Edelina e Bertomé. Os demais, uns centos, seguían polo camiño real, pasando por aldeas e parando para que se lles unise máis xente. Ás comarcas veciñas chegara a noticia e saían máis campesiños, mozas e mozos para unirse a María Castaña, que con decisión mandaba parar cando conviña e marchar cando o consideraba necesario. Así botaron varios días ata chegar á cidade de Lugo. Pero nas portas da cidade había soldados mandados polo bispo, avisado por algúns veciños que lle servían.

Houbo unha grande pelexa, morreron moitos, pero outros foron quen de escapar e esconderse. O día seguinte volveron a reunirse preto da cidade, nunha carballeira onde María Castaña lles citara en caso de ter que dar volta. Alí decidiron enviar un mensaxeiro ao bispo para explicarlle as súas queixas. Dous mozos e un home vello chegaron a Lugo e pediron permiso para falar co bispo, quen lles fixo agardar case dúas horas. Ao cabo, o bispo díxolles que actuaba en nome de Deus, que non se lle podía desobedecer porque el era a autoridade, que a recibira do rei. Prometeu, non embargante, ter en conta as queixas dos veciños.

Palacio do bispo de Lugo
De volta, María Castaña e os demais, varios centos, escoitaron os emisarios. Non estaban ledos, pero sabían que tiñan unha forza que podería dar resultados. Estaban seguros de que o que lles pasaba era unha inxustiza e decidiron continuar camiño para convencer aos veciños doutras aldeas. A grande revolta  estábase preparando; María Castaña tiña a convición de que conseguirían algo e soñaba con que na súa aldea se volvese a ver o sol, volvese a haber festas. Un día espertou e estábana esperando: eran uns soldados que a viñan deter para levala ante a xustiza. O soño de María esvaeceuse, pero  recollémolo nós, que temos aprendida a lección. Unha muller, nun tempo onde mandaban os homes, soubo deixarnos un exemplo que non esqueceremos, aínda que sexa dos “tempos de María Castaña”.

Casa antiga en Pobra de Brollón

Autoras:
Carmen Castro
Andrea Magariños
Paula Sanmartín
Nikea Outeiral

 

jueves, 1 de marzo de 2012

De Salaniana a Bergidum

Hipocausto en Aquis Originis

En la serra do Xurés, extremo norte del actual Portugal con la raya ourensana, se encontraba Salaniana (que yo sepa no excavada) citada en el Itinerario de Antonino, obra de principios del siglo III de nuestra era. En dirección norte se llegaba a Aquis Originis, entre la serra do Xurés al sur y el río Caldo a norte. Aquí se ha excavado una villa romana que no tendría la vistosidad de otras en la meseta castellana, siendo la mayoría de los materiales del bajo imperio, aunque construída sobre otra edificación anterior. Se conservan las termas con hipocausto y sus característicos arquillos, un horno, un comedor y varias habitaciones. Se han econtrrado objetos de bronce y mármol, así como monedas romanas, materiales que se encuentran todos en el Museo Arqueológico de Ourense. El yacimiento está en Baños de Río Caldo (Ourense).

Camino en la serra de San Mamede
Luego Aquis Querquennis (Baños de Bande) y, siguiendo la ruta hacia el norte llegaríamos a Geminis, a orillas del río Limia; y a orillas del Arnoia, Salientibus, con la serra de San Mamede al este y la de Queixa algo más lejos. Estaríamos en tierras de Maceda, en la actual provincia de Ourense, antes de atravesar el río Mao en dirección a Presidio y luego Nemetobriga, ya en dirección este (entre Puebla de Trives y Larouco). A orillas del Sil estaba Foro, y siguiendo el curso del río Gemestario, ya en el Bierzo. En la misma comarca llegaríamos a Bergidum (el actual Cacabelos) y, ahora en dirección sur, no quedarían muchos miliarios hasta llegar a Astúrica. 
Poco antes de nuestra salida de Salaniana habríamos dejado al sur a Brácara, recorriendo la Vía Nova romana.

Castro Bergidum
  

Algunas obras de Thorvaldsen (para alumnos)

Jasón con el vellocino de oro
Danés o irlandés, como quieren algunos, lo cierto es que pasó su vida entre Copenhague y Roma, siendo aclamado en ambas ciudades. Las obas que hemos elegido son "Jasón con el vellocino de oro", "Ganímedes con el águila de Júpiter", "Venus con la manzana",  "Las tres gracias" (en dos versiones) y "El león de Lucerna".

El neoclasicismo en Dinamarca está representado mejor que por ningún otro artista por Thorvaldsen, que no obstante estudió y trabajó en Roma desde finales del siglo XVIII hasta 1818 por lo menos, conociendo la escultura clásica de la ciudad y la obra de A. Canova, de quien sin duda se vio influído. Éste también alabó su obra y quizá convenga relacionarlos, pues formalmente sus obras tienen gran parecido.

"El león de Lucerna"
Excepto "El león de Lucerna", que está esculpido en la roca natural de la ciudad suíza, las demás obas son de mármol, con un modelado y acabado muy pulido y perfeccionado, haciendo con ellas alusión a mitos o personajes clásicos. Thorvaldsen había estudiado en la Academia de Copenhague, por lo que fue fiel a las normas que de ella salían, y en éste sentido se dice que el neoclasicismo es un arte ligado a las normas oficiales, sin libertad para que el artista se salga de aquellas. Jasón es el personaje que guía a los argonautas en busca del vellocino de oro (piel de un animal que quien la poseía alcanzaba la prosperidad: ver en este blog, "Viaje a través de la Cólquida"). El viaje se realizó, según la mitología griega, por el mar Negro, y tendría final en la Cólquida, al este de dicho mar, donde su rey poseía dicho vellocino. Jasón aparece en actitud serena y victoriosa con el vellocino en uno de sus brazos, adelantando una pierna a la otra (como en la escultura griega clásica) y volviendo expectante la cabeza hacia uno de los lados, para dar sensación de movimiento. El tratamiento del desnudo y de la anatomía está inspirado también en la antigua Grecia.

Ganímedes con el águila de Júpiter
"Ganímenes con el águila de Júpiter" es otra obra de la misma factura y material, aunque en éste caso el personaje se agacha para dar de beber al águila de Júpiter (personificación del mismo dios) pues era el copero de los dioses y amante de Zeus. La serenidad y los detalles están cuidados al máximo, como en el plumaje del animal. 

"Venus con la manzana" hace alusión al mito bíblico según el cual la "primera mujer", Eva, tentaría al primer hombre, pero la versión que nos ofrece Thorvaldsen no es la dramática de otras ilustraciones, sino la de una joven mujer, hermosa y serena, con un cuidado peinado e incurvando su cuerpo(como en las obras de Praxíteles), lo que le imprime el movimiento necesario. Como en otras otras Thorvaldsen escapa de toda frontalidad, haciendo que "Eva" vuelva ligeramente la cabeza hacia un lado. Es obra de entre 1813 y 1816.

Arriba y abajo, dos versiones de "Las tres gracias"
"Las tres gracias" las hizo en dos versiones (bulto redondo y relieve) cuyas características obedecen a los mismos patrones comentados para las obras anteriores, tratándose en éste caso de las tres mujeres griegas que representan la voluptuosidad, la castidad y la pulcritud, aunque ninguno de estos atributos se adivinan en las figuras de Thorvaldsen, que trata a las tres mujeres, danzando levemente, de manera muy parecida. 

"El león de Lucerna" es la única obra no esculpida en mármol, y representa a los cientos de soldados suízos que murieron al defender el Palacio de las Tullerías del ataque de los revolucionarios franceses. Aquí lo que importa no es la toma de partido de Thorvaldsen por el rey de Francia o por los revolucionarios, sino el heroísmo de los soldados, que dieron su vida por cumplir con su deber: por eso el león herido, con un gran dramatismo, tendido y mostrando el dolor, tiene ante sí el esculdo de la monarquía francesa, con las flores de lis, y al escudo de Suíza. Es obra de entre 1819 y 1821.

(Debe añadirse algo sobre el contexto histórico-artístico que ya hemos comentado en obras neoclásicas anteriores).A la derecha, "Venus con la manzana".

miércoles, 29 de febrero de 2012

Alegoría de "La Marsellesa" (para alumnos)


Se trata de una escultura en altorrelieve con el título de "La Marsellesa", que F. Rude, escultor neoclásico francés, realizó para una de las partes del Arco del Triunfo de París en 1833. Tengamos en cuenta que en Francia se produce una revolución liberal que eleva al trono al rey Luis Felipe de Orleáns tres años antes, por lo que estamos en plena exaltación de las ideas liberales en el país.

Tras el largo período revolucinario, que termina con la derrota de Napoleón Bonaparte, Francia se sume de nuevo en el absolutismo "templado" de Luis XVIII y en el más violento de Carlos X, que llevaría a la burguesía liberal a derribarlo en 1830. Romanticismo y neoclasicismo, en la obra que comentamos, se dan de nuevo la mano: el heroísmo es común a los dos, pero el tratamiento del tema no. Algo antes Canova en Italia, por el mismo tiempo Thorvalsen en Dinamarca, están produciendo obras que nos hablan con el mismo lenguaje: una vuelta a la antigüedad clásica pero con una personalidad distinta que en el Renacimiento. Ahora la escultura es más serena -si bien el ejemplo que tenemos delante es excepción- más poética (esto también podemos decirlo de "La Marsellesa") tratándose además de una alegoría de los que lucharon en 1792 (la época más violenta de la revolución francesa) contra las potencias absolutistas de Europa (particularmente Austria y Prusia). 

La escena presenta a unos guerreros en una composición cerrada que muestran todo su vigor y decisión para luchar contra un enemigo al que se considera inferior moralmente: la libertad contra la opresión. Rude pone en los personajes toda la energía; el tratamiento anatómico es muy propio de la época helenística griega (podemos recordar el Laocoonte) y las actitudes son teatrales, pues se trata de una obra decorativa también, y dramáticas. Poco antes había pintado Delacroix "La libertad guiando al pueblo" donde la mujer que aparece enarbolando una bandera es la "misma" que Rude esculpe aquí sobrevolando a los guerreros, alguno de los cuales eleva su vista hacia ella para encontrar el camino de la victoria. Se trata de la diosa Belona (la de la guerra para los antiguos romanos, y esto mismo es otra alusión al mundo antiguo). 






martes, 28 de febrero de 2012

Una obra de la Ilustración (para alumnos)

Planta del Museo del Prado sin la ampliación reciente
La planta y la fotografía corresponden al edificio del Museo del Prado, obra de finales del siglo XVIII, aunque sufrió algunas reformas en 1818 por iniciativa del rey Fernando VII, que quiso distinguirse como rey ilustrado. Los planos son de Juan de Villanueva, y la iniciativa fue del rey Carlos III (1786) aunque la obra se ejecutó durante el reinado de Carlos IV. Primero se concibió para Gabinete de Historia Natural y luego para Museo de Ciencias Naturales. Su estructura y forma corresponden al estilo neoclásico español.

La Ilustración española, con ser menos ambiciosa que la de otros países europeos, particularmente la francesa, contó con la figura del rey Carlos III y sus ministros, que estuvieron imbuidos del racionalismo y la "filosofía" de las luces. La misma idea de dedicar este edificio al estudio de la naturaleza, pues se concibió junto con el Jardín Botánico anexo, indica el sentido práctico de quienes lo inspiraron. Fue una época fecunda en obras de embellecimiento de Madrid, que se urbanizó por primera vez como una capital europea. También es obra de Juan de Villanueva el Observatorio Astronómico, cercano, de planta circular y con columnas clásicas. Puede decirse que el otro gran arquitecto español de ésta época es Ventura Rodríguez. (A continuación deben añadirse las características generales de la arquitectura neoclásica que ya hemos puesto al comentar otras obras).

Como el edificio no fue concluido por su tracista continuó las obras el arquitecto López Aguado. En la planta vemos un edificio muy alargado lateralmente, con un cuerpo central terminado en ábside y, a derecha e izquierda, galerías alargadas que rematan en los extremos con mayor anchura. Ello confiere a éste edificio una gran originalidad, y destaca el hecho de que se trata de una obra civil, cuando aún en el neoclasicismo la mayor parte de las obras eran religiosas. En la parte central destaca el pórtico con seis columnas de orden toscano (el equivalente en la civilización romana al orden dórico griego), un entablamento que marca la línea dominante horizontal y un ático decorado en relieve con una alegoría del rey Fernando VII como protector de las artes y las ciencias. Este relieve es obra de Ramón Barba, así como de los medallones que decoran la fachada, pero en lo demás tenemos que decir que predomina la sobriedad propia de éste estilo.

El autor no decidió poner frontones, lo que también es una particularidad de éste edificio. En altura vemos (en la fotografía) tres cuerpos, pero el tercero que asoma no es de la obra original, sin añadido con mucha posterioridad; las columnas del cuerpo superior son jónicas, siendo el ritmo el siguiente: entre cada dos columnas, en el cuerpo inferior un nicho con una estatua o un vano peraltado y rematado en arco de medio punto. El edifio ha sufrido múltiples modificaciones, entre las que destaca la de Narciso Pascual y F. Jareño; así mismo la última que lo ha ampliado en su parte posterior, que no aparece en la fotografía.

El museo del Prado desde la puerta de Velázquez

El gremio de mareantes

La iglesia de Santa María se construyó, en parte, con las rentas del gremio de mareantes
En la Pontevedra del siglo XVI el gremio de mareantes alcanzó gran notoriedad. Juan Juega Puig, entre otros, ha estudiado este asunto e ilustra bien la jurisdicción que logró para sí dicho gremio, en una época de privilegios y exclusiones para la actividad económica. "El deslinde de la ría de Aldán con los mareantes de Cangas data de 1501", señala el autor citado. Dicha jurisdicción abarcaba, en la costa, "desde los Tranqueiros de Aguiño hasta las Estelas de Baiona", en la que el gremio de mareantes de Pontevedra ejercía su autoridad. (Aguiño en la costa suroccidental de la actual provincia de A Coruña y Baiona cerca del extremo suroccidental de la de Pontevedra).

Arte del xeito
Pero si los mareantes tienen este poder es por dos razones: la primera porque el arzobispo de Santiago se lo da, y la segunda porque el gremio constituye una fuente de ingresos extraordinaria para la villa de Pontevedra, entonces la más poblada de Galicia, incluídas las ciudades con obispado. El arzobispo, por su parte, va a recibir su cuota no pequeña. Las primeras ordenanzas de mareantes conocidas -seguimos a Juan Juega- son de 1523, renovándose luego para adaptarse en 1531 y en varios años más hasta 1596, pareciendo que estas últimas no llegaron a ser efectivas. El principal objetivo de las ordenanzas será limitar al máximo la actividad de los "xeitos", que eran muy utilizados en la ría como arte de pesca para la captura de la sardina. Consiste en extender la red dejándola en el agua para que las sardinas queden atrapadas. El cerco, por su parte, consistía en rodear con la red la zonda donde se pretendía pescar, sujetando los extremos de aquella a la proa y a la popa de la embarcación. Durante el siglo XVII decayó su uso.

La comunidad de intereses entre arzobispos de Santiago y mareantes no evitará los pleitos entre ambas partes: los segundos eran conscientes de que el trabajo dependía de ellos, y el primero era ducho -como en todo momento la Iglesia- en pleitear por el más pequeño motivo. Pero los pleitos no se limitaron a las dos partes indicadas, sino que el gremio de mareantes de Pontevedra también tuvo diferencias con los pescadores de Portonovo, particularmente en los años 1569, 1582 y 1594, "cuando la lucha entre los cercos y los 'xeitos' alcance su mayor virulencia". El problema es que los 'xeitos" fueron aumentando en número y ocupaban toda la ría, haciendo que las capturas por medio de cercos disminuyese. Así lo vio Melchor de Teves Brito, corregidor de Pontevedra en los pocos años en que la villa fue de realengo. La Real Audencia de Galicia, poco después, fue de la misma opinión, llegándose a plantear que a finales del siglo XVI la floreciente pesca pontevedresa dependía de ganar o de perder en esta disputa. Ya entonces se sabía que la ría no era capaz de soportar una explotación con las dos artes de pesca.

Arte del cerco
Lo cierto es que "los cercos, siempre poco numerosos y, por lo tanto, facilmente fiscalizables, fueron privilegiados frente a las restantes artes pequeras. De ahí que todos los informes realizados por los funcionarios de la Corona fuesen favorables a ellos". Pero los 'xeitos' no desaparecieron, como si un instinto de supervivencia hiciese que sus usuarios se resistiesen, sabiendo que la ría, más allá de jurisdicciones conseguidas de una forma u otra, era de aprovechamiento común. La preferencia por las artes menores -dice Juan Juega- iría acompañada de un desplazamiento poblacional desde las grandes villas hacia los pequeños puertos. Un privilegio arzobispal se había convertido en un arma de doble filo. El abandono del barrio de la Moureira, en Pontevedra, coincide con el aumento de vecinos en poblaciones como Portonovo.

Pero entonces los mareantes pontevedreses se desplazarán a esos puertos, produciéndose un cambio de estrategia. El autor al que glosamos aporta los datos siguientes en relación al uso del cerco: en el año 1526, ocho; hasta 13 en 1550; 15 en 1574; para descendeer a 1 en 1608. La guerra con Portugal por su independencia de la monarquía española, que en Galicia y otros puntos se extendió hasta los años sesenta del siglo XVII, supuso un abandono total del cerco como arte de pesca.