viernes, 12 de octubre de 2012

El tenebrismo de El Greco

Un niño sopla una brasa para encender una vela
Cuando nacía Caravaggio, el gran pintor milanés a quien se considera el descubridor del tenebrismo en la pintura realista barroca, ya El Greco ensayó en varias obras el contraste lumínico entre unas partes y otras de sus representaciones, sobre todo con fondos muy oscuros para hacer resaltar los rostros o los cuerpos de los personajes en primer plano. La obra de arriba fue realizada en Roma en torno a 1571 (óleo de 60 por 50 cm.) y se encuentra en el Museo Nacional de Capodimonte, Nápoles. La palma de la mano aparece iluminada por la brasa, mientras que la parte exterior de la otra permanece en la oscuridad, así como el fondo, que hace emerja la figura del miño con su rostro iluminado, excepto la parte izquierda de su cara, la menos expuesta a la luz. 

Este niño vuelve a aparecer en una obra ya pintada en España en torno a 1578: "Un niño ilumina con una vela en compañía de un mono y un tonto", quizá inspirada en una fábula de la época. (Todas las obras aquí comentadas son óleos. En este caso las medidas son 65 por 90 cm. y pertenece a una colección privada). 

En los retratos también se muestra tenebrista El Greco tempranamente: el que le hace a Julián Romero, militar al servicio de Felipe II, acompañado de su santa patrona (207 por 127 cm., se encuentra en el Museo del Prado). También el retrato de Rodrigo Vázquez, hecho entre 1585 y 1590, de 62 por 40 cm., se encuentra en el Museo del Prado. El personaje estuvo al servicio de Felipe II y Felipe III ocupando varios cargos de importancia política, tanto en España como en el extranjero, hasta que cayó en desgracia durante el reinado del último rey citado (http://blogdebibliofilia.blogspot.com.es/2009/11/relaciones-de-antonio-perez-secretario.html). El Greco pintó al pintor y miniaturista Giulio Clodio, especializado en temas históricos. Es una obra realizada en Roma entre 1571 y 1572, de 58 por 86 cm. Se encuentra en el Museo Nacional de Campodimonte, Nápoles (http://judaica-art.com/art-masterpieces-by-artist/el-greco/el-greco-giulio-clovio-fine-art-oil-painting-gallery/prod_1801.html). En "Señora con un abrigo de pieles" la técnica es distinta, pues el rostro aparece más definido y refinado. Es obra de 1577-80 de 62 por 59 cm. El fondo oscuro permite apreciar la brillantez del rostro joven; un retrato muy realista. La obra se encuentra en el Kelvingrove Art Gallery and Museum de Glasgow.

En su pintura religiosa, tan abundante sobre todo durante su estancia en España, la mayor parte de su vida, también tenemos ejemplos de pintura tenebrista: "San Francisco orando", obra de 1580, de 116 por 102 cm. Se encuentra en el Joslyn Art Museum de Omaha, Nebraska. "Cristo en la cruz" es una obra de anatomía retorcida y dramática, con un paisaje indefinido al fondo, de acusado maniereismo. "San Francisco ante el crucifijo" es obra de 1585-90, de 105 por 86 cm. Se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. "La adoración de los pastores" (1570-72) tiene unas dimensiones de 114 por 105 cm., peteneciendo a una colección privada. Los efectos de luz, la pincelada sinuosa y el movimiento manierista en una fecha tan temprana (la obra fue hecha en Venecia) permiten valorar el genio que fue El Greco, anticipándose a muchos otros pintores en técnicas que luego tendrían éxito. "Santa Verónica sosteniendo el velo" es una obra de 1580, de 84 por 91 cm., y se encuentra en el Museo de Santa Cruz de Toledo. La santa emerge de la oscuridad como luego veremos en otros pintores tenebristas: Caravaggio, Velázquez, Zurbarán, Rembrandt...

A partir de 1590 El Greco aclara su paleta, los colores se hacen más vivos y contrastados, aunque no por ello abandona los efectos de claroscuro. Al final de su vida nos deja algunos paisajes del Toledo que asistió a sus quehaceres, pleitos, éxitos y miserias.

El asedio de Zaragoza

Zaragoza a principios del siglo XIX
Entre varios meses de 1808 y 1809 se dió el asedio del ejército francés a la ciudad de Zaragoza. J. Mrozinski nos ha dejado una profunda impresión de lo que fueron aquellos episodios: 

Un ejército de ochenta mil soldados tuvo que retirarse de todas partes. ¿Por que? Porque se levantó la nación. Es un gran acontecimiento que ocurre muy raras veces. Pocas naciones son capaces de llevarlo a cabo, aunque muchas presumen de ello (1).

Los soldados polacos habían sido reclutados para luchar en España por el ejército napoleónico. No era su lucha, pero estaban obligados a ello, salvo sus generales, que estarían dispuestos a mejorar su consideración profesional. Frente a ellos y el resto del ejército francés resistió el pueblo de Zaragoza, como tantas veces se ha dicho, heroicamente: 

El elevado carácter de los habitantes de Zaragoza que mostraron durante el asedio, es una de las más bellas imágenes que ha representado la historia de las naciones desde los tiempos del cerco de Sagunto y Numancia. Por el otro lado, vemos en un país ajeno a un ejército poco numeroso, que lucha contra el hambre y toda la población de varias provincias, y que finalmente viene a través de esfuerzos y sacrificios extraordinarios, unidos a una destreza no conocida por sus enemigos, a rodear, cercar y finalmente conquistar la fortificada ciudad, defendida por destacamentos mucho más numerosos y con un inaudito encarnizamiento... Ya faltaba la tierra para enterrar a los cadáveres, cavaban fosos en las calles y en los patios, los transportaban allí desde las puertas de las iglesias, adonde familias tenían la obligación de depositarlos. Delante de cada iglesia yacían amontonados los cadáveres envueltos solo en sábanas, frecuentemente despedazados y desparramados por las bombas, causaban una imagen más horrible. Los asediadores ya estaban en la ciudad, los zaragozanos no tenían ninguna esperanza de recibir socorro. Las balas de cañones quebrantaban barreras de defensas; (los asediadores) ya estaban colocando minas debajo de las casas, las bombas llegaban a las partes más lejanas de la ciudad y la peste más horrible se propagaba en estos refugios, donde la destrucción de la guerra no había podido llegar todavía; y sin embargo los zaragozanos seguían siendo inquebrantables. Aquel estado lamentable no solo no doblegaba sus mentes, sino fortalecía el encarnizamiento y la desesperación de estos inquebrantables ciudadanos; no tenían duda de que iban a caer, pero se iban acostumbrando más a la muerte, que a la imagen de la subyugación al extranjero. Juraron enterrarse debajo de las ruinas de la ciudad; rechazaron todas las propuestas de capitulación.

Entre las memorias de los soldados polacos que participaron en el sitio de Zaragoza -dice Grzegorz Bak- destacan Henryk Brandt y Jósef Mrozinski, nacido este en Galitzia y alistado en la Legión Polaco-Italiana, que luego sería la Legión del Vístula; en España luchó entre Zaragoza y Sagunto y luego continuó su carrera militar en el reino de Polonia. Henryk Brandt era hijo de un funcionario alemán y en 1806 sirvió en el ejército de Prusia. En 1808 pasó a la Legión del Vístula  y en España pasó cuatro años combatiendo en Zaragoza, Tortosa y Valencia. Luego participó en la campaña rusa y desde 1815 sirvió en el reino de Polonia.

Mrozinski nos dice en otro momento: Así el fervor de los zaragozanos crecía cada día. Se veía que actuaban hombres a los cuales, sin distinción de la vocación ni el estado, dominaban con igual fuerza las mismas ideas: estas eran la religión y el inquebrantable deseo de la independencia... No la firme decisión del comandante, ni el rechazo a todas las propuestas de capitulación, ni siquiera aquellos enormes sacrificios que ha sufrido Zaragoza, constituyen el rasgo particular de esta extraordinaria defensa; lo constituye la firme decisión de cada uno de los habitantes de la ciudad, el voluntario sacrificio de todos ellos. 

Y cuando llega el momento de la capitulación: En este silencio de cementerio se asomaban (los zaragozanos), se acercaban con una curiosidad espantosa a sus vencedores, esforzando su vista, que se apagaba, algunos caían e inmediatamente morían. Durante los cincuenta y dos días de este extraordinario asedio en la ciudad perdieron la vida cincuenta y cuatro mil personas, de diferentes edades y sexos, es decir, dos terceras partes de los militares y la mitad de los habitantes civiles, y también de los que se habían refugiado en la ciudad, pero provenían de otras partes. El día de la capitulación delante de las iglesias, en los fosos y en las calles de la ciudad yacían seis mil cadáveres, no enterrados aún. El aire contaminado mataba a los que habían sobrevivido. Parecía que pronto todos irían detrás de aquellos a los que no tenían fuerzas de enterrar. 

Seis años después de la capitulación de Zaragoza, vencido el ejército napoleónico, regresaba de su cautiverio el rey Fernando VII. No debió reparar en el sufrimiento de su pueblo, no debió preguntar que había sido de aquellas viudas, de aquellos huérfanos, de aquellos inválidos que poblaban los campos y los pueblos de España. Con una camarilla y con un ejército incapaz de actuar unido, declaró el absolutismo, reinó seis años tiránicamente y luego vuelta a empezar. Aquellos que morían lo hacían por su religión (esto ha quedado demostrado por la historiografía), por su independencia (también), pero otros luchaban por ser libres de la tiranía interior, por librarse de la opresión de sus señores... Para estos no hubo, por el momento, reconocimiento. 
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(1) Grzegorz Bak, "El asedio de Zaragoza... a los ojos de los soldados polacos", 2002.

Un sueco en Poltava

La batalla de Bereziná
Cuando en Rusia se quiere decir que alguien está totalmente desnortado o derrotado se usa la frase "como un sueco en Poltava", pues en la gran planicie donde se encuentra esta ciudad ucraniana, al noreste del país, un ejército sueco fue derrotado en toda regla por los rusos en el verano de 1709. 

Un siglo más tarde un ejército francés a las órdenes de Napoleón sería derrotado en otra planicie, cerca del río Berenizá, en Bielorrusia (1812), comenzando así un fenómeno muy parecido y paralelo al que se dio en España, donde los ejércitos franceses también serían derrotados, de manera definitiva, en 1814. Las guerras napoleónicas en Rusia y España, libradas al mismo tiempo, contribuyeron a crear en los respectivos estados vencedores una conciencia de nacionalidad con objetivos comunes, no ya solo entre sus clases dirigentes, sino entre la población en su conjunto. 

Vázquez Liñán, en su ensayo "Rusia, 1812: Prensa y propaganda en la guerra contra Napoleón", señala que se trata de uno de los acontecimientos que más ha influido en la configuración del imaginario colectivo ruso. Ciertamente, la conquista del imperio zarista era una obra demasiado ambiciosa como para que saliese bien, pero el pendenciero Bonaparte, que a no dudar fue un militar de éxito, no midió bien sus fuerzas. Cinco años antes, con la paz de Tilsit, una parte importante de la población rusa se había sentido humillada. En 1812 se dieron las condiciones para que ejército, aristocracia y población se desquitaran del dominio bonapartista en Europa. 

El zar Alejandro I era de ideas liberales, pero hacia la mitad de su mandato, que coincide precisamente con la batalla del río Bereziná, se volverá cada vez más autócrata y despótico, hasta el punto de que fue uno de los inspiradores de la Santa Alianza. Debió observar que se había disparado en el pueblo ruso el sentiminto patriótico, lo que le dio seguridad para frenar las reformas y restablecer en el imperio lo que nunca había dejado de existir: el absolutismo. Pero aún así ya habían surgido sociedades secretas, había una aristocracia liberal, aunque minoritaria, y sectores que querían avanzar en orden a las ideas de la Revolución Francesa. No en vano Francia era el lugar en que se habían educado algunos miembros de la inteligentia rusa y era el ejemplo a seguir para otros. 

En 1806 Rusia había participado en una coalición con Inglaterra y Prusia contra Napoleón, resultando este vencedor, lo que llevó a la citada paz de Tilsit. El periodismo, que entonces había despertado con fuerza en la zona occidental del imperio ruso, jugó un papel importante. A ello se sumaba la cuestión campesina, que permitió a muchos unir la reivindicación social por la liberación de los siervos con la independencia patria. 

El ejército, según el autor citado, será una de las instituciones rusas que más cambiarán durante la campaña, y precisamente porque la tropa era reclutada entre los campesinos sometidos a servidumbre. El contacto de los periodistas con los soldados abandonados a su suerte, padeciendo las miserias de la guerra, el aislamiento, el frío y el hambre, hizo que la prensa jugase un importante papel al ensalzar el papel del pueblo y del ejército en la lucha y derrota de Francia. La unidad ante el invasor convirtió a la prensa en un instrumento de agitación social, aunque como es lógico dicha unidad no sería entendida de la misma manera por todos: para los liberales rusos se trataba de echar fuera a un ejército que quería someter al país, pero deseando que se impusieran las ideas que dicho ejército traía; para los absolutistas la unidad perseguía solo lo primero. 

"Las batallas de Smolensko, Borodino, Moscú, etc. y nombres como el del general Kutúzov son aún hoy... utilizados para resaltar la 'grandeza' del pasado y el valor del pueblo ante el invasor extranjero". Recientemente se han publicado en español las memorias de un soldado alemán al servicio de Napoleón en varias batallas, entre ellas la campaña de Rusia. No se trata de un intelectual ni de un ilustrado, sino de un albañil de nombre Jakob Walter: de su lectura se deduce que hubo heroísmo, pero también se ponen de manifiesto "las penurias del recluta que está continuamente al borde de la muerte; no por el ataque del enemigo, sino por el hambre y el frío. Walter nos muestra la otra cara de unos acontecimientos históricos demasiadas veces utilizados con fines propagandísticos. Marc Raeff, responsable de la edición de las memorias, incide en la importancia que, para Rusia, tuvo la victoria sobre el emperador francés": 

Y no sería una exageración afirmar que la trágica campaña de 1812 contribuyó más que cualquier otra cosa al nacimiento de la conciencia nacional moderna en Rusia y en los estados alemanes. El "mesianismo" del zar Alejandro I no triunfaría en el largo plazo, pero sí las ideas liberales incubadas en Francia, quizá antes que en ninguna otra parte; victorias o derrotas aparte.

El "vicus" romano de Puente Castro

Aldea romana de Puente Castro
El hecho de que una obra actual exija tapar parte del yacimiento de Puente Castro, ha puesto de actualidad este antiguo vicus romano, en las afueras de León y cerca del río Torío, que separa el yacimiento de la ciudad. Por aquí pasa el Camino de Santiago y en la Edad Media fue conocido el lugar como Castrum Iudeorum, al estar habitado por judíos, la aljama o judería más importante de León.

La aldea romana se extendía a lo largo de siete hectáreas y llegó a tener 5.000 habitantes, según  http://www.puentecastro.com/PUENTE_CASTRO_ROMANO.html, de quien obtengo esta información. La excepcionalidad de este "vicus" reside en que es el único aparecido en España que estuvo vinculado a un campamento romano. La aldea surgió paralelamente al destacamento que luego sería Legio (León). Las excavaciones han desenterrado un decena de gigantescas construcciones así como algunas calles. El nombre del "vicus", hace dos mil años, era Ad Legionem Septima Gemina. 

En la campaña de excavaciones de 2001 se localizaron cuatro viviendas, una de ellas de planta basilical, recuperándose numerosos utensilios médico-quirúrgicos, lo que hace pensar que el lugar era tan importante que tenía médico. Entre las monedas, cerámicas y utensilios rescatados, destaca una espectacular gargantilla de oro y azabache que actualmente se encuentra en el Museo de León. Otras piezas han permitido deducir que la mayor parte de los habitantes de la aldea eran artesanos y familiares de los soldados de la Legio VII.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Caral en los Andes

Yacimiento en Caral
En los Andes peruanos, más cerca de la costa que de las grandes alturas y al norte de Lima, se encuentra el centro de Caral, una civilización que floreció al mismo tiempo que lo hacía el Egipto de los emperadores nilóticos, que las dinastías de los reyes, lugales y patesi mesopotámicos. El paisaje es desértico o estepario; al este la gran mole andina y al sureste la montaña que parece cobijar el yacimiento que se extiende por la planicie, por la sierra y aún por la selva con otros asentamientos. Los arqueólogos hablan de una civilización pacífica porque los yacimientos no han arrojado armas guerreras, pero sí se conserva una parte sagrada de la ciudad, donde se yergue una de las pirámides más colosales conocidas. Junto con otros elementos, hoy han salido a la luz la gran plaza, varios barrios urbanos y anfiteatros o lugares para espectáculos.

Quizá sea la civilización más antigua de América y, como en los casos de Mesopotamia y Egipto, los habitantes tenían conocimientos sobre el tiempo atmosférico y sobre los fenómenos sísmicos. Su característica más importante, desde el punto de vista económico, es la actividad comercial.  El yacimiento fue descubierto en 1994 por la arqueóloga peruana Ruth Shady, y hoy está declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Ello permitió romper con la idea de que fuera de Oriente Próximo, el valle del Nilo, China o el valle del Indo, no hubiera existido civilización tan antigua capaz de desarrollar sus propias características. La diferencia es que en Caral no hay un gran río que explique el medio ecológico en que fue posible una agricultura floreciente y un asentamiento humano creciente, pero sí parece que había varios ríos de menor entidad y la evidente proximidad del Pacífico.

Han aparecido flautas y cornetas hechas con huesos, y por las construcciones sacadas a la luz cabe pensar que se trataba de una sociedad muy organizada y jerarquizada. El carbono 14 permite hablar de 130 dataciones, según la arqueóloga citada, lo que hace pensar en una prolongada perdurabilidad de esta civilización. En cuanto a la alimentación el principal producto era el pescado, pero también las patatas; utilizaron lana de alpaca, conocieron productos que podemos considerar como drogas y no solo para fines medicinales. Parece que el fuego y la música eran elementos presentes en sus ritos.

El quipu de Caral
La gran pirámide que se ha desenterrado es la construcción principal de lo que se supone debió ser una ciudad sagrada, con una gran plaza pública. Los edificios públicos están formados por plataformas escalonadas (con cierto parecido a las zigurats mesopotámicas, pero de menor altura). "Caral había logrado semillas de algodón natural pero rojo, marrón o beige por las que ahora se interesan muchas compañías", aseguró la arqueóloga.

Lo que no sabemos es por que fueron abandonadas las ciudades: ¿cambios climáticos? ¿terremotos? ¿grandes lluvias? o quizá una sequía prolongada de unos 100 años... ¿Pudieron tener los habitantes de Caral relaciones con civilizaciones nacidas posteriormente? Se sabrá más cuando se consiga traducir el quipu encontrado, "un sistema de cuerdas anudadas con el que se registraba la información".

¿La "ciudad" más antigua de Europa?

Fotografía tomada de Terrae Antiquae
Terrae Antiquae informa que "un equipo de arqueólogos búlgaros asegura haber hallado en la parte oriental del país restos de una ciudad de 6.700 años, que califican como... la más antigua de Europa". Al frente del equipo de arqueólogos está el profesor Vassil Nikolov. "Se trata de las fortificaciones de piedra más viejas y masivas en el período prehistórico que se han documentado hasta el momento en Europa", sigue informando Terrae Antiquae. Se han desenterrado murallas de entre dos y tres metros de grosor y tres de altura, cuya finalidad era defensiva según todos los indicios, con el objeto de evitar asaltos a la sal producida en la zona.

La sal quizá fue usada como moneda en las relaciones comerciales de aquella época, ya que el oro o el cobre serían símbolos de prestigio. La ciudadela, a unos 50 Km. de Varna, en la costa del mar Negro, pudo haber desarrollado un negocio a gran escala que incluía en transporte de sal hasta grandes distancias en regiones del sur, donde se intercambiaría por alimentos y otras mercancías. Según Nikolov "las pruebas halladas de esta producción especializada y la presencia de murallas de importancia muestran que se trataba de una ciudad y que la datación exacta de algunos artefactos encontrados permitirán demostrar que es la más antigua de Europa". La existencia de casas de dos plantas, "algo extraordinario para la época, muestra que los 350 habitantes que se calcula tenía la ciudad eran muy ricos".

La ciudad se situaba sobre un enorme yacimiento de sal con un diámetro de hasta 9 km y una profundidad de 15. La sal se extraía gracias a las aguas subterráneas que manaban hacia la superficie y que eran recogidas en vasijas; tras la evaporación se obtenía la sal. Puede que la ciudad -a juicio de los expertos- estuviese habitada durante unos 500 años, siendo abandonada cuando se secaron los manantiales que elevaban la sal a la superficie. La existencia de tumbas también nos aportan datos de rituales funerarios, encontrándose en algunas solo la mitad del cuerpo, el tronco y los brazos. En una fosa se encontró un esqueleto con un hueso clavado en la pelvis. 

Hace 6.700 años la agricultura ya era practicada en la zona por influencia, probablemente, del próximo oriente. Si se acepta la relación entre práctica de la agricultura y sedentarización, esto explicaría la existencia de una ciudad tan antigua que, además, contaba con tan importante materia prima.

martes, 9 de octubre de 2012

Las sociedades patrióticas en España


Carl Heinrich Triepel ha estudiado la paulatina incorporación de los partidos políticos al constitucionalismo europeo, muy particularmente en Alemania, considerando que hubo una etapa en la que los Estados se opusieron a la existencia de dichos partidos políticos, otra en la que el Estado los toleró, más tarde los incorporó a los textos constitucionales previa la legalización de los mismos. 

En el caso de España el origen de los partidos políticos está en las sociedades patrióticas, algunas muy ligadas a la masonería, cuyos principales objetivos estaban en dirigir peticiones a las Cortes y al Gobierno (cuando aquellas existieron), incidir en la instrucción de la infrancia y de la juventud y, en general, contribuir al debate político y a propiciar cambios en un sentido liberalizador. Según Portero Molina, al comenzar el trienio liberal en España (1820) las Cortes discutieron sobre la existencia de las sociedades patrióticas, es decir, sobre el derecho a la asociación política, ya que la Constitución de Cádiz recogía, en su artículo 373, el derecho de petición. Pero enseguida surgieron los que se opusieron al reconocimiento legal de toda asociación política al margen de las instituciones del Estado, aunque durante esta etapa también hubo defensores de las sociedades patrióticas y de cualquier otra asociación que pretendiese fundarse con fines políticos lícitos. 

Los llamados "exaltados" (podríamos decir que los más liberales de la época) defendiron el asociacionismo y, por lo tanto, la formación de partidos políticos, aunque entonces no se les llamase así. Los abolicionistas -según Portero Molina- se inspiraron en las tesis roussonianas según las cuales era el individuo, y no el grupo, quien debía mantener una relación directa con el Estado. Rousseau, cuando escribió "El contrato social", sabía muy bien que las asociaciones que se formarían -y de hecho existían- eran las que pretendían frenar todo cambio en orden a un nuevo estado de cosas, es decir, no eran sino "reductos desde los que los estamentos tradicionales pretenden hacer frente al proceso revolucionario que a la sazón avanza triunfante en Francia". 

El diputado por Valencia en las Cortes de 1820, Garelli, "uno de los más infatuados servilones con casaca liberal" (en frase de Gil Novales), se expresó de esta manera: "Todo lo que sea darse existencia política por autoridad particular, y dársela hasta el punto de haber una sociedad central ramificada y en correspondencia con las demás, formando cada una un verdadero cuerpo con presidentes, secretarios, tesoreros, fondos, relaciones, sesiones públicas y secretas, dígase cuanto se quiera, su existencia no puede ser otra que la monstruosa de cuerpos concéntricos, o sea, la de crear un Estado dentro del Estado mismo". Parecía ignorar el diputado valenciano que la Iglesia ya existía hacía mucho como "un Estado dentro del Estado", si es que se aceptase su razonamiento.

En otro momento dice Gaerlli: "Se dice con mucho énfasis que hay una necesidad imperiosa de dinfundir la ilustración entre el pueblo para que marche el sistema. Así es, ciertamente, pero no por los medios que han adoptado las sociedades. La ilustración es un fluido bienhechor, pero que debe distribuirse con suavidad y mesura, no pródigamente sin preparación... El proyecto de crear un pueblo de filósofos sería el proyecto de un loco. La Constitución protege la libertad individual y los derechos de todos los españoles; pero la igualdad de fortunas y de luces sería un delito". (El subrayado es mío). Ejemplo simpar de doctrinario, Garelli estaba con la "moda" del liberalismo, pero que a nadie se le ocurriese instruir excesivamente al pueblo, no fuese que se rebelase ante los abusos de unos pocos, y menos que a nadie se le ocurra repartir la riqueza de forma justa, porque tal cosa es, a ojos de Garelli, "un delito". 

Entre las sociedades patrióticas, que existían aunque la ley no las reconociese, había una suerte de fraternidad, pues muchas de ellas, como queda dicho, estaban alentadas por masones. Con ideas como las de Garelli las Cortes de 1820 no reconocieron legalmente a las sociedades patrióticas, una forma de querer ponerle puertas al campo, porque una vez que el liberalismo había asomado la cabeza, difícil sería frenar el uso de las libertades por unos y por otros, el de asociación en este caso. 

Martínez de la Rosa, entre otros, fue partidario de establecer un cauce legal para la existencia de las sociedades patrióticas; no en vano había sido un liberal convencido en 1812 aunque a la altura de 1820 hubiese moderado sus convicciones, al menos en la práctica. Por su parte Romero Alpuente, como ejemplo de "exaltado", defendió el reconocimiento legal de las sociedades patrióticas que, según Gil Novales, tenían como misión "la creación de una opinión pública sobre la que descansa el régimen liberal. Fundan periódicos, intervienen en la formación de la Milicia Nacional Voluntaria... celebran los fastos revolucionarios por medio de toda clase de actos públicos y rinden homenaje a las víctimas del pasado período absolutista. Se atribuyen la salvaguarda de la Constitución contra los serviles e inmediatamente contra los afrancesados y todos los grupos reaccionarios...". 

El "trienio" no consiguió afianzar legalmente a las sociedades patrióticas, aunque en las Cortes de 1822 se dieron pasos en ese sentido, pero el golpe asbsolutista de 1823 acabó con ello, aunque no con las sociedades, que siguieron existiendo en la clandestinidad, germen de los futuros partidos políticos, aunque estos tuviesen a la postre intenciones menos altruístas que las de aquellas.

domingo, 7 de octubre de 2012

Monarquía y república en Francia

El juramento del juego de la pelota, de David
En un texto traducido por Ignacio Fernández Sarasola se dice que "en el verano de 1789 se consuma en París una ruptura de épocas". Antes de ese año, Lmoignon de Malesherbes había intentado ciertas reformas liberales junto a Turgot, sobre todo en el campo de la economía, que encontraron una fuerte oposición en la mayor parte de la nobleza y el clero. En el plano del orden público consiguió que se anulasen las detenciones arbibrarias, lo que fundamentalmente afectaba a quienes no tenían influencia social para defenderse. Pero esto, que solo en parte se consiguió, era muy poco. 

Otro reformista fue Mably, el cual había leído a Rousseau, Locke y a otros ilustrados, avanzando incluso algunas críticas a la desigualdad y a la propiedad privada. Demasiado idealista, defendió la necesidad de una revolución que acabase con el estado de cosas que poco después se conocería como Antiguo Régimen. Contrario al esclavismo, participó de algunas ideas fisiocráticas, pero su labor está solo en el campo del pensamiento.

Entre 1789 y 1799 -dice el texto citado arriba- "Francia parece presa... de una verdadera obsesión constituyente: tres Constituciones y sucesivas Declaraciones de derechos se suceden durante esta época. La misma palabra "constitución" se convierte en recurrente para otras muchas disposiciones legales: "constitución de la Asamblea", "constitución del orden judicial", "constitución de los municipios", "constitución de los departamentos", "constitución militar", "constitución naval", "constitución de las finanzas", "constitución de las colonias" y una "constitución civil del clero" (sigo al traductor que cito arriba). 

"La Constitución se concebía entonces como una presencia amiga de carne y hueso finalmente reencontrada tras haber estado durante mucho tiempo marginada, más que como la calificación jurídica de un sistema innovador de poderes públicos. Una vez libre la Constitución de la abstracción jurídico-política y transformada en una entidad perceptible y continuamente evocada, parece casi que los protagonistas de la transformación revolucionaria deseaban sentirse próximos a la Constitución de un modo cada vez más llamativo. Comenzando por los clubs, que se atribuyeron el título honorífico de 'amigos de la Constitución', tal y como sucedió con la Société des amis de la Constitutión séante aux Jacobins (es decir, el club des Jacobins), la desafortunada Société des amis de la Constitución monarchique y las menos conocidas Société des Élèves de la Constitución y Société du Cercle constitutionnel de la rue de Bac; en tanto en Nîmes, en octubre de 1890, el 'Moniteur' informaba de la existencia de un club des vrais amis de la constitución". También hubo periódicos que se mostraron "amigos de la Constitución". 

La Revolución Francesa, a lo que parece, fue una época con diversos regímenes donde se gobernó "de hecho", es decir, haciendo caso omiso y violando repetidamente los textos legales, particularmente las Constituciones. Y esto es así por cuanto -según el autor a quien sigo- "la Constitución se aplicó cuando todavía no era un texto escrito definitivo (1789-91), en tanto que se inaplicó (en 1793-1794) o violó (en 1795-99)". Los artículos VII, VIII y IX de la Déclaration des droits de finales de agosto de 1789, dieron al traste con la justicia penal del Antiguo Régimen, y el Decreto de 14 de diciembre de 1789 sobre la constitución de los municipios, permitió un cuerpo electoral vastísimo encargado de elegir a los alcaldes y consejos locales.

Durante 1792 las fuerzas políticas dominantes, a la cabeza de las cuales estaba Jacques-Pierre Brissot, decidieron inaplicar la Constitución de 1791 antes incluso del golpe de estado del 10 de agosto de aquel año. Los de la Montaña justificaron incluso el incumplimiento de la Constitución de 1793 por el estado de guerra que vivía Francia. Tras el golpe de estado de Termidor (27 de julio de 1794) se adoptó la Constitución del año III, que sería volada por los aires con el golpe de Estado de 1799, cuando empieza la estrella de Bonaparte. Solo faltaban cinco años para que de nuevo se etableciese la monarquía en Francia (1804): tantas revoluciones superpuestas, legislación aplicada y violada, muertes y contradicciones, personajes de distintos horizontes pero casi todos ellos revolucionarios, para acabar en una monarquía ilustrada, eso sí, que consagra el liberalismo, lo extiende a otros países de Europa, pero acaba con las pretensiones republicanas, montañesas y jacobinas.

Fray Gerundio descubre Europa

Paisaje de los Vogos, Francia
Tiene gran interés el artículo de Julio Peñate sobre los viajeros españoles por Europa, refiriéndose en este caso a Modesto Lafuente, Mesonero Romanos y Ángel Fernández de los Ríos. El viaje del primero se produce a principios de los años cuarenta del siglo XIX, cuando España entra en un período de relativa tranquilidad -dice el autor citado- (que no estabilidad). Una vez que las guerras de la independencia americana habían terminado y también la civil en 1839, Eugenio Ochoa se permite decir:

Esto de viajar por recreo puede considerarse como usanza esencialmente moderna, a lo menos en España... Todavía a principios de este siglo, un hombre que había pasado la raya de Francia y penetrado hasta las murallas de Bayona, era ya una especie de fenómeno; se le llamaba 'cosmopolita'; al que había llegado a Burdeos, se le consideraba un intrépido viajero, un capitán Cook; llegar a París era cosa excesivamente inverosímil, temeridad en que rarísima vez se creía...

Modesto Lafuente realiza su viaje por Francia, Bélgica, Holanda y Alemania, regresando a España por Francia, en 1841, escribiendo sus impresiones mediante los pareceres de dos personajes que se inventa, Fray Gerundio y Pelegrín Tirabeque, su sirviente. El primero dará la nota culta, mientras que el segundo hará observaciones pintorescas que animarán el relato (1). La particularidad de este viaje -dice Julio Peñate- es que se relata la ida y la vuelta, así como que se trata de un viaje voluntario, es decir, "por recreo".

Una de las cosas que el autor revela de sus impresiones es que los países visitados le parecen prósperos, seguros y pacíficos, pero materialistas, seguramente en comparación con la situación que conoce de España, donde no existía una red de caminos suficiente, el país acababa de salir de una guerra civil y nada tenía de próspero. El autor se vale de Fray Gerundio para hablarnos del trasnporte en los paises citados, el alojamiento, las lenguas, los edificios religiosos y civiles, los museos, las bibliotecas, las librerías, plazas, bulevares y paseos, casas y cementerios de personas ilustres, así como apuntes de la economía en cada ciudad: una fábrica de locomotoras en Lieja, una de cerveza en Lovaina, etc.

También llama la atención de Modesto Lafuente la puntualidad en las citas, lo que quiere decir que en España no debía darse; la riqueza teatral de París, las cárceles educativas para jóvenes en el conjunto de Francia, los guías turísticos "organizados e identificados" en Alemania, el funcionamiento de los trenes en Bélgica... Es decir, Modesto Lafuente nos da una idea de la Europa dinámica, organizada y moderna a la que España no se había incorporado, si bien es cierto que solo nos habla de cuatro países, pues los de Europa oriental y del sur debían ser muy otra cosa.
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(1) Así se publicó la obra con el título "Viajes de Fray Gerundio por Francia, Bélgica, Holanda y orillas del Rin", 1842.

viernes, 5 de octubre de 2012

Un polaco habla de España

Dzieduszycki pintado por Kaplanski
Wojciech Dzieduszycki nació en Galitzia (Galicja), región autónoma dentro del imperio Austro-Húngaro, en 1848 y falleció en 1909. Su ideario político era conservador y no tuvo inconveniente en colaborar con las autoridades imperiales aunque él era polaco. Desde 1876 fue diputado del Parlamento local (Sjem). En dos períodos fue Consejero de Estado y, desde 1904, presidente del Kolo Polskie (Grupo Parlamentario Polaco). Entre los años 1906 y 1907 fue ministro para Galitzia en el gobierno austríaco y otras actividades suyas fueron la filosofía y la publicística; fue autor de trabajos sobre historia, novelista y dramaturgo, además de traducir a Sófocles y a Shakespeare. En 1896 fue nombrado profesor en la Universidad de Lwów (Lemberg, Lvov).

Los datos anteriores, así como este artículo, están basados en el de Grzegorz Bak sobre las "Impresiones de un viaje a España" publicado en Cracovia en 1899 por Dzieduszycki.

El político e intelectual polaco habla de los españoles como polarizados entre carlistas y republicanos, además de constatar la existencia de los dos partidos dinásticos, el Liberal y el Conservador, de forma que no descarta (habla en 1899) una guerra civil desatada por los carlistas:

Los españoles son conscientes de ello -por lo demás se divierten fabulosamente- y no son proclives a la revolución; se contentarán con suspirar por un hombre de Estado providencial y si este aparece, el país está preparado para meterse en un callejón sin salida. Entonces es cuando el español instruído, formado, dolido por la decadencia de su patria, pronunciará la frase: 'tan solo nos pueden salvar los extranjeros, dejemos el gobierno de la nación en manos de los ingleses'.

Dzieduszycki conocía bien la historia de Polonia, que compara con la de España, y sabe que parte de su modernización se debió a estar dividida entre otros estados, paticularmente el Imperio Austro-Húngaro y Alemania, pero obviamente no tenía sentido su observación cuando a tanta gala tenían los españoles su victoria sobre la Francia napoleónica casi un siglo antes. Al reflexionar sobre las causas de la decadencia de España, dice:


Quien afirma que la expulsión de judíos y moros llevó a España a la perdición quizás olvide que la gran hospitalidad ofrecida a los judíos en Polonia no salvó al país, sino que por el contrario dificultó el desarrollo de una burguesía nacional. 

No considerar nacionales a los judíos nacidos desde generaciones en Polonia dice mucho del conservadurismo y antisemitismo de nuestro personaje, por más que están demostrados los perjuicios económicos que causó a la monarquía española la expulsión de los judíos en 1492. En cuanto a los moriscos, mano de obra barata para los señores de la tierra, el problema fue otro en relación con el avance del imperio turco por el Mediterráneo. En relación a América dice lo siguiente:


El descubrimiento y la conquista de América en los siglos XV y XVI es, indefectiblemente, uno de los motivos que ha llevado al lamentable estado en que se encuentran en estos momentos los españoles, pero no por el hecho de que la Península se quedara despoblada, sino más bien por ser el descubrimiento un eslabón de la cadena fabulosa de éxitos con los que antaño la fortuna obsequió a Castilla. El dominio de América e Italia, la herencia de los Habsburgo en Holanda, el sueño de una monarquía mundial sacó a los españoles de la rutina cotidiana y del trabajo ímprobo. Al conquistador español se le abrieron las puertas de un nuevo mundo, y las aventuras más fantásticas se tornaron factibles. Un arado en la aldea y un taller en la ciudad le parecieron cosas indignas de un hidalgo. Creció su orgullo de estupendo holgazán, desdeñando cualquier trabajo, así como a la persona trabajadora, pues le parecía un esclavo y un lacayo. No solo en los monasterios, sino también en los palacios de los grandes, en el ejército, más allá de los mares, y aún en el crial patrio, como pastor, llevaba una vida fantástica, sin ningún tipo de preocupaciones diarias, con la mente puesta en la celebridad, u ocupado en su afición poética o teatral, en los amoríos y en las bataholas.

No andaba descaminado nuestro polaco, por más que parecía ignorar que buena parte de la población, la campesina y artesana, escapó de aquel comportamiento parasitario que sí afectó a algunos grupos sociales. Refiriéndose sobre todo a Castilla, que es la que él visita, dice lo siguiente:

En la aldea viven los, literalmente, eternos arrendatarios del señor duque, marqués o conde, o bien del obispo o arzobispo, quienes desde los tiempos inmemoriales, desde los antepasados de sus antepasados trabajan las tierras adyacentes a la aldea, que constituyen una pequeña porción del desértico país y de la finca esteparia.

Hacía siglos que ya eran las mesetas, en efecto, estepas o comarcas con aspecto desértico, sobre todo para un polaco que vive rodeado de bosques en la gran llanura europea.


El señor Duque -continúa-, o el señor Marqués, se vanagloria de sus quince nombres bautismales y de otros tantos apellidos; mantiene más o menos decente el gran castillo de la aldea, vive en una ciudad provinciana, en su casa solar; no reconoce demasiado la legitimidad del rey, despilfarra su fortuna, que disminuye a menudo por obligatorios repartos, lo cual sabe y no hace mucho caso a ello; cría caballos y perros y mantiene a una servidumbre cada vez más reducida, pero aún así numerosa; caza, va a las verbenas, donde se encuentra con sus campesinos y donde todos le saludan con gran respeto, ríe, juega, come, bebe, y lentamente va consumiendo su vida...

Aguda observación parece que demostró Dzieduszycki sobre la vida ociosa de la nobleza española, a quien él hace sobre todo partidaria del carlismo cuando dice "no reconoce demasiado la legitimidad del rey", y añade:

No he visto ningún otro país monárquico donde el rey y la dinastía tengan tan poco peso como en España. En cualquier otro lugar una virtuosa reina, que ejerza el gobierno en nombre del sucesor menor de edad, gozaría de la simpatía general de la nación. Pero la gran mayoría de los españoles no piensan en la reina, ni en su hijo, y en ningún lugar se ven fotografías, el país vive como si no existieran. El periodismo, que goza de una gran libertad de prensa, habla mal de la institución monárquica, divulga en voz alta las milagrosas y curativas propiedades de la República, y exhorta directamente a la revolución.

Debía leer solo los periódicos republicanos nuestro viajero, o al menos estos se harían notar más, como es lógico si de cambiar el régimen se trataba. En cuanto a la monarquía ¿que apego podía tener a ella el español llano si nada bueno obtenía de su existencia? Pero de ahí a que las mayoría de los españoles fuesen republicanos hay un trecho, y para comrpobarlo habrá que esperar al año 1931. 

Los inherentes pilares de la corona, la nobleza y el clero, no reconocen la legitimidad de Alfonso XIII y claramente anhelan el reinado de don Carlos, o su hijo Jaime. Parece como si a cada momento la monarquía fuera a derrumbarse, sin embargo continúa en pie, y aunque en España se habla continuamente de una inminente revolución, opino que esta no llegará si la corona no comete graves errores, quizás se puede llegar a ella si la proclamación de la República en Italia suscitara en todo el mundo una serie de revueltas imposibles de prever. 

Pero lo cierto es que carlistas o alfonsinos, la mayor parte de la nobleza y el clero prefirieron usufructuar el poder y los privilegios que combatir a los Borbón ya a finales del XIX. Los republicanos italianos, que existían desde antes de la unificación política, tardarán en proclamar su república cuando la monarquía cometa "graves errores": la aceptación del fascismo. En el caso de España también cometerá la monarquía "graves errores": no impulsar al país hacia la democracia, cuando ya había fuerzas políticas que la demandaban, comprometerse con los fracasos militares en el norte de África y aceptar la dictadura de Primo. En cuanto a los comerciantes tiene la siguiente opinión:

Junto al campesinado atolondrado [sopongo que habrá que entender este calificado como despistado, falto de instrucción] y al irreflexivo noble, tenemos al comerciante que viene a cumplir aquellas funciones sociales que en nuestro país desempeñan los judíos. Tiene que realizar mucho trabajo que requiere poco esfuerzo y lleva una vida errabunda, comprando frutas, lana, quesos, vino y aceite de oliva y revendiendo esos dones de Dios a los extranjeros, quienes tras colocar sobre ellos etiquetas francesas, lanzan al mercado un producto excelente, pero de vergonzosa procedencia, y más de una vez en Polonia un Valdepeñas para como Burdeos y el aceite de oliva castellano se le acuña el sobrenombre.

Sobre la pérdida de las colonias dice que la mayor parte de la población no la debió sentir de manera especial; al fin y al cabo, ¿que le venía a un campesino de las Hurdes, de los Pedroches, de la Galicia interior, de las montañas vascas, a un payés, a los que intentaban cultivar en secarrales, que España perdiese Cuba, Puerto Rico y Filipinas? ¿No tendrían cosas más importantes de las que preocuparse?

A principios del siglo XIX las colonias más grandes se independizaron, y a finales de mismo la potencia americana se adueñó de las restantes, que se encontraban en un constante estado de sublevación e insurrección, y el orgullo castellano -si todavía existe- llegó a ver cómo le asestaron un severo golpe en el mismísimo corazón. Declaman sobre ello los diarios, tan solo los republicanos, porque no hay otros, pero declaman como ejercicio literario. Los españoles piensan en ello lo menos posible, pues se preocupan más de las corridas de toros, de las verbenas y de las señoras; existen, por lo demás, círculos que se ocupan de aquella literatura que nadie lee, o de la pintura, que es todavía más popular; el país vive feliz, en libertad, sumido en un contínuo sopor, y a la ligera, como en Polonia bajo el reinado de los Sajones.

Debían armar mucha bulla los periódicos republicanos para que nuestro autor diga que "no hay otros", cuando es sabido que los había, pero sí es posible que el "desastre" fuese sentido por los intelectuales, los políticos, los ilustrados, los periodistas, las clases con formación y no tanto -o nada- por el pueblo en general, "sumido en un contínuo sopor", trasunto de lo que Maura llamaría "clases neutras". "El país vive feliz", dice, y ello solo será cierto si entendemos que se conformaba con lo poco que tenía; las fiestas locales servían de válvula de escape y la religión adormecía el resto. 

Paisaje rural de E. Florido Bernils

En España existe -sigue diciendo- una organización de partidos constitucionales que no tiene parangón con la inglesa y que engloba a toda la sociedad, sin embargo es muy poderosa  y actuando de forma sensata es capaz de preservar durante muchos años la actual forma de gobierno de las tentativas de los enemigos internos. Los carlistas y los republicanos conforman dos extremos de la opinión pública española hostiles a las instituciones vigentes, los conservadores y liberales dinásticos conforman, en cambio, la facción apegada al gobierno, y que luchan por las administraciones y sinecuras, a su vez los primeros están más de acuerdo con los principios de los carlistas y los segundos son más cercanos a los republicanos. 

Los políticos de profesión, y vinculados con ellos los financieros, conforman en España una casta aislada y numerosa, que no goza de demasiado respeto y a la que raramente accede una persona justa, solícita con el bien del país y diligente con el principio del honor. Esta gente vive de la política, reconoce la monarquía, porque ve en ella la adjudicación de cargos y favores, pero al no caber en un partido, se dividieron en dos facciones, que se apoderaron alternativamente de todas las instituciones, pero cuya diferencia de convicciones políticas ejercía una influencia determinante en la elección del partido. 

Tanto Cánovas, como Castelar, Silvela, Sagasta gozaban y gozan de buena reputación personal, y tanto sus partidarios como sus detractores testimonian unánimemente que son patriotas, personas íntegras y desinteresadas, pero la costumbre general es más fuerte que ellos...

Sin duda aquellos políticos de la Restauración, como dice el polaco, quisieron ir más lejos de lo que fueron, pero se encontraron con que, al no querer reformar en profundidad el régimen, "la costumbre general es más fuerte que ellos..."; es decir, el sistema que tenían organizado, caciquil, clientelar, corrupto, con una masa ignorante, impedía reformas que, con una sociedad más ilustrada serían posibles. 


La política, a pesar de ello, no funciona del todo mal; otra cosa es la administración, que es deplorable y con la que sufre la moral pública. La malversación de fondos públicos en todas las esferas está a la orden del día, los gobiernos utilizarn los impuestos para fines personales de miembros del partido gubernamental, o para sobornar a ciertos señores de la oposición a los que hay que mantener de buen humor, y toda la depravación alcanza hasta las juntas provinciales y municipales. 

España ha caído muy bajo, y seguirá cayendo, pues no la preservarán sus magníficas manifestaciones literarias y artísticas que intensifican la vida de una nación sana, pero nunca han rescatado a una decadente.

En España oirás más de una vez que tan solo la revolución puede salvar al país; esta expresión se ha convertido en moneda corriente de la sabiduría popular, pero menos mal que esta convicción normalmente no trasciende más allá de los labios. La triunfante revolución carlista, o republicana, que parece más probable, verdaderamente no cambiará nada si el carácter de la nación no cambia; tan solo entregará el poder en manos de otra confraternización de politiquillos, muy parecida a aquellas que actualmente gobiernan alternativamente. Pero lo que es peor, la revolución republicana inevitablemente se convertirá en la causa de una guerra civil, y la victoria de los republicanos tiene que acarrear una insurrección carlista, que obedecerá a las ansias independentistas de Cataluña y Navarra. Tan solo bajo el actual gobierno, de principios equilibrados, puede durar un armisticio entre las facciones extremas. (El subrayado es mío).

No oculta Dzieduszycki sus preferencias conservadoras, pero es un agudo observador de la realidad española del momento. Debió haber leído lo suyo sobre la historia de España, pero en sus premonitorias palabras demuestra también un buen olfato político. 

 Fiesta popular en Barcelona

jueves, 4 de octubre de 2012

La riqueza de la Iglesia en Colombia pasa a particulares

Campesinos colombianos
La Iglesia en Colombia se hizo con un gran patrimonio, entre otras cosas porque muchos "bienes eran donados testamentariamente por fieles que buscaban la salvación de su alma y generalmente los destinaban al pago de misas eternamente". El siglo XIX transcurrió en Colombia, en buena medida, de la mano de caudillos y guerras civiles, como si el ejemplo de España fuese de obligado cumplimiento, aunque en el caso del país sudamericano las pérdidas territoriales terminaron con aquella Nueva Granada y con la separación de Panamá cuando alboreaba el siglo XX. 

Cuando los grupos dirigentes liberales se decidieron a desamortizar los bienes de la Iglesia, que se encontraban vinculados a ella y, por lo tanto, fuera de la actividad económica, la mayoría de dichos bienes fueron a parar a manos de terratenientes y no de la masa campesina desheredada. El liberalismo colombiano, como tantos otros, lo fue más bien para la economía, pero en lo político tuvo grandes contradicciones y carencias. 

Según constata Rico Bonilla, ya en época del virrey español Antonio Manso Maldonado, presidente de la Audiencia de Santa Fe entre 1724 y 1731, decía al rey de España: Es así señor, que la piedad de los fieles en estas partes es excesiva: ha enriquecido a los monasterios y religiones con varias limosnas, obras pías que fundan en sus iglesias, capellanías que dotan para que las sirvan los religiosos... con que es rarísima la casa, fundo o heredad que no tenga sobre sí un principal equivalente a su precio; de suerte que los dueños vienen a trabajar para pagar los réditos a los conventos sin que les quede con que sustentarse y poco a poco se han hecho eclesiásticas todas las raíces de calidad...

No es necesario llegar, pues, a los liberales, para que se constate la riqueza de la Iglesia en Colombia y el poco rendimiento que ello representa para la nación. Pero llegó la época en que "los triunfos liberales de 1839 a 1876 constituyeron una época difícil para los religiosos", de forma que los gobiernos defendían los intereses de las viejas familias del interior porque estas apoyaban la estabilidad y el sistema de poder del cual formaba parte la Iglesia. Pero que la Iglesia se viese desposeída de sus bienes raíces para ser entregados estos a unos pocos terratenientes, no quiere decir que dejase de tener una gran influencia, y de ello es muestra el Concordato firmado con el Estado en 1887: En las universidades, y en los colegios, en las escuelas y en los demás centros de enseñanza, la educación e instrucción pública se organizará y dirigirá en conformidad con los dogmas y la moral de la religión católica... El gobierno impedirá que en el desempeño de asignaturas literarias, científicas, y, en general, todos los ramos de instrucción, se propaguen ideas contrarias al dogma católico y al respeto y veneración debidos a la Iglesia. Un liberalismo que, como se ve, no se aparta de la Iglesia cuando del control social se trata.

Ya en época colonial la renta de la tierra iba a parar a manos de una clase ociosa, la de los clérigos, de forma que buena parte de la riqueza nacional se concentraba en el clero. Por eso el Ministro de Hacienda, Castillo Rada, en el temprano año de 1826, señaló que la amortización eclesiástica es otro obstáculo perjudicial a la agricultura. Ya pues, que habeis dado el primer golpe a la amortización civil, completad la obra dándolo también a la eclesiástica... prohibiendo que estas comunidades [conventos, monasterios] puedan adquirirlos nuevamente [los bienes raíces] por ningún título. Y más tarde, durante el mandato del general Mosquera (1845-1849), el Secretario de Hacienda, Florentino González dice: En un país en que todas las propiedades inmuebles están vinculadas a manos muertas, son grandes los embarazos que se experimentan para todas las transacciones de intereses en que hay que tocar con ellas... Las propiedades vinculadas son una rémora para el libre comercio, son un medio de opresión política y religiosa, son una reliquia del ominoso feudalismo... Tengamos el mismo valor para librarnos de esta mengua; completemos esa revolución que empezamos en 1810.

Uno de los grandes hacedores de la desmortización eclesiástica fue Rafael Núñez, que sería excomulgado por ello junto a funcionarios y compradores de bienes desamortizados. Cuando el citado fue Presidente de la República en 1862 señaló: La desamortización es una de esas medidas que tienen su día preciso, necesario, providencial, de localizarse en la marcha laboriosa de los pueblos hacia la civilización; y así, ella ya es del dominio de la historia en casi todos los países de Europa, inclusive los más católicos, como Austria y España, porque es un absurdo monstruoso imaginar que tenga carácter religioso de ninguna especie lo que siendo rigurosamente mundano y temporal, no se roza, ni puede remotamente rozarse, con el espíritu o la conciencia... Dese hacía tiempo estaba claro que una cosa era la religión y otra la Iglesia; una las creencias y otra las propiedades eclesiásticas. El mero hecho de que la Iglesia recurriese a penas espirituales (la excomunión) como castigo por las expropiaciones de que fue objeto, dice mucho de aquella jerarquía eclesiástica en cuanto a la confusión entre religión y propiedad. 

Los liberales no llevaron a cabo la desmortización eclesiástica sin oposición, y no solo de la Iglesia, sino de nobles y conservadores que la consideraron "un ataque a las nobles costumbres católicas y una persecución sanguinaria a la Iglesia y los valores que representa". Es evidente que el adjetivo "sanguinaria" no tiene aquí sino un valor retórico, aunque la intención al utilizarlo sea otro. Incluso entre la población en general la desamortización no tuvo buena acogida, ya sea por la influencia que la Iglesia ejercía sobre la sociedad colombiana, ya porque no repercutió en favor del campesinado, como en el estado de Antioquía. El clero, por su parte, cerró algunas iglesias, se negó a administrar los sacramentos a los fieles, lanzó excomuniones, anatemas y protestas "contra el sacrilegio" (Rico Bonilla citando a Borda). 

La desamortización colombiana, como la española, "devino el latifundio y la pobreza campesina [y] finalmente, no significó una transformación revolucionaria o extensa del modo de producción imperante en las haciendas colombianas". La burguesía criolla liberal hizo "su" desamortización por y para sí, no para la nación ni para el cuerpo social que mejor la representaba, por su trabajo y por su número, el campesinado.

miércoles, 3 de octubre de 2012

El cacique Romanones

El conde de Romanones y Alfonso XIII
Hay algunas obras que son casi imprescindibles para conocer cabalmente una época de un país determinado. Para el caso de España y de las primeras décadas del siglo XX, las Notas de una vida (varios tomos) del conde de Romanones es una. También tiene gran interés el artículo de Javier Tusell, Una elección en la época caciquil: Guadalajara (1907),  1979, y también me ha parecido esclarecedora la obra de F. del Rey Requillo, Propietarios y patronos. La política de las organizaciones agrarias en la España de la Restauración (1914-1923). Por último el artículo de Javier Moreno Luzón, El conde de Romanones y el caciquismo en Castilla (1888-1923).

Este último señala que un diputado contemporáneo de Romanones había dicho: "ni la hoja del árbol se ha movido... sin autorización del Conde de Romanones. De acuerdo y con su conformidad, se han nombrado siempre, desde los Gobernadores Civiles y Delegados de Hacienda, hasta los Jueces y Fiscales Municipales, cualquiera que fuese el partido político que ocupase el poder. Los empleados todos, desde el portero de cualquier dependencia del Estado o la Provincia, hasta el más alto de ellos, no se nombraban sin su asentimiento...". En cada elección a Cortes, por lo tanto, el Gobernador Civil, el Delegado de Hacienda, el Juez, el Fiscal, el portero, se convertían en agentes electorales, en caciques al servicio de un cacique, que vendía favores a estos y estos a aquellos para mantener a Romanones en el poder, ya en el Gobierno ya en las Cortes. 

Una total falta de convicciones democráticas en las clases dirigentes españolas -tanto del siglo XIX como en buena parte del XX- ha hecho de la política una práctica repugnante y no el noble arte que teóricamente se predica. El conde de Romanones es paradigma de ese tipo de político que, aupado al poder a partir de una familia influyente, no lo abandonará nunca, salvo cuando un golpe de Estado (1923) que lo coge ya viejo, se haga con sus prácticas para prolongarlas durante siete años más. 

La permeabilidad de los dos partidos más influyentes durante el régimen de la Restauración, el Liberal y el Conservador, hizo que unos u otros personajes pasasen de aquel a este o de este a aquel sin mayor problema: un ejemplo es Maura, pero no el único. Además, una vez que se ponían de acuerdo las elites de cada partido en Madrid, las máquinas electorales de cada uno de esos dos partidos (y las de los demás) "encasillaban" a los candidatos para que saliesen elegidos de acuerdo con la voluntad expresada arriba. En pocos casos se imponía la voluntad del cacique local sobre la del nacional. 

La fortuna de Romanones procedía de la explotación a la que su familia había sometido a los trabajadores de sus empresas mineras de extracción y exportación de plomo en Andalucía. A partir de aquí la familia se fue haciendo con un buen patrimonio inmobiliario y alcanzar así una carrera en leyes o una ingeniería no era difícil, pues los recursos eran abundantes y podían soportar el número de años en la Universidad que hiciese falta. El propio Romanones cuenta en sus memorias: "no perdí momento para ensanchar el círculo de mis amistades... visité un pueblo tras otro, asistí a bodas, entierros y bautizos y fui buscando mis adeptos en todas las clases sociales". Moreno Luzón añade que "obtuvo el apoyo de los conservadores, guiados por su familia, y de los liberales, adictos al poder... La prensa local daba cuenta de sus actividades relacionadas con los pueblos, como las gestiones encaminadas a la concesión de subvenciones para reedificar iglesias, el nombramiento de un escribano... o la entrega de un recurso de alzada contra la subida de las contribuciones". Poco después "se permitía -dice el autor citado- ofrecer una conferencia en el Ateneo [de Madrid] sobre el concepto de sufragio, en la que habló 'de la influencia perniciosa del caciquismo'". El cinismo y la hipocresía, en él, no tuvieron límite ya desde muy pronto. 

Palacio de Buenavista, en Toledo
Fue defensor del sufragio universal, probablemente porque sabía como contrarrestar sus efectos, pero lo cierto es que lo defendió ante quienes querían volver al sufragio censitario. Tuvo buenas relaciones con los republicanos, si bien en esta familia cabe hacer diferencias entre unos y otros, y de hecho será el que se preocupe de buscar una salida al rey Alfonso XIII cuando, triunfantes los republicanos en las elecciones municipales de 1931, negocie con los personajes que se convertirán en el Gobierno provisional de la II República española. 

El cacique de Guadalajara no creía en la justicia social, pero sí en la beneficencia y en la caridad: siempre estuvo vinculado a obras filantrópicas en favor de los pobres en sus asilos, limosnas y bonos de comida, como ha señalado Moreno Luzón. En materia electoral gastó lo suyo para pagar a unos y a otros, ya que no de otra manera algunos caciques locales se prestaban a colaborar en los fraudes, mientras que otros eran pagados con puestos de trabajo y otras prebendas, como se ha dicho más arriba. De todas formas, al triunfo de los partidos conservador y liberal contribuyó la desmovilización de los electores, sabedores de que los "pucherazos" estaban garantizados. Algunos candidatos republicanos solían colarse en las Cortes ante la fuerza que tenían en algunos distritos, y a partir de 1910 el primer socialista, Pablo Iglesias, ocuparía un escaño, pero solo mediante una coalición con los republicanos. 

El cacique Romanones participó activamente en las famosas cesantías de funcionarios cuando, tras el triunfo de su candidatura, tocaba despacharlos para colocar en su puesto a los partidarios: todo un ejemplo de arbitrariedad y abuso. Participó en las negociaciones con Francia para el reparto de Marruecos en favor de dicho país y España, en lo que demostró pocos escrúpulos, pues su familia -y él mismo- tenía intereses económicos en el Rif. Liberal en lo religioso, incluso puede calificársele como moderadamente anticlerical y claro partidario de la separación entre el Estado y la Iglesia. Irónico y sangrante es que fuese nombrado miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, pero estas cosas suelen ocurrir cuando alguien ha tenido tanta influencia durante tanto tiempo, recursos económicos sobrados y amistades privilegiadas, como el mismo rey Alfonso XIII. 

Durante treinta años casi no dejó de estar en el Gobierno o en alguna institución importante del Estado. En 1901 fue nombrado Ministro de Instrucción Pública y en 1906 de Agricultura, Industria y Comercio durante un breve tiempo, porque meses más tarde ocuparía la cartera de la Gobernación. En 1910 vuelve a la cartera de Instrucción Pública y en 1912, tras el asesinato de Canalejas, ocupa durante un año la Presidencia del Consejo de Ministros. En 1913 es Ministro de Gracia y Justicia (otra paradoja) y en 1916 de Estado, siendo partidario de la neutralidad de España en la primera guerra mundial. En 1918 vuelve a la cartera de Gracia y Justicia por poco tiempo, para volver a ocupar la de Instrucción Pública, de Estado y de nuevo Presidente del Consejo de Ministros. En 1922 de nuevo será Ministro de Gracia y Justicia y en 1923, en vísperas del golpe de estado de Primo, Presidente del Senado. En 1931 era Ministro de Estado cuando la monarquía caía víctima de tanto cacique, prohombres sin escrúpulos, liberales de boquilla, partidarios de mantener a España en manos de unos pocos y de combatir cualquier cambio que afectase a su estatus e intereses. 

El conde de Romanones puso su inteligencia -no poca- al servicio de una España tradicional, aunque él militase en las filas del liberalismo doctrinario. No destacó por el regeneracionismo que sí caracterizó a otros, incluso conservadores, como Silvela o Maura. No tuvo la altura política de Canalejas, pero sí la astucia para mantenerse en el poder antes y, sobre todo, después del desastre del 98. De aquel mazazo no pareció el conde sacar las lecciones necesarias, por más que en la política de la época se manejase como pez en el agua. Supo llegada su hora con la II República española, y entre la guerra civil y su muerte en 1950 no parece que se oyese su voz para condenar un régimen criminal: parece que se notaba ya, para esos trotes, demasiado viejo. (Arriba, palacio de Buenavista, en las afueras de Toledo sobre el Tajo. Construído en el siglo XVI para el cardenal Sandoval, mucho más tarde pasaría a la familia del cacique Romanones).

lunes, 1 de octubre de 2012

Arqueología en Minho (y 4)

Túmulo en Peneda do Gerês
El macizo montañoso que desigualmente entra en el norte de Portugal desde el suroeste de la provincia de Ourense, se extiende más en el país vecino que en la provincia gallega, y a un lado y otro de la frontera queda dividido desigualmente por un valle: al este, la mayor parte de la mole y al oeste la porción más pequeña. Al oeste de la carretera que conduce empinadamente en dirección norte por este valle, antes del descenso ya en tierras gallegas, se encuentran una serie de yacimientos arqueológicos que forman parte del Parque Peneda do Gerês.

En Calcedónia un poblado en el municipio de las Terras de Bouro (feligresía de Covide). Quizá estuvo fortificado, pues se han podido estudiar algunos restos de la muralla y cimientos de algunas construcciones, tégulas y otros materiales que van desde la edad del hierro hasta la época romana. Muy cerca, en dirección norte, se encuentra todavía el miliario de Covide, marcando la ruta de la calzada romana que conducía al interior de Galicia y luego a Astúrica (vía Bracara-Astúrica del Itinerario de Antonino). Se trata de un monolito cilíndrico sobre una piedra trabajada y consta de una inscripción indicando la milla XXVI y alusión a Licinio.

Otros miliarios se encuentran poco después, siempre en dirección norte, en Bouça do Gaviâo, donde también se han encontrado hitos demarcando alguna división administrativa (Vilarinho de Furnas y Campos do Gerês). Los dos miliarios han sido levantados, pero cuando se produjeron los trabajos arqueológicos estaban tumbados.

En Bouça de Mó quedan todavía los cimientos de un edificio romano que parece corresponden a una estación (mutatio) para ayuda a los viandantes. Era un edificio rectangular sobre una pequeña colina junto a la vía. Se ha encontrado cerámica de terra sigillata hispánica, tégulas, cerámica común y un peso de telar.

En Bico da Geira había otros siete miliarios (feligresía de Campo do Gerês), pero algunos están custodiados en instalaciones públicas en la villa de Gerês. En uno de ellos se aprecia una inscripción.

En Vota do Corvo se encuentra la milla XXXII de la vía de Geira: aquí han sido encontrados un conjunto de miliarios (13), algunos en posición vertical y otros tumbados. Algunos de ellos tienen inscripciones visibles.

En Albergaría se han encontrado un conjunto de 10 miliaros, seis de los cuales levantados y los demás tumbados. Aunque tienen inscripiciones, al parecer, no han podido ser leídas dado su deterioro.

En Portela do Homem, ya en la raya con Galicia, existían en 1992 siete marcos miliarios, levantados años antes cuando se construyó un edificio para aduana. Descripciones antiguas hablan de la existencia de trece miliarios de los que actualmente se conservan ocho.

domingo, 30 de septiembre de 2012

El paisaje en la pintura

La pesca milagrosa
Brigitte Leguen dice que el cuadro de Conrad Witz La pesca milagrosa es "la primera representación exacta, el primer 'retrato' de un paisaje auténtico". Lo dice porque Witz pintó "verdaderos pescadores; no los sublimados apóstoles de los cuadros antiguos, sino toscos hombres del pueblo". En efecto así es, pero los personajes no son el elemento fundamental del paisaje; de hecho Witz había pintado paisajes en otros cuadros suyos anteriores: Cristo en la cruz entre 1430 y 1433 y San Cristóbal sobre 1435, mientras que La pesca milagrosa es de 1443-1444 (1). La misma autora dice que los británicos "nos hacen descubrir los amplios horizontes", los alemanes "aportan la nocturnidad y el sueño", los franceses "el sentido trágico de la Historia...", añadiendo luego que "los holandeses son los primeros... en descubrir la belleza de los cielos" (2).

Delacroix, en pleno romanticismo, pinta algunos paisajes de los que entresacamos dos: El naufragio de Don Juan, obra de 135 por 196 cm. que se encuentra en el Museo del Louvre (1841), y El mar desde las alturas de Dieppe, donde anticipa la técnica impresionista (Louvre, 1852) (3).

El mar desde las alturas de Dieppe
Con una sensibilidad más realista, denunciadora de las condiciones de vida de las clases humildes, están los paisajes de Millet (Las espigadoras), mientras que más tarde, Cézanne, con sus Montañas de Provenza (1886) nos deja otra interpretación del paisaje de naturaleza (del que hizo varias versiones).

Montañas de Provenza
Dice Brigitte Legen que existe una relación "entre campo cultivado y fertilidad, campo yermo y esterilidad, frío y muerte, ascensión a los lugares elevados y bajada a los infiernos...". En este sentido, volviendo atrás en el tiempo, tenemos el ejemplo de Carl Gustav Carus, con su frío Monumento a Goethe (1832, Kunsthalle de Hamburgo, 72 por 54 cm.) o su Niebla en la mañana, donde parece asemejarse a la obra de Turner (1825, Nationalgalerie, Berlín, 20 por 26 cm.). Carus fue amigo de Goethe y en las cartas que se intercambiaron estaban de acuerdo en la relación entre la naturaleza y el hombre. Una obra suya son Cartas sobre pintura de paisaje, en la que se nota la influencia del pintor Johann Christian Klenger (4), donde los paisajes mantienen casi siempre la tonalidad oscura y melancólica del este de Alemania.

En los paisajes del suizo Salomon Gessner, como poeta que fue, hay un lirismo más claro, precursor de algunos cuadros románticos posteriores (Gessner vivió en el siglo XVIII). Por su parte David Friedrich nos adentra en las ruinas, la desolación, la soledad, los naufragios, las brumas... Su obra El mar de hielo está ya dentro del pleno romanticismo. Es una obra de 1824 (96 por 126 cm.) que se encuentra en el Kunsthalle de Hamburgo.

El mar de hielo
Constable también es muy novedoso con algunas de sus obras, además de un maestro del paisaje. Un ejemplo de lo primero es el Boceto para un caballo saltando, donde los tonos oscuros y la pincelada borrosa predominan. Es una obra de 1824-1825 que se encuentra en el Museo Victoria y Alberto de Londres. Otro ejemplo del Constable menos reconocido es Stonehenge, donde nada de la placidez de otras obras suyas encontramos, sino todo lo contrario.

Hay un paisaje urbano que también ha sido tratado en la pintura. Aunque los impresionistas gustaron de pintar edificios, estaciones, calles y plazas, con anterioridad tenemos ejemplos: Ambrogio Lorenzetti representó a la ciudad de Siena en su Alegoría del buen gobierno ya en el siglo XIV; Vermeer pintó a la ciuda de Delft en el siglo XVII; y posteriormente a los citados impresionistas George Bellows pinto su Nueva York en 1911. Más tarde Antonio López demostrará las posibilidades del hiperrealismo con su Gran Vía madrileña.

Fragmento de la Alegoría del buen gobierno
Lorenzetti pinta con la delicadeza y falta de perspectiva de un artista gótico, amontonando los edificios, las personas y los animales, pero con un "orden" convencional al distribuir las gamas de colores que contribuyen a diferenciar e incluso individualizar cada parte de la composición, cada elemento que forma parte de él. Vermeer, en cambio, está sujeto a la norma de su tiempo: el realismo; pero al mismo tiempo ha de rendir culto a la atmósfera de su Holanda natal. Bellows ya está inscrito en la vanguardia del siglo XX y pinta un Nueva York cosmopolita y ajetreado, con sus rascacielos y con la técnica de un pintor moderno. Después de la descomposición de las formas (impresionistas y otros) viene el hiperrealismo a ofrecernos el detalle de la fotografía, pero con la plasticidad que solo puede conseguir la pintura.

"El control sobre la naturaleza es la historia del hombre", ha señalado Brigitte Leguen, contraponiéndose a la visión marxiana de que la historia de la humanidad no ha sido otra cosa que la lucha de unas clases contra otras. "La visión bucólica de la naturaleza -sigue la autora citada- virgen placentera, el mito del buen salvaje propuesto por Rousseau, Paul et Virgine (5), Candide (6) cultivando su jardín, son imágenes utópicas de una felicidad que pretende asociar la naturaleza a la bondad del hombre..."

Vista de Delft
Nueva York, 1911
Gran Vía
Boulevard Montmartre, nocturno, 1897 (Pisarro)
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(1) Cristo en la cruz se encuentra en el Museo Staatliche de Berlín. Es un pequeño cuadro de 34 por 26 cm. San Cristóbal se encuentra en el Öffentliche Kunstsammlung de Basilea (101 por 81 cm.) y La pesca milagrosa está en el Museo de Arte e Historia de Ginebra, con unas dimensiones mayores (132 por 151 cm.) lo que quizá haya servido como ejemplo pues se aprecia con más detalle el pasiaje.
(2) "El paisaje en la literatura francesa a partir del siglo XIX y sus relaciones con la pintura", 2010.
(3) Dieppe es una población del Sena marítimo, en el norte de Francia.
(4) De la escuela de Dresde.
(5) Obra de Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre, a finales del siglo XVIII, en la que dos niños son educados en medio de la naturaleza hasta que les toca separarse.
(6) A mediados del siglo XVIII Voltaire escribe esta obra en la que el protagonista vive placenteramente en medio de la naturaleza.