sábado, 24 de diciembre de 2022

Dinastías y jesuitas en Brasil

 

                                                "Aldeia" jesuita (ilustración de Cola da Web)

Inicialmente Brasil fue una colonia considerada de menor importancia dentro del imperio portugués, y solo en 1549 la monarquía portuguesa nombró el primer gobernador general, Thomé de Sousa con sede en Bahía. Junto con él viajaron seis jesuitas con el objeto de que dieran cumplimiento a los deseos del rey Joâo III, que los indios estuviesen bajo la protección de la corona al tiempo que les encargaba su evangelización. Los indígenas debían ser considerados, también, seres libres y debia asentárseles en poblados estables, considerándose que este primer contingente de jesuitas contribuyó a expulsar a los franceses de Fort Coligny[i], fundando entonces Río de Janeiro.

Los jesuitas debían también atender expiritualmente a los portugueses que se extendían por las costas atlánticas como “caranguejos”, avanzando hacia el sur, San Vicente (lugar del futuro Sâo Paulo), lo que motivó que el rey portugués dirigiese una carta a las autoridades de Brasil reconociendo la labor de los jesuitas y recomendando el apoyo que necesitasen, y en otra carta da orden de que se facilite a los jesuitas la piedra, madera y otras “achegas” para que puedan construir sus colegios, lo que contrastará con la situación que veremos durante el reinado de Felipe II de España.

En la Corona castellana la doctrina del Real Patronato y del Real Vicariato[ii] viene de antiguo, y la podemos encontrar en las Siete Partidas del rey Alfonso X (s. XIII). A petición de los Reyes Católicos, dos siglos más tarde, el papa concedió el Real Patronato que ya habia otorgado a la monarquía portuguesa, teniendo entonces que delimitarse las zonas de conquista que correspondían a castellanos y portugueses. Habría no obstante una salvedad desde el momento en que Felipe II es rey de Portugal: la Orden de Cristo, heredera de los Templarios en Portugal, no podría trasladar sus prerrogativas a Castilla. En cuanto al diezmo, entre 1529 y 1544 los indios estaban exentos de pagarlo, pero la situación varió con el tiempo[iii].

La política de los monarcas españoles en Indias, y también cuando gobernaron Brasil, fue centralizadora y absorbente, mientras que en Portugal los jesuitas habíann sido consejeros y beneficiados de la dinastía Avis. Cuando aquellos se instalaron en Brasil, el desarrollo agrícola y comercial experimentó una evidente mejoría, pero a diferencia de la portuguesa, la monarquía española ejerció un control férreo sobre la Iglesia. Un ejemplo lo tenemos en la carta que la reina Juana (madre de Carlos I) envía en 1532 a la Real Audiencia de Nueva España para que el marqués del Valle (Cortés) no haga uso de las bulas y escrituras que había conseguido para beneficiarse; y Felipe II escribe en 1574 y 1575 que habiéndose construido en el Nuevo mundo “las Iglesias y Monasterios a nuestra costa y de los señores Reyes Católicos nuestros antecesores", recuerda las prerrogatias que le corresponden por el Patronato sobre las Indias. Al año siguiente –bien asesorado por sus juristas- advierte que no consentirá “sea visto que concedemos derecho de Patronazgo a persona alguna, Iglesia ni Monasterio”.

En cuanto a Brasil, Felipe II respetó lo acordado en las Cortes de Tomar de 1581, aunque no renunció a promover una serie de reformas que incluso en Portugal se vieron como necesarias, sobre todo en el orden judicial. La promulgación de Código Filipino en 1603[iv] permanecerá vigente hasta el siglo XIX, modificando las Ordenanzas Manuelinas de 1512-1513. Entre otras cosas se castigaría a todo el que acudiese al papa para obtener bulas que contraviniesen al Patronato regio, y sabido que los jesuitas eran la orden más afín y obediente al papa, comenzaron a sufrir la política del rey español.

Desde el primer momento, los de Ignacio de Loyola fundaron “aldeias” de indios, la primera en 1557, pero se extendieron rápidamente, por lo que abandonaron las misiones itinerantes; en 1562 había ya once “aldeias” en Bahía, y esto produjo grandes tensiones tanto en el interior como en el exterior de la Compañía, resultado de las frustraciones de la experiencia misionera de los jesuitas en Brasil, pues las dificultades fueron en aumento: “lo poco que se podía hacer en esta tierra en la conversión del gentío, por falta de sujeción”[v] (de los indios) decía un jesuita. Sin embargo, hasta 1580 los jesuítas tuvieron acceso directo y privilegiado a los indígenas, lo que les convirtió "en maestros y señores del Brasil”[vi], pero desde dicho año empezaron los conflictos.

José de Anchieta, de origen canario, empezó un intercambio epistolar con Felipe II, mientras llegó el nuevo gobernador general, Manuel Telles Barreto, y según Serafín Leite[vii] el período de Telles Barreto fue el peor para la Compañía de Jesús, ya que era poco afecto a la misma. El mismo Leite añade un comentario sobre la actitud totalmente diferente según se tratase de Brasil o del Virreinato del Perú: en Juli[viii], ante la solicitud del virrey Francisco de Toledo, para que los jesuitas se hicieran cargo de los indígenas, aquellos se negaron con excusas.

En 1584 el rector del Colegio de Salvador, Luis de Fonseca, hizo una “Información de los primeros aldeamientos de Bahía” en el que se puede ver cómo la situación de los jesuitas había variado desde 1557. La exigencia de una lealtad plena al nuevo monarca (Felipe II) bajo un control estricto, obligando a compatibilizar la labor de los jesuitas con otras órdenes religiosas y con el clero secular, les contrarió, pues con los Avis habían tenido una influencia en todos los órdenes extraordinaria, y ello contrasta con los jesuitas en lo que hoy es el Perú. En primer lugar debían lograr la autorización para entrar en el virreinato peruano, lo que obtuvieron en 1567, y el español Francisco de Borja* consiguió su objetivo después “de armar una compleja tramoya ante el papa Pío V”, pero no sin que Felipe II se enojara ante la reunión de un Consejo Cardenalicio que, a sus ojos, podría restarle poder de patronazgo sobre las Indias españolas

El rey español convocó entonces una Junta Magna formada por los más altos funcionarios de la corte, la que autorizó el ingreso de los primeros jesuitas en el virreinato del Perú.


[i] Un emplazamiento fundado en Río de Janeiro en 1555.

[ii] Según la cual en las Indias españolas los reyes eran vicarios del papa, con facultades en el gobierno eclesiástico, idea que surgió en los ambientes religiosos de las misiones de América, suponiéndose que tenía su fundamento en las bulas de Alejandro VI de 1493.

[iii] Ver “Fluctuaciones económicas en Oaxaca durante el siglo XVIII”, varios autores bajo la coordinación de Elías Trabulse, Centro de Estudios Históricos Nueva Serie, volumen 29.

[iv] Aunque lleva esa fecha fue elaborado en época de Felipe II.

[v] Carta del P. Manuel de Nóbrega desde Bahía al P. Miguel de Torres en Lisboa.

[vi] Paulina Numhauser, “El Real Patronato en Indias y la Compañía de Jesús durante el período filipino…”. En este trabajo está basado el presente resumen.

[vii] Historiador portugués nacido en 1890 en San Joâo de Madeira y fallecido en Roma en 1969.

[viii] Al sur de Perú, junto al lago Titicaca.

* (1510-1572) fue General de la Compañía de Jesús y IV Duque de Gandía, además de otros títulos.

viernes, 23 de diciembre de 2022

Arqueología andina

 

                                                                       El lato Titicaca

Los pueblos y civilizaciones que se desarrollaron en territorio posteriormente incaico han dejado muestras notables de sus culturas, grado de desarrollo, actividades y mentalidad, entre otros aspectos[i]. Huancas, chinchas, lupacas, chancas, collas y charcas son algunos de ellos, pero es muy probable que estuviesen integrados en culturas superiores de las que ellos participarían en un grado u otro. Los huancas, situados en el centro del actual Perú, desarrollaron su cultura entre los siglos XI y XV, antes de ser sometidos por el Inca. Junto con otros pueblos de los que hablaremos aquí, utilizaron camélidos para sus actividades económicas y de transporte, conocieron la agricultura y se defendieron militarmente cuando fue necesario.

Los chincas se ubicaron en la costa suroccidental del actual Perú, y su cronología es muy parecida a la de los huancas, también sometidos por los incas, pero al vivir en la costa practicaron un comercio marítimo que la arqueología ha podido demostrar. Los lupancas fueron uno de los grupos aimaras que se localizaron al oeste del lago Titicaca; relacionados con los constructores de la ciudad de Tiwanaku, surgieron cuando esta entró en decadencia (siglos XI-XII d. C.). Los chancas estaban en el suroeste del actual Perú, adquiriendo importancia a partir del siglo XIII, siendo uno de los grupos (o conjunto de ellos) que más oposición hicieron a la dominación incaica. Los collas quizá sean los que han dado la lengua más antigua de todo el conjunto andino, la puquina, pero cayeron bajo dominación incaica que, en este caso, contó con la colaboración de los lupacas, enemigos de los collas. Los charcas habitaron en la actual Bolivia, al sur y en el centro del país, cayendo también bajo dominación incaica y dando su éponimo a la actual provincia de Charcas y a la Audiencia de época hispánica.

Son solo algunos ejemplos del expansionismo inca, sobre todo en el siglo XV, pues su imperio no se sostuvo más allá de ciento cincuenta años. Sucesivas migraciones de este pueblo guerrero les llevó al valle del Cuzco, desde donde desarrollaron un imperialismo agresivo sabiendo transmitir a los pueblos sometidos elementos culturales complementarios.

Pero mucho tiempo antes de que estos grupos humanos desarrollasen sus vidas, en los Andes se desarrolló la cultura Caral entre el tercer y el segundo milenio antes de Cristo, siendo su “ciudad sagrada” la que ha inspirado el pensamiento religioso y la tecnología por medio de su arquitectura monumental. Los pueblos anteriormente citados no habrán tenido noticia de esta civilización antiquísima, que tuvo lugar en un altiplano andino. Cerca de un valle se ha excavado una pirámide llamada “mayor” en cuyos muros se han esculpido relieves de seres humanos en diversas posiciones, todas ellas simbólicas. Otra pirámide escalonada, con una rampa como la de las zigurats mesopotámicas, sugieren un gran centro ceremonial. Los arqueólogos hablan, a tenor de los restos encontrados (treinta y dos conjuntos arquitectónicos), de un poder centralizado, pero además se han excavado dieciocho asentamientos más donde vivirian los funcionarios, los servidores y el resto de la población, toda ella muy jerarquizada.

¿Eran los jefes políticos de Caral intermediarios entre sus pueblos y los dioses? Lo que los expertos aseguran es que estado y religión estaban unidos, habiendo aparecido ídolos entre los que destacan estatuas de mujeres muy toscamente labradas en arcilla, con los brazos pegados al cuerpo, una acusada frontalidad y los peinados coloreados; en otras ocasiones son máscaras expresivas y objetos de adorno o de distinción social (prendedores, aves y colgantes…). Pudiera haber sido una sociedad injusta según nuestros parámetros, pero no guerrera, pues Caral parece haber sido ocupada ininterrumpidamente durante dos milenios, hasta que otros grupos provenientes del norte y del sur reemplazaron a sus habitantes. No lejos de la costa y dejando Lima al sur, los yacimientos de Caral siguen estudiándose en la actualidad.

Quizá la cultura chavín, no lejos de Caral en términos relativos, vino a sustituirla, perdurando hasta los últimos siglos anteriores a Cristo, pero aquella se extendió hasta el actual Ecuador. Una multitud de ríos recorren su territorio, lo que permitió la siembra, obras hidráulicas, el comercio y la pesca. Tiene interés el llamado “adoratorio Pachamacac[ii], junto al río Lurín; se trata de plataformas escalonadas con grandes piezas de piedra que permiten distinguir edificios para diversas funciones: religiosas, palatinas, etc. Como en el caso de Caral, todo el recinto era considerado sagrado según los especialistas.

Los aimaras se desarrollaron en la parte occidental del lago Titicaca, por lo tanto en territorio del actual Perú, pero es probable que extendiesen sus costumbres a la zona boliviana, y pobablemente constituyeron con el tiempo la cultura Tiwanaku, en territorios de Perú, Bolivia y el norte de Chile, habiéndose desarrollado entre mediados del segundo milenio a. de C. y el siglo XII de nuestra era. Se trata de la cultura más extensa en territorio de las vistas aquí, con una arquitectura adintelada, ídolos macizos y de orden gigante para ser expuestos en el exterior, cabezas empotradas entre los sillares de los gruesos muros[iii], etc. En realidad se trata de varios grupos humanos que hablaban varias lenguas, una de ellas el puquina[iv], unidos por la fuerza creadora de Tiwanaku, el origen del mundo en la cosmogonía de aquellas gentes, obra del dios Viracocha, que talló a los hombres en piedra y les dio vida.

Practicaron la agricultura en las pendientes de las montañas, para lo que tuvieron que desarrollar una tecnología de terrazas, crearon lagunas artificiales para disponer de agua con vistas a la agricultura y a las necesidades de los camélidos, cultivaron varios tipos de papas y desecaron carne, comerciaron sus excedentes y, por necesidades de espacio para estas actividades, llevaron a cabo una política expansionista. A partir de 500 d. C. desarrollaron las grandes construcciones que nos han dejado, con muestras de urbanismo y templos, para lo que necesitaron transportar la piedra desde las zonas serranas, pero también se experimentaron grandes convulsiones sociales cuando hubo dificultades por las sequías, una de ellas prolongada durante un siglo aproximadamente. Es entonces cuando Tiwanaku se desintegra en pequeños grupos y es abandonada.

La cultura chimú se desarrolló durante la primera mital del segundo milenio después de Cristo en las proximidades de la costa peruana. Sus muros de barro se compensan con el poderío militar que demostraron para controlar los cauces de agua, construyendo acueductos, acequias, canales y diques, lo que les permitió cultivar maíz, algogón, maní, ají, etc. Desarrollaron una artesanía utilitaria de una delicadeza y vistosidad extraordinarias: máscaras, vasos, recipientes cerámicos complejos con motivos animales, adornos, vasijas panzudas con materiales diversos: metales (oro), barro, y construyeron balsas y canoas.

Con estos chimús se encontró el Inca Pachacútec[v] a mediados del siglo XV, siendo vencido en varias ocasiones, pero a la postre también cayeron sometidos al imperio incaico gracias a la ayuda con que contó el Inca. Entonces se procedió al reparto de tierras entre los aliados.

En el valle de Lambayeque[vi] se desarrolló la cultura moche o mochica, que pronto se extendió a los otros valles comarcanos en los primeros siglos de nuestra era. Irrigaron el desierto y conquistaron a otros pueblos, sometiendo a los resistentes a la esclavitud[vii]. Su producciónn artística es de gran expresividad y delicadeza, utilizando metales preciosos y tejidos, arcilla para objetos decorativos o utilitarios, existiendo un común denominador con las obras de otras culturas citadas, pero en el caso de los moches desarrollaron también un realismo en los rostros como no se había visto antes, dándonos una tipología que aún se observa entre los pueblos indígenas andinos actuales.

Las obras de arte de los moches pretendían en ocasiones la simbología, el poder, los dioses; y la ornamentación de los personajes principales es extraordinariamente rica y “barroca”. Existía una fuerte diferenciación social, y el oro solo era empleado para dar vistosidad a los ornamentos de los jefes políticos y/o religiosos, no un metal para el comercio, sino solo para marcar la diferencia de los superiores. De igual manera se han hallado ajuares de oro en las tumbas de los personajes principales, y en cuanto a la cerámica representaron motivos abstractos, eróticos, la guerra, narrativos, etc. Eran agricultores del desierto, desviando el cauce de los ríos que bajan desde las montañas.

Obras de arquitectura monumental son las huacas[viii], principalmente la del sol y la de la luna, pirámides de gran envergadura con plataformas laterales, para lo que obligatorio el trabajo comunal y la participación en la guerra. Estas tumbas han sido saqueadas durante mucho tiempo, pero las autoridades y los arqueólogos están haciendo un gran esfuerzo por evitarlo.

Destaca la “cámara funeraria del señor de Sipán”, que en realidad conduce a otros muchos enterramientos encontrados, estos de menor categoría. Se trataría del séquido del señor de Sipán[ix] cuyos miembros habrían sido enterrados antes, al mismo tiempo o después de su señor, enterrado con toda la ornamentación que es posible imaginar (oro, plata, cobre y cobre dorado). En la parte supereior fue enterrado su “guardaespaldas” con los pies amputados para que no pudiese abandonar la función que le corresponde incluso en la otra vida. La arqueología ha dado a la luz varios cientos de objetos de un valor variable pero, en su conjunto, extraordinario, incluidas unas doscientas vasijas escultóricas. El complejo funerario es un recinto abierto con paredes e adobe; a los lados hay dos enterramientos de varones, quizá un jefe militar y otro del protocolo, y se ha encontrado también la tumba de un perro.

Una socied rica y desigual, donde se da la paradoja de que los edificios de adobe guardan tesoros de valor incalculable. Una sociedad de agricultores, servidores, soldados, cortesanos y sacerdotes que tenían en común creer en la condición eterna de sus líderes. En la cosmogonía mocha el tránsito entre la vida y la muerte se consideraba con naturalidad, conjetura que han hecho los arqueólogos y antropólogos a partir de los muchos trabajos en las últimas décadas.

[i] Ver aquí mismo “Tiwanaku” y “Caral de los Andes”.

[ii] Sería el creador del universo.

[iii] Se han hecho varias interpretaciones: cada una de las cabezas simbolizaría a un pueblo sometido; ensayos de Viracocha para elegir la pareja que originaría el mundo…

[iv] Otras el aimara y el quechua.

[v] Reinó entre 1438 y 1471. El origen de las dinastías incas está a mediados del siglo XIV en la región del Cuzco; en realidad se trató de la pugna de varias familias por hacerse con el mando hasta que una se erigió con éxito. Así comenzó su expansión, quizá para legitimarse.

[vi] Al norte del actual Perú, en la costa.

[vii] Probablemente ha existido en otras civilizaciones de las estudiadas aquí.

[viii] Tumbas.

[ix] La muerte del señor de Sipán no fue violenta.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Dos visiones sobre los indios

 

                             Selva Lacandona en Chiapas (minube.com/rincon/selva-lacandona)

Asombra que un sacerdote católico con formación tan elevada como Juan Ginés de Sepúlveda, haya hecho una defensa tan cerrada sobre el derecho de conquista por parte de los españoles en las Indias. Sorprende también que no parezca haber tenido sentido crítico para interpretar la “Política” de Aristóteles, de quien se sintió muy influido, para no entenderla de acuerdo con la larga historia de la filosofía cristiana a la altura del siglo XVI. Al fin y al cabo Aristóteles era un pagano para Sepúlveda, bien que reinterpretado por Tomás de Aquino, y sorprende también que alguien que no estuvo nunca en las Indias se base en fuentes indirectas, y no en la propia experiencia, para hablar de un fenómeno tan complejo como el de la conquista, evangelización y colonización de los pueblos amerindios.

Su polémica con Bartolomé de las Casas, los dos con larga vida, no tiene obstáculo en ser entendida actualmente, pero en el siglo XVI la opinión estuvo dividida entre las posiciones de uno y otro, seguramente mediatizada por situaciones personales (Sepúlveda fue cronista del rey Carlos I), la ambición de los que partían a las Indias y la mentalidad dominante de una hidalguía que, con la excusa de “servir a la monarquía”, empeñaban vida y hacienda si existía la posibilidad de alcanzar honores y riqueza. Las crueldades y los crímenes cometidos han sido evidentes, muchos de los cuales castigados por la Corona, pero otros quedaron impunes.

Quizá debamos interpretar el fenómeno de la conquista de América por los españoles como algo inevitable en el contexto expansionista de la monarquía española desde hacía siglos, pues de no ser los conquistadors ibéricos, otros hubiesen actuado de forma quizá parecida[i]. En medio estuvo la población indígena americana, sometida una parte por otra, sujeta al pago de tributos, a injusticias anteriores a la llegada de los europeos, con costumbres que solo en sus cosmovisiones se entendían, pero también con sus religiones, bondades, instituciones, autoridades y demás características hoy muy estudiadas.

A mediados del siglo XVI existían ya suficientes pruebas de lo que estaba ocurriendo en las Indias para concitar en el Colegio de San Gregorio de Valladolid una encendida discusión entre los dos clérigos citados. Sepúlveda había nacido en Pozoblaco[ii] en 1490 y Las Casas en Sevilla, pero no se conoce el año con seguridad, teniendo una prolongada experiencia en las Indias, primero como encomendero pero muy pronto como denunciante de lo que consideraba crímenes contra los indígenas por parte de los conquistadores.

Sepúlveda defendió que las guerras llevadas a cabo por los españoles en Indias eran justas, y que los indios estaban obligados a someterse “como menos entendidos a los más prudentes, y si no quisieren, los españoles les pueden hacer guerra”. Para el sacerdote y cronista los indios no vivían conforme a la razón natural “y tienen costumbres malas”, lo cual –dice- es por falta de religión, siendo evidente que Sepúlveda entendía por tal la católica, única posible, lo que les llevaba a “malas costumbres”. Una fuente que Sepúlveda emplea en la controversia es la obra de Gonzalo Fernández de Oviedo[iii], que Las Casas considera de calidad ínfima y no comprensiva de la complejidad de los muchos pueblos indígenas de América.

La realidad que conoció Las Casas fue la del actual sur de México, Guatemala y otros territorios limítrofes, así como en las Antillas. No resulta difícil al dominico rebatir las posiciones de Sepúlveda, sobre todo por haber sido testigo de muchas situaciones en las Indias, empleando un estilo algo hiriente para con su interlocutor: “ni entiende a Santo Tomás, y disimula con la doctrina de Aristóteles en su Política”, o bien “como Dios privó al doctor Sepúlveda de la noticia de todo esto…”, “la gran temeridad que ha tenido [Sepúlveda] en enviarlo a imprimir a Roma”[iv] un libro de su autoría, añadiendo luego que tal obra era “venenosa ponzoña” e “impeditivo del Evangelio”.

Hoy existe cierto acuerdo sobre que Las Casas exageró las excelencias y bondades de los indios para contrarrestar la gran fuerza de los conquistadores y sus valedores en la Corte, pero aporta argumentos que dan una visión universalista de las sociedades humanas, como cuando dice que las naciones que ahora son muy políticas y prudentes, anteriormente fueron bárbaras, citando a Trogo Pompeyo cuando habla de que “después de la dominación, el yugo de la provincia no podía ser tolerado por los españoles a los que César Augusto sometió completamente con armas vencedoras. Y al pueblo bárbaro, salvaje, los trasladó por las leyes a una forma de vida civilizada”. Como la gente española era pueblo bárbaro y fiero, pregunta “al reverendo doctor” si aconsejaría a los romanos que hiciesen repartimiento de los españoles dando a cada tirano su parte, “como se ha hecho en las Indias”.

Las Casas pudo comprobar “in situ” que los indios eran ingeniosos (no de otra manera se puede vivir en estado de naturaleza, cuando este fue el caso) y dijo que habían aprovechado mucho en las cosas de la fe y la religión, como sin duda era ya a mediados del siglo XVI en las zonas por él conocidas, además de que se habían habituado a las artes mecánicas y liberales, “como leer y escribir y música y canto”, además de gramática y lógica. Pide a Sepúlveda que antes de tratar de temas que deescoconoce “se informara de los siervos de Dios que en la conversión de aquellas gentes habían sudado muchas noches y días”, no precipitándose en justificar “los latrocinios y robos y muertes que han hecho [los conquistadores]… con inmenso derramamiento de sangre, muerte y perdición”.

Sigue diciendo luego que si en las Indias no hubiese riquezas con las que hacerse, nadie iría, pero a lo que se iba es a robar, usurpar y someter, además de considerar que comunidades enteras de indios colaboraron con los españoles una vez sujetos a ellos. Añade luego que donde se han producido rebeliones y desacatos por parte de los indios es donde se les ha robado, despoblado y “destruido tantos y grandes reinos en las Indias”, demostrando conocer sobradamente, por lo menos, la conquista de Tenochtitlan y las tierras colindantes en todas direcciones. Si a Indias fueran personas provechosas, labradoras y no holgazanas “como la de guerrra”, otra cosa sería, viene a decir, y considera que “no es cosa razonable, ni proporcionada con discreción, querer apaciguar y hacer camino para predicarles, yendo tiranos con ejército cruel y turbulento”.

Por último cita el caso del misionero Fray Luis que fue muerto en la Florida (pues a esto se había agarrado Sepúlveda para demostrar la maldad de los indios): para los territorios de Tezulutlán (Guatemala) y en la selva Lacandona (Chiapas), se habían firmado unas capitulaciones entre Las Casas y Alonso de Maldonado (1537), decidiéndose conquistar de forma pacífica dichos territorios que los españoles habían declarado “tierra de guerra” debido a los frecuentes ataques de indios achies y lacandones. Las capitulaciones prohibían el sistema de encomiendas en estas regiones, así como estaban reservadas a religiosos. El propio Las Casas, fray Luis de Cáncer[v], fray Rodrigo de Labrada y fray Pedro de Angulo[vi] participaron en la pacificación y evangelización. Dos años después el nombre de “tierra de guerra” se había cambiado por el de “Vera Paz”, pero en 1539 Alonso de Maldonado distribuyó a los indígenas en encomiendas, emprendiendo entontes Las Casas un viaje a España para denunciar esto ante el rey.


[i] La guerra “de los cien años” terminó en el siglo XV, y las guerras en Italia eran moneda común en el XVI; no pocos conquistadores venían de conocer la guerra contr el islam granadino…

[ii] Actual provincia de Córdoba.

[iii] “Historia General y Natural de las Indias”, publicada en 1535. Si se compara la obra de Oviedo con la de Huaman Poma de Ayala se ven también las dos visiones sobre los indios.

[iv] Se refiere a la obra de Sepúlveda “Democrates secundus”, en la que dos personajes dialogan sobre los indios de América, defendiendo uno de ellos las ideas de nuestro autor. Es curioso que a esta obra se opusieron varios antes de ser publicada, el propio rey Carlos la prohibió, y lo mismo el Consejo de Indias y las Universidades de Alcalá y Salamanca.

[v] Dominico natural de Barbastro, falleció en Tampa, Florida, en 1549, víctima de los indígenas de dicha región.

[vi] Nació en Burgos y fue soldado que en América se hizo dominico y habló varios idiomas indígenas, entre ellos el náhuatl. Luego fue obispo de Verapaz (en el centro del actual El Salvador).

martes, 20 de diciembre de 2022

Tres burócratas muy ricos

 

                                                  Río Nizao, en la República Dominicana

Dice Bartolomé de las Casas que el sevillano y conquistador Juan de Esquivel estaba orgulloso de la matanza de indios que había ocasionado en la isla Saona[i] y de haber aprisionado al cacique Cotubanamá, pero como al fraile dominico se le ha colgado el sambenito de exagerado, vamos a dejarlo en una muestra de oposición al conquistador por hechos ocurridos en 1504[ii]. Esto se enmarca en las dos guerras que tuvieron lugar en Higuey[iii] contra los caciques y sus indios que no querían someterse a la dominación española, y menos a sus abusos.

Hoy no podemos juzgar con nuestra mentalidad la de los hombres del siglo XVI, pues se trataba de seres hechos a la guerra, que tenían en el honor de la conquista una virtud y ambicionaban hacerse ricos para salir de la pobreza de la hidalguía[iv] a la que pertenecían o de la pobreza absoluta de los que ni siquiera eran hidalgos. Pero esto hace aún más sobresaliente la actitud constante de personajes como Bartolomé de las Casas o Antonio Montesino, por citar solo a dos, que supieron sustraerse a la mentalidad dominante y pusieron por delante una moral que sin duda procedía de sus convicciones cristianas.

En las guerras de Higuey murieron no solo indios, sino también españoles que aspiraban a que se les premiase con esclavos (aún no se habían dado las leyes de 1512 y 1513). El cacique Cotubanamá murió ahorcado por orden del gobernador Ovando en 1504, mientras unos años después Esquivel fue nombrado por Diego Colón para colaborar con él en la gobernación de Jamaica. En este asunto se van a producir cambios de situación, ambiciones, disputas y otras pendencias.

En 1511 se habían dado en Sevilla los llamados pleitos colombinos, por los que se reconocía que Jamaica entraba dentro del virreinato reconocido a Colón y, muerto este, a su hijo Diego, pero un tesorero del rey Fernando, Miguel de Pasamonte, que contó siempre con el apoyo del rey para velar por los intereses económicos de la monarquía en Indias, así como para que se cumpliese con la cristianización de los indígenas, va complicar las cosas a no pocos.

Por lo tanto Juan de Esquivel gobernó Jamaica bajo la atenta mirada de su superior, Diego Colón, y del tesorero del rey, dándose la circunstancia de que estos dos estaban también enfrentados entre sí por entender de diferente manera la gobernación de la isla. El rey confió en Esquivel en un primer momento, pero posteriormente, probablemente por influencia de Pasamonte y del todopoderoso Juan Rodríguez de Fonseca, cambió de opinión para volver a apoyar a Esquivel otra vez más. Corría el año 1513 y Esquivel había invertido mucho dinero en pacificar La Española y Jamaica sin haberse enriquecido aún. En ese mismo año murió y al menos este asunto quedó zanjado.

Otro de los influyentes en la Corte fue Lope de Conchillos, que a decir de Alfonso Franco Silva[v], había estado durante algún tiempo en una mazmorra del castillo de Vilvoorde[vi], donde le había encerrado Felipe el Hermoso “por haber formado parte de una embajada a Flandes que trató de conseguir sin éxito de la reina Juana (…) plenos poderes para dar la gobernación de Castilla a Fernando el Católico”. Cuando la reina Isabel muere en 1504, Conchillos empieza a tener cada vez más poder, juntamente con el entonces obispo de Burgos, Juan Rodríguez de Fonseca, “el verdadero hacedor de la política indiana durante la regencia de don Fernando”.

La desmedida ambición de Conchillos no se redujo a obtener riquezas de las Indias, sino también en Castilla; no podemos aquí entrar en el detalle de los aprovechamientos de este personaje sobre minas de plata, aguas, la encomienda santiaguista de Monreal y otras dos más que el rey le concedió. Luego se dedicó a especular con los oficios que se establecían en Indias gracias a la protección del obispo Rodríguez de Fonseca: fundidor de la Española con cien indios y doscientos más en Cuba, y luego fueron en aumento; más tarde consiguió beneficios administrativos que dejaron en desventaja a Diego Colón.

Con la muerte del rey Fernando en 1516, el cardenal Cisneros, como regente, paró los pies al rico y avispado Conchillos, pues aquel impuso una nueva política en el Consejo de Indias que trataba de corregir los abusos cometidos durante el reinado de Fernando, y la primera “víctima” fue Conchillos. Cisneros sabía que aquel había participado en muchas actividades ilícitas, y enterado Conchillos se reservó para sí los papeles que conservaba del Consejo de Indias y se fue a Flandes para buscar el favor del nuevo rey, que muerto Cisneros en 1517, volvió a entregar a Conchillos sus poderes, auque por poco tiempo, pues al año siguiente fue expulsado de la Secretaría de Indias por el gran canciller de Carlos I, Sauvage[vii], perteneciente a una familia de burócratas flamencos. Se dio prisa este, pues en ese mismo año murió, pero ya habiendo cesado a Conchillos, el cual se fue a vivir a Toledo donde fallecería tres años más tarde[viii].

El obispo Rodríguez de Fonseca, valedor de tantos, tuvo quizá más influencia que nadie en la Corte de los reyes y luego de Carlos I, habiendo aportado importantes innovaciones para la gobernación del reino y del imperio, pero a decir de Bartolomé de las Casas, “era muy capaz para mundanos negocios, señaladamente para congregar gente de guerra para armadas por la mar, que era más oficio de viznaínos[ix] que de obispos”. A Fonseca no le fue necesario hacer trampas en la Corte, o por lo menos no se le han descubierto, porque sus inmensos recursos le venían de una poderosísima familia con sede en Toro, y prueba de ello es su mecenazgo en Salamanca, Burgos, Palencia y otros lugares.

En cuanto a Miguel de Pasamonte, acostumbrado a recibir tantos apoyos de Fernando el Católico, se le acumularon los delitos y la artera maña para ocultarlos, y solo al final se supieron, aunque Gaspar de Astudillo[x] y otros ya lo habían advertido. Se aprovechó del trabajo indígena, fue acusado de parcialidad beneficiando a los suyos y contra los partidarios de Diego Colón, que protestando hasta la saciedad no le sirvió de nada. Los repartimientos de indios que hizo constituyeron tantos abusos que las quejas llegaron a la Corte, pero sin resultado por el momento, e incluso el rey Fernando siguió favoreciendo a Pasamonte mediante varias Reales Cédulas (1515), y ello era posible porque tenía una enorme camarilla de seguidores que se habían beneficiado de su influencia ante el rey. Pero llegó el momento en que este le pidió los papeles de su tesorería, lo que Pasamonte nunca cumplió, mientras se hizo con uno de los mejores ingenios de azúcar en La Española. Cuando falleció en 1525 se descubrió el gran desfalco que había hecho a la Corona, el cual continuó con la gestión de sus herederos[xi]



[i] Al sureste de la actual República Dominicana.

[ii] Siendo encomendero Bartolomé de las Casas, en 1514 renunció a ello, pero como se ve ya tenía una opinión negativa de lo que los conquistadores estaban haciendo en las Indias.

[iii] En el extremo oriental de la actual República Dominicana.

[iv] Cuando uno de estos pedía permiso para partir a las Indias solía alegar que no tenía recursos “acordes con su estado”.

[v] “El primer oro de las Indias. La fortuna de Lope de Conchillos, Secretario de Fernando el Católico”.

[vi] En Flandes.

[vii] Juan de Sauvage (Brujas, 1455 – Zaragoza, 1518.

[viii] Ver nota IV, en cuya obra se basa el presente resumen.

[ix] Sabido es que, en la época, “vizcaíno” era equivalente a hidalgo, como así se ve también en El Quijote.

[x] Fue regidor de la ciudad de Santo Domingo, habiendo nacido en Burgos en 1485, falleció en Santo Domingo en 1553.

[xi] Real Acaemia de la Historia.

Fotografía de "Diario Libre".

lunes, 19 de diciembre de 2022

Predecesores de los medos

 

El suroeste del actual Irán es una tierra quebrada desde la misma costa, prolongación desde el norte de los montes Zagros, al Este de los cuales se extiende la meseta irania. ¿Quienes eran los primeros a quienes llamamos elamitas por tener unas características culturales diferenciadas de la vecina Mesopotamia y de otros pueblos circundantes? Los protoelamitas abrieron una ruta que llevaba al Irán sudoriental; en la actual Chiraz fundaron la ciudad de Anshan, y cerca de Persépolis (Tepe Malyan) se han descubierto unas inscripciones. Más lejos levantaron la fotaleza de Tepe Yahya, en Kerman[i], atravesando el desierto de Lut y fundando la población llamada hoy Shahr-i-Sokhta[ii], en Seistán. Luego desarrollaron verdaderas ciudades-estado, y por las inscripciones de algunos reyes parece que debió existir algún tipo de federación o hegemonía cambiantes. En la glíptica susiana aparece un personaje que puede fuese un jefe militar y religioso, una especie de rey-sacerdote*.

En una parte del actual Irán, hace miles de años tuvo lugar la civilización elamita en una meseta irregular rodeada de montañas: los montes del Kurdistán, los Zagros, el desierto de Kavir[iii] y el de Lut. La capital fue la ciudad de Susa, pero a lo largo de un tiempo dilatatado el territorio de Elam ha ido reduciéndose hasta la Susiana, que es la situación que se encuentra en el primer milenio antes de Cristo.

En el V milenio se encuentran en el Elam montañoso que linda con Mesopotamia restos de comunidades que se suceden y manifiestan por la llamada ceramica “halafiense”[iv], luego la de “hassuna”[v], que se extendieron desde Irán hasta el Mediterráneo. Las excavaciones de Susa y Tepe Musian[vi] muestran una cultura original, habiendo existido en los valles de los ríos aldeas que aprovechaban el agua antes de que la region se desecase. En la llanura elamita, la más próxima a Mesopotamia, la población de Choga Mish y otras aldeas parecen relacionarse con las de las zonas vecinas. Susa, por su parte, fue fundada en torno al 4000 a. C. en un rico emplazamiento cuyos habitantes mantenían relaciones con los de la meseta irania. De la época más antigua de la ciudad se han encontrado hoces y raederas de grano, piedra elaborada y ceránica, esta representada por cuencos con decoración geométrica de líneas gruesas quebradas y paralelas entre sí. Otras líneas son delgadas formando una suerte de flecos, y la figura humana muy estilizada y esquemática portando herramientas o lanzas (correspondientes al IV milenio); es una cerámica hecha a mano, ennegrecida al humo y la decoración en rojo.

Pero no fue hasta las décadas finales del siglo XIX cuando se tuvo noticia de esta civilización, aunque en la Biblia se hace referencia somera a ella. Una serie de especialistas[vii] fueron los encargados de investigar los yacimientos arqueológicos y de consensuar las primeras propuestas sobre Elam. M. Dieulafoy dirigió una expedición francesa en 1884, y en una segunda continuó las excavaciones bajo la dirección de J. de Morgan, a partir de las cuales se pusieron de manifiesto las diferencias respecto de la vecina Mesopotamia. Pero a pesar de los varios estudios que se han hecho la lengua elamita es poco conocida. Se trata de una lengua aglutinante[viii] como existen otras.

También tuvieron una industria textil desarrollada para su época, mientras que la metalurgia se implantó con lentitud, por eso las herramientas de cobre conservaron durante mucho tiempo la forma de las de piedra. Se ha supuesto que el cobre procedía del Cáucaso y rastros de la gente de Susa se han encontrado en Godin Tepen, donde se construyó una pequeña Fortaleza, y también en Tepe Sialk.

La escritura y la lengua de los elamitas fue singular y contemporáneas de las de Ur después del s. XVIII a. C., la primera en tablillas de arcilla, pero dejó de usarse muy temprano (está sin descifrar). Al mismo tiempo apareció una escritura pictográfica descubierta en Tepe Sialk que también desapareció pronto, siendo sustituida por la cuneiforme, que fue empleada en Elam desde época muy antigua. Incluso se empleó una escritura silábica y lineal de 65 o 70 signos que tuvo una amplia expansión geográfica, ya que se ha encontrado en Tepe Yahya, a unos 200 km. de Keerman, y en Malyan, pero no se trata del idioma elamita, lengua que ya se escribía en cuneiforme desde el siglo XXIV.

La verdadera lengua elamita escrita en cuneiforme empleaba ideogramas (signos que expresan ideas en vez de sonidos) o logogramas (palabras), pero estaba muy restringida, y sin embargo creó un sistema por el que un logograma precedia los nombres de ciudades y países, y otro colocado tras los ideogramas-logogramas y las palabras extranjeras. Igualmente la polofonía: distintos valores silábicos de un mismo signo, de tal modo que el elamita era en la práctica un sistema abssolutamente silábico y mucho más manejable que el cuneiforme sumerio-acadio.

El idioma tiene un parentestco con el protodravídico[ix] de la India, pudiendo parecer de un tronco común, pero no fue una lengua de intercambio como el sumerio, el acadio o el latín, ni ha dejado rastros en otras lenguas, no obstante se habló y escribió durante tres mil años. Cuando los persas aqueménidas establecieron su hegemonía en Irán, la lengua elamita era considerada cooficial junto con el persa y el acadio, y la Biblia la menciona como lengua hablada incluso en época del Imperio romano.

Para saber sobre la etnia elamita los especialistas se han valido de los personajes representados en las tumbas vidriadas en las excavaciones de Susa, y el resultado es que eran negros o muy morenos, como los indios. Algunos autores hablan de que los elamitas tenían rasgos negroides: nariz aplastada, pómulos prominentes y labios abultados. Un bronce de Luristán (oeste de Irán) del siglo VIII a. C. muestra personajes con dichas características negroides, los nombres de algunos soberanos parecen tener relación con las lenguas africanas, y en la mayoría de los pueblos africanos la mujer legitimaba el poder real, lo mismo que ocurría en Elam. En todo caso no puede hablarse de un solo pueblo, pues habría migraciones y mestizaje; además hubo muchas dinastías en Elam de diferentes orígenes, una de ellas procedente de la India, la Simaski. 

Poco se sabe de la religion elamita según Enrique Quintana, aunque conocemos los nombres de dioses y algunos de los atributos que tienen por las inscripciones que se han encontrado y estudiado, pero el mismo autor dice que “hacer una relación completa de los dioses elamitas no es de utilidad”. En honor a esos dioses se levantaron templos en los que colocaron estatuas de madera, piedra o metal representándolos, pero los reyes daban funciones a cada dios según sus preferencias: otorgar la vida, proteger, maldecir… dependiendo de la persona que lo invoca. El nombre de los dioses formaba parte del de los individuos; así Untashnapirisha significa “el dios Napirisha me ayudó”. Los varones llevaban el nombre de un dios y las mujeres el de una diosa.

En Abu Salakikh[x] se encontró la lista de dioses más antigua (2500 a. C.) y en ella se menciona a un dios de nombre Lugal-Elam. Unos siglos posterior es el tratado de Naransin[xi], donde se da una relación de dioses elamitas a la cabeza de la cual se encuentra una diosa, Pinikir, por lo que se ha supuesto que la máxima elevación del panteón elamita es femenina. Serán, no obstante, los reyes del I milenio a. C. quienes hagan de ella su diosa personal; es diosa de la procreación y la fecundidad, y tras ella hay una tríada: Napirisha (“el gran dios”), Kirisisha (“la gran diosa”) y Hutran (“el poderoso”), dioses elamitas por excelencia originarios de Anshan (suroeste del actual Irán). Kiririsha es llamada “la dama de Liyan"[xii] (isla frente a la costa anshanita); es “la gran esposa, madre de los dioses y protectora de los reyes”. A veces aparecen algunos dioses por parejas acomañados por una diosa.

Si no hubiera suficientes muestras de la relación de Elam con Mesopotamia, ya se encontrase esta bajo una soberanía u otra, la aparición de inscripciones con nombres de reyes en la región de los ríos Tigris y Éufrates, incluido el tratado del acadio Naransin, serían dos muestras más.


* El presente resumen está basado en el trabajo de Enrique Quintana Cifuentes, "Historia de Elam, el vecino mesopotámico", número 1 de la revista Estudios Orientales.

[i] En el centro-sur del actual Irán.

[ii] En la frontera con Afganistán.

[iii] Al norte de Irán y al sur del mar Caspio.

[iv] Su origen está en la actual Siria.

[v] Su origen está en la Mesopotamia media.

[vi] Cerca de la frontera con Irak.

[vii] H. A. Sayce ha estudiado las lenguas en las inscripciones cuneiformes en Elam y Media; M. Dieulafoy ha estudiado la acrópolis de Susa.

[viii] Las palabras se forman uniendo monemas independientes (unidad mínima formada por fonemas con cambios de significado según los casos) mediante la raíz y el afijo que le corresponde.

[ix] Lo curioso es que estas lenguas son propias del sur de la India.

[x] Mesopotamia, es un yacimiento arqueológico cerca de Nippur

[xi] Vivió en el siglo XXIII, rey acadio que gobernó sobre toda Mesopotamia (el fundador de su imperio fue su predecesor Sargón)

[xii] Al fondo del Golfo Pérsico.

Mapa: factoriahistorica.wordpress