domingo, 15 de abril de 2012

De Andrea Pisano a Lorenzo Ghiberti (1)

Un siglo separa a estos dos artistas, pero ambos trabajaron en las puertas del baptisterio de la catedral de Florencia. Pisano vivió durante la primera mitad del siglo XIV, y en su obra fue capaz de apuntar la transición entre el gusto gótico y el renacentista. Los relieves en bronce de la puerta sur del citado baptisterio ("primeras puertas") se deben e él, representando alegorías de las virtudes y escenas de la vida de Juan el Bautista.

Lorenzo Ghiberti, florentino, vivió entre el siglo XIV y el XV, pero lo más importante de su obra lo hizo en éste último. Es sabido que en 1401 participó en un concurso para decorar la puerta norte del baptisterio de la catedral de Florencia ("segundas puertas"), participando también otros artistas, entre ellos Brunelleschi, pero fue seleccionado Ghiberti. En 1425 se le encargaron los trabajos de las "terceras puertas" del baptisterio (puertas del Paraíso, serían llamadas por Miguel Ángel). 

El baptisterio es un edificio muy antiguo que sufrió modificaciones a lo largo de los siglos: el edificio octogonal es obra del siglo XI.

Relieves de Andrea Pisano
Los relieves de Pisano en esta puerta están adaptados al marco, viéndose las escenas, en ocasiones, constreñidas por él, algo muy propio del arte medieval, en el que pintura y escutura estaban en función de la arquitectura la mayor parte de las veces. En algunos casos hay una falta de proporción (por ejemplo en el bautismo de Cristo) y Pisano recurre a convencionalismos medievales, como el agua que cubre la parte inferior del cuerpo de Cristo: no está horizontal, por lo tanto no hay perspectiva. Tampoco la hay en el lecho donde se recuesta la madre de Juan, que se vuelve artificiosamente hacia el espectador. Ante la dificultad para representar la perspectiva, que será un logro del siglo XV, recurre a poner los personajes del segundo plano arriba y los del primer plano abajo, pero con igual volumen. En ocasiones la escena está acompañada de una arquitectura gótica, pero en otras ya introduce arcos de medio punto y entablamentos clásicos. Los ropajes son más bien clásicos, pero esto ya lo vemos en algunas esculturas góticas durante la baja edad media. En ocasiones el nimbo de santidad lo coloca lateralmente y no sobre la cabeza (otro convencionalismo medieval) y el paisaje es todavía muy pobre, con alguna roca o algún árbol aislado. 



Entierro del Bautista




El nacimiento de Juan el Bautista


Bustos de Cellini

Como broncista Cellini es un maestro indiscutible del cinquecento, aunque también ha esculpido en mármol y ha destacado como ofrebre. Aquí vamos a comentar dos bustos -con algunos detalles- que realizó para Cosme de Medici entre 1546-47, de 110 cm. de altura y que se encuntra en el museo del Bargello, Florencia. También el que hizo para Bindo Altoviti, un banquero romano-florentino que, enfrentado a los Medici, escapó a Roma. Mecenas, quizá culto, pero pendencieero y ambicioso como sus oponentes los Médici: este es un marco muy común en la Italia del momento. 


Cellini interpreta a Cosme como un general o emperador romano antiguo. Aunque hay diferencias, la coraza del Augusto de Prima Porta podría haberle servido de inspiración si no fuese porque dicha escultura se encontró en el siglo XIX, por lo que no sería conocida para Cellini. De conocerse en el renacimiento seguramente se habría hecho alguna copia o tendríamos noticia por parte de Vasari. 

Altivo, soberbio, con barba y cabellos al estilo romano antiguo, el modelado es muy cuidado y los relieves de la coraza entroncan al personaje con la mitología. En el centro una gorgona, aves con frutas en sus curvados picos, ancianos barbados en las hombreras. Ha esculpido cabezas de león (1) y de monstruos cornúpetas en las hombreras, con una ferocidad fuera de toda medida, prueba de que fue un artista que no estuvo dispuesto a respetar los cánones clásicos, sino que solo se inspira en la antigüedad para dar rienda suelta a su imaginación. El detalle en las barbas y cuernos, fauces y armadura muestran a un Cellini virtuosísimo con el bronce. 

Bindo Altoviti, que también fue retratado, en pintura, por Rafael, más joven e idealizado, es interpretado por Cellini como un anciano curtido por la experiencia, vestido de forma sobria pero elegante, con una profusa barba y con la cabeza ladeada para evitar el efecto de frontalidad. El modelado es muy cuidado y la textura de la superficie, sobre todo de los tejidos, muy pulida, lo que añade calidad a la obra. Es de 1549, de 105 cm. de altura y se encuentra en el museo Isabella Stewart Gardner de Boston. 

Con la mirada fija en un punto, escrutadora, Cellini parece retratar también la personalidad de Altoviti, hombre de negocios al que no debe escapársele ningún detalle sobre sus riquezas.

 

(1) ¿Se trata de alusiones a Marzoxxo, el león del heraldo florentino?

Relieves de Cellini

La ninfa de Fontainebleau

Éste relieve en bronce de 205 por 409 cm., es una obra de Cellini mientras estuvo en Francia bajo el mecenazgo del rey Francisco I. Es obra de 1542-44 y se encuentra en el museo del Louvre.

Cellini, que en otras obras tiene cierto parecido con Giambologna, presenta una obra muy variada, pues fue un importante orfebre desde joven. Florentino de nacimiento, estuvo en Siena y en Roma (aquí al servicio de los papas Clemente VII y Pablo II), luego con Cosme de Medici y fue alumno de Miguel Ángel.

Las ninfas -como es sabido- son deidades menores femeninas de la antigua Grecia, hijas de Zeus que estaban siempre en relación con la naturaleza; se trataba de jóvenes hermosas y desnudas casi siempre, muy relacionadas con los ríos y las augas en general. Así nos representa Cellini a ésta ninfa, recostada apaciblemente, muy estilizada, sin guardar ya las proporciones clásicas aunque el tema sí lo sea. El modelado es más plano que en sus esculturas en bulto redondo, y la ninfa está rodeada de animales que "salen" del bosque hacia el espectador. La cabeza del ciervo en la parte superior incluso sobresale en un acusado alto relieve. Otros animales aparecen a escala menor también muy estilizados y donde el pelaje y otros detalles han sido cuidados con el máximo esmero. 

Además Cellini parece supeditar a los animales a la presencia de la ninfa, que no se inmuta ante ellos: las fauces de los jabalíes, un conejo entre ellos, lobos jadeantes, garras y crines se amontonan en una obra claramente manierista porque ya no guarda el "orden" característico del quattrocento, sino que anuncia las abundancias del barroco. Bajo la ninfa, suaves y rizadas ondas del agua dan a todo el conjunto un aspecto mitad poético, mitad realista. 




Otro relieve en bronce es "El rescate de Andrómeda", que había sido encadenada por su padre para casarla con un monstruo y así evitar males mayores. Perseo, que se convertirá en su esposo, enamorado de ella al descubrirla así, decide rescatarla. De nuevo un mito griego sirve de inspiración a un artista del renacimiento cuando aquellos mitos estaban a flor de piel entre las clases cultas de la sociedad europea.

La joven, desnuda y estilizada, ocupa el centro de la composición, donde de forma narrativa, el autor representa escenas diversas a un tiempo. Lanzas de soldados y jinetes que se aproximan desde el fondo, dos personajes afligidos a la derecha del espectador vestidos con ropajes clásico, en acusado juego de luces y sombras, pues los plegados son muy abundantes y profundos (quizá sus padres); en lo alto Perseo que se abalanza decidido para salvar a Andrómeda, y a la izquierda el monstruo con gruesa armadura y garras, que emerge de las aguas. Contra él cae Perseo. 

Como en otras obras suyas el modelado es irregular, de forma que a personajes muy trabajados acompañan otros representados de forma muy simple, quizá porque en éste caso se representan al mismo tiempo escenas ocurridas en momentos distintos. 

Es obra de 1550, mide 82 por 90 cm. y se encuentra en el museo del Bargello de Florencia.









sábado, 14 de abril de 2012

El manierismo de Giambologna (y 3)

En la "Venus" de 1573, en mármol, parece que estamos presenciando una escultura de la antigua Grecia, donde Gianbologna tomó como modelo las diversas "Venus" saliendo o entrando en el baño. El desnudo femenino, que es tardío en la antigua Grecia, se hace en el renacimiento muy común, tanto en escultura como en pintura. La diosa se encuentra inclinada, con una de las piernas flexionadas, está representada como una mujer joven y hermosa, con los cabellos recogidos y apoyada, como en otros ejemplos antiguos. Se encuentra en los jardines de Boboli, en Florencia. Durante el neoclasicismo, composiciones como esta serán comunes.

Dos veces, que sepamos, esculpió Giambologna, "El rapto de las sabinas", aquellas mujeres que fueron secuestradas por los fundadores de la primitiva Roma según la leyenda. En el ejemplar que tenemos aquí es solo un varón el que levanta en peso a una de las mujeres sabinas, de forma muy ligera y con una composición muy abierta, en bronce, donde los desnudos no tienen el volumen que en la obra en mármol. El sentido ascensional sigue presente, como en otras obras de éste autor. El acabado, con las superficies muy pulidas, da un valor añadido a la estética de esta escultura, que mide 98 cm. y se encuentra en el Kunsthistorisches Museum de Viena. Es de 1585, mientras que la monumental en mármol de 1581-83 mide 4,10 metros y se encuentra en la Loggia di Lanzi, en Florencia. Compárese esta obra con la "Lucha de Hércules y Anteo", de Pollaiuolo.


Otro tema distinto a los que nos tiene acostumbrados Giambologna es la estatua ecuestre, en éste caso de Cósimo I de Medici, que se encuentra en la plaza de la Señoría de Florencia. De la misma forma que habían hecho Donatello y Verrocchio, como en el siglo II de nuestra era la estatua ecuestre del emperador Marco Aurelio, Giambologna representa a Cosme como un condotiero, como un caudillo victorioso. No fueron pocos los conflictos que tuvieron los Medici entre los siglos XV y XVI; se comportaron como expertos negociantes, grandes mecenas, verdaderos mafiosos en muchas ocasiones, gobernantes sin piedad con sus oponentes. Pero aquí Cosme aparece como si regresase de una victoria y, con la calma y majestad que desea para sí, aparece sobre su montura, que levanta una de las patas delanteras (como en otros ejemplos anteriores); el caballo vuelve la cabeza hacia un lado para dar mayor realismo a la escena y el jinete, poderoso y firme, parece otear la ciudad que señorea. Estas obras eran muy del gusto de personajes entregados al poder y a la guerra. Los artistas, como los humanistas en general, tendrían de ellos una opinión u otra, pero les representaban como deseaban ser vistos: como en la antigua Roma, la escultura es, en éste caso, un acto de propaganda. Es obra de entre 1587-94 y mide 4,50 metros de altura, monumentalidad que contribuye a aquel objetivo. Las crines del caballo, agitadas, no guardan ya relación con la calma del primer renacimiento.


Los trabajos de Hércules, que la literatura antigua había legado, no podían ser ignorados por los artistas, que se hacen eco de la épica casi innata a la mitología grecolatina. En éste "Hércules y el centauro", obra de 1600 (al final de la vida del autor), el héroe vence al centauro que, en un escorzo inverosímil, pone de manifiesto la maestría de Giambologna para representar lo agónico de las luchas antiguas y mitológicas: el centauro se retuerce, se resiste en vano, apenas puede apoyar sus patas, una de las cuales se dobla hasta el extremo; por todo su cuerpo sobresalen las venas y los detalles más nimios son representados: las pezuñas, los cabellos, las musculaturas; parece que viéramos el esfuerzo de los dos seres; más tranquilo y solmene el de Hércules, porque es el elegido para la vitoria; más doliente el del centauro. 

Quizá con esta obra Giambologna haya alcanzado la perfección, el máximo que un artista pueda dar, el ejemplo más sobresaliente de aquel espíritu helenístico que el flamenco educado en Italia supo captar magistralmente. 


El manierismo de Giambologna (2)

Esta postura caprichosa y "amanerada" del dios Apolo es muy propia de la época helenística del mundo griego (la última de las tres etapas en dicha civilización) y Giambologna la adopta para esta figura en bronce que se encuentra en el Palacio Vecchio de Florencia. El dios está en fuerte contraposto, pues la cabeza gira violentamente hacia su izquierda mientras que sus brazos lo hacen en dirección opuesta. La inflexión acusadísima de la cadera y de las piernas supera todo lo que había hecho Parxíteles en el siglo IV antes de Cristo. El desnudo, la cuidada anatomía, el modelado muy movido, nos recuerdan a aquella época del mundo griego antiguo. Apoyado, el dios parece observar algo como un simple mortal, metáfora de que los dioses, en el mundo grecolatino, padecían las mismas pasiones y costumbres que los hombres y eran representados como tales. 


Pero si alguna vez Giambologna ha llevado su imaginación al extremo, hasta el punto de que tal obra no parece de su siglo, es en esta composición alusiva a los montes Apeninos sobre la misma roca, con lava y ladrillo, de 10 metros de altura. Aquí no hay medida humana ni proporción; no hay ya "respeto" por el gusto clásico; hay una superación del mismo. De la misma forma que Miguel Ángel, agotado por las formas clásicas y por sus "piedades" idealizadas, llegó a la "Rondanini" y a sus "esclavos" a medio devastar, Giambologna da rienda suelta a su libertad creativa; no hay aquí norma alguna, se trata de una obra singular y quizá irrepetible, que sitúa a éste autor anticipándose a su tiempo. 

Un viejo con los cabellos, las cejas y las barbas, la piel incluso, formadas por trozos deformes de lava, pensativo, clavada toda su anatomía en lo que parece un paisaje. Quizá Giambologna ha pretendido representar con esta obra lo abrupto de los Apeninos, esa espina dorsal que atravisa casi toda Italia de norte a sur. Es obra de 1570 y mide 10 metros. Se encuentra en el jardín de la Villa Medici en Pratolino (Vaglia).


En cambio el "Perseo" muestra una estética contraria, obra realizada solo seis años más tarde, en mármol, para decorar los jardines Boboli en Florencia. El joven animoso sobre un caballo que levanta sus patas delanteras, en movimiento fulgurante. Uno de los episodios de la "vida" de Perseo le hacen ir en busca del casco de Hades, que vuelven invisible a quien lo lleve puesto (¿es el regreso victorioso del semidiós lo que representa aquí nuestro autor?). Formando parte de una fuente en los jardines Boboli de Florencia, la obra no tiene nada que ver con la anterior: de nuevo la idealización, la belleza y el culto a la antigüedad clásica.


El manierismo de Giambologna (1)

Es conocido como Juan de Bolonia, pero lo cierto es que había nacido en Flandes y se afincó a mediados del siglo XVI en Roma, donde estudió muchas obras de la antigüedad clásica. Su obra tiene cierto parecido -en cuanto a la estilización de las figuras y el gusto por la elegancia y la artificiosidad- con la de Benvenuto Cellini, también inscrito en el manierismo del cinquecento italiano. Los materiales utilizados por Giambologna son mármol y bronce, como en la antigüedad, y aunque se distingue claramente de la obra de Miguel Ángel estuvo influido por él. 

Estuvo bajo el mecenazgo del papa Pío IV, y luego en Florencia con los Medici (Cosme), influyendo mucho en su aceptación Vasari. En Florencia estuvo desde 1553, y aquí ha dejado buena parte de su obra. 

Los temas mitológicos y las alegorías son sus preferidos: Mercurio, Perseo, Neptuno, Apolo, Océano, Venus... Algunas de sus obras fueron concebidas para ser expuestas al aire libre, en jardines palaciegos o en plazas urbanas. Esto último tiene mucha relación con las preferencias urbanísticas de la arquitectura renacentista, de lo que eran complemento las fuentes y las estatuas. 

Entre sus obras no encontramos retratos ni realidades, sino una desbordante imaginación bajo el influjo de la estética antigua, siendo las texturas y los acabados de sus obras muy "perfectos". "Mercurio", obra en bronce, fue realizada entre 1563-64, encontrándose en el Museo Cívico de Bolonia:


En esta obra la extrema estilización y la anatomía desnuda, buscan la belleza abstracta de los antiguos griegos. Como Mercurio era el dios del comercio, pero también mensajero, se le solía representar con alas en los pies, pero no en esta ocasión (se corresponde con el Hermes griego). Puede compararse con otro "Mercurio" suyo, de 1,8 metros de altura, obra de 1580 en bronce que se encuentra en el Bargello de Florencia: en éste caso los pies del dios están alados y porta un caduceo.

En su "Fuente de Neptuno", correspondiendo a Giambologna la colosal estatua de Neptuno de 3,35 m. de altura, en bronce, nos muestra una anatomía poderosa, miguelangelesca, con una composición muy abierta, el movimento mediante un contraposto (la cabeza gira en dirección opuesta al brazo adelantado) y mediante la flexión de la pierna que pisotea a un monstruo marino, mientras que sobre la otra recae el peso de todo el cuerpo. Se encuentra en la plaza Mayor de Bolonia. 



En el "Triunfo de la virtud sobre el vicio", obra de 1564 en mármol, vemos el carácter agónico de la escultura griega, particularmente en el vicio, representado en un escorzo violento. La virtud es una joven mujer desnuda que, sin embargo, parece no acusar esfuerzo alguno. Un animal nauseabundo bajo el "vicio" completa la composición piramidal, donde el vértice superior está en la cabeza de la "virtud". Las partes se ciñen al espacio de la "pirámide", mostrando la poderosa anatomía de la figura inferior y la rotunda conformación de la superior. Se encuentra en el Palacio Vecchio, Florencia. 

La cantoría de della Robbia


La cantoría de la catedral de Florencia culmina una serie de obras en dicho edificio, donde trabajaron artistas tan importantes como Giotto, Brunelleschi y, ahora, Luca della Robbia, perteneciente a una familia de tintoreros florentinos (él nació en 1400, aunque según Vasari bastante antes). Él, su hermano y sus sobrinos constituyen un conjunto de escultores y ceramistas de los más importantes del quattrocento italiano. 

Cinco grandes ménsulas sostienen las escenas bajo la cantoría propiamente dicha. Sobre estas ménsulas se corresponden parejas de pilastras clásicas que separan otras tantas escenas, además de las laterales, donde unos niños, en actitudes muy variadas y movidas, cantan los himnos religiosos. La separación entre el cuerpo inferior y el superior y el remate de éste último, son sendas estructuras arquitrabadas, como era el gusto del renacimiento por imitación de la antigüedad clásica. Toda la obra está esculpida en mármol. Della Robbia la realizó entre 1431 y 1439. 

Los diversos planos en el espacio están muy bien logrados, así como el modelado y el pintoresquismo de las figuras. Cuando el renacimiento se desprendió de las rigideces del arte medieval, fue posible imaginar a niños que, alegremente, entonaban canciones religiosas de una forma natural y como tales niños. De esta forma unos trompeteros son ausiliados por otros, cada uno en actitudes distintas, con un movimiento muy naturalista y con un tratamiento de los paños muy clásico. Algunos niños están sentados mientras otros, vestidos con sutiles túnicas, se nos presentan con una gran riqueza de detalles.

 
 El relieve en diversos planos permte a della Robbia representar a unos niños con más detalle y bulto, mientras que otros aparecen en segundo plano con los perfiles más diluidos. Este realismo es uno de los grandes logros del renacimiento. Unos niños se apoyan en otros; unos están de frente al espectador, otros de perfil, en una obra muy completa y singular. Instrumentos musicales de le época, diversidad de peinados, la misma danza, están presentes en este relieve. 







 

Cuatro obras de Antonio Rosselino

Escultor del siglo XV, trabajó en varios lugares de Italia y también en Florencia, pues en dicha centuria la ciudad toscana era la capital artística de Europa. A la izquierda tenemos una "Madonna con el niño" en mármol, obra de 1450, que se encuentra en el museo del Hermitage, en San Petersburgo. Es un bajo relieve que nos recuerda a la "Virgen de la escalera" de Miguel Ángel. 

A. Rosselino se caracterizó por el tratamiento de algunos detalles, sobre todo en las actitudes de los personajes que esculpe y en sus rostros, con sonrisas y un cierto refinamiento. Se supera así el dominio del gótico en la representación más austera de los rostos, si bien hay algunos ejemplos en dicho estilo que parecen anunciar el renacimiento. El relieve "pictórico" que caracterizó a Ghiberti en sus relieves, está aquí también presente aunque menos logrado: las figuras del primer plano tienen más bulto y las que están al fondo destacan muy poco, para dar la sensación de perspetiva, de profundidad. La virgen y el niño están representados en una actitud serena y el rostro de la virgen muestra el refinamiento y delicadeza de la que hablábamos. En el tratamiento de los ropajes, si bien el gótico había avanzado mucho, Rosselino se muestra plenamente renacentista por su realismo. 

Otra obra de tema religioso es el "Juan Bautista Joven", una interpretación de éste personaje que no hemos visto durante toda la edad media, donde Juan el Bautista siempre era visto como adulto y no con la naturalidad de un niño (excepto en la pintura). Otra vez la actitud delicada y pensativa que se puede ver en éste rostro, ligeramente ladeado para conseguir un mayor realismo. El modelado es muy acabado y el tratamiento de los cabellos recuerda a la antigüedad clásica. Es obra de 1470 en mármol, de 35 cm. de altura, y se encuentra en la National Gallery of Art de Washington.

Como contraste tenemos abajo un busto que representa a Mateo Palmieri, obra de 1468, en mármol, que se encuentra en el Bargello de Florencia. Palmieri fue un historiador humanista florentino que escribió una obra clave para entender la forma de pensar de un hombre público de la época: "Sobre la vida cívica" (por lo tanto, sin haber alcanzado la notoriedad de Maquiavelo, Palmieri es otro ejemplo de las preocupaciones por el gobierno de las sociedades). 


En esta obra, sin embargo, el modelado es menos cuidado; estamos ante un verdadero retrato, sin concesión alguna a la idealización del personaje, por lo que, en este caso, la influencia romana es más evidente que la griega. La ausencia de todo lujo en la escultura nos habla de que no estamos ante un rico comerciante o un banquero, sino ante un pensador despreocupado por lo secundario. También influirá en éste aspecto que no se trata de una figura religiosa.


En el "Busto de una dama", obra hecha entre 1460 y 1470 en mármol, de 53 cm. de altura, quizá podamos encontrar parecidos con algunos retratos de Verrochio (incluso por las dimensiones), pero también diferencias que delimitan la calidad de uno y otro autores. Pero volvemos a ver el refinamiento en el rostro, la estilización en el cuello, sin que necesariamente los ropajes sean lujosos; Rosselino parece querer elevar a categoría de elegante a todo personaje independientemente de su condición social. El rictus de los labios es muy parecido al de la virgen en bajorrelieve de arriba. Se encuentra en el museo Staatliche de Berlín.

viernes, 13 de abril de 2012

Retratos de Verrochio

No hay muchos retratistas entre los escultores del renacimiento, contrastando esto con los pintores, pero Verrochio, sobre todo cuando estuvo al servicio de los Medici, hizo varios retratos de algunos miembros de la familia. A la izquierda el de Giuliano, en terracota, de 61 cm. de altura, que se encuentra en la National Gallerey of Art de Washington. En realidad se trata de mostrar un rostro joven y altivo, como seguramente quería ser visto el retratado, porque el resto de la escultura es un conjunto decorativo. Es obra de 1475.


Arriba un retrato idealizado de Alejandro Magno, evocando a un héroe de la antigüedad. Es obra de 1480 en mármol de 43 por 33 cm. que pertenece a una colección privada. El personaje, de perfil, está tocado con un casco guerrero (Alejandro no hizo casi nada más que guerrear) y de su pecho sale una imagen alada que parece anunciar sus victorias y su gloria.

A la izquirda el busto de Lorenzo el Magnífico, obra de 1480, en terracota pintada, que se encuentra en la National Gallery of Art de Washington. El mecenas (el "magnífico" hace referencia a su desprendimiento económico para con las artes) se muestra aquí como un hombre serio y encumbrado, aunque no fue buen negociante como sus antecesores. La terracota es uno de los materiales en la escultura del renacimiento italiano, aunque los más conocidos sean el mármol y el bronce. La sobria policromía de ésta quizá intente mostrar a un hombre curtido en las labores del gobierno de Florencia. Las estatuas pintadas no son muy abundantes en Italia, aunque sí en España, pero sobre madera.

A la derecha una estatua de 56 cm. de altura (se puede considerar algo más que un busto) de Piero de Medici. Se encuentra el el Museo del Bargello en Florencia. Contrariamente a la estatua de Giuliano, aquí la frontalidad es mayor, si bien Verrochio la evita en parte con un ligero ladeamiento de la cabeza. Menos trabajada que las anteriores, el material es también terracota, pero sin pintar.

Por último la estatua de medio cuerpo de una mujer cuidadosamente peinada, con la misma serenidad que las anteriores, probablemente porque ese era el gusto de los que pagaban las obras, en una actitud recatada y con las manos sobre el pecho, donde Verrochio demuestra su maestría para representar la delicadeza de las manos. El tratamiento de las telas nos dice que el autor conocía las obras de la antigüedad, en este caso griegas, pues hay una cierta semejanza con los "paños mojados" de Fidias.

jueves, 12 de abril de 2012

El David de Verrochio

El "David joven", obra en bronce de Verrochio, en 1467, cuando el autor tenía treinta y dos años, es decir, estaba en su etapa de plenitud. La altura es 125 cm., por lo tanto menor que el natural, y se encuentra en el Museo Nacional del Bargello en Florencia. Fue un encargo de Juliano y Lorenzo de Medici.

Verrochio nació en la capital toscana en 1435 y murió en Venecia en 1485, por lo que su vida no fue larga en comparación con la de otros artistas del renacimiento. Fue escultor, pintor y orfebre, como otros artistas del renacimiento que, imbuidos de un afán por el aprendizaje, querían abarcar más de un arte. Como sabemos hubo también teóricos de la arquitectura, biógrafos, buscadores de antigüedades... Verrochio trabajó para Lorenzo de Medici, por lo que el mecenazgo está también en su vida y en su obra, casi una exigencia en la época de la que estamos hablando. Discípulos suyos fueron Leonardo y Botticelli, entre otros, lo que demuestra la valoración que se tenía de él ya en vida. 

Las obras escultóricas de Verroquio abarcan el tema religioso (quizá una obra singular de él es "Cristo y la duda de Sto. Tomás") donde supera el gusto gótico en el tramiento de los plegados de los ropajes, con mucho más volumen. También esculpió bustos (de Giulano, de Lorenzo y de Piero de Medici), un retrato de mujer, un retrato de perfil, en mármol, de Alejandro Magno y la estatua ecuestre del condotiero Colleoni. 

En su "David" se distancia de la obra de Donatello, porque el modelado es menos idealizado, sin la sensualidad que Donatello imprime a su obra. Sin embargo también podemos encontrar semejanzas: David es un muchacho (en realidad así nos lo deja ver el relato bíblico), con el rosto aniñado y una sonrisa pintoresca, que demuestra el interés de Verrochio por los detalles. El estudio anatómico es cuidado, pero este "David" no tiene la tensión del de Miguel Ángel (son dos temperamentos distintos y dos momentos también distintos), y por supuesto hay una enorme diferencia con el "David" del barroco Bernini, con el ceño fruncido por el esfuerzo, mientras que en el de Verroquio (como en el de Donatello) David ya ha vencido al gigante, cuya cabeza yace a sus pies, y el joven muestra su satisfacción y serenidad. La composición es abierta, verdera obsesión de los artistas del renacimiento, que quieren imprimir movimieto a sus figuras incluso cuando están en calma, con esa inflexión praxiteliana al hacer descansar el peso del frágil cuerpo en una sola pierna, mientras la otra se flexiona.
 
 Ver: http://arte.observatorio.info/2008/04/david-andrea-del-verrocchio-1467 .









Lucha de Hércules y Anteo

La obra de A. Pollaiuolo que representa a Hércules luchando con Anteo es una muestra de la escultura renacentista italiana, obra de la segunda mitad del siglo XV, cuyo autor se había formado con Ghiberti (al igual que su hermano Paolo) y recibió la influencia de Donatello. El material es bronce, uno de los que más se utilizaron -junto con el mármol- en la escultura renacentista italiana. 


La escultura evoca el mito griego según el cual el gigante Anteo, que deseaba fundar una ciudad en el norte de África, cerca del estrecho de Gibraltar, asesinaba a todo aquel que por allí pasaba o se oponía a sus designios, hasta el punto de que algunas versiones hablan de que la ciudad se construiría con los cráneos de sus víctimas. Llegó a retar al héroe Hércules, con el que luchó denodadamente, pero como la madre de Anteo, Gea (la Tierra) cada vez que aquel caía al suelo le insuflaba nuevas fuerzas para continuar, Hércules ideó la forma de no dejarle tocar más el suelo y apretarle hasta asfixiarlo. Es lo que se representa en la obra que comentamos.

A. Pollaiuolo era florentino, pero trabajó en Roma a partir de 1484, donde trabajó para dos papas: Inocencio III y Sixto IV. Más conocido como pintor, el material preferido como escultor fue el bronce. 


En la lucha de Hércules y Anteo demuestra un gran dominio del dinamismo, lo que no se veía en la escultura gótica anterior, dominada por la serenidad de las composiciones religiosas; un gran conocimiento y dominio de la anatomía humana, pero al mismo tiempo un gusto por las formas angulosas (contrariamente a las redondeadas de otros escultores). El movimiento, consecuencia de aquel dinamismo, es inherente al tema representado; la composición es totalmente abierta, exigencia también del tema, y el modelado presenta múltiples ángulos, habiendo realizado esta obra, probablemente, con la técnica de la cera perdida. La textura lisa y brillante del material da una calidad intrínseca a la obra. El redescubrimiento del desnudo en el renacimiento es también una exigencia del tema mitológico.

Hay un evidente dramatismo en la composición, que contrasta con la serenidad que Donatello trasmite en la mayor parte de sus obras. En éste sentido se puede considerar como un anticipo de lo que será la escultura renacentista italiana del siglo XVI. 

Es obra de 1470; su altura 45 cm., pequeña para lo que es común en la escultura italiana del renacimiento, pero exitió un mercado de este tipo de obras de pequeño formato para coleccionistas. No obstante, estas últimas eran aún más pequeñas. Se encuentra en el Museo Nacional del Bargello, Florencia.