domingo, 22 de enero de 2012

Elogio de Ticio Aristón

Detalle de la muerte de Séneca (1614, Rubens)
Ante la enfermedad de su amigo, Plinio el Joven escribe a Catilio Severo elogiando al gran jurista y hombre de cultura estoica, Ticio Aristón.

Ya estoy detenido mucho tiempo en la ciudad y, ciertamente, ansioso. Me desazona la prolongada y contumaz enfermedad de Ticio Aristón, a quien admiro y aprecio extraordinariamente. Pues nada hay más sensato, más virtuoso, más sabio que él, hasta el punto de que me parece que corre extremo peligro no solo un hombre, sino las mismas letras y todas las artes liberales en un solo hombre. ¡Que diestro es él en el derecho privado y en el público! ¡Cuántos conocimientos posee, cuántos ejemplos, cuántos acontecimientos pasados! Nada hay que quieras aprender que él no pueda enseñar; realmente para mí, cuantas veces indago algo desconocido, él es una enciclopedia. ¡Que gran veracidad hay en sus palabras, qué gran autoridad, qué precisa y adecuada su lentitud! ¿Que es lo que no sabe inmediatamente? Y, sin embargo, muchas veces vacila, duda por la profusión de argumentos, que resume, distingue y examina con reflexión aguda y sobresaliente desde su principio y etiología inicial. Además, ¡qué sobrio en su sustento, qué moderado en su género de vida! Suelo ver su misma habitación y su cama como un reflejo de la austeridad de antaño. Estas virtudes las realza su grandeza de espíritu, que nada concede al alarde, todo a su conciencia y busca acertadamente la recompensa de una acción no en el reconocimiento público, sino en la propia acción. En resumen, difícilmente compararás a este hombre con cualquiera de los que por su porte exterior ponen de manifiesto su dedicación a la sabiduría. En verdad no va a buscar gimnasios ni pórticos y no entretiene el sosiego de los demás ni el suyo propio con prolongadas discusiones, sino que se mantiene en sus ocupaciones y trabajos, ayuda a muchos con su defensa, a muchos más con su consejo; sin embargo, ninguno de esos le puede ganar tampoco en integridad, benevolencia, equidad y fortaleza.

Te asombrarías, si estuvieras presente, con qué resignación soporta esta enfermedad, cómo aguanta el dolor, cómo resiste la sed, cómo pasa inmóvil y tapado el extraordinario calor de las fiebres. Hace poco me llamó y, conmigo, a unos pocos, a quienes aprecia mucho, y nos pidió que preguntáramos a los médicos sobre su terrible enfermedad, para si era irreversible, morir por voluntad propia, y, si solo era complicada y prolongada, aguantar y aguardar: en verdad, debía rendirse a los ruegos de su esposa, debia rendirse a las lágrimas de su hija, debía rendirse también a nosotros, sus amigos, para no truncar con muerte voluntaria nuestras propias esperanzas, si por lo menos no eran vanas. Esta decisión la considero yo harto difícil y merecedora del mayor elogio. En efecto, es habitual lanzarse corriendo a la muerte con la cierta celeridad y arrebato, pero es propio de un espíritu sobresaliente meditar y sopesar los motivos y, según aconseje la reflexión, adoptar o desechar la idea de vivir o morir.

"La muerte de Séneca" (1684, Luca Giordano)
Ciertamente los médicos nos han ofrecido diagnósticos favorables: falta que la divinidad esté de acuerdo con los pronósticos y que por fin me libera de esta inquietud, librado de la cual volveré a mi casa de Laurento, es decir, a mis libros, a mis tablillas y a mi estudioso descanso. Pues ahora, no puedo, al estar junto a él, ni me agrada, al estar angustiado, leer ni escribir nada. Conoces qué temo, qué deseo, incluso qué espero para el futuro; escríbeme en contrapartida, pero en carta más alegre, qué has hecho, qué haces, qué quieres hacer. Si tú no te lamentas por nada habrá alivio no pequeño para mi turbación.

¿Puede expresarse mejor, con mayor elogio y aprecio, la delicada situación del amigo a quien se admira y quiere? Ciertamente, la filosofía estoica había hecho mella entre muchas personas, imbuídas de la relatividad de la vida, y el escoger la muerte en un determinado momento no era excepción; incluso no temerla ante la valoración limitada de la vida. Aquí expone Plinio un ejemplo a su amigo Catilio Severo, cónsul, sobre el afecto que tiene a su otro amigo Ticio Aristón. (En Laurento, localidad que cita Plinio, tenía éste una villa).

El fuero de Pontevedra (1169)

Sepulcro de Fernando II de León en la catedral de Santiago



Por tanto yo, don Fernando, por la gracia de Dios, rey de España, juntamente con mi mujer, la reina doña Urraca, por este escrito firmísimo, que valdrá para siempre, liberto y absuelvo a todos los habitantes de Pontevedra, tanto presentes como futuros, de luctuosa, y de goyosa, y de fosadeira, y de pedidailla, y de anal, y de moneda, y de navigio al que sea de Pontevedra, si condujere [naufragare] en tierra del rey don Fernando sean tres cuartas partes para los patronos del navío y una cuarta parte para el rey; y si fuere maltradado [herido] entre los hombres algún habitante de Pontevedra y pusiere en manos del vicario la calumnia [cuestión, litigio], la multa que de ello procediere sea la mitad para el vicario y la otra mitad para el que hubiese dado la calumnia; y que a ningún otro respondan, sino a aquel en cuya mano se haya puesto la calumnia que le hicieron.

No se conserva el documento original por el que el rey Fernando II otorga fuero a Pontevedra, sino una confirmación de Alfonso X (Sevilla, 5 de junio de 1264). La causa de esta copia se aclara en la introducción del fuero: se había perdido el sello real de plomo y "por mala guarda" fue dañado de agua. En esta copia se cita a Ponte Vedra, mientras que en el documento original se hablaba de Ponte Veteri.


La luctuosa consistía en la mejor cabeza de ganado o mejor joya que dejaba una persona a su fallecimiento. La goyosa era el tributo que los vasallos pagaban a sus señores cuando tenían un hijo. La fonsadera gravaba a las personas que no podían acudir personalmente a la guerra. Con la frase de pedidailla, et de anal, et de moneda se recoge un único tributo, el petitum, que los reyes exigían con ocasión de las bodas reales y que, al convertirse en anual a partir del siglo XIII, recibió el nombre de moneda. En cuanto al terreno judicial, el fuero nos remite a una cierta autonomía, mediante la figura del vicario, único juez válido para dilucidar los litigios habidos entre los pontevedreses (Juan Jueva Puig, 1996).

Hércules el salaz

Hércules Farnesio
Habiendo perdido Hércules unas yeguas mientras dormía, se puso a buscarlas, llegando a una tierra que llamaban Hilea por haber muchos bosques (la pequeña Tartaria, al norte del mar Negro). Encontró entonces a una mujer que lo era desde las nalgas hacia arriba, pero una serpiente desde las nalgas hacia abajo. Le preguntó por sus yeguas y le contestó que estaban en su poder, pero que no se las devolvería a no se que se ayuntase con ella. Así lo hizo Hércules, pero no una, sino varias veces, pues tal era el goce que sentía la extraña mujer (y Hércules) que iba dilatando el día en que había de entregar al héroe sus yeguas. Cuando llegó el momento se dispuso Hércules a partir con los animales, pero la mujer le dijo que estaba embaraza de él con tres hijos, dándole Hércules unas instrucciones hacerca de qué hacer con cada uno de ellos cuando fuesen mayores. Al más joven le fue puesto por nombre Escita, y de él proceden los pueblos que los griegos conocieron como tales. (El "Hércules Farnesio" se encuentra en el Museo Arqueológico de Nápoles y es una copia romana en mármol del original en bronce obra e Lisipo: s. IV a. de C. Se encontró a mediados del siglo XVI en las termas de Caracalla).

Estando en cierta ocasión los escitas en guerra con los masagetas, pueblo nómada que deambulada por las inmediaciones del mar Caspio y del Aral, los escitas pasaron el río Araxes (al norte del actual Irán) y se internaron en la región de los cimerios. Éstos, viendo el gran ejército de los escitas, pasaron a deliberar si sería mejor hacerles frente o escapar. Los reyes y sus seguidores eran partidarios de presentar batalla, pero el "vulgo" -dice Heródoto- prefería abandonar aquellas tierras y no correr el riesgo de una cruel derrota. Sobre esto discutieron una y otra vez, de manera que, no llegando a un acuerdo, terminaron peleando entre sí, lo que posibilitó que los escitas se hicieran con aquellas tierras, mientras los cimerios enterraban a sus muertos en las riberas del río Tiras (Dniéster). (Libro IV de las "Historias" de Heródoto: Melpómene o musa del teatro).

Río Tiras o Dniéster

La piedad de los ballesteros

En la Lovaina del siglo XV, (en el centro de la actual Bélgica) con no ser una ciudad grande, había un movimiento extraordinario de soldados, comerciantes, banqueros, estudiantes, hombres y mujeres afanados en sus oficios, transeúntes que se cruzaban en sus caminos de norte a sur y de este a oeste de Flandes. El arte era una actividad que había empezado a importar a nobles, clérigos y burgueses. Los escultores, los maestros de obras, los pintores, cobraban cada vez mejor sus trabajos. Pero el artista a quien acudirían los ballesteros de Lovaina estaba en la cercana Bruselas, a donde se había desplazado desde su natal Tournai. Allí se entrevistaron con él y allí le encargaron la obra más piadosa que pudieron: "El descendimiento", obra de 1435 ó 1436, que representa a diez personajes, nueve de los cuales asisten al descendimiento de Jesús de la cruz.

Detalle de la madre
La obra es característica de la pintura flamenca del momento, pero se distingue por el tamaño de los personajes representados, casi a escala natural. La representación de los ojos cerrados por el dolor, por el sufrimiento o por la muerte, es muy característica de Roger van der Weyden; así como la riqueza de los ropajes, en lo que nada tiene que envidiar, por ejemplo, a los van Eyck. Los detalles de los bordados, los rasos y las sedas que se adivinan, hablan de una sociedad más avanzada económica y artísticamente que la mayor parte de Europa. Los colores muy contrastados están, sin embargo, llenos de matices, y así mismo las encarnaciones, con pálidos o tostados rostros según convenga a la caracterización de cada uno. 

Compositivamente todo gira en torno al cuerpo muerto de Jesús, en diagonal y algo distorsionado por la dificultad y delicadeza en contenerlo. Toda la escena está cerrada, a modo de paréntesis, por las figuras de Juan, a la izquierda y con ropaje rojo, y María Magdalena a la derecha. La madre, que sigue el sentido diagonal de su hijo, se desmaya transida de dolor, encontrándose una de sus manos muy cerca de la de su hijo. Abajo, una calavera, que en la interpretación de la época correspondía a Adán. En todos los personajes se aprecia un acercamiento notable a la naturalidad, contrastando con otras pinturas góticas, todavía muy atadas a los convencionalismos de la idealización. No obstante, siendo la escena antigua, los personajes están vestidos como ricos burgueses del siglo XV, mostrando además un refinamiento que es muy propio de la escuela flamenca. 

El espacio representado es poco profundo, decorados los dos extremos superiores con figuras a modo de ballestas. El gremio de ballesteros quiso esta obra para su capilla, hasta que María de Hungría, gobernadora de los Países Bajos, la entregó a Felipe II de España, que la hizo poner en la capilla del palacio de El Pardo, luego en El Escorial y ahora se encuentra en el Museo del Prado.

Calavera en la parte inferior del cuadro

sábado, 21 de enero de 2012

Costumbres de los escitas

Joya de oro escita
Los escitas fueron un conjunto de pueblos que habitaron un amplio territorio en torno al mar Caspio en la antigüedad, al oeste, al norte y en buena parte del Turkestán. Las tierras que ocuparon son bajas y llanas, excepto cuando nos aproximamos al Cáucaso y a las montañas del centro de Asia (Afganistán y la gran muralla natural que separa el Turkestán de China). El clima es frío y continental, suavizado en las proximidades del Caspio, si tenemos en cuenta que la latitud de sus tierras está entre los 47 y los 55 grados norte. Son tierras alejadas del Mediterráneo, pues se encuentran entre los 45 y los 57 grados de longitud este. 

Nos dice Heródoto que los escitas cegaban a sus esclavos para que estos revolvieran la leche (uno de los alimentos básicos de estos pueblos) sin "peligro de caer turbada la cabeza si tuvieran vista"; es decir, el proceso de removido de la leche (se supone que en grandes cantidades) implicaba mucho tiempo, lo que podría llevar al mareo a quienes tuviesen vista. La forma en que se extraía la leche de las yeguas era "metiendo una extremidad [de unos tubos parecidos a flautas] en las partes naturales de las yeguas, y aplicando la otra a su misma boca [la de un escita] con el fin de soplar, y al tiempo que unos están soplando van otros ordeñando", pues "al paso que se hinchan de viento las venas de la yegua, sus ubres van subiendo  y saliendo hacia fuera. Extraída así la leche, derrámanla en unas vasijas cóncavas de madera, y colocando alrededor de ellas a sus esclavos ciegos, se la hacen revolver y batir", añadiendo Heródoto que lo que sobrenada en la leche se recogía "como la flor y nata de ella y lo tienen por lo más delicado, estimando en menos lo que se escurre al fondo".

En cierta ocasión, cuando los escitas invadieron Media, la lucha fue tan encarnizada que no volvieron a su tierra hasta pasados más de veinte años. En todo ese tiempo las mujeres de los escitas se unieron a sus esclavos ciegos teniendo descendencia. Temorosas entonces de ser descubiertas por sus maridos cuando regresasen, se ensañaron contra los esclavos, de lo cual hay recuerdo todavía en la accutalidad: la costumbre de las mujeres moscovitas de regalar a sus futuros esposos una vara hecha por ellas...

Targitao parece ser el ascendiente mítico de los escitas, cuyos padres fueron Júpiter y una hija del río Borístenes (el Dnieper). Pero Heródoto dice "téngolo yo por fábula", añadiendo que los escitas se empeñan en citar incluso a los descendientes de Targitao: Lipoxais, Arpoxais y Colaxais. "Cayeron del cielo en su región -sigue el mito- ciertas piezas de oro, a saber, un arado, un yugo, una copa y una segur [hacha u hoz, según las diversas traducciones]. El mayor de los hermanos quiso apoderarse de ellas, pero "el oro se puso hecho un ascua"; hizo lo mismo el segundo y sucedió otro tanto; "pero yendo por fin el tercero... apagose la llama, y él fuese con el oro a su casa. A lo cual atendiendo los dos hermanos mayores, determinaron ceder al menor todo el reino y el gobierno". Para los escitas del siglo V antes de Cristo, Lipoxais descendía de la tribu de los aucatas; Arpoxais de las tribus llamadas catiaros y traspies; y Colaxis de los paralatas, siendo estos escitas expertos ballesteros.

Los reyes escitas -dice Heródoto- guardaron aquel oro sagrado que les vino del cielo con todo el cuidado, y todos los años, en un día de fiesta celebrado con grandes sacrificios, iban sacando y paseando por la comarca el tesoro; "y añaden que si alguno en aquel día, llevándolo consigo, quedase a dormir al raso, ese tal muriera antes de pasar aquel año". Los griegos contemporáneos de Heródoto contaban que Hércules, al volver con los bueyes de Gerión, llegó al país de los escitas, entonces despoblado, habiendo partido de Gades o de una isla llamada Erithrea; y como sorprendiese al héroe "un recio y frío temporal, cubriose con su piel de león y e echó a dormir. Al tiempo que dormía dispuso la Providencia que desaparecieran las yeguas que sueltas del carro estaban allí paciendo".

Territorios escitas al norte el imperio persa a principios del s. V a. C.
En cierta ocasión, persiguiendo los escitas a los cimerios, que eran nómadas del Cáucaso y de las riberas del mar Negro, luego se internaron en tierra de los medos, que los expulsaron de vuelta a su tierra. Cuando se acercaban, les salieron al paso aquellos esclavos hijos de sus mujeres, las cuales se habían ayuntado con los esclavos de la anterior generación, como se dijo más arriba. Empezó la lucha y no parecía tener fin, hasta que un escita se dirigió a los demás y les dijo: "¿Que es lo que estamos haciendo paisanos? Peleando con nuestros esclavos como realmente peleamos, si somos vencidos quedamos siempre tantos señores menos cuantos mueran de nosotros; si los vencemos, tantos esclavos nos quedarán después de menos cuantos fueren sus muertos. Oid lo que he pensado que dejando nuestras picas y ballestas, tomemos cada uno de nosotros el látigo de su caballo, y que blandiéndolo en la mano avance hacia ellos; pues en tanto que nos vean con las armas en la mano se tendrán aquellos bastardos miserables por tan buenos y bien nacidos como nosotros sus amos. Pero cuando nos vieren armados con el azote en vez de lanza, recordarán que son nuestros esclavos, y corridos de sí mismos, se entregarán todos a la fuga".

Reinando el persa Darío I, hizo una expedición contra los escitas, según Heródoto por venganza y por el deseo de obtener tributos; si por lo primero debido a que el rey persa consideró una afrenta que el rey escita no le diese a una hija por mujer... Estaban cerca los tiempos en que esos persas iban a ser los grandes enemigos de los griegos.


Cova Eirós

El paleolítico gallego está de enhorabuena, porque nos ha permitido conocer, gracias al trabajo de arqueólogos y otros especialistas, más muestras de la vida del hombre de 12000 años de antigüedad, es decir, el final de la cultura magdaleniense. Se trata de un nuevo nivel arrqueológico en la Cova Eirós, sita en la Serra do Oribio, municipio de Triacastela, al este de la pronvica de Lugo.

La importancia de este yacimiento arqueológico reside en que es el único de Galicia donde se puede observar un poblamiento continuado durante un período de tiempo larguísimo, desde el paleolíitco medio (industrias musterienses) hasta el paleolítico superior (períodos auriñaciense y gravetiense). El período gravetiense fue frío, y más todavía el auriñaciense, pero con variaciones climáticas en períodos de tiempo relativamente cortos. 
Según Arturo de Lombera, codirector de la excavación, "en otras partes de Galicia se han encontrado industrias paleolíticas más antiguas y también más recientes, pero en ningún otro sitio se ha podido reconstruir una secuencia cronológica tan larga como esta". Los métodos de datación han sido el carbono 14 para restos orgánicos de hasta 40000 años de antigüedad, la termoluminiscencia del cuarzo y métodos radiométricos. 


(Ver aquí mismo Arte paleolítico en Galicia)

viernes, 20 de enero de 2012

La Abdera tracia

Como Hércules tuviera la misión de robar unos caballos del rey Diomedes, que lo era de Argos, pues dichos caballos devoraban carne humana, primero tuvo que enfrentarse al ejército que Diomedes le envió para combatirle, pero venciendo Hércules y sus acompañantes, arrojó el cuerpo del rey a sus propios caballos, los cuales lo devoraron. Entonces los équidos se volvieron mansos. No obstante, como los caballos devoraron también al hijo de Hércules, éste fundó Abdera en la costa tracia. Hasta aquí la fábula que encontramos en diversas partes, pero también en el prolífico Homero.
 
Pero la arqueología, más realista, parece haber encontrado solo algunas muestras de mediados del siglo VII antes de Cristo, por lo tanto más tarde de que Homero escribiese sus obras. Jonios que huyeron de la costa anatolia bajo presión persa, se asentaron en Abdera con la oposicion de los tracios, lo que Píndaro canta en algunos de sus versos. A principios del siglo V a. de C. cayó bajo dominio persa, antes de que dieran comienzo las guerras que los griegos llamaron médicas. A mediados de esa centuria formó parte de una liga comandada entre Atenas y Delos, pero en la primera mitad del siglo IV antes de Cristo la ciudad fue destruída por tribus tracias. A la postre, estaba en territorio tracio y la lejanía respecto de la Grecia más genuína le jugó una mala pasada, como había sido con la conquista persa.

El rey macedonio Filippo II conquistó Abdera a mediados de dicho siglo IV pero en la centuria siguiente de nuevo está bajo el mando del rey tracio Lisímaco, para pasar luego a manos de seleúcidas de Asia, ptolomeos de Egipto y macedonios (estos se hacen dueños de la ciudad a principios del siglo II a. de C.). Un asedio romano pocos años después, con la ayuda del rey Eumenes II de Pérgamo, terminará con la poca autonomía de que había disfrutado la ciudad a lo largo de su historia, de la que apenas nos quedan los restos de una muralla defensiva. 

¿Conocían los comerciantes tirios la Abdera tracia cuando fundaron la colonia del mismo nombre en la costa andaluza de la actual Almería? ¿Era la geografía de aquellos parajes parecido, lo que llevó a los fenicios a dar el mismo nombre a la colonia andaluza?

Restos arqueológicos de Abdera



Palabras nunca escuchadas contra la aflicción

Gálata moribundo

Hermosísima es la carta que dirige Plinio, en cierta ocasión, a su amigo Calestrio Tirón. Le habla de la muerte de Corelio Rufo, que había sido procónsul en la Bética, "y ciertamente -dice- por su propia voluntad, hecho que exacerba mi aflicción". De sesenta y siete años, lo que para la época era ser anciano, el dolor por la enfermedad de gota, pudo más que la capacidad para soportarlo y Rufo decidió terminar su vida. Tenía "hija, esposa, nieto, hermanas y, entre tantos seres queridos, verdaderos amigos". Parece que Rufo padecía dicha enfermedad desde hacía más de treinta años, y "en tanto su edad fue lozana, la venció y dominó con ayuno y moderación", pero no ya cuando su edad fue avanzada. Relata Plinio: "Fui a verlo cuando estaba postrado en su casa de las afueras en tiempos de Domiciano. Los criados salieron de su habitación (tenía esta costumbre siempre que entraba un amigo muy íntimo); es más, también su esposa, aunque muy capaz de guardar cualquier confidencia, se iba. Miró alrededor y dijo: '¿Por qué crees que resisto estos dolores tan intensos durante tamto tiempo? Evidentemente para sobrevivir a ese ladrón al menos un solo día'".

El "ladrón" al que se refiere Rufo -o que Plinio pone en boca de su amigo- es el emperador Domiciano, que tuvo muchos enemigos entre sus contemporáneos y sobre todo entre el círculo de amigos de Plinio. Hoy se considera que no fue tan cruel, tirano y vil como se le acusó en su época, y más bien tuvo una obra que quizá contribuyó a empezar el esplendor de los tiempos que le siguieron. "Sin embargo -continúa Plinio- el hado favoreció su deseo; una vez conseguido, como ya iba a morir tranquilo y libre rompió las ataduras de la vida, numerosas pero secundarias... Me envió su esposa Híspula a nuestro común amigo C. Geminio con un mensaje muy patético: que Corelio había decidido morir y que no se conmovía ni con sus súplicas ni con las de su hija, que solo quedaba yo, como medio de hacerle volver a la vida. Me apresuré. Había llegado a los alrededores de su casa cuando me conunica Julio Ático de parte de la propia Híspula, que ni siquiera yo iba a conseguir ya nada...". 

Y ahora viene lo más sentido de unas palabras realmente afectuosas para con el amigo: "Reflexiono de qué amigo, de qué hombre estoy privado... me aflijo por su muerte, como si fuera la de un hombre joven y muy fuerte; me aflijo, también (aunque me consideres pusilánime) por mí. Pues he perdido al testigo de mi vida, a mi guía, a mi mentor. En resumen, te diré que dije a mi amigo Calvisio llevado por la inmediata aflicción: 'Temo vivir en el mayor abandono'. Así, pues, alíviame no con estas palabras: 'era anciano, estaba enfermo' (pues esto ya lo sé), sino con otras nuevas, pero intensas, que no haya escuchado nunca, que no haya leído nunca. Pues las que he escuchado, las que he leído acuden a mí espontáneamente, pero las doblega aflicción tan intensa".

En la ciudad de Como nació Plinio el Joven

Un espejo en los momentos de ira

"El grito" de Oswaldo Guayasamín
Municio Fundano, cónsul suffecto en el año 107 en la Roma imperial; procónsul en Asia entre 122 y 123, hombre versado en filosofía, amigo de Plinio, Plutarco y Tácito, dejó dicho (o así lo recoge Plutarco en "Sobre el refrenamiento de la ira") lo siguiente: 

En cuanto a mí, si tuviera un servidor mesurado y con ingenio, no me disgustaría si me trajera un espejo en mis momentos de ira, a la manera que se suele presentar a algunas personas, sin provecho alguno, después de bañarse. Pues el verse a sí mismo en un estado contrario al natural y completamente alterado, no es cosa pequeña para desacreditar esta pasión. 
El texto, creo yo, es excelente: sinceridad, ironía, certeza, burla incluso, se amalgaman para una gran lección moral. El servidor, para Fundado, ha de ser mesurado y con ingenio, pues ¿quien admite a un subordinado que le presente ante un espejo en el momento culminante de su ira? En vez de mirarse al espejo tras el baño -como harían muchos presumidos y estúpidos romanos- bueno sería, dice Fundano, que se mirasen cuando se enfadan sobremanera, pues así tendrían ocasión de ver lo ridículos que resultan (que resultamos todos los que caemos con alguna frecuencia en el vicio de la ira). "No es cosa pequeña -dice nuestro hombre- para desacreditar esta pasión". ¡Cuanta sabiduraía en tan pocas palabras!".
(La ilustración del principio forma parte de la serie "La edad de la ira", del autor citado).

jueves, 19 de enero de 2012

Los nasamones

Moneda antigua egipcia

 Heródoto nos ha dejado testimonio de la existencia de un pueblo que él llama nasamones, originario de Libia (no necesariamente restringidos a la Libia actual) que realizaban viajes frecuentes como consecuencia de su vida nómada. Eran ante todo ganaderos, actividad más propia de los nómadas, pues la agricultura exige un asentamiento en el terreno. Heródoto nos habla en el siglo V, por lo que la agricultura ya se había extendido sobradamente por muchas latitudes. En la antigüedad, no obstante, las zonas fértiles del norte de África estarían limitadas a las franjas costeras, hasta que el genio romano puso en valor terrenos antes no trabajados. 

La pesca, la recolección de dátiles y el aprovechamiento de los grandes palmerales, segun Heródoto, estaban relacionados con los nasamones. También el historiador griego nos habla de la guerra entre dicho pueblo y sus vecinos, o entre ellos. El comercio también tuvo lugar entre los habitantes del norte de África en el siglo V antes de Cristo, pero su valor era muy reducido, hablándonos Heródodo del "comercio mudo", consistente en exponer los objetos en un lugar para que cada uno cogiese lo que quisiera, siempre que hubiese puesto también otros objetos. No estoy seguro de que esto sea del todo cierto como lo cuenta Heródoto, pero puede haber ocurrido que los objetos intercambiados de esta manera tuviesen tan poco valor que no habría temor a intercambios desventajosos para unos y lo contrario para otros. Esto es oscuro, porque los nasamones tuvieron que conocer la moneda de manos de, por lo menos, egipcios y griegos. ¿Darían el mismo valor a esas piezas que los pueblos más desarrollados? No lo parece.

Galicia non estaba illada

Principais vias romanas en Gallaecia
Tradicionalmente tense dito que Galicia é unha rexión periférica no conxunto da península Ibérica, tamén en relación a Europa; que é unha rexión montañosa, aínda que as súas montañas sexan vellas e estean desgastadas pola erosión, e esas eran as causas do seu illamento respecto doutras rexións peninsulares. Durante o período suevo Galicia foi o centro dun reino que tiña en Brácara e Lucus os seus centros máis importantes, pero séculos tan remotos non permiten falar de desenvolvemento. Durante a idade media Galicia foi o centro político en varias ocasións, sobre todo durante os reinados de Afonso VII, Fernando II e Afonso IX, pero si é certo que outras rexións máis próximas á meseta concentraron a atención da Corte: León particularmente e máis tarde as cidades casteláns; a partir do século XVI a atención se centra en Andalucía. En canto a antiga Coroa de Aragón, as cidades costeiras mediterráneas cobraron pulo a partir do século XIII.

Estas concepcións tiveron a Galicia illada en canto a comunicacións, de forma que comerciar ou viaxar entre a meseta e o Finis Terrae non foi doado. Pero antes, en época romana, Galicia estivo ben comunicada co norte da meseta, co centro da península e co sur, neste caso mediante unhas vías que desde Brácara conducían o Algarve. O itinerario de Antonino, redactado a principios do século III da nosa era, constata as comunicacións de Galicia (entre outras rexións do Imperio romano) con outras rexións. A vía XVIII, tamén chamada "vía Nova", comunicaba Brácara con Astúrica (Astorga) pasando por Gerês, Baños de Río Caldo, en Lobios, Sandiás, Allariz, Trives, Petín, Pieros, Bembibre e o alto do Manzanal. Atravesaba un territorio abrupto, non só na fronteira actual entre Portugal e Galicia, senón nos límites das actuais provincias de Ourense con Lugo e desta con León. 

A vía XIX xa existía a principios do século I da nosa era, e unía tamén Brácara e Astúrica, pero dando unha volta máis longa para pasar por Lucus. Nesta ruta había varias "mansiones" ou lugares de descanso lonxe das cidades (escasas na época) para as persoas e animais; unha en Ponte de Lima e outra en Turoqua (na ribeira sur do Lérez, en Pontevedra). Esta vía se cruzaba en Pieros (localidade preto de Cacabelos, na actual provincia de León) coa XVIII.

A vía XX pasaba cercana á costa (per loca marítima) entrando por Caminha, A Garda, Baiona, Vigo e, por Cesures a Santiago, para desviarse a Barbanza, Brigantium, Rábade, Outeiro de Rei, Lucus e Astúrica (obviamente, algúns dos topónimos que usamos aquí non existían na época). Galicia tamén estaba estaba comunicada -segundo Patricia Argüelles- coa cornixa cantábrica, sendo esta unha zona de vales encaixados, altas montañas e afastada dos centros de decisión romanos; non obstante existir importantes minas de ouro na parte occidental, lindando con Galicia. Polo tanto a antiga Gallecia, contaba cunha infraestrutura viaria en época romano-imperial polo sur, en diagonal desde o golfo Ártabro ata Astúrica e pola costa occidental. Os comerciantes, os funcionarios, as lexións, pudiereon desprazarse por Gallaecia con relativa facilidade; a explotación mineira, a comunicación entre as cidades e outros núcleos de poboación, foi posible entón.

Chama a atención que séculos de grande prosperidade para a monarquía española a partir do XVI, de grandes ideas ilustradas no XVIII e durante case todo o século XIX, Galicia estivese illada do resto de España: pouco dí dos gobernantes con respecto a unha terra certamente periférica, pero tamén pouco dí das oligarquías locais, que preferiron claudicar da súa misión e se acomodaron na Corte, ou nas cidades casteláns, centros importantes ata o século XVIII. (Abaixo, busto de Caracalla, durante cuxo reinado se redactou o Itinerario de Antonino).


"De la tabla estadística al mapa"

El resumen que hago aquí es resultado de un artículo publicado por Francisco Quiñonero, profesor de Instituto en San Vicente de Raspeig (Alicante). El tema trata sobre las dificultades de los alumnos para pasar a un mapa temático datos proporcionados en tablas estadísticas. 

Explica el citado profesor que la investigación que llevó a cabo "se concretó en el análisis de los mapas realizados por 62 alumnos procedentes de centros de enseñanza secundaria (públicos y concertados) de diferentes localidades de la provincia de Alicante, presentados a la prueba de geografía de España en las PAU de septiembre de 2006". La prueba consistía en que el alumno representase cartográficamente en un mapa que se le adjuntaba, los datos de precipitación media por cuenca hidrográfica registrados entre 1995 y 2002. Otro ejercicio consistía en que, utilizando unos datos estadísticos, el alumno elaborase en otro documento que se le facilitaba, un mapa con la distribución actual del empleo en España.

Los resultados a que llevó la investigación fueron los siguientes: la mayoría del alumnado no tiene asumido que un mapa debe llevar siempre un título; los alumnos no siempre utilizan tramas; las tramas seleccionadas no favorecen la comprensión del mapa elaborado; los alumnos no suelen preocuparse por trazar de manera regular las tramas representadas. El profesor citado aporta en su artículo una serie de normas básicas para orientar a los alumnos a elaborar mapas de coropletas. Facilita a continuación el siguiente enlace: www.histogeoart.uji.es/Selectividad/inicio_selectividad.htm:

miércoles, 18 de enero de 2012

El viaje de Odiseo


Homero, o quien haya sido el compilador de las leyendas de una de las obras más hermosas de la antigüedad, habla de Odiseo como de un hombre verdaderamente excepcional. Siendo rey de Ítaca, isla al oeste de Grecia, se pasa nada menos que diez años luchando en Troya y, cuando intenta regresar a su tierra, otros diez años vagando por el Mediterráneo. 

El cíclope Polifemo
Odiseo está citado en fuentes más antiguas que la Ilíada y la Odisea, pero aquí nos interesa el viaje que hizo, según Homero, a comienzos del siglo XII antes de Cristo, una vez finalizada la guerra de Troya o tal vez algo antes de que finalizase la misma. Su nave, en la que iba acompañado de otros personajes, se desvía hacia el norte, desde Troya, arribando al país de los cicone, un pueblo de la costa tracia, donde Odiseo y los suyos se entregaron al saqueo, probablemente influídos por la costumbre de la guerra troyana (si es que tal existió). Luego, siempre en busca de Ítaca, se adentran en el Egeo y lo atraviesan por entre el Peloponeso y Creta, siguiendo en dirección oeste hasta llegar a la isla de los cíclopes, al este del actual Túnez, donde tuvieron que vérselas con unos gigantes que tenían un solo ojo. No cabe duda de que se habían alejado de Ítaca, pero el destino parecía querer jugar una mala pasada a Odiseo y sus acompañantes, por lo que emprendieron viaje a Sicilia, aunque arribaron a la isla de los eolos (al norte) donde experimentaron la influencia de varios vientos. De aquí a la costa toscana en Italia y luego a la costa oeste de Córcega. Parece que el autor del relato quisiera complicarle la vida a Odiseo, pues su vagar no hace más que alejarle y acercarle, pero más lo primero, de la isla de Ítaca. (Arriba, fresco de Anibal Carracci en el palacio Farnesio, donde el cíclope, enfurecido por los celos, lanza una gran piedra a Acis, pastor preferido por Galatea).

De Córcega la nave va a la Liguria para volver al oeste de Córcega y luego a unas islas al sur de Sicilia; pasando por el estrecho de Mesina, de nuevo aparecen los perdidos navegantes en una isla al este de Túnez donde permanecerán nada menos que siete años (necesario porque la geografía marítima se agotaba, a no ser que el autor optase por alejar aún más a Odiseo y sus amigos). De allí salen, sin rumbo no seguro, hacia el Épiro, deplazándose luego al sur, próximos a la costa, hasta llegar por fin a la isla de Ítaca. Gran epopeya de un viaje apasionante, llego de aventuras, de fantasías, de poesía, de riesgos, de miserias y excelencias, donde se puede ver mucho de la naturaleza humana.

Realidad geográfica y ficción poética se mezclan en el viaje de Odiseo y en toda la obra de Homero: cuando los pilios de la costa oeste del Peloponeso sacrificaban toros negros, cuando del viento Bóreas, procedente del norte y frío provocó una tempestad, cuando se relata la lejanía de Citera (próxima, sin embargo, a Ítaca) o las penalidades en el Ponto, cuando se describe la tierra de los lotógrafos, donde todo visitante pierde la memoria; se habla de Calipso, hija de un titán, como "engañosa" y de "lindas trenzas", y de Escila, antes ninfa, ahora monstruo,"que aúlla, que da miedo".

¿Es el viaje de Odiseo una metáfora de la vida, llena de sorpresas, desgracias, peligros, triunfos y alegrías? En todo caso el final es feliz, porque por fin se llega a la tierra amada, a una felicidad que Homero no nos asegura, como no estamos seguros nosotros tampoco que después de nuestra vida haya una eterna felicidad de la que se nos ha hablado.


¿Como medir el tiempo por la noche? (para alumnos)


 A lo largo de la historia el ser humano se las ha ingeniado para saber en que lugar está (orientarse) o en que momento del día o de la noche se encuentra. De día fue relativamente fácil, sobre todo en las antiguas civilizaciones que surgieron en zonas meridionales, como la egipcia y la mesopotámica. El disco solar sale casi todos los días del año; es fácil asignarle una hora al momento de su primer resplandor y otra al momento de su ocaso. El tiempo transcurrido puede dividirse en tantas partes como se desee.

Pero ¿y por la noche, cuando el sol no brilla? Los antiguos egipcios inventaron relojes de agua que luego se llamaron clepsidras: consisten en un recipiente en forma de cono invertido que está graduado de arriba a abajo, de forma que, lleno de agua, se la deja salir a un ritmo constante y determinado por su parte inferior, que se deposita en otro recipiente (que también puede estar graduado). Asi se sabe si se está a una hora temprana de la noche (si hay mucha agua en el cono invertido) o si está pronta la hora del amanecer (si hay poca agua en el cono).

Otras civilizaciones posteriores se valieron de estos relojes de agua, como en Atenas y en Roma, sobre todo, en este último caso, para medir el tiempo que debía durar una guardia en un campamento militar.

martes, 17 de enero de 2012

"Siendo en mudar formas más pronto que el camaleón"


Cuenta Plutarco sobre Alcibíades, el gran general ateniense, que en cierta ocasión "renunciando del todo a su patria, escribió a Esparta", enemiga acérrima, pues en esos momentos estaba en guerra con Atenas. Los espartanos lo rebieron bien, "recibido benignamente" dice el autor citado. Enseguida se puso Alcibíades manos a la obra para aupar militarmente a Esparta (el general estaba siendo objeto de juicio en Atenas) haciendo amurallar Decelea, "que fue lo que más perjudicó y contribuyó a la ruina de Atenas". Sigue Plutarco diciendo de Alcibíades que "entre las muchas habilidades que tenía era como única... la de asemejarse o identificarse en sus afectos con toda especie de instituciones y costumbres, siendo en mudar formas más pronto que el camaleón...: así, en Esparta, era dado a los ejercicios del gimnasio, sobrio y severo; en la Jonia voluptuoso, jovial y sosegado; en la Tracia bebedor y buen jinete; y al lado del sátrapa Tisafermes excedía su lujo y opulencia a la pompa persa". 

Algunos en la actualidad (y en todo momento: no nos engañemos) tienen buen parecido con ese camaleónico atributo de Alcibíades. El actual ministro de Justicia, que fue antaño Secretario de su partido con un tal Hernández Mancha, no tuvo inconveniente en traicionarlo cuando vió que los vientos corrían en otra dirección. Le salió bien y prosperó; luego se cobijó bajo el ala de un Presidente de gobierno al que no nombro por considerarlo innombrable, pero el que ahora es ministro de Justicia no dijo ni "mu" cuando el innombrable metió a España en una guerra ilegal e injusta, con el único objetivo de prosperar personalmente. El ministro se prodigó en elogios, siempre que fue necesario a sus ambiciones al recientemente fallecido prócer de la derecha española, y ahora ha dicho que él no sería nada sin dicho prócer, haciendo que no sabe que este fue colaborador estrechísimo de la dictadura franquista durante venticinco años. El ministro de Justicia no debe de saber que aquel régimen oprobioso fue antijurídico, no respetó los derechos humanos... pero si lo sabe poco le importa; a él le interesa más aventajar en "camaloneo" al viejo Alcibíades.


Mesa del Rey

El río Rumblar, cercano a Mesa del Rey
Algo más al norte de Linares (Jaén) a la izquierda de la carretera que hoy conduce hasta Toledo, se encuentra Mesa del Rey, en una de las estribaciones de Sierra Morena, al norte del alto valle del Guadalquivir. El paisaje es algo quebrado y con vegetación, constrastando con las tierras algo más bajas del valle. En Mesa del Rey se apostaron las tropas cristianas que, en el mes de julio de 1212, se enfrentarían con las musulmanas almohades, en una feroz batalla que se ha conocido por la de las Navas de Tolosa, población cercana. 

Algo más al sur estaba el campamento del jefe almohade, Muhammad An-Nasir, que los cristianos conocieron como Miramamolín. Diecisiete años antes había tenido lugar, más al norte, la batalla de Alarcos, favorable a los musulmanes, lo que hacía temer un freno en el avance hacia el sur de los reinos cristianos, ya convencidos sus reyes y generales de que la hegemonía musulmana en la mitad sur de la península estaba cercana a su fin. 

El día de la batalla, como los anteriores, fue caluroso. Los preparativos habían sido minuciosos, pues la corte del rey castellano Alfonso VIII, había buscado la colaboración del arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada, y del papa Inocencio III, que había convencido a cruzados europeos de allende los Pirineos, sobre todo franceses, para que se sumasen el ejército cristiano. También algunos ejércitos concejiles participaron en la batalla tras los éxitos que habían cosechado desde la centuria anterior. La caballería villana había mantenido la independencia de las ciudades y poblaciones castellanas ante la amenaza musulamna, si bien esta nunca pasó de la región de los montes de Toledo. Llama la atención la participación de caballeros de la actual provincia de Soria: San Esteban de Gozmaz, Medinaceli y Almazán, lo que no es extraño, porque en Medinaceli había estado el centro de una de las fronteras con los musulmanes en tiempos pasados. 

Aliados del rey castellano fueron el portugués Alfonso II, Sancho VII de Navarra y Pedro II de Aragón, que colaboró con almogávares o mercenarios de rudo guerrear y que tendrían gran importancia en los dos siglos venideros, participando activamente en varios puntos del Mediterráneo. Los monjes-soldados también participaron: órdenes de Calatraba, San Lázaro de Jerusalén, San Juan de Malta y de Santiago, e incluso algunos obispos franceses al sur de España se deplazaron con sus mesnadas, particularmente el de Narbona. El rey leonés no participó, ni personalmente ni por medio de su ejército regular, pero sí fueron aleccionados guerreros del norte (gallegos y asturianos) que participaron como voluntarios. El ejército al servicio de Alfonso VIII de Castilla debió ser verdaderamente formidable, animado por clérigos de toda condición y espoleados por la venganza tras la negativa batalla de Alarcos una generación anterior. 

Miramamolín comandó a esclavos del Senegal que, según las fuentes, guerreaban encadenados, lo que les hacía ser más fieros si querían salvar sus vidas; almohades norteafricanos y los que se habían afincado en la península, turcos (no los otomanos posteriores), soldados andalusíes y musulmanes reclutados en el Atlas marroquí. También aquí participó el clero con su labor legitimadora: alfaquíes y ulemas leían los versículos del Corán donde se justificaba la guerra, aleccionaban a las tropas, les animaban ante un futuro de victoria o muerte para ganar la gloria y felicidad eternas. El número total de guerreros debió de ser también imponente. 

La batalla duró un solo día, pero la refriega fue realmente cruel. No parece que hubiese un especial orden; más bien cabe pensar que cada ejército (mixtificado en ambos bandos) hizo lo que pudo por su parte, para garantizarse lo mejor del botín que no fue poco en favor de los combatientes cristianos. Hoy, al norte, está el desfiladero de Despeñaperros, paso obligado por la zona para entrar en La Mancha. Muy cerca está la villa de colonización que lleva el nombre de La Carolina, y más cerca todavía el pueblo que da nombre a la batalla. El campo de lucha está hoy surcado por varios caminos forestales, el paisaje es vistoso, con los riachuelos que van a formar el Rumblar, desaguando éste en el Guadalquivir. Cerca están los pueblos de Almuradiel, Viso del Marqués, Castellar de Santiago y Santa Cruz de Mudela, todos al norte del lugar de la batalla.

Paisajes de Mesa del Rey

A 200 años de la primera Constitución española (3)

En el artículo 23 se señala que solo los ciudadanos podrán obtener empleos municipales, y elegir para ellos en los casos señalados en la ley. Pero también se podía perder la condición de ciudadano: por nacionalizarse en país extrajero, por admitir empleo de otro Gobierno, por sentencia si no se obtiene rehabilitación y por haber residido cinco años consecutivos fuera del territorio español sin comisión o licencia del Gobierno. Salvo esto último -que hoy no se comprendería- los demás supuestos de inhabilitación son lógicos.

La minuciosidad con que la Constitución de Cádiz trata todos los temas hace que se distinga la pérdida de la condición de ciudadano (ya vista) de la "suspensión". Este último caso se puede dar por interdicción judicial que valore incapacidad física o moral; por el estado de deudor quebrado o de deudor a los caudales públicos; por el estado de sirviente doméstico; por no tener empleo, oficio o modo de vivir conocido; por hallarse procesado criminalmente y "desde el año de mil ochocientos treinta deberán saber leer y escribir los que de nuevo entren en el ejercicio de los derechos de ciudadano". Que perder la capacidad física lleve consigo la suspensión como ciudadano no deja de sorprender, y muy severa es la previsión de perder dicha condición por el hecho de tener deudas o por ser sirviente doméstido (está claro quien está redactando la Constitución), así como hoy nos sorprende que se suspendiera la condición de ciudadano por estar sin empleo. El legislador es previsor y, sabiendo el atraso cultural del país, difiere al año 1830 la obligación de saber leer y escribir para ser ciudadano.

Una mesa electoral de la época
El Título III se refiere a las Cortes, señalándose que éstas son la reunión de todos los diputados que representan a la Nación, "nombrados por los ciudadanos en la forma que se dirá". Sabido es que en la propia Constitución se establecerá el sistema electoral, lo que en la actualidad se remite a una ley orgánica posterior. Se vuelve a insistir en que la representación nacional "es la misma en ambos hemisferios" por el deseo y convicción de que América seguiría en poder de España. Los que pueden participar en las elecciones son los definidos como españoles y los que hubieren obtenido carta de ciudadanos por las Cortes, así como los comprendidos en el artículo 21: "hijos legítimos de los extranjeros domiciliados en España...".

El censo que regiría en las elecciones será el de Godoy (1797), "hasta que pueda hacerse otro nuevo", quedando pendiente el censo para la población de ultramar. Por cada 70.000 "almas" habrá un diputado en Cortes. Si una vez hecho el reparto por provincias, en alguna se diese un exceso de población de más de 35.000 almas, se elegirá un diputado más, no siendo así de lo contrario. Si alguna provincia no llegase a tener 70.000 almas, pero sí a 60.000 elegirá un diputado; de no ser así se unirá a la inmediata para completar el número de habitantes requerido. Se exceptúa de esto la isla de Santo Domingo, que nombrará diputado cualquiera que sea su población. 

Como es sabido, el sistema de eleción de diputados fue el sufragio universal masculino e indirecto en cuarto grado: en las juntas electorales de parroquia se elegirían a unos ciudadanos para que éstos formasen parte de las juntas electorales de partidos, que a su vez elegirían a los miembros de las juntas electorales de cada provincia. Estos últimos serían los que elegirían a los diputados en Cortes. Estaban incluidos los eclesiásticos seculares (pero no los regulares: sabida es la idea ilustrada sobre la inutilidad del clero regular). Las juntas electorales se celebrarían siempre el primer domingo del mes de octubre del año anterior al de celebración de las Cortes, menos en las provincias de ultramar, que se celebrarían el primer domingo del mes de diciembre, "quince meses antes de la celebración de las Cortes". 

En las juntas de parroquia se nombraría un elector por cada doscientos vecinos; si el número de vecinos excede el de 300 y no llega a 400 se nombrarían dos electores; si excediese el de 500, aunque no llegase a 600 se nombrarían 3 electores, y así "progresivamente". Es asombroso el trabajo de los diputados de Cádiz para la poca vigencia que tuvo la Constitución de 1812, lo que hace todavía más dramática la historia de España en esa época. (Abajo, Ramón Lázaro de Dou y de Bassols, primer presidente de las Cortes de Cádiz).







domingo, 15 de enero de 2012

La enseñanza en una pequeña ciudad (y 2)

En 1865 el número de matriculados fue de 199, de los cuales 124 tuvieron que repetir curso, lo que habla de la dureza de estos estudios. En el año 1864 habían tenido que hacerlo 139 de un total de 214 matriculados (el 64,9%). Pero este Instituto de los años 1860 no es el de los comienzos. Al inicio sólo se impartían enseñanzas de Historia, Geografía, Matemáticas, Historia natural, Física, Química y Dibujo.

El coste a cargo de la Diputación pasó por momentos de dificultad hasta que durante quince años incluso se amplía con un internado (1867-1882). En 1878 se crean, ajenas al Instituto, una escuela de náutica y otra de comercio, producto de la mentalidad práctica y positivista que se va imponiendo en la época. Lo mismo ocurre en otras poblaciones; por ejemplo Vigo, que está viendo cómo se desarrolla su Escuela de Artes y Oficios. Es a comienzos del siglo XX cuando el Instituto se traslada a un edificio ya construído por el Estado (que luego sería ocupado por la Delegación de Educación).

Lo cierto es que durante el siglo XIX el Instituto consiguió éxitos notables, al pasar por sus aulas un número de alumnos relativamente importante con un aprovechamiento nada rechazable. En las últimas décadas del siglo XIX esta enseñanza oficial tendrá que medirse con las ideas de aquella otra que fue la Institucion Libre de Enseñanza, la cual también tuvo una modesta representación en Pontevedra. En las aulas del Instituto impartieron clases personas que luego quedarían unidas para siempre a Pontevedra: Jesús Muruais, José Benito Amado y José Casal son algunos de los ejemplos que podemos citar. Además se contó, ya tempranamente, con colecciones de minerales, de numismática, biblioteca y una colección zoológica.

Mayor interés tiene constatar el sistema educativo: a partir de las "memorias" y otras fuentes como lo que sabemos de Federico Sáiz (1985), que distingue tres períodos: el primero influido por el moderantismo; el segundo iría hasta 1868 con un cierto "repliegue neocatólico" y un tercero con mayor libertad incluso en el período restauracionista (véase la obra de A. Viñao, 1982). Es interesante observar como desde las filas liberales (moderadas) se establecen unos criterios que hoy nos chocan  por su intervencionismo. En la exposición preliminar del plan Pidal (1845) se dice: la enseñanza de la juventud no es mencancía que pueda dejarse entregada a la doctrina de los especuladores.

El Instituto no es el único centro educativo que se crea en el siglo XIX en Pontevedra. La Escuela Normal de Magisterio se establece en 1840, instalándose en el Colegio de los Jesuítas. La Diputación provincial corrió con la fundación de la Escuela de Maestras, establecida en 1860. También una Escuela de Artes y Oficios, cuyo coste asumió la Diputación y, en general, hubo una efervescencia en materia educativa y cultural de la mano de republicanos, masones, liberales e institucionistas. Aquí incidieron Montero Ríos y Eduardo Vincenti, junto con el institucionista Federico Sáiz Sánchez, que fue profesor de la Escuela Normal durante diecisiete años. Este es autor de unos "Principios de Educación" y de programas sobre la enseñanza de la Geogafía, la Historia y la Lengua; secretario, en 1882, de la Sociedad de Juegos Florales de Pontevedra, pero no aparece ya en el Congreso Pedagógico de 1887 porque había muerto poco antes. Según Couceiro Freijomil la obra de su alumno Enrique García, "Cartas a Federico Sáiz", es uno de los testimonios de la labor pedagógica de mayor relevancia en la Galicia de la época.

Busto de Eduardo Vincenti
El Congreso Pedagógico citado es eco del celebrado en Madrid en 1882, organizado aquel por la Asociación Pedagógica de Maestros de la ciudad. Tuvo por presidente a Victoriano Encinas y se celebró en la sede de la Diputación provincial, asistiendo el propio Montero Ríos, que en su discurso defendió la enseñanza laica y religiosa (pero no confeional). Otros asistentes al congreso pontevedrés fueron Eduardo Vincenti, Enrique García, Antonio Berridi, Eduardo Pesqueira, José R. Cobas y Manuel Martínez.

En 1897 se celebró en la ciudad un Certamen Pedagógico convocado por el periódico El Noticiero Gallego. La higiene escolar, la atención al magisterio y sus sueldos, la dotación a las escuelas, la renovación de los métodos pedagógicos (de Froebel y de Montesino) son los temas de preferente atención por parte de auquellos entusiastas de finales de siglo. En 1894 se había celebrado una Asamblea y Exposición Escolar en la ciudad sobre temas educativos, pero contra todo esto clamaba el tradicionalismo católico, sobre todo a partir de sus publicistas, los obispos de Tui y de Santiago. La Iglesia se rearmaba contra la avalancha laica que se le venía encima.

sábado, 14 de enero de 2012

"Atrasado para la virtud"


Como el hierro, pues, ablandado por el fuego, después con el frío vuelve a comprimirse, y sus partes se aprietan entre sí, de la misma manera cuantas veces Alcibíades disipado por el lujo y la vanidad volvía a las manos de Sócrates, conteniéndole éste y refrenándole con sus razones, le hacía sumiso y moderado, reconociendo que estaba todavía muy falto y atrasado para la virtud. ¡Cuantos, hoy, necesitarían un Sócrates!

El mismo Alcibíades quiso en una ocasión visitar a Pericles, y llamó a su puerta; mas se le informó que no se hallaba desocupado, sino que estaba viendo cómo dar cuentas a los atenienses; y entonces se retiró diciendo: "¿Pues no sería mejor ocuparse en ver cómo no darlas?". ¡Esto último hacen muchos irresponsables hoy! 

Tenía un perro [Alcibíades] celebrado de grande y hermoso, el que había comprado en setenta minas, y fue y le cortó la cola, que era bellísima. Reprendiéronselo sus amigos, diciéndole que todos le roían y vituperaban por lo hecho con el perro; y él, riéndose, "eso es, les respondió, lo que yo quiero; porque quiero que los atenienses hablen de esto, para que no digan de mí cosas peores". Muchos, hoy, aún no conociendo a Alcibíades, le imitan a maravilla.  

La Vía Nova

Mapa tomado de la Fundación Aqvinova

A partir de los años finales del siglo I de nuestra era podían los soldados y los comerciantes, viajeros y caballerías, discurrir por la Vía Nova, construida entre los años 79 y 80 y que consta formando parte de la vía XVIII del Itinerario de Antonino, realizado a principios del siglo III de nuestra era. 

Miliario romano de la Vía Nova
La Vía Nova era la que unía Brácara con Astúrica a su paso por la actual provincia de Ourense, a lo largo de la cual se establecieron una serie de mansiones o edificios donde se podía descansar, comer, repostar los animales, antes de seguir camino. Se conoce la existencia de las mansiones Salaniana (en el alto Homen), Aquis Originis (Baños de Río Caldo), Aquis Querquennis (Bande), Geminas (Sandianes), Salientibus (Xinzo da Costa, Maceda), Praesidium (O Burgo), Nemetrobiga (entre Puebla de Trives y Larouco), Foro (Valdeorras), Gemestario (Portela de Aguiar), Bergidum (Cacabelos) e Interannium Flavium (San Román de Bembibre). 

Desde Brácara se ascendía a las Terras de Bouro, para cruzar el actual parque Peneda-Gerês y llegar a la actual provincia de Ourense por Bande, Celanova y la capital. La Vía Nova cruza aún el río Limia por la romana Ponte Pedriña, de lo que nos han quedado muchos testimonios epigráficos, sobre todo gracias a los miliarios. En total, unos 300 kilómetros desde Braga hasta Astorga.

Paraje del parque Peneda-Gerês
Ponte Pedriña (creo que hoy anegado por el embalse das Conchas)