lunes, 3 de septiembre de 2012

Feira franca de Pontevedra


Desde hace unos años se celebra en Pontevedra una fiesta conmemorativa de la decisión tomada por el rey Enrique IV para que la entonces villa tuviese feria libre de impuestos en los días anteriores y posteriores a la fiesta de San Bartolomé. Como dicha fiesta religiosa es a finales de agosto, también en esas fechas se celebra la actual Feira Franca. El año de la concesión fue 1467, ya avanzado el reinado y cuando Pontevedra se encontraba en su máximo esplendor económico gracias a la pesca y comercialización de la sardina.

Era el núcleo más poblado de Galicia, incluso teniendo en cuenta que Santiago era la sede de un arzobispado y las otras ciudades con obispos (Ourense, Mondoñedo, Tui y Lugo) no alcanzaban la importancia económica y demográfica de Pontevedra. Entonces estaba la villa amurallada (algunos lienzos de la muralla han sido rescatados recientemente por los arqueólogos) siguiendo las calles del Arzobispo Malvar, Michelena, Cobián Roffignac y Padre Amoedo, ya que la parte norte estaba defendida por el río y por el puente del Burgo, también torreado. En el interior se encontraban las dos iglesias más importantes: San Bartolomé o Vello, en el solar que ahora ocupa un Casino construído a mediados del siglo XIX, y Santa María, pero todavía no se había construído la iglesia gótico-renacentista actual, precisamente con las rentas de los mareantes, comerciantes de la sardina. Alguna familia noble tuvo que ayudar en el empeño, pues la obra de la iglesia más notable de Pontevedra se salió de presupuesto. 

Los gremios hacían su agosto: plateros, herreros, cordeleros, peleteros, canteros, los mareantes ya citados y los mariñeiros, que se distinguían de los anteriores en que estos salían a pescar mientras que los mareantes comercializaban la pesca. En la parte vieja de Pontevedra han quedado nombres que evocan aquella época: rúa Alta, Amargura, San Martiño, Pratería Vella, Formigueira, San Telmo (patrono de los marineros), Pedreira, Laranxo, Aduana, Praza da Leña, Violiña y otras. Al oeste del casco viejo se extendían los arrabales de A Barreira, A Moureira de Arriba, A Moureira da Barca, A Moureira de Abaixo, As Corbaceiras... hasta el estuario del río Lérez y su unión con la ría. En el extremo sur intramuros estaba la alhóndiga (alfándega) y al lado la Porta da Vila, donde se encontraban las casas de Ayuntamiento (Pontevedra dispone de un fuero desde finales del siglo XII).

Ahora Pontevedra ha crecido hacia el este y hacia el sur, pero antes recibía en carros el vino del Ribeiro y el cosechado en las aldeas vecinas. Las hilanderas y las pitonisas, los hidalgos, los labradores, los músicos, los alquimistas, trovadores, vendedores de quesos, sebo, aceite, cera, pieles, aperos de labranza, útiles domésticos, ocupaban las plazas y callejas. Era la feira franca que ahora se ha recuperado con otros fines, pero donde la economía sigue teniendo un papel relativamente importante.

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