miércoles, 26 de agosto de 2015

Delitos y penas en la América colonial

Relieve de la quema de Hatuey en el Capitolio de La Habana
Los españoles aplicaron la legislación castellana en América: Las Partidas, el Ordenamiento de Alcalá, las Leyes de Toro y la Nueva Recopilación. Con el andar del tiempo se hizo una Recopilación de Indias (1680) cuyas normas prevalecían sobre las demás para el caso de América y también se respetó un derecho autóctono, de forma que los indígenas pudieron autogobernarse limitadamente por medio de sus caciques, siguiendo el derecho de sangre de la misma forma que ocurría con los mayorazgos. La legislación indígena no sería de aplicación cuando contradijese a la española y a la religión católica.

Debe tenerse en cuenta que los caciques eran señores de los indios sobre los que gobernaban; más tarde los españoles establecieron alcaldes de indios designados por las autoridades conquistadoras, por los que los caciques fueron perdiendo poder. La Insiqusición no podía actuar contra los indios y estos podían acudir a la Justicia Real en determinados casos. 

Llegó un momento en que la legislación castellana castigaba con más rigor los delitos de los españoles que los mismos cometidos por los indios. El mismo Colón fue objeto de castigo por cometer abusos sobre los indígenas: el marino, ante las dificultades de los primeros momentos, actuó con severidad, dando muerte a algunos y encerrando en un pozo a dieciseis que esperaban ser ejecutados. Entonces los reyes enviaron al juez Bobadilla, que ordenó apresar a Colón y a sus hermanos Bartolomé y Diego, siendo enviados a España. Diego Velázquez, conquistador de Cuba (Fernandina) mandó quemar al indígena Hatuey, lo que narra el cronista López de Gómara. El mismo Velázquez, tras los abusos de uno de sus capitanes (Morales) le apresó y envió a Santo Domingo, de igual manera que apresará a Hernán Cortés durante su estancia en Cuba por asuntos conspiratorios y no fue la única vez. Luego será Cortés el que aprese a Pedro de Alvarado, que hizo una incursión por su cuenta en Cozumel (isla al nordeste de Yucatán) robando alimentos, joyas de los templos y adueñándose de dos indios y una india. 

Díaz de Solís, en los límites del Río de la Plata con Brasil, ejercerá la justicia con más formalidades que en los casos anteriores: en un texto para la toma de posesión de un territorio se dice que se haga "allí una horca", en alusión al castigo que merecerían algunos. Más adelante los españoles, que fundaron numerosas ciudades y poblaciones en América, establecían una plaza con las casas de Ayuntamiento y la Iglesia, el rollo que significaba la autoridad y una picota en las afueras para exponer a burla y escarnio a los condenados por ciertos delitos. En los primeros momentos no eran jusristas los que administraban justicia, sino los conquistadores investidos de dicho poder; incluso de prohibió el embarque de juristas a América para ejercer como tales pues se consideró que, con sus formalidades, retrasarían la solución de los procesos. Así se ve en las Instrucciones dadas a Pedrarias en 1513 cuando se disponía a poblar y "pacificar" Castilla del Oro (1). 

El derecho de los conquistadores a hacerse con el gobierno de un territorio en América derivaba de las Capitualaciones firmadas con los reyes, las cuales se legitimaban, en la época, por la autorización que había otorgado el papa a los reyes. Así se produjeron las Capitulaciones de Santa Fé en favor de Colón en 1492, ya antes de la primera llegada a América. Más breves fueron las dadas a Vicente Yáñez Pinzón, a Pizarro (Toledo, 1529) en las que se basó para apresar y condenar a Atabalipa (Atahualpa, el último inca). Cuando Diego Velázquez envía a Cortés a Yucatán le inviste de autoridad para ejercer justicia y prohibió, para los soldados, los naipes, las blasfemias, alborotos y discordias; todo tipo de abusos sobre los indígenas y el capitán de una expedición podía repartir tierras e indios, levantar fortalezas, nombrar autoridades, etc.  

Cuando Cortés fundó la Villa Rica de Vera Cruz, constituyó un Cabildo con alcaldes y corregidores, así como una horca fuera de la villa. Pronto se constituirán las Audiencias, máximo ógano judicial solo por debajo de la Justicia Real, aunque también tenían poderes no judiciales. Diego Colón fundó la Audiencia de Santo Domngo en 1511, aunque hay historiadores que señalan fue en 1526; la de Nueva España en 1527, la de Panamá en 1538, la de Guatemala en 1542 y la última (de un total de catorce) la de Caracas en 1786. Estas Audiencias se guiaron por las Ordenanzas de la de Valladolid, de manera que así se apartó a los conquistadores de la administración de justicia. 

La Recopilación de Indias de 1680 tenía un principio preventivo ante el delito, así como el de proteger a los indios de abusos. A estos en muchas ocasiones se les perdonaban las faltas o delitos menores, así como a los negros cimarrones si, levantados, vovían al orden. A los indios bígamos se les amonestaba si no eran reincidentes. Ciertos delitos fueron juzgados de forma más benigna que en Europa si sus autores eran indios y se establecía que los delitos cometidos contra los indios debían ser castigados con mayor dureza que contra españoles. Algunos delitos que se recogen en la legislación indiana eran los relativos a los juegos, la ausencia de maridos (ver aquí "Los 'casados de ultramar'"), la embriaguez y otros muchos que no hace falta citar. En cuanto a las penas iban desde la capital a las corporales, las privativas y limitativas de libertad, las pecuniarias y otras (2).

(1) Comprendía (cuando se convirtió en gobernación) desde el golfo de Urabá (oeste de la actual Colombia) hasta Veragua (las actuales Nicaragua, Costa Rica y parte de Panamá, en litigio entre la Corona y la familia de Colón). Las Instrucciones dadas a Pedrarias en http://sajurin.enriquebolanos.org/vega/docs/AVB-CS-T1-DOCUMENTO%2006.pdf. 
(2) El presente artículo es un resumen del trabajo de Ricardo Mata y Martín, "Delitos y penas en el Nuevo Mundo".

martes, 25 de agosto de 2015

"Estas son las gallinas que has de comer"


La idea que ha extendido cierta historiografía de que los pueblos indígenas de América, sobre todo los que tenían culturas desarrolladas, se sometieron con facilidad a los conquistadores españoles, es un error. Hay testimonios sobrados que demuestran lo contrario a lo largo de los más de tres siglos de dominación española. la guerra del Mixtón en México es muy conocida, como los levantamientos de Vilcabamba (Ecuador) y Taqui Onqoy en los Andes peruanos. Tabién se levantaron contra los españoles los zapotecos en 1547 y 1550 y los mixes mexicanos en 1570.

En 1569 se produjo un motín en Quezaltenango (hoy en el sur de Guatemala) que ya era la segunda alteración grave del orden (1) por parte de los quichés. Aunque la caua del conflicto fue nimia, suele ocurrir que hay motivos de fondo que están larvados y saltan en el momento adecuado. Los franciscanos adoctrinaban a los quichés, pero el obispo decidió cambiarlos por un sacerdote regular, lo que motivó que el franciscano directamente afectado, ofendido, pidiese ayuda a los indios. Estos se la prestaron y acudieron en número de seiscientos, logrando sacar al sacerdote enviado por el obispo de la iglesia, mientras una india le golpeaba y decía: "estas son las gallinas que has de comer", en alusión a las obligaciones que tenían los indígenas para con el clero, una serie de tributos entre los que se encontraban gallinas. Es evidente que en el levantamiento hay una intencionalidad de protesta contra las exacciones que sufrían los indígenas. 

Aunque el cura amenazó con la excomunión a los asaltantes estos siguieron con su actitud, y la pena espiritual significaba poco para ellos. No estaban descabezados, sino que dirigentes avezados les conducían en la revuelta hasta el punto de que un juez dejó escrito que ya habían hecho "alborotos" contra algunos clérigos "y decir que no querían rey ni le conocían, ni sabían quién era...". Los españoles quisieron utilizar a los alcaldes indios para sofocar la rebelión, pero estos se negaron a cooperar argumentando que no tenían poder para calmar a los rebeldes, "porque están muy alzados y no les obedecían". Lo cierto es que un motivo trivial provocó una sucesión de acontecimientos que alcanzaron una magnitud inusual. Por tanto la reacción contra la dominación española no terminó entre los mayas de los altos de Guatemala en 1530 tras la gran contraofensiva cakchiquel, grupo étnico y lingüístico de Guatemala cuya capital había sido Iximché. Nos han dejado una obra, el "Memorial de Sololá", escrito durante la segunda mitad del siglo XVI.

La rebelión continuó a lo largo del siglo XVI y fue intensificándose hasta alcanzar su punto culiminante al final del XVIII, un siglo en que las revueltas se intensificaron como consecuencia de la presión fiscal de los españoles (que habían de garantizar el control sobre sus colonias) y la represión de las idolatrías que mantenían los pueblos indígenas, lo que estos no estuvieron dispuestos a tolerar. Varias de las grandes revueltas de este siglo es la de los tzeltales de Chiapas en 1712, el movimiento de Túpac Amaru (2) desde Cuzco en 1780 y la rebelión de los quichés de Totonicapán (3) en 1820, liderados estos por Atanasio Tzul, indígena quiché cuyo levantamiento está en relación con la reinstauración de la Constitución española de 1812, lo que quiere decir que la ligazón de estos pueblos era con el rey y no con España como nación.

Chichen Itzá

También tuvo importancia el levantamiento del maya Jacinto Canek en 1761 en poblado de Cisteil (al norte de Yucatán) aunque la rebelión fue breve, pues el caudillo fue apresado y ejecutado, con otros, en el mismo año. Como en muchas ocasiones fueron la presión fiscal, los abusos y el despojo de tierras lo que llevó a los indios a rebelarse. Entre 1679 y 1820 la frecuencia con que se produjeron alteraciones del orden, motines o verdaderas sublevaciones en las tierras altas mayas es muy superior a lo que comúnmente se cree (Elías Zamora). 

Por lo que respecta a los mayas en el siglo XVI, Bartolomé de las Casas escribió al rey en 1545: "ellos son [los españoles] y no los indios los que hacen alborotos hacen levantiscos los indios. Y si se levantan no es sino huir a los montes de sus crueldades desesperados...". Unos años después, en 1569, el alcalde mayor de Zapotitlán (4) y Suchitepéquez (5) decía que aquello parecía tierra de luteranos por el mal trato de los indígenas a los sacerdotes, lo que se ve también en otros lugares. En 1547 el presidente de la Audiencia de Guatemala escribió al rey dándole cuenta de un levantamiento de indios en las cercanías de la ciudad de San Miguel Petapa, al sur del país, en el que tuvo que intervenir el citado presidente, resultando tres españoles muertos y mandando ejecutar aquel a dieciocho indígenas. 

Fuera de las tierras altas de los mayas hubo levantamientos por parte de los zapotecos (al sur del actual México) en 1547 y 1550 y de los mixes (en el actual estado e Oaxaca, al sur de México) en 1570. En 1660 hubo levantamientos en varios pueblos de la región de Tehuantepec (sur de México) y a lo largo del siglo XVII hubo varios levantamientos en la frontera norte de Mesoamérica, en la Nueva Vizcaya (noroeste de México): acaxees en 1604; acaxees, tepehuanes y xiximíes en 1616. 

Los historiadores han visto en algunos de estos levantamientos sentimientos nativistas, es decir, reacción contra la presencia de inmigrantes (en este caso españoles), y revivalistas o defensa de tradiciones, sobre todo relgiosas, de los pueblos que intentan mantenerlas y defenderlas. Por eso perduraron tantos ritos hasta el siglo XVIII que las autoridades españolas intentaron cortar, provocando una revitalización de las sublevaciones.

(1) "Resistencia maya a la colonización: levantamientos indígenas en Guatemala durante el siglo XVI", Elías Zamora.
(2) Marqués de Oropesa, estudió con los jesuitas en Cuzco. No tuvo intención de desobedecer al rey de España, sino contra los abusos de los corregidores.
(3) En el suroeste de la actual Guatemala. 
(4) En el centro de la actual Guatemala. Hay varios topónimos en América latina con este nombre. 
(5) Al suroeste de la actual Guatemala.

lunes, 24 de agosto de 2015

Colonización de los llanos en Colombia


En 1598 se establecieron los jesuítas en Nueva Granada dedicando buena parte de sus esfuerzos a incorporar las vastas llanuras de Casanare, fundando pueblos en el piedemonte y controlando y aprovechando estratégicamente los yacimientos de sal existentes. Así explica un fenómeno de extraordinaria importancia como es la colonización de los llanos colombianos, que ocupan buena parte del país, tres investigadores colombianos (1). Los indígenas que habitaban la región de Casanare, al nordeste de Colombia, eran salivas, cusianas, caquetíos, tunebos y otros, que fueron sometidos para trabajar en las encomiendas de los conquistadores.

Agustín Cadazzi, en el siglo XIX, decribió los llanos como una gran uniformidad, "en donde todo parece inmóvil... El aspecto de la tierra tan uniformemente nivelada ofrece, sin embargo, algunas pequeñas desigualdades, causadas por los médanos y bancos. Aquellos son unos terrenos un poco arenosos que se elevan algunos metros sobre la llanura, mientras que los otros son de greda" (arcilla arenosa blanquecina). En la estación de las lluvias quedan en seco, "cuando el resto de la sabana está cubierto de agua". Los llanos colombianos alcanzan una superficie de 150.000 km2 (el 29,7% de la superficie de España). Treinta años después de la llegada de los jesuítas, habían establecido ya varias fundaciones en las cabeceras de los ríos Cravo, Pauto y Casanare (2).

Antes de que los españoles introdujeran en los llanos las reses que luego pacieron en número de miles, los indígenas vivían de la caza y de la pesca, además de una agricultura rudimentaria. A partir del siglo XVI la introducción del ganado vacuno ha sido uno de los factores que ha transformado más profundamente el paisaje. Se trata de una agricultura extensiva que provocó los desplazamientos de familias por la destrucción y despojo de sus sementeras, chagras y conucos (campesinos pobres con una agricultura de subsistencia, respectivamente). Los autores de la obra que se cita abajo hablan de los "geófagos" o devoradores de tierra, "que han multiplicado sus hatos y han extendido los linderos de sus haciendas a costa de la miseria, del destierro y, aún, de la existencia física de comunidades campesinas e indígenas enteras".

El impacto ecológico fue enorme con la usurpación de tierras comunales e incluso acciones genocidas, que han continuado en época postcolonial, pues los dueños de la economía han tenido los mismos intereses que los antigios españoles, y esto no solo en los llanos sino en la cuenca del río Sinú, que desemboca en el Caribe.

Pero la vasta región de los llanos no es uniforme desde un punto de vista fisiográfico: los autores distinguen el pidemonte, que se encuentra a una altitud de ente 500 y 1.000 metros sobre el nivel del mar: se trata de valles por los que suelen discurrir ríos; los llanos altos, que son los mejores suelos por ser los menos propensos a las inundaciones; los bancos y médanos al norte de los ríos Meta y Orinoco y a partir del Pauto hasta el Apure; las altillanuras con pobre drenaje, al sur del río Meta y la selva transicional, intercalada con sabanas entre los ríos Vichada y Guaviare.

En los llanos colombianos, entre la cordillera andina, el río Aruca, el Orinoco y la región amazónica (sus límites naturales) se producen con frecuencia desbordamientos de los ríos que inundan una gran superficie debido al escaso declive existente. Hay otros factores naturales como la existencia de ojos y yacimientos de sal, ejemplo de lo cual es el caso de Recetor, donde se extre sal en pozos cercanos al río Recetoreño. Allí han subsistido animales domesticados y cimarrones, gracias a las vastas extensiones de gramíneas y al establecimiento de hatos ya desde el siglo XVII (obra inicial también de los jesuítas). E hato, según Mejía, es "la obra maestra colonial en el Llano". Ya en 1530 la Audiencia de Santo Domingo "redespachó" a Venezuela dieciocho vacas paridas, dos potros garañones (para procrear) y diez yegüas jerezanas. Once familias cordobesas partieron de El Toyuco (en el noroeste de Venezuela) para fundar un caserío en el piedemonte entre el Arauca y el Apure. Para fines de siglo ya existían en el Apure y Guárico 14.000 vacunos y 7.000 caballares...


En 1628, sin embargo, el arzobispo Julián de Cortázar, natural de Durango (Vizcaya) privó a los jesuitas las facultades que ejercían como doctrineros (la vieja polémica entre obispos y congregraciones religiosas) y tuvieron que abandonar sus misiones en Chita y Casanare, pero en 1669 la Real Audiencia volvió a autorizar a los jesuítas sus trabajos en las misiones e iniciaron el primer intento de integrar todo el Orinoco a sus reducciones. Labor imposible porque los indígenas de la vasta región vivían aislados en algunos casos, en contacto intermitente en otros, en contacto permanente o ya estaban integrados en la civilización española. 

Cuando en 1767 fueron expulsados los jesuítas, se encomendaron sus misiones a los dominicos. La conversión de los llanos en praderas de gramíneas no fue fácil. En los primeros años las sabanas "crudas" no habían sido cultivadas, siendo necesario cultivar sus pastos dispersos para que, después de dos o tres quemas, el suelo esté apto para el florecimiento de las gramíneas. Todo esto se hizo para poner en valor los llanos en favor de la agricultura, pero el coste fue enorme, particularmente al principio y cuando las guerras de independencia los ejércitos patriotas y realistas necesitaron los ganados para abastecerse. Se produjeron, pues, drásticas transformaciones, se llevó a cabo la destrucción progresiva de la fauna silvestre original por las quemas que sufrió la vegetación; esto destruyó una gran diversidad biótica y favoreció un nuevo paisaje.

Emiliano Restrepo ha escrito que los hacendados generalmente no comían la carne de sus vacas, sino que cazaban dantas, venados, cafuches, saínos, cachicamos, patos y pavas reales y paujiles. En las desiertas dehesas, por su parte, había tigres, culebras, caimanes y mosquitos, además de incursiones de los indíegnas. Este "mundo" fue desplazado por la colonización de los llanos a manos de esforzados jesuítas con los miles de indígenas y hacendados, cada uno a su interés.

(1) "Vichada: éxodo y etnocidio indígena; el avance de la ganadería extensiva y de la colonización", Augusto J. Gómez López, Nathaly Molina Gómez y Carolina Suárez Pérez.
(2) Los tres nacen en la cordillera andina. Hay dos ríos de nombre Cravo, uno de ellos afluente del Casanare.

"Soy de Jorge de San Luis"

San Luis Potosí en la "frontera" de la colonización española
Esta es la frase marcada con un hierro candente en la frente de un joven esclavo mulato de San Luis Potosí, actual México, para demostrar la posesión por parte de su amo, de nombre Jorge Griego Melisto. En el año 1633 el tal Jorge compareció ante la justicia para perdonar la pena de muerte con la cual había sido condenado Pedro Silva por matar al esclavo mulato. Este se había escapado, por dos veces, y su dueño había mandado su captura, que terminó trágicamente. Como el mulato era propiedad de su amo este podía disponer de él como si de un objeto más se tratase. Así relata Ramón Alejandro Montoya (1) un episodio del trato recibido por los esclavos en el Potosí del siglo XVII, pero que se puede extender a toda América y al siglo XVI y posteriores. 

R. A. Montoya considera que no han dedicado los historiadores el suficiente esfuerzo para describir el papel jugado por los esclavos (negros, indios, mulatos) en la colonización y puesta en valor de los territorios conquistados por los españoles. Se les trató como a animales domésticos y se les asociaba a frases como sudor, músculo, minas, zafra o humo de las fábricas. La importación forzada de negros africanos a América fue masiva durante el siglo XVI y los primeros cuarenta años del XVII, momento en que los traficantes portugueses dejan de tener permiso para hacerlo. Dichos portugueses conocían bien las costas atlánticas de África, pero también fueron capturados para esclavizarlos habitantes de las regiones mediterráneas de dicho continente.

Aparte de un lucrativo negocio comercial, la trata negrera vino a sustituir la debacle demográfica indígena en los años posteriores a la conquista. Se necesitaba mucha mano de obra para el cultivo de la caña de azúcar, el pastoreo, los obrajes, las minas y el servicio doméstico. Los negros africanos fueron parte fundamental del mosaico genético y cultural de la América española, sobre todo de Nueva España, dice el autor al que sigo. También hubo esclavos indios, pues las leyes que lo prohibían habían quedado olvidadas y los empresarios mineros solicitaron a la Corona española la dotación de remesas de esclavos como mano de obra necesaria para las minas (concretamente en San Luis Potosí). También se llevaron a cabo campañas militares contra los indios nómadas para capturarlos y venderlos como esclavos.

El real de minas de San Luis Potosí fue fundado en 1592, compitiendo con las explotaciones de Guanajuato y Zacatecas. Según Peter Bakewell, a quien cita Montoya, "si tuviéramos la capacidad de ubicarnos en las calles de la ciudad minera [Zacatecas] en algún momento de la primera mitad del siglo XVII, seguramente escucharíamos... los tambores y los cantos africanos...". En Zacatecas actuaron empresarios mineros vascos según la información que nos ha facilitado el cronista y obispo de Guadalajara Alonso de la Mota y Escobar (2). También se explotaron minas con africanos en Charcas, si bien el auge en este caso hay que retrasarlo al siglo XIX.

Los esclavos negros venían desde África hasta los puertos de Veracruz, Cartagena y Buenos Aires, haciendo a veces escala en Jamaica. Los lugares de origen eran Angola, Congo, Mozambique y Guinea, pero algunos capturados perdían la vida en el viaje debido, entre otras cosas, a la mala alimentación. También hubo un contrabando de esclavos fuera de los controles de las autoridades españolas. Los esclavos perdían sus nombres originales en el mismo momento en que eran atados y tratados como objetos. Una vez que se descargaban en Veracruz eran trasladados a la ciudad de México y allí formaban parte del catálogo de productos a la venta. Desde 1640 aumentó su precio, dado que empezó el declive de la trata y la escasez hizo de la compra de esclavos algo cada vez más difícil. Los esclavos nacidos en suelo americano, resultado de la unión entre indígenas y negros fueron llamados mulatos, siendo un importante centro de venta la ciudad de Saltillo, en el actual estado de Coahuila, al norte de México.

Esclavos negros inspeccionados en Saltillo
Antes de la compra los esclavos eran expuestos para que se comprobasen sus atributos y posibles defectos. La propensión a escaparse era un factor que restaba valor al esclavo, como hemos visto al principio de este artículo; así surgió el cazador de esclavos, que debía estar atento a las informaciones que podían darle y a la señal que sobre el cuerpo (la frente muchas veces) habían hecho sus dueños.

En la compra se procedía al palmeo, es decir, a la medición mediante palmos de la mano (al menos debía medir siete palmos). Un protomédico exponía la apariencia física y el pulso del esclavo, que debía tener entre 15 y 30 años. Si no alcanzaba la estatura requerida, el cautivo era considerado "mulecón", y si se detectaba una edad inferior a 15 años era llamado "muleque"; los demás esclavos, mientras se inspeccionaba a uno, permanecían apilados como mercancía que eran. El precio podía bajar según el esclavo tuviese un diente mellado, estuviese gordo, tuviese un bulto en la cabeza, alma en boca o huesos en costal, indicativos estos términos de debilidad o mal aspecto. Los compradores, por sí mismos o por intermediarios, lamían el sudor que escurría de la barbilla de los esclavos para saber la edad y salud de los mismos. En ocasiones el esclavo era considerado "bozal", un recién llegado de África.

El caso de María es tan dramático como otros muchos: fue una negra criolla que había sufrido un "mal parto" cuando era propiedad de un amo. En el parto, a la negra "se le rompió la tela del vientre" y la lesión fue tan severa que junto "a la ingle se le rasgó la piel y casi se le salió el intestino". A pesar de ello, a poco que se recuperó fue vendida sin advertir al comprador estas circunstancias, por lo que más adelante la esclava se cansaba con facilidad y decía que "sentía que se le salían las tripas... y que se le venía a la verija [sic]". Ante un pleito por el engaño una partera india dijo que la negra tenía "sentidas las caderas" por haber parido muchas veces y así se anuló el trato.

Montoya informa que los "anchico" (de Angola) practicaban escarificaciones en la frente y entre las cejas, cicatrices producidas por incisiones profundas en la piel como distintivos étnicos, pero los dueños de esclavos dispusieron aún del resto del cuerpo para dejar "escritas" en él otras marcas. Desde el siglo XV los asentistas portugueses hicieron marcas en la piel de los esclavos negros con hierros candentes. Los carimbos eran marcas en el rostro, pecho, hombros y antebrazos; primero simples cruces y luego letras como "G" (de Guinea o de la Compañía Gaditana de Negros). Las marcas en la mujeres fueron menos frecuentes y tampoco se han encontrado referencias de marcas utilizadas en indios esclavos.

Sabemos que las mentalidades son muy distintas según los momentos históricos, pero la religiosidad, la piedad, la humanidad o la mayor sensibilidad de unos seres respecto de otros no impidieron que, antes de nada, estuviese el negocio, la necesidad de explotar minas, enriquecerse, poniendo dramáticamente en comunicación tres mundos.
 
(1) "'Piezas de Indias' en una frontera esclavista novohispana. Una mirada a la corporeidad del esclavo africano en San Luis Potosí del siglo XVII".
(2) "Descripción Geográfica de los Reynos de Nueva Galicia, Viscaya y León". 

domingo, 23 de agosto de 2015

Velos negros y velos blancos

Huamanga, en el suroeste de Perú

Si la mujer ha sido objeto de la más variada explotación a lo largo de la historia, uno de los ejemplos más notable, dejando aparte situaciones de esclavitud, es el de aquellas que, viviendo en pasados siglos, estuvieron sometidas a una interpretación de la vida hecha a imagen y semejanza de los varones. La época del barroco, con toda la parafernalia de reformas religiosas que vinieron de la mano del concilio de Trento, ha dado lugar a situaciones verdaderamente extremas. A América se trasladaron las costumbres de sumisión femenina que se daban en España, y si nos situamos en Perú -como ha hecho la historiadora Patricia Martínez i Álvarez (1)- encontramos establecidas unas relaciones entre las mujeres indígenas y los conquistadores que dieron paso a un sistema de sumisión mediante el cual aquellas pretendían el modelo de la mujer legítima y esposa española. 

"La colonia -dice Patricia Martínez- fue configurando un tejido social en el que los clérigos, religiosos y colonos se convertían en los actores de la realidad, y los indígenas en el conglomerado poblacional sometido a los primeros...". Los primeros beaterios y casas de recogimiento fueron los lugares donde la mujer hispana y criolla permaneció alejada de la actividad masculina de la colonización. Son numerosos los casos en que las mujeres ingresaban en un beaterio obligadas, dejando al padre o al esposo en el papel de colonizador. Constanza fue una religiosa que confiesa haber ingresado involuntariamente obligada por su padre: "me amenazó otras tantas [veces] de muerte en público y en secreto jurando con enojo que si ponía los pies fuera desta clausura me había de dar de puntaladas con que hube de hacer la dicha profesión por violencia y temor...". 

Pero por otro lado fueron también corrientes los casos en que en los conventos entraban varones (padres y esposos), por ejemlo en el monasterio de Santa Catalina en 1672, por lo que deán y cabildo denunciaron dicho desorden en que vivían las relgiosas. Y es que las primeras experiencias de vida religiosa en América no fueron regladas. En el caso del Perú nacieron en los beaterios, pues estaba prohibida por la Corona la fundación de monasterios propiamente dichos, lo que luego se relajó. El primer monasterio de clarisas fundado en Perú fue el de Santa Clara del Cusco en 1564, nacido para recoger a mestizas que los conquistadores habían tenido con indígenas; el primero fundado en Lima fue en 1606 y la iniciativa parece haber partido del portugués Francisco de Saldaña, que seria también el primer administrador del monasterio.

Pronto se establecieron las "calidades" de las monjas según la clase social y la etnia a la que pertenecían: las de velo negro eran las de procedencia noble, llamadas "doñas" como en la vida mundana; las monjas de velo blanco iban en segundo lugar, con poca capacidad económica y por lo tanto con menos dote. Llevaban a cabo servicios domésticos pero superiores a las mujeres seglares "divorciadas o arrepentidas", además de las niñas que recibían educación en el monasterio. Por último estaba el grupo de las criadas o esclavas. Doña María de Vargas, por ejemplo, hija legítima de Santiago Martínez, aportó una dote de dos mil pesos, además de alimentos, cera y colación... Las monjas de velo blanco aportaban aproximadamente la mitad de dote que las de velo negro, pero podía una religiosa ser pobre y española, característica esta última que la enaltecía: María y Francisca eran pobres, pero la abadesa reseñó que eran españolas y "doncellas virtuosas". En casos como este no era necesario hacer explícitos los nombres de los progenitores. 

Doña Paula de Ulloa y Vargas, mujer legítima de Lucas Hurtado, confesó que entró en el convento por "temor y miedo que tuve del dicho mi marido [pues] si saliese fuera estaría mi vida en peligro". Una vez dentro las mujeres seguían la voluntad de sus padres o esposos, aunque la clausura se violaba con alguna frecuencia, razón por la cual las autoridades eclesiásticas reprendían a la abadesa en cuestión. En 1628 una cláusula eclesiástica advertía de la necesidad de que las monjas tuvieran indias que les sirvieran como criadas, y en 1642 una abadesa pidió licencia para que María, india esclava, pudiera retornar a servirle "dado su arrepentimiento por haber huido". En 1666 Doña Micaela Bravo, monja de velo negro, pedía que su sierva mulata Josefa fuera expulsada de la clausura por desobediente, y en 1668 una abadesa pidió autorización para que una sirvienta judía pudiese entrar en clausura para servir a una monja.

Los oficios en los que se ocupaban las monjas en los conventos eran diversos: cantoras, maestras de seglares y de novicias, porteras, acompañadoras, sacristanas, escuchas, obreras, hortelanas, panaderas, provisoras, celadoras... oficios que eran ejercidos por unas y otras según su "calidad".

Fray Diego de Córdoba dejó escrita una crónica donde nos informa de otros monasterios de clarisas en el Perú, dos de ellos en Huamanga y Trujillo (en este caso al noroeste del país). La monja Luisa Díaz de Rojas fue, al parecer, muy virtuosa, ingresando en el convento cuando enviudó. Durante muchos años se castigó con un cilicio muy riguroso y jamás se sentó a la mesa a comer; tenía una de sus hijas casadas dentro del convento "con un caballero muy principal"... Ocho meses antes de fallecer perdió el habla... Como se ve, no se trataba de una profesión religiosa como las que hemos conocido, sino de internamientos con siervas, hijas y visitas varoniles en ocasiones.

En el monasterio de Huamanga vivió Estefanía de Salazar, castigándose el cuerpo rigurosamente para apartar de ella los malos pensamientos. Según Diego de Córdoba "los primeros caballeros conquistadores del Perú... determinaron de hacer una casa de recogimiento para mujeres mozas y doncellas pobres, donde viviesen con doctrina y virtud hasta el tiempo que, ligadas con el vínculo del matrimonio, se empleasen en el servicio de Dios y cuidado de su casa". Algunas monjas escribían "vidas" que se nos han conservado, gracias a las cuales podemos conocer sus experiencias místicas. 

Una de ellas escribió: "Veinte años ha que sirvo las llagas de mi Padre San Francisco, asistiendo en sus Maytines, y poniéndole Luces, y despavilando en sus maytines. Otros tantos en sus Vísperas... procurando muchas indulgencias que hago ganar a las Religiosas, todo con licencia de la Madre Abadesa". Se trata de Jernónima de San Dionisio, que en otra ocasión dice: "tres veces las de vísperas de Ceniza comí con las morenas, las más viejas y pobres, a mi costado", seguramente como un mérito añadido. "Seis años besé los pies a cinco negros en Reverencia del dulce nombre de Jesús... Tres personas me han azotado por las Benditas Ánimas... y comí tronchos de lechuga muy amargos... Me mandé echar una obediencia para no hablar en el coro". En ocasiones la monja Jerónima entraba en visiones que podemos interpretar de diversas maneras: "He visto más de trescientas ánimas de Purgatorio...", y otras veces delata los prejuicios que estaban también en la sociedad: "De unos días a esta parte doy en pensar que todas son mejores que yo, hasta las negras". 

En un pasaje de su "vida" cuenta cómo fue objeto de un milagro, pues viniendo de un corregimiento de Collaguas a Pilpinto (2) cayó de una mula "más de treinta estados", pues quedó ilesa contrariamente a la mula y la silla. En Pilpinto tenía una encomienda el hermano de la monja, por lo que no sería de familia humilde. 

Úrsula de Jesús tocaba el órgano, pero era hija ilegítima de un tal Juan de Castilla, además de negra, por lo que sería objeto de prejuicios y discriminaciones. En los textos que nos dejó escritos: "... dije que si las negras iban al cielo..."; hasta tal punto debía de ser la pesadumbre y preocupación por caer en el infierno, por ello "puse todo mi pensamiento en el cielo y veo allí apartado un Cristo muy grande y saliendo de sus llagas unos arrollos copiosísimos". Patricia Martínez señala que Úrsula es presentada como una criada a la que Dios tuvo que avisar mediante un milagro para convencerla de que debía ingresar en la vida monástica, y por ende reglada, a lo que ella se había opuesto siempre. 

La obra y autora que cito abajo nos permiten comprender un aspecto fundamental de la religiosidad de unas mujeres discriminadas por ser mujeres, por vivir en una época especial desde el punto de vista religioso (el barroco) y por tener que sufrir las especiales condiciones de una colonia que solo por la fuerza se fue asemejando -y aún así con diferencias- a la cultura española y europea.

(1) "Mujeres religiosas en el Perú del siglo XVII".
(2) Debe tratarse de Collahuasi, con Pilpinto en la región del Cuzco, al sur del Perú. 

sábado, 22 de agosto de 2015

La "Crónica del reino de Chile"



Escrita a finales del siglo XVI por Pedro Mariño de Lobeira, aunque el texto que se nos conserva hoy es la versión que hizo posteriormente el jesuita Bartolomé de Escobar, es una obra importantísima donde, con mucho detalle, se nos informa de la difícil conquista de Chile por los españoles, desde Diego de Almagro hasta Martín García de Loyola entre 1593 y 1595, por lo que el jesuita debió completarla, ya que Mariño de Lobeira murió en 1594.

Mariño describe el trayecto seguido por Almagro a través de Jojouí, Chihuana y Querimere, donde se dio una importante batalla. Jojouí debe de ser la actual Jujuy, en el noroeste de Argentina y en plena cordillera andina. Sigue con el relato del recibimiento que “los indios chilenses” dieron a los españoles y con la entrada de estos en Copiapó, “pasando una muy áspera Sierra Nevada". Para ello tuvieron Almagro y los suyos que atravesar la cordillera andina, pues Copiapó se encuentra cerca del desierto de Atacama, en un valle, relativamente cerca de la costa pacífica.

Luego recuerda Mariño “una sangrienta batalla [con] los bárbaros” (mapuches) que había tenido Gómez de Alvarado en Reinohuelén (1536) en la región de Bío-Bío. Desde ese año no habría descanso para los españoles, que cada cierto tiempo debían soportar un levantamiento o ataque de los pueblos indígenas del Arauco, particularmente mapuches. Volviendo a su tiempo, relata nuestro autor que, quizá no viendo Alvarado las cosas claras, hizo regresar a su ejército, acompañándole, hacia Perú. Sigue con lo que se ha venido considerando segunda conquista de Chile por Pedro de Valdivia, que guerreó en estas tierras entre 1541 y 1553, año de su muerte.

Valdivia y su gente tuvieron que atravesar el desierto de Atacama y luego hubieron de contrarrestar la resistencia de los indios de Copiapó, donde se dio la batalla en la que los españoles contaron con refuerzos que vinieron en un navío. Luego fundaría Valdivia la ciudad de Santiago, cuyo nombre se debe –como en otras ocasiones- por haber "aparecido" el apóstol en la batalla (sin duda a favor de los cristianísimos españoles). Mariño de Lobeira se muestra como un buen etnólogo cuando nos habla de las condiciones de los indios de Chile, pero también como un propagandista al relatar la victoria de Valdivia sobre Michimalongo, cacique de los picunche que habitaban las tierras entre los ríos Aconcagua e Itata en el centro de Chile, lo que permitió la ocupación de ciertas minas de oro. Valdivia apresó a siete caciques y luchó en Santiago, matando en ella, Inés Suárez, a siete caciques (siempre según Mariño). Esta mujer, cuya vida es verdaderamente activa, fue encomendera en Cuzco y allí conoció a Valdivia.

Mariño nos habla de una batalla librada en Santiago, así como otra en Penco (hoy en la provincia de Concepción) y al mismo tiempo “de las grandes calamidades que padecieron los españoles [Mariño de Lobeira no tiene aquí en cuenta el sufrimiento de los indígenas], muchos años de hambre y desnudez por no tener comercio con gente de otros reinos. En el capítulo XIX de su obra nos habla del comienzo de la explotación minera y luego de las andanzas de Alonso de Monroy en Perú, además de cómo llevó españoles a Chile. Monroy fue colaborador de Valdivia y luego presidió el cabildo de Santiago de Nueva Extremadura, lo que hoy conocemos como Santiago de Chile.  

La ciudad de Coquimbo se encuentra en la costa chilena y el territorio estaba habitado por indígenas dedicados a la pesca en la época de Lobeira. Allí estableció Valdivia un puerto origen de lo que hoy es la ciudad. Luego narra nuestro autor la destrucción de la ciudad de la Serena y su reconstrucción, cercana a Coquimbo. Francisco de Villagrán reunió gente en Perú para poblar estas ciudades y luego sería en varias ocasiones gobernador de Chile, pero antes intentó la liberación de Diego de Almagro, que estaba en manos de Pizarro. No fue la primera vez, ni la última, en que parcialidades de españoles, o personalidades se enfrentaron entre sí en el fenómeno americano.

Más adelante habla Lobeira del descubrimiento de los habitantes de Arauco, que tendrían con los españoles un siglo de conflictos, estableciéndose una “frontera” de la que no pudieron pasar hasta la segunda mitad del siglo XVII. Antes habían fundado la ciudad de Concepción, en la costa de Chile, que sería atacada por los indígenas araucanos no pocas veces. Es en esta época cuando se descubre la provincia de Cauten, al oeste de Temuco y en el centro de Chile. 
 
Actual Coquimbo
Lobeira describe el descubrimiento de lo que luego será la provincia de Toltén, en la Araucanía y al borde del río Toltén, que nace en el lago Villarrica, en cuya ribera se fundó la ciudad del mismo nombre, así como el descrubrimiento del valle de Marquina, donde se produciría una importante batalla. A continuación sigue describiendo el descubrimiento de las minas de oro de la Concepción y la llegada a Chile de Martín de Avendaño con su ejército, la rebelión de los araucanos y los de Tucapel y el acuerdo al que se llegó "confederándose" -dice Lobeira- contra los españoles en la región del río Bíobio, que se estableció como línea fronteriza por mucho tiempo, aunque la verdadera frontera fue un territorio mucho más ancho de norte a sur. La batalla de Tucapel enfrentó a Valdivia con el indígena Caupolicán, donde moriría el primero y buena parte de su ejército, en parte como consecuencia de la traición del aliado Lautaro, otro indígena. 


Caupolicán era un indio mapuche que ofreció tenaz resistencia a los españoles, sobre todo después de haber sido elegido toqui por su comunidad. Lautaro había estado preso de los españoles, pero logró fugarse y volver a ser reconocido como líder de su parcialidad. El fuerte de Tucapel fue perdido por los españoles en esa batalla y, a partir de ese momento, algunas ciudades que habían sido fundadas fueron destruídas por los indígenas, a partir de cuyo momento fue elegido Villagrán como gobernador de la región. Este tendría luego que enfrentarse a los caudillos mapuche Peteguelen y Colocolo, a causa de lo cual se tuvo que despoblar la ciudad de Concepción, momento que aprovechó Lautaro para entrar en la ciudad, lo que motivó las diferencias que se produjeron entre Villagrán y Aguirre. 

Más adealante describe Mariño de Lobeira lo que para él fue la pacificación de Arauco a manos de García Hurtado de Mendoza, gobernador de Chile y virrey del Perú. Se trata de la batalla de Marigueñu, aunque esta no fue definitiva, pues aún seria derrotado Martín García Óñez de Loyola en 1592, donde este perdería la vida. Tambien se debe a este virrey la victoria sobre Hawkins, corsario al servicio de Inglaterra. La batalla de Marigueñu fue en 1554 y enfrentó a los españoles con los mapuche, pero la victoria fue para estos, por lo que la "pacificación" de la que habla Mariño se debió a conversaciones posteriores. El indígena Lautaro hizo creer a los españoles que Chile estaba perdida.

Las desavenencias entre los españoles vuelven a producirse con un marqués que apresó a Francisco de Villagrán y a Francisco de Aguirre en la ciudad de La Serena, pero no sin batalla. Pero ello no fue obstáculo para que el gobernador enviase a españoles hasta el estrecho de Magallanes, con el objeto de inspeccionar el terreno que aún quedaba por conquistar y para combatir a los corsarios ingleses y holandeses que merodeaban por la zona. Así se descubrió la provincia de Ancud, al norte de la isla de Chiloé, encargándose más tarde a los jesuitas la cristianización de su población a base de la construcción de capillas no solo en la isla, sino en todo el archipiélago.

Mariño ordena las noticias en su "crónica" según se van produciendo y así describe como se descubrieron minas de oro en la Madre de Dios, al sureste del actual Perú, y se fundó la ciudad de Mendoza. Mientras tanto seguían las luchas contra los indios de Aurauco, poniendo cerco estos a la "casa fuerte" del mismo nombre, motivando el depoblamiento de la zona, aunque luego el español Lorenzo Bernal vencería al indígena Quiromanite en la ciudad de los Infantes. Así fue posible crear la real Audiencia en Chile, sin que por ello cesasen las batallas contra los indígenas, al frente de los cuales estuvo el caudillo Millalermo. Hasta de un "espantable terremoto" nos habla Mariño de Lobeira que hubo en la ciudad de Concepción y de una batalla contra otro capitán indígena de nombre Olvera.

La "crónica" es muy pormenorizada, pero insiste mucho en los conflictos armados con los indígenas chilenos, particularmente de Arauco. Por ella podemos conocer los nombres de los más importantes militares que participaron en la conquista de Chile, pero también de sus crueldades, errores, victorias y derrotas. Conocemos así algunas costumbres de los indígenas y su diversidad étnica, siendo la obra de Mariño una fuente extraordinaria para el historiador, bien entendido que está escrita desde el punto de vista de los intereses conquistadores.

Río Bíobio

viernes, 21 de agosto de 2015

Los "casados de ultramar"


¿Que fue de aquellas mujeres que se quedaron en España mientras sus esposos viajaron a América para volver algún día o para no volver, como ha investigado Ana María Presta? (1). En su obra cita varios casos que ejemplifican la situación de esas mujeres (y sus maridos) en la larga ausencia del varón que ha viajado a las Indias. Uno de ellos es el de Inés Bernardina de la Barrera Ayala, vecina de Sevilla, casada con su primo Alonso Ortiz de Abreu, residente en la ciudad de La Plata. 

La fuente para esta investigadora son las copiosas cartas entre los cónyuges donde se mezcla el deseo de encontrarse pero, ante todo, disfrutar de una herencia que alguien les había dejado. Parece claro que la unión matrimonial estuvo más dirigida a conseguir la herencia que a dar satisfacción a unos amores no consumados. La autora ha podido ver la supeditación del consentimiento de los cónyuges a los imperativos del linaje, la fortuna como acicate y motivación de la unión, la invención del amor, la construcción subjetiva del otro... (son palabras suyas).

Todo este asunto comenzó en 1618 por voluntad de un tío de ambos, Diego de la Becerra, escribano de cámara de la Audiencia de Charcas que, casado, no había tenido hijos. Diego de la Barrera testó en el año citado y añadió una cláusula testamentaria por la que quedaban vinculados en mayorazgo su chacra (finca rural con vivienda y terreno para cultivo) y unos molinos situados en el río Pilcomayo (2), tierras de viñedo en Oroncota (3), Coromomo y Equico y estancias de ganado en los altos de Coachaca, todo en territorio de Chuquisaca; también casas y rancherías de indios, aperos y ganado. Los hermanos Alonso y Jerónimo Ortiz de Abreu (sobrinos del testador) serían los herederos y disfrutarían de esos bienes cuando cumpliesen venticinco años y ciertas condiciones, entre ellas casarse con las hijas de Rodrigo de la Barrera, hermano del testador. Si no hubiese tales hijas, con otras de su linaje y, a falta de estas, con hijas de personas nobles "que no sean moros ni judíos ni de los nuevamente convertidos...".

Años más tarde se produjo el casamiento de  Alonso Ortiz con Bernardina de la Barrera, hija de Rodrigo de la Barrera, "por palabras que hicieron verdadero matrimonio", pues él se encontraba en La Plata y ella en Sevilla. Las cartas que se intercambiaron los esposos estuvieron llenas de buenas intenciones, promesas de amor y demás frases al uso, pero con el pasar del tiempo todo ello quedó en segundo plano y lo que más abundaba en las cartas eran reclamos de dinero por la venta de los bienes del mayorazgo que, aunque ilegal, el marido en América consiguió cambiar por dinero.

Como los años pasaban y el matrimonio no se consumaba, pues mediaban muchas leguas entre Sevilla y América, la esposa empezó a mostrarse cada vez más ambiciosa, de forma que quiso ir a donde se encontraba su marido, en Charcas. No fue fácil, pues mujeres y niños no podían viajar a América si no era acompañadas de sus esposas o padres, pero entre familias poderosas casi no hay lo que no se pueda conseguir, de forma que a la postre Bernardina consiguió embarcar con su madre en dirección a América. Lo malo fue que falleció en el viaje, por lo que sería la suegra de Alonso la que tendría que hacer valer los derechos de su hija. Aquí empiezan una serie de pleitos, pues Alonso alega no hubo consumación del matrimonio y la suegra que el citado era esposo de su hija. Los tribunales dieron la razón a aprovechado Alonso, pues consideraron que no consumándose el matrimonio no cabe hablar de bienes gananciales. Es solo un ejemplo de los citados por la autora a la que sigo aquí.

En efecto, muchos hombres que viajaban a Indias no volvían al haber encontrado acomodo allí e incluso tenido descendencia. En otras ocasiones se trataba de fallecidos de los que nunca más se tuvo noticia, pero aún sobreviviendo, la lejanía hizo que muchos prefiriesen su nuevo destino, pleno de oportunidades de honor y riquezas que la vuelta a España. Parece que los hombres españoles aventajaban a las mujeres en América en una proporción de 8 a 2. Las mujeres que se quedaron en España no dejaron de reclamar que sus esposos regresasen, con fortuna o sin ella, pues peor estaban sin el soporte del marido. En un principio se había establecido que los hombres casados debían viajar a América con sus esposas, pero estso se olvidó pronto y entonces se dictaron reglamentaciones que fijaban el tiempo que un casado podía vivir en las colonias para luego regresar junto a su esposa.

Como los acuerdos y reglamentaciones se incumplían, surgieron solicitudes de búsqueda, incluso oficialmente, pues "de la falta de vida maridable surgían figuras como el adulterio, el concubinato, la barraganía o el delito más grave, el de bigamia, de parte de alguno o ambos cónyuges. También la estafa y el dolo se manifestaban en estas situaciones..." como acabamos de ver en el ejemplo de Alonso Ortiz.

Otro caso tuvo su origen en Corral de Almaguer, cerca de Aranjuez pero en la actual provincia de Toledo, al borde del río Riánsares antes de desembocar en el Cigüela, región dedicada sobre todo al viñedo. En 1565 María de Montealegre solicitó a las autoridades que mandasen regresar de América a su marido, Hernán Suárez, residente en La Plata, Charcas, quien se había marchado veinte años atrás, dejándola con hijos pequeños y en estado de necesidad. La mujer había pedido que su esposo la llevase a Charcas, pero este se había negado de una forma u otra y aquí empezaron engorrosos trámites que correspondieron a la mujer para demostrar su identidad, que era la esposa del ausente y "que la habían visto dormir con él en el mismo lecho". María dio poderes para que el rey proveyera lo necesario a fin de que su marido regresase.

Son otros los ejemplos que la autora explica sobre este fenómeno, que vienen a corroborar una vez más el grado de discriminiación en que vivió la mujer ante un hecho como el de la conquista y colonización de América, sin que en ello cupiesen distinciones entre mujeres de alta o baja cuna.

(1) "Estados alterados. Matrimonio y vida maridable en Charcas temprano-colonial".
(2) Nace en Bolivia y desemboca en el río Paraguay.
(3) Al sur de la actual Bolivia, cerca de Potosí.

jueves, 20 de agosto de 2015

"El albañil herido"


Esta obra es un óleo sobre lienzo de 268 por 110 cm. que se consereva en el Museo del Prado (Madrid) y fue realizada entre 1786 y 1787. En estos años Goya estaba en Madrid intentando introducirse en los círculos aristocráticos. "El albañil herido" es uno de los jemplos de pintura social, no muy abundante en Goya aunque sí tenemos varios ejemplos: "La nevada" muestra a personas humildes atravesando un paisaje nevado; también podemos considerar "El cacharrero", "La conducción de un sillar", "Los pobres en la fuente" y "La boda", entre otros.

En la obra que comentamos ya la pincelada es suelta y los perfiles, aunque más definidos que en otros casos, quedan en segundo plano ante el color grisáceo y oscuro que domina toda la composición, incluso el fondo de nubes, donde el sol no acierta a salir. La estructua del edificio está simplemente abocetada, así como la rueda de una polea y los personajes tienen rostros indefinidos, con los rasgos hechos a base de manchas negras. 

Goya tenía entonces unos cuarenta años y se encontraba terminando la primera parte de su larga vida, todavía sin los problemas que luego aquejarían su ánimo y que se ponen de manifiesto en su correspondencia con su amigo Martín de Zapater. Bien es cierto que seis hijos de Goya ya habían fallecido, mientras que solo le quedaba uno vivo que había nacido en 1784. Unos años antes había fallecido su padre pero la sordera no tardaría en atormentar al artista. 

Durante el reinado de Carlos III Madrid había pasado de un estado desordenado a una capital con calles empedradas, fuentes y paseos con árboles. El palacio de Buenavista no era el único gran edificio que quedaba sin terminar a finales del siglo XVIII. El de Villahermosa, cuya reforma y ensanche había sido proyectado en 1783 por Silvestre Pérez y Manuel Martín Rodríguez -sobrino este y alumno aquel de Ventura Rodríguez- no se terminaría hasta 1806. Por sus contactos académicos, Goya conocería muy bien a casi todos los personajes notables del arte madrileño. Algunos serían amigos suyos, como Pedro Arnal, que será una de las primeras personas en difundir el interés por los Caprichos en 1799. 

Pero estos contactos no evitaron que el espíritu inquieto de Goya dejase de retener algo de su tiempo en la pintura social, tan poco tenida en cuenta en aquella época, pues es tema que más bien cultivarían los pintores realistas del siglo XIX.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Cañaris y chachapoyas con los españoles


Fortaleza chachapoya de Kuélap,
sitio arqueoló(saltaconmigo.com/blog/2013/12/fortaleza-kuelap-capital-chachapoyas-amazonas/

Por el interior de Ecuador corre una parte de la cordillera andina, y en torno a la actual ciudad de Cuenca, cerca de la gran entrada del mar hasta la ciudad de Guayaquil vivían los cañaris, pueblo indígena que colaboró con los españoles en la conquista del imperio inca. Más al sur, en el actual Perú, también sobre las alturas andinas, vivían los chachapoyas, colaboradores también de los españoles.

La enemistad de estos pueblos con las autoridades incas había sido tradicional, y desde el inicio de la marcha sobre el Cuzco acompañaron a los españoles. El cronista Sancho de la Hoz, secretario de Pizarro, nos ha dejado importante información sobre estos pueblos, que colaboraron en el asentamiento de los españoles en Xanxa (Perú): ... celebrando mucho su venida, porque con ella pensaban que saldrían de la esclavitud en que los tenía aquella gente extranjera (refiriéndose en este caso a los incas). El mismo cronista nos informa también de que en Andahuaylas (al sur del actual Perú) hubo gente "procedente de comarcas vecinas que venían huyendo de las tropas quiteñas que desde el Cuzco dominado por Quizquiz (1) actuaban en toda la región en una campaña devastadora; y desde luego ha sido suficientemente resaltado el apoyo que Manco Inca brindó en un principio a los españoles" (2). 

Por su parte Diego Trujillo (3), sobreviviente en 1571 de las campañas de Pizarro, dice que los españoles contaron con la colaboración de varios grupos étnicos de los Andes centrales, hablando de una embajada de Hernando de Soto durante su avance entre Vilcas y el Cuzco, compuesta por dos indígenas enviados desde Tarama por su cacique, que se ofrecía a servir a los cristianos con trescientos hombres de guerra. Pero estos embajadores parecieron sospechosos a los españoles, Soto los sometió a tormento y los devolvió mutilados a su señor. Desde entonces hubo un cambio en actitud de algunos pueblos, según cuenta Cieza de León, en la marcha desde Cajamarca a Cuzco.

Chachapoyas y cañaris habían sufrido el rigor de las represalias de Atau Hualpa en sus campañas de avance desde Quito a Cajamarca. La colaboración de los mitimaes (4) cañaris y chachapoyas trasladados por Huayua Capac al Cuzco ha sido destacada por los cronistas: el jueves santo, que se vela la ciudad como las demás del Perú por razón de estar encerrado el Santísimo Sacramento y entierro de infieles, andan 300 dellos con sus lanzas acompañando la procesión y la justicia. Son grandes enemigos de la nación de los ingas (sic) . Cuando el Cuzco hace guerra, salen estos  [cañaris y chachapoyas] en servicio del Rey (5).

En la "Relación" de Tomebamba (localidad al norte del imperio inca) se afirma de la presencia del que quizá fue el primer español que pisó tierra de estos pueblos, Benalcázar (6), que más tarde, junto con Almagro (7) en tierra de los cañaris, fue motivada por el llamamiento que a ambos hicieran los principales caciques. En cuanto a la actitud que adoptaron los descendientes de los belicosos enemigos que Huayna Capac tuvo en los pueblos al norte de Quito, las informaciones demuestran que fue igualmente de absoluta lealtad a la Corona de España, y otro tanto cabe decir de los chachapoyas, no solo de los que estaban presentes en el Cuzco a la llegada de Pizarro, sino de toda la población de la tierra encomendada a Alonso de Alvarado. Cieza de León dice que cuando Alvarado llegó en compañía de sus hombres, trece en total, a Cochabamba (8): ... fueron bien recibidos de los naturales, porque de toda la comarca los vinieron por los ver mostrándose como amigos.

Localización de Vilcas, en los Andes peruanos
(arqueologiadelperu.com.ar/vilcashuaman.htm)

Como consecuencia de la enemistad de los chachapoyas con sus vecinos, la alianza con los españoles fue aún más firme. Cieza menciona un ejército de tres mil guerreros indígenas confederados con Alvarado para someter a los grupos indígenas de la región oriental de Chillao (en el centro del alto Marañón) que se habían mostrado hostiles a los españoles, y destaca la gestión decisiva de un principal de los aliados, llamado Guamán, que logró avenir las voluntades de los belicosos defensores de Chillao. La política de establecer alianzas con los indígenas fue una estrategia que Alonso de Alvarado cultivó con una prudencia que Cieza de León, tan crítico con la conducta de los conquistadores, reconoce sin reservas. De la firmeza de esas alianzas y de la lealtad de los indígenas que las suscribieron da fe una relación escrita por un indio "ladino", natural de Cochabamba, hijo de un cacique principal, que amplía la información de Cieza sobre el Guamán "embajador" de Alonso de Alvarado. A cambio, el indio hace una petición de mercedes a la Corona como recompensa por su larga colaboración en las campañas de la conquista del Perú.


(1) Militar inca subordinado a Huayna Cápac y Atahualpa. 
(2) María Concepción Bravo Guerreira, "Sometidos al Cuzco y aliados de España...". 
(3) Nos ha dejado una "Relación del descubrimiento del reino del Perú".
(4) Indígenas al servicio del imperio inca para controlar un determinado lugar estratégico o para cultivar la tierra en las fronteras.
(5) Jiménez de la España, nacido en Cartagena en 1831, en América a partir de 1862 como geógrafo y naturalista, participó en una expedición científica.
(6) Su apellido original era Moyano.
(7) Se le considera el primer europeo en pisar tierra de la actual Bolivia.
(8) Ver nota 2, a cuya autora y obra sigo para el presente resumen.

Hispanos en la España Chiquita

Natívitas se encuentra al suroeste del estado de Tlaxcala

En el estado de Tlaxcala, al este de la ciudad de México, se encuentra Natívitas, hoy rodeada de campos de cultivo por el este y por el sur. No lejos se encuentra el volcán Malinche, cuya cumbre está a más de 4.400 metros de altitud, formando límite con el estado de Puebla. A finales del siglo XVIII Natívitas tenía una plaza y un convento anexo, y la población se extendía desde aquí hacia el sur (Jesús de los Arrieros) y San Juan Tepactepec; hacia el oeste San Bernabé y hacia el norte Santa Apolonia Teacalco. Un terreno abarrancado limita estas poblaciones por el norte, en realidad barrios creados a partir de Natívitas. Esta fue una población fundada en la segunda mitad del siglo XVI según señala Muñoz Camargo (1): 

...pueblo nuevamente congregado de unos indios que estaban derramados en unas ciénagas junto a esta población, que, por su apartamiento, no alcanzaban a tener doctrina, porque carecían della por su división. Y, con acuerdo de DON MARTÍN ENRÍQUEZ, se fundó en este nuevo asiento otro monasterio de frailes de la orden del sr SN FRANCISCO. Ese lugar es muy abundoso de maíz y de legumbres, participa de muchas aguas y ciénagas, y de los ríos que pasan cerca de allí. Llama el pueblo "nuevo", porque ha poco que se fundó, aunque los naturales le llaman Ichcaquiztlan, que quiere decir... "el lugar de algodón" (2).

Mucho antes, en el camino a conquistar el imperio azteca, Cortés (1519) tuvo buena suerte: después de un encarnizado combate de los aztecas con los tlaxcaltecas, estos se unieron a Cortés. Los tlaxcaltecas vivían en un territorio prácticamente rodeados de sus enemigos los aztecas, habiendo su población crecido mucho según Muñoz Camargo: 

[Cortés encontró esta región] muy poblaba, que no había lugar que no estuviese ocupado de poblazones, o de sementeras y labranzas, por dos causas y razones: la primera, por haber más de sesenta años que los mexicanos culuas los tenían cercados y oprimidos por guerras, por cuya causa no alcanzaban a comer sal, ni vestían ropa de algodón, ni bebían cacao... Y, por estar desta manera cercados, muchas gentes... de otras provinas, (sic) por ser vejados de sus reyes y señoríos, se retraían y recogían a vivir en este provincia... (3).

Según Konrad Tyrakowski, a quien sigo para este artículo (4), alrededor del territorio de los tlaxcaltecas había una franja de terreno, más o menos ancha que servía de frontera o "desierto estratégico" con los pueblos enemigos. Por lo que respecta a Cortés, en recompensa por la eficaz ayuda de los tlaxcaltecas en la toma de Tenochtitlan, fueron objeto de diversos privilegios, como que sus tierras no se pusieran a disposición de los encomenderos, y en 1535 se subordinaron directamente a la corona. Más tarde su territorio se declaró libre de colonizadores blancos, aunque con el tiempo ni siquiera el rey se atuvo a tales disposiciónes.

Algunos territorios, como en otras partes, eran señoríos indígenas, como el de Cholula y Huejotzingo, el primero aliado de los aztecas y este de los tlaxcaltecas. Los habitantes vivían en asentamientos dispersos en sus milpas (tierras con maizales) lo que dificultaba la vigilancia que sobre ellos hacían los aztecas, Por su parte, las autoridades españolas idearon a mediados del siglo XVI asentar a los indígenas en reducciones. En 1580 -dice Tyrakowski- la situación había cambiado y Natívitas se había establecido al pie de una cadena de colinas, cerca de los señoríos indígenas de Quiahuiztlan y Ocotelulco, poblándose con españoles. Se trataba de una estación intermedia en el camino entre la ciudad de México y Veracruz, mientras que los españoles se repartieron los terrenos de alrededor. A finales del siglo XVIII, en las proximidades de Natívitas, ya había otros poblados: Apizaco, Tlaxco, Huamantla...

Alrededor de la plaza de Natívitas vivía la clase alta y allí estaba también el Ayuntamiento, siendo la principal actividad económica el acarreo de mercancías de unos lugares a otros, además de la agricultura. Alrededor surgieron una serie de barrios indígenas cuyos habitantes servían como fuerza de trabajo, y más lejos había otros barrios indígenas que ya no estaban necesariamente vinculados a Natívitas. Con el andar del tiempo los hacendados fueron haciéndose con las tierras de los más débiles: a finales del siglo XIX unos colonos cedieron ante el dueño de la hacienda de Santa Águeda, que les compró sus tierras. Otros pueblos, sin embargo (Michac, Atoyatenco, Teacalco...) conservaron sus milpas.

Volcán Malinche
A partir de 1570 se produjo una brusca expansión de la ocupación de tierras por parte de los españoles de la región y pronto los hacendados desposeyeron de sus tierras a los habitantes de los pueblos haciendo crecer sus haciendas con tierras comunales. En el siglo XVIII se dio paso a la expansión de los latifundios, cuyos propietarios desecaron las tierras para sembrar maíz y trigo, llevando a cabo explotaciones muy especulativas. Una excepción la constituyeron las órdenes religiosas: en 1765 los jesuítas eran dueños de la hacienda de Los Dolores y los dominicos de Oaxaca poseían la hacienda de Los Reyes, y ni siquiera esta situación cambió con la revolución mexicana de 1911-1917.

Desde los orígenes de la colonia hasta el siglo XX allí vivieron arrieros, tejedores, artesanos y campesinos; por su parte también propietarios y administradores de los latifundios, que ejercían el comercio o se dedicaban a oficios eclesiásticos. La mayor parte de la población se dedicaba al tejido con el andar del tiempo, siempre hablando de población española. La cría intensiva de ovejas también fue una actividad importante, siendo otros comerciantes, herreros, panaderos, zapateros, barberos, pintores, y albañiles.

Los españoles tenían su teniente y los indígenas el suyo y pronto surgieron hermandades y cofradías, una de ellas abierta tanto a españoles como a indígenas. En las celebraciones los cantores indígenas jugaban su papel y eran conducidos por sus caciques. Con el tiempo hubo también una gran cantidad de mulatos, que hacían de gañanes en las haciendas, peones en las obras de canalización del río Zahuapan y desecación del lago Texcoco. Hubo, obviamente, resistencias indígenas a las haciendas y a los hacendados, lo que llevó a litigios cuyos testimonios se guardan en los archivos.

La colonia de Natívitas tuvo un abrupto fin a comienzos del siglo XX; la población de esta España Chiquita cayó en las revueltas de la revolución zapatista: ... el pueblo entero ardió en llamas, ... el azúcar en las tiendas grandes chillaba al quemarse con la lumbre,... bajó la gente e invadió el pueblo... todo en tan pocas horas desapareció... las jóvenes se escondieron entre los surcos para pasar la noche... los güeritos (blancos) entre las milpas tuvieron que esconderse... (Contreras, a quien cita Tyrakowski).

(1) Criollo que escribió varias obras sobre Tlaxcala y otras sobre la conquista de México. 
(2) "Relaciones geográficas". 
(3) "Relaciones geográficas". 
(4) "Historia colonial en detalle: progreso y decadencia de la España Chiquita...".

viernes, 14 de agosto de 2015

Los criollos se pelean

Audiencias en la América española
(http://chrismielost.blogspot.com.es/2011/07/en-el-segundo-centenario-de-la_03.html)

En un intenso trabajo (1) Jaime E. Rodríguez señala que la independencia de las colonias españolas de América, a principios del siglo XIX, no fue un movimiento anticolonial, sino una más de las manifestaciones de cambio desde el Antiguo Régimen a la formación de los estados modernos. Se habían ido produciendo una serie de cambios tanto económicos como sociales que posibilitaron la independencia, pero gran parte del Antiguo Régimen, después de 1808, quedó intacto. El cambio se produjo lentamente, como en España, y no hubo una ruptura drástica.
 
El autor citado indica que las naciones no existían en América, sino que fueron creadas y los nuevos países fueron reflejo de las instituciones, tradiciones y prácticas del pasado. Las condiciones locales determinaron el rumbo y la medida del proceso de transformación. En Nueva España, Nueva Granada y el virreinato del Perú existían provincias con personalidad arraigada, con aspiraciones propias, a las que fue difícil o imposible integrar en los estados nacionales que algunos dirigentes militares y civiles quisieron. Las Audiencias existentes también habían arraigado suficientemente como para que presentasen sus reivindicaciones a la hora de los cambios institucionales y territoriales; a escala menor estaban los cabildos y las intendencias.
 
A finales del siglo XVIII las posesiones de la monarquía española abarcaban desde Alaska hasta el cabo de Hornos. Casi todo el Caribe era español y la América atlántica desde la banda Oriental (actual Uruguay) hasta el extremo sur. La identificación regional se vio fortificada por la introducción del sistema de intendencias a finales del siglo XVIII. Las economías de Nueva España, Guatemala, Nueva Granada, Quito, Perú y el Alto Perú eran muy complejas: agricultura comercial y de plantación, industria (textiles y otras artesanías), minería… pero con una gran diversidad económica entre unas regiones y otras.
 
En cuanto a la población, incluyendo Filipinas (que dependía de Nueva España), la América española contaba con unos 13,6 millones de habitantes (1800), casi la mitad de los cuales residían en la Nueva España. Era una población multirracial, pero era la clase y no la etnia lo que diferenciaba a unos individuos de otros. Había importantes núcleos urbanos; el campesinado era fundamentalmente indígena, pero también había mestizos, criollos y negros. Los indios vivían en aldeas comunales (repúblicas de indios) a las que se concedían privilegios especiales pero también obligaciones (el tributo). Los que se integraban en la sociedad urbana abandonando el campo dejaban de ser “indios” en el sentido social del término (no así en el sentido étnico, claro está).
 
En las regiones tropicales es donde estaban en su mayoría los negros, tanto esclavos como libres, y las tensiones contra los grupos dirigentes surgieron con fuerza sobre todo a partir de la revolución haitiana de 1804, la primera de América latina y que consiguió abolir la esclavitud en la colonia francesa y la independencia de Haití, aunque en 1791 se había producido una revuelta de esclavos –entre otras muchas- en Santo Domingo. Pero cuando España y Portugal fueron invadidas por los ejércitos napoleónicos, la reacción en América fue unánime contra los franceses. Bolívar dijo más tarde que “todo lo que formaba nuestra esperanza nos venía de España” (2). El acuerdo que las elites entendieron tenían era, sin embargo, con el rey, no con España como nación, por lo tanto cada uno de los reinos de América tenía al rey de España como nexo, tal y como dejó escrito Fray Servando Teresa de Mier, un criollo de Monterrey (México) que participó en las Cortes de Cádiz. 
 
Según el autor al que sigo, la Constitución de 1812 fue más bien un estatuto para el mundo hispánico y de hecho el papel de los diputados americanos en Cádiz fue central, proponiendo ellos la formación de Diputaciones Provinciales. También contribuyeron a que se abolieran las instituciones señoriales, la Inquisición, el tributo indígena y el trabajo forzado. A la altura de 1814 prácticamente toda la América española, salvo el aislado Río de la Plata, estaban aún bajo control de los funcionarios reales, pero en 1817 se reanudó la guerra en Nueva Granada, de forma que ejércitos combinados de lo que serían Colombia y Venezuela, derrotaron al ejército del rey en Boyacá, a orillas del río Magdalena y al noroeste de Bogotá. 
 
Cuando en España se restaura la Constitución en 1820, en América se dieron respuestas diversas: Nueva España y Guatemala restablecieron el sistema constitucional y sus diputados en las Cortes de 1821 propusieron la creación de tres reinos americanos gobernados por príncipes españoles aliados a la Península. Pero la mayoría española en las Cortes rechazó la propuesta y entonces los dirigentes de Nueva España decidieron independizarse. La América central también declaró su independencia y se unió al imperio mexicano. 
 
En Suramérica se vivieron experiencias diferentes pero sus estructuras políticas se basaron en la Constitución de 1812. Los diputados de América del sur no participaron en la revolución hispánica. A partir de ese momento los conflictos empezaron a surgir al determinar las fronteras nacionales. Pero es curioso que la mayoría de los hispanoamericanos, incluyendo al gran campesinado indígena en las repúblicas de indios, favorecían las monarquías constitucionales; además, sus grupos dirigentes preferían un legislativo fuerte, con más poder que el ejecutivo, lo contrario que los militares, Bolívar en primer lugar.
 
El regionalismo, expresado por la determinación de las provincias para gobernarse a sí mismas, demostró ser un obstáculo fundamental en la consolidación nacional. Los nuevos gobiernos, con la excepción de Paraguay, no tenían el control de sus tierras. En la mayoría de los casos, con la excepción de Nueva España, las guerras civiles surgieron cuando las ciudades capitales intentaron imponerse ante las provincias y estas fueron las que –por medio de sus dirigentes, una minoría- defendieron fuertes poderes legislativos, mientras que los representantes de las capitales eran partidarios del predominio del ejecutivo. No es extraño porque de las grandes capitales surgían los hombres fuertes de la independencia.

El río Magdalena a su paso por Boyacá

Aunque Venezuela, Cundinamarca, Paraguay y la América mexicana fueron las primeras en declararse independientes… todas las regiones, inclusive aquellas que reconocían a Fernando VII como su soberano, insistieron en tener su propio gobierno. En 1810 los porteños organizaron una Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre de Fernando VII y sus legítimos sucesores, lo que quiere decir que el proceso independentista estuvo lleno de incertidumbres. Por su parte, el aislado Paraguay tenía poco en común con los porteños. Charcas, que había caído bajo el control del virrey del Perú después de 1809, consideró a Buenos Aires una amenaza y los intereses de las provincias del interior del Río de la Plata, como Córdoba, Salta, Tucumán, Mendoza y San Juan, chocaban con los de Buenos Aires. Dado que aquellas regiones dependían de su comercio con el Alto Perú y Chile solicitaron protección para sus productos, mientras que los porteños insistieron en el libre comercio.

Las tropas de Buenos Aires fueron incapaces de vencer a los movimientos regionalistas, aunque este territorio se encontraba relativamente a salvo de las fuerzas realistas. Una expedición militar en 1810 para recuperar el control del Alto Perú, estableció un patrón de conquista que frustró los esfuerzos de Buenos Aires por mantener la integridad territorial del Río de la Plata, pero en agosto de aquel año soldados de Buenos Aires arrollaron Córdoba y después de hacer prisioneros a algunos dirigentes, incluyendo a Liniers (3), los ejecutaron. Luego el ejército porteño tomó Salta, Tucumán y el altiplano de Charcas; en noviembre derrotó a las tropas realistas en Suipacha (4), siendo el primer triunfo argentino a favor de su independencia. 

El comandante porteño, Juan José Castelli, instituyó entonces un reino de terror en Charcas. Arrestó a las autoridades reales y las ejecutó, como había hecho en otras ocasiones. Los soldados porteños -dice Jaime E. Rodríguez- se comportaron como ejército conquistador; asaltaron, robaron y mataron ciudadanos inocentes a voluntad. Dichas atrocidades contribuyeron al posterior éxito realista y a la derrota porteña. Luego Castelli se enfrentó a un ejército realista en Huachi, al norte de la actual Bolivia, pero fue derrotado y su ejército huyó. 

Al igual que Charcas, Paraguay se mantuvo fuera del dominio de Buenos Aires, pero los porteños respondieron a esto con la fuerza. La Junta Provisional nombró a Miguel Belgrano para dirigir la operación militar a Montevideo pero los paraguayos derrotaron a su ejército en 1811. Tras una segunda derrota en Tacuarí (al sur del actual Paraguay) los porteños se retiraron. 

Suipacha, al sur de Bolivia
José Gaspar Rodríguez de Francia, al frente de Paraguay, llegó a proponer una confederación del Río de la Plata en la que todas las provincias gozarían de igualdad, pero Buenos Aires no lo aceptó y, viéndose aquel país amenazado tanto por este como por Brasil, en 1813 proclamó su independencia. Poco después Francia fue nombrado dictador perpetuo y Paraguay estuvo aislado hasta su muerte en 1840.

El actual Uruguay –la Banda Oriental- estuvo a favor del ejército realista cuando en 1811 Francisco Xavier Elío (5) arribó a Montevideo en calidad de virrey del Río de la Plata, buscando la ayuda de Brasil para luchar contra Buenos Aires, pero los uruguayos, poco a poco, le fueron negando su apoyo. Aquí jugó un importante papel José Gervasio Artigas, un militar criollo que había estado en España hasta 1810. Un grupo de estancieros reunieron en 1811 a unos doscientos gauchos a orillas del río Asencio iniciando así la lucha contra los realistas, pero como Artigas pidiera ayuda a los porteños y estos no se la prestaron, los realistas volvieron a controlar Montevideo.

Artigas se refugió en Entre Ríos con miles de independentistas para escapar de un ejército portugués que, desde Brasil, acudía en ayuda de los realistas españoles, pidiendo entonces Buenos Aires ayuda a Gran Bretaña. El intento de la ciudad porteña de incorporar Uruguay a su soberanía hizo que Artigas rompiera con ella, mientras los realistas se rendían, tras un largo asedio, a los porteños que, no obstante, no fueron capaces de dominar la Banda Oriental, aunque lo intentaron durante años incluso con mediación británica. 

En el caso de Venezuela destaca el conflicto entre la capital y las ciudades de la provincia, así como la lucha entre los poderes legislativo y ejecutivo. En 1810 Caracas estableció una Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, que siguió mucho de los aspectos de la Constitución de Cádiz más tarde, pero mantuvo el privilegio a favor de los propietarios, que fueron los únicos con derecho a voto. Nombrado Fancisco Miranda dictador, no obstante fue incapaz de derrotar al ejército realista "porque la mayoría de los venezolanos no apoyaban ni la independencia ni el republicanismo". A continuación, la lucha por el poder enfrentó a caudillos despiadados. Esto influyó en los dirigentes locales, uno de ellos Bolívar, que consideró demasiado tolerante la primera Constitución venezolana. Cuando alcanzó el poder actuó como un autócrata asumiendo el título de dictador en numerosas ocasiones.  

Las divisiones internas también fueron evidentes en el Reino de Nueva Granada y provocaron formas extremas de confederalismo. Las provincias se dividieron en dos coaliciones entre 1810-1815, un período conocido como la Patria Boba. Una coalición estuvo dirigida por Cartagena de Indias y la otra por Bogotá, que creó el estado de Cundinamarca en 1811 y reconoció a "Don Fernando VII , por la gracia de Dios y por la voluntad del pueblo, legítima y constitucionalmente representado, Rey de los condinamarqueses". Las otras provincias crearon las Provincias Unidas de la Nueva Granada. En 1814 el rey envió un gran ejército bajo las órdenes de Pablo Morillo, pero las tropas realistas fueron derrotadas en 1816. 

El Reino de Quito ayudó a los realistas a derrotar a los insurgentes, mientras que las guerras civiles entre las capitales y las provincias se extendieron por los antiguos virreinatos del Río de la Plata y de Nueva Granada; también en Chile y el virreinato del Perú. El problema era federalismo o centralismo y este conflicto continuó durante varias décadas. 

México y las Provincias Unidas del Centro de América basaron sus sistemas políticos en la Constitución de Cádiz y la elite novohispana se propuso gobernar manteniendo fuertes vínculos con España. Se estableció una monarquía constitucional con el rey español o con un miembro de la familia real como soberano. Pero cuando Iturbide disolvió las Cortes, el mismo año en que se proclamó emperador, las provincias se rebelaron obligándolo a abdicar al año siguiente. Estas provincias se consideraron a sí mismas soberanas y defendieron que México debía ser una república federal, pero la pobreza del gobierno central fue un factor importante en la inestabilidad política, un ejemplo de lo cual fue la revuelta de principios de 1824. La Constitución de este año fue una copia textual, en algunas de sus partes, de la de Cádiz, lo cual se debió a Miguel Ramos Arizpe y José Guridi Alcocer (6), que habían participado en el texto español de 1812. 

El primer presidente de la República, Guadalupe Victoria, tuvo que soportar la destrucción y el atraso del país como consecuencia de las guerras de independencia, aunque recibió importantes préstamos extranjeros. En 1828 fue elegido Manuel Gómez Pedraza, pero sectores radicales se rebelaron y Pedraza renunció. Entra así México en un prolongado período de inestabilidad, que se expresó en dos guerras civiles entre federalistas y centralistas. Estos vencieron y establecieron la Constitución de 1836, pero otra guerra civil sirvio de preámbulo para restablecer la Constitución de 1824, federal.

Volviendo atrás, los dirigentes de Chiapas declararon primero la independencia de la provincia (1821) y se unieron luego al imperio mexicano. En 1822 Guatemala decidió incorporarse a México pero tras la abdicación de Iturbide permaneció independiente y, al año siguiente, se formaron las Provincias Unidas del Centro de América. La Constitución centroamericana de 1824 creó un poder legislativo fuerte, siendo elegido José Arce presidente en 1825, pero las provincias de Costa Rica, El Salvador, Honduras y Nicaragua pronto entraron en pugna y el reciente estado se desintegró mediante una guerra civil entre 1826 y 1829. El liberal Francisco Mozarán intentó restaurar el orden pero no pudo mantener la unión y la federación desapareció en 1838.

La independencia de las colonias españolas de América no fue un fenómeno lineal, pero la formación de los nuevos estados tampoco. Tras el dominio hispano, que había sido transferido con el paso del tiempo a una minoría criolla, rica e influyente, esta minoría se tuvo que enfrentar a una amalgama de intereses entre los diversos pueblos americanos que no tuvieron claro, durante mucho tiempo, que estados querían y como debían constituirse.
Localización de Tacuarí, cerca del río Paraná

(1) "Fronteras y conflictos en la creación de las nuevas naciones en Iberoamérica".
(2) “Carta de Jamaica”, citando el autor a José Luis Robero y Luis Alberto Romero.


(3) De la nobleza francesa, desempeñó funciones al servicio de España en América, entre otras como virrey del Río de la Plata.

(4) En un valle entre dos alineaciones montañosas de sur a norte, al sur de la actual Bolivia. 
(5) Fue también uno de los responsables de la represión absolutista en España entre 1815 y 1820.
(6) Arizpe fue un sacerdote criollo al que se considera "padre del federalismo". Guridi fue otro criollo que desarrolló una intensa labor intelectual y partidario del centralismo.