sábado, 23 de febrero de 2019

Baiona y Chantada afectadas por la peste


La peste negra llegó a Galicia por mar desde los puertos portugueses y por el Camino de Santiago. En Baiona está presente entre finales de julio de 1348 y enero de 1348; en 1350 ya está en Chantada (actual provincia de Lugo) y el obispo de Lugo, ante una petición del abad de Chantada, le permite al cura de la parroquia de Camporramiro que se ocupe también de la de Cabreiros.

En un documento de principios de 1348 en presencia del notario público, Gonçalvo Fernández, jurado por el abad del monasterio de Oia, fray Afonso, en el propio monasterio, pone de manifiesto la caída de la renta feudal al admitir el monasterio una notable reducción de la renta foral que cobraba. El documento alude a un mercader llamado Durán Domínguez, su hijo y otros que explicaron que tenían arrendado la mitad de un horno y una casa, así como otras heredades por todo lo cual debían dar al monasterio la renta correspondiente. Pero que después de la pestilencia y las muertes que ocasionó, no podían hacer frente al foro ni dar la renta convenida en él al monasterio, por lo que pedían una reducción de la misma. El abad, en nombre propio y del monasterio, no renunciando a sus derechos, aceptaron reducir la renta en la cantidad de treinta y cinco maravedíes cada año.

Para la comarca de Chantada otro documento habla de que “todos sabrán que nos llegó a Pedro López, obispo de Lugo”, que el abad de Chantada no había encontrado un cura –tal era la mortandad- para la parroquia de Cabreiros, pidiendo un capellán que esté obligado a celebrar las misas, prestar los sacramentos y recibir sepultura. El obispo constata que la peste había provocado la muerte de casi dos partes (se entiende dos tercios) de los clérigos y de parroquianos, por lo que reunido con el cabildo, acepta la petición.

Aunque la peste negra afectó con mayor intensidad a la mitad este de la península Ibérica, buena parte de Francia, toda Italia y la península Balcánica, también otros territorios como el norte de África, el norte de Francia, Inglaterra, Escocia, Irlanda, el centro de Europa, Dinamarca y el sur de Noruega se vieron afectadas. Según un estudio del CSIC, publicado en la revista “Scientific reports”, la peste negra entró por el Camino de Santiago, pero historiadores como Juan Juega, González Balasch y E. Portela Silva ha demostrado que también procedió de los puertos portugueses.

El estudio del CSIC mide dos parámetros, la centralidad y la transitividad (conectividad)[i] entre los núcleos de población; las más transitadas y más conectadas presentaron un mayor número de infecciones, mientras que en las ciudades aisladas o periféricas el número fue menor, aunque con excepciones. De las 1.311 ciudades incluidas en la red de estudio, 402 estaban conectadas por rutas de peregrinación. El estudio citado niega la entrada de la peste por la costa, citando la crónica del rey Alfonso XI, donde se indica que la peste negra estaba en Santiago a mediados de 1348, mientras que en Baiona no antes de finales de dicho año. La obra de E. Portela Silva demuestra que tal cosa no es cierta[ii].



[ii] “La región del obispado de Tuy en los siglos XII a XV”, Santiago, 1976.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Gelmírez ordena construir galeras

Isla de Sálvora


En la segunda década del siglo XII el arzobispo Gelmírez, ante la indefensión de las costas de Galicia, envió mensajeros a Génova para traer a Iria constructores de galeras, naves de guerra con las que realizará varias expediciones de saqueo en al-Andalus. El que al servicio de Gelmírez escribió la “Historia Compostelana”, dice que “los sarracenos hispalenses, saltenses, castelenses, silvenses y de demás que habitan en las costas desde Sevilla hasta Coimbra, tenían la costumbre de construir grandes naves, y viniendo embarcados en la flota con gente armada, devastaban y despoblaban las costas marítimas desde Coimbra hasta los Pirineos”.

Tenía lógica, por lo tanto, que un arzobispo contraatacase con los mismos medios, sobre todo porque –según el cronista- los sarracenos asolaban el territorio próximo a Santiago desde las islas cernanas: Flamia (1), Ons, Sálvora, Arosa, Quebra y Monte Louro (2). Estos sarracenos destruían las iglesias, “demolían los altares, incendiaban los palacios de los nobles y villas y tugurios, talaban los árboles, mataban los ganados…”.

Fernán Arias y Menendo Díaz, nobles de la época, habían sido apresados por los sarracenos, teniendo para ser liberados que cambiarse por sesenta cautivos cristianos de condición servil. Otros nobles también se valieron de cautivos para conseguir su libertad, y los agricultores que cultivaban la tierra próxima a la costa, durante parte de la primavera y hasta el otoño, abandonaban el territorio o se ocultaban en cavernas con toda su familia. Los gallegos de la época, si se puede hablar así, no tenían por costumbre construir naves, según el cronista, a no ser las de carga y pesca.

Envió entonces el arzobispo mensajeros a Pisa y Génova, donde había constructores de naves y marinos “que no cedían en ingenio al piloto de Eneas”. Así llegaron a Galicia los “artífices” de birremes que servirían para hace a los sarracenos “la guerra naval”. Se construyeron dos naves y doscientos hombres “expeditos en asuntos de marinería y de guerra”, invadieron las costas de los ismaelitas y sus tierras, pagándoles con creces los daños y oprobios recibidos con anterioridad; los cristianos les incendiaron las casas y las mieses en las eras, les talaron los árboles y las viñas y no se ruborizaron de hacer cosas indignas de contarse. Destruyeron las naves de los sarracenos y, en fin, “saciada la espada y cargadas las naves de oro, plata y despojos, cantando alabanzas a Dios y a Santiago, volvieron gozosos a su tierra”.

La “Historia Compostelana” es una fuente histórica indudable para la época en que fue escrita, pero se trata de un documento para mayor gloria del arzobispo Gelmírez que, de acuerdo con la mentalidad de la época, no tiene inconveniente en convertirse en un gobernante y un guerrero. Señor feudal donde los haya, acuñó moneda, organizó un Concilio y mantuvo privilegiadas relaciones con el papa. En los asuntos internos del reino de León intervino de acuerdo con los intereses de la mitra, habiendo estado algún tiempo en la corte del rey Alfonso VI.

Quedaba lejos el ataque de al-Mansur a Santiago de Compostela en 997, cuando según la tradición respetó solo la tumba que se creía del apóstol Santiago, y las incursiones normandas en las zonas costeras de Galicia habían comenzado en el siglo IX, que también sufrieron los musulmanes de al-Andalus. En 1129, ya cristianos los normandos, incluso auxiliaron al arzobispo de Tarragona, otra ciudad en peligro por la proximidad de la frontera con al-Andalus. La política de Gelmírez a principios del siglo XII sobre la defensa cristiana contra el islam, queda reflejada en este pasaje de la “Historia Compostelana”.
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(1) Probablemente las islas Cíes, en la entrada de la ría de Vigo.
(2) No es una isla sino un promontorio de unos 240 metros de altura en el actual municipio de Muros.

lunes, 18 de febrero de 2019

Algunos monasterios gallegos

Escalera en el monasterio de Poio (Pontevedra)

Lo que nos interesa aquí no es la historia de cada uno de los monasterios seleccionados, todos ellos en la actual provincia de Pontevedra, ni siquiera una descripción artística detallada, sino la explicación de sus partes: iglesia, naves, claustros, refectorio, emplazamiento, etc .

El monasterio de Oia se encuentra a la orilla del mar, al sur de las rías gallegas y cuando la costa se parece más a la portuguesa. Desde el mar se ve la fachada de la iglesia, que debió de ser terminada en 1740 y, a la izquierda, el grueso del edificio monástico. Precede a la fachada un atrio y, ya en la iglesia, sobre una bóveda estrellada, el coro renacentista. De las tres naves, la central desemboca en la capilla mayor y, desde la nave lateral izquierda, se accede a uno de los claustros[i]. Hay dos sacristías[ii], una del siglo XVI y otra del XVIII, siglo este al que pertenece también la torre de la iglesia. Al lado opuesto del claustro donde se encuentra la iglesia, está el refectorio, obra del siglo XVI, y detrás de la torre otro claustro llamado de los naranjos, hoy un espacio delimitado por muros con contrafuertes y vanos cegados en su mayor parte.

En la fachada de la iglesia hay un escudo de armas que muestra una mitra esculpida, consecuencia de que algunos de sus abades tuvieron el privilegio de ser tratados, a ciertos efectos, como obispos.

El monasterio de Lérez se encuentra muy cerca de la ciudad de Pontevedra, sobre el curso bajo del río Lérez, muy cerca de su desembocadura en la ría. Hay una escalinata de acceso antes de la fachada occidental de la iglesia, muy sencilla y con dos torres iguales. Un coro alto sobre los primeros tramos de la nave única y, a la izquierda, la capilla de San Benito, cubierta con cúpula, al lado del baptisterio y este junto a la capilla mayor. A la derecha de la iglesia se encuentra una arquería de medio punto que formaba parte del claustro, hoy desaparecido. Tras la iglesia hay un patio a uno de cuyos lados se encuentra la sala capitular[iii] y en otro el refectorio.

También cerca de Pontevedra, ya camino de la ría y sobre un altozano que permite su contemplación, se encuentra el monasterio de Poio[iv]. La iglesia tiene una nave central sobresaliente sobre las laterales, que no son más que pasos para dar acceso a uno de los claustros o a las capillas. Una gran bóveda de cañón cubre la nave central, a continuación de la cual se encuentra la capilla mayor y la sacristía. Otra antigua sacristía, a la izquierda de la nave, es lo que hoy se conoce como capilla del Cristo, detrás de la cual se encuentra una monumental escalera que da acceso al monasterio moderno, de estilo herreriano, terminado de construir a mediados del siglo XX. El claustro de las procesiones tiene una fuente en medio, lateral aquel a la iglesia, donde se pueden ver tres relojes e sol y, a sus lados, un pequeño museo de mosaicos y el refectorio.

Según nos situamos frente a la fechada occidental de la iglesia, está el otro claustro, del crucero o de los naranjos. En su parte alta se encuentra un gran mosaico que representa el Camino de Santiago, al lado opuesto un pequeño museo de arte sacro y una biblioteca de importancia extraordinaria[v].

El monasterio de Armenteira se encuentra en el interior de la península del Salnés, nombre este que deriva de la existencia de salinas en Noalla, entre Sanxenxo y O Grove. Al atrio se accede mediante una puerta con arcada de medio punto y muro, contrafuertes y balaustrada. Enfrente se encuentra el edificio monacal y a la izquierda la iglesia, con una portada románica adornada con arquivoltas en pronunciado abocinamiento. En a parte superior un rosetón gótico. De tres naves y coro alto a los pies de la iglesia, los arcos fajones de las naves son apuntados y también los formeros. El tramo de la nave central más próximo a la capilla mayor está cubierto con una bóveda califal y a la derecha de la iglesia está el claustro con dos cuerpos, arquerías en el primero y vanos en el segundo; una monumental escalera permite ascender a la parte alta del claustro desde la parte oeste del mismo y, al otro extremo, la sacristía del siglo XVII. Entre la iglesia y el claustro, la torre.

El monasterio de Aciveiro, contrariamente a los anteriores, se encuentra en el interior de la provincia, en una estribación de la sierra del Candán, montes que dan a la comarca su característica más singular. Desde lo alto se observa un amplio paisaje.

El monasterio consta de un claustro propiamente dicho y dos patios, uno con planta en forma de L y otro trapezoidal. La iglesia consta de tres naves con arcos formeros de medio punto, pero la bóveda se ha perdido y está cubierta con madera. Entre las naves laterales y la central hay un falso triforio con arcadas pareadas que dan elevación al templo y los arcos fajones de las laterales, de medio punto, están muy peraltados. La capilla mayor, sin embarco, está cubierta con una bóveda estrellada. En el muro norte de la iglesia hay una puerta románica del siglo XII mientras que la occidental es muy posterior, del XVIII. Otra puerta, cerca de la cabecera de la iglesia, da acceso a la biblioteca y archivo (este en la parte superior), así como a la sala capitular al este del claustro, al lado opuesto del cual se encuentran la cocina y el refectorio. La puerta principal del edificio monacal es del siglo XVIII y hoy permite el acceso a los dos patios referidos arriba.

El monasterio de Carboeiro, como el de Aciveiro, está en un paraje montuoso, casi rodeado por un pronunciado meandro que forma el río Deza, en el municipio de Silleda. Desde la fachada occidental de la iglesia hasta la cabecera hay un desnivel del terreno, lo que obligó a construir una cripta bajo dicha cabecera, formada por una girola con arcos ojivales muy peraltados y varias capillas. La cripta está cubierta con una bóveda de cañón y es de una gran sobriedad. La fachada occidental de la iglesia, la cual es modesta en dimensiones, está formada por tres calles separadas por sendos contrafuertes. En la calle central, de abajo a arriba, la portada con arquivoltas de medio punto y un rosetón pequeño; en las calles laterales también hay sendos rosetones, de diámetro menor. En el interior, tres naves conducen hacia la cabecera y hacia el crucero.

Hay otra portada de la iglesia orientada al sur y en la parte norte del crucero unas escaleras permiten subir a la cubierta de la iglesia, desde la cual se puede ver el claustro o patio del monasterio (también se puede acceder por una puerta orientada al oeste), alrededor del cual se encuentran varias dependencias monacales en reconstrucción. El monasterio sufrió una gran ruina durante mucho tiempo, por parte de las cubiertas de la iglesia han sido reconstruidas en madera.



[i] El de las procesiones, con bóvedas de arista cuyas nervaduras arrancan de las correspondientes ménsulas.
[ii] La actual sacristía se encuentra donde antes era la sala capitular, por lo que a uno de los lados del claustro .
[iii] Esta es una estancia sobria y pétrea con arcos rebajados y empotrados en los muros. Igualmente son rebajados los arcos que sostienen la bóveda de la nave elesial
[iv] Ver aquí mismo “Poio, unha poboación e un mosteiro”.
[v] Ver aquí mismo “Unha xoia pouco coñecida”.

domingo, 17 de febrero de 2019

La importancia de una cofradía

Herat en la actualidad (oeste de Afganistán)
Originada en Transoxiana[i] y el Jorasán[ii] en el siglo XII como una cristalización del linaje sufí, con su espiritualidad y esoterismo, tras varias generaciones asentada en Asia Central, la cofradía Naqshbandi, dio el paso de extenderse al occidente tras la muerte de Timur Lang (1405). De la rama sunita[iii], Ahrar (1404-1490), marcó un antes y un después en la cofradía al formar grupos de la misma en muchas ciudades de Oriente Medio. La cofradía adquirió además un gran peso político debido a su trabajo de mensajeros, y es que era tradición no escrita en el mundo islámico que si el mensajero enviado por el enemigo era un religioso, no se le podía matar. Por esta razón los miembros de la cofradía actuaron siempre como intermediarios en los conflictos uzbeko-mogoles, ambos seguidores de aquella.

En Irán la cofradía Naqshbandi encontró una gran acogida en las ciudades norteñas de Tabriz y Qazvin ambas en el noroeste de Irán, cosa que le granjearía una fuerte animadversión de los safávidas, cuya sede se encontraba en la cercana Ardebil[iv]. Un miembro de la cofradía se prestó a colaborar con el sha Ismael, fundador de la dinastía safávida en 1501, y fue premiado por el soberano chiíta con el cargo de director espiritual, acompañándole en muchas de sus campañas bélicas. No sucedió lo mismo con aquellos que no colaboraron con Ismael: en la conquista de Fars, al suroeste de Irán (1503), los miembros de la rama Kazaruni fueron masacrados junto con varios miles de personas y en Qazvin, donde la cofradía era muy fuerte, fueron represaliados. El debate religioso entre ambas cofradías quedó supeditado a una cuestión política pues, teniendo en cuenta que e sha Ismael importó juristas islámicos del Líbano y e Yemen, ignorando a las comunidades duocedimanas[v] locales, la mayor rama del islam chií, cooptando a ulemas sunitas, lo que el sha quería imponer era la unidad política a través de doctrinas religiosas.

Los safávidas eran conscientes del inmenso poder de los Naqshbandi, y cuando aquellos se dispusieron a defender Samarcanda en 1501 de los uzbekos, sede central de la cofradía, lo hicieron hasta que el hambre les forzó a replegarse. En 1528 una campaña de los mogoles intentó recuperar Samarcanda, y sabiendo que los miembros de la cofradía estaban repartidos en las dos Cortes otomanas, uzbekas y mogolas, esto intranquilizó a los safávidas de Irán. La cofradía Naqshbandi se enfrentó al sha Ismael debido a la imposición, por parte de este, de condenar públicamente a los califas sunitas Abu Kakr, Omar y Utman, los tres primeros califas en la tradición suní durante el siglo VII, y exigieron en cualquier ocasión que se les presentó que dicha imposición cesara, por ejemplo en 1507 con motivo de una paz uzbeko-safávida y en 1555 en otra de estos con los otomanos. El enfrentamiento llegó a tal extremo que cuando Ismael iba a tomar la ciudad de Herat[vi] (1510), temiendo la cofradía la destrucción de la tumba de su maestro Abd al-Rahman Jami, se llevaron sus restos y emigraron a Gujarat y Bujará, al oeste de la India y en el actual Urbekistán, respectivamente.

Jami, según O. Vasilyeva y O. Jastrebona, nació en 1414 en Jorasán, casi en la frontera con Afganistán. Era hijo de un teólogo islámico que se trasladó con su familia a la ciudad de Jam, cerca de Herat y Jami pasó gran parte de su vida en esta ciudad.

En el último período del reinado de Ismael y durante el gobierno de su hijo, se moderaría mucho la represión sobre la cofradía, limitada a eliminar todo aquel miembro de la misma que destacara mucho. Al contrario, la dinastía timúrida (turco-mongola), con anterioridad, había estado vinculada tradicionalmente a los Naqshbandi, pero en el siglo XVII, ya con los shaybánidas en el poder,  hubo intentos de hacerla desaparecer, como durante la expedición a Asia central (1646-1647) y le supuso un duro golpe. Los turcos chagatai[vii], por su parte, fueron seguidores de la cofradía en su mayoría.

(Fuente: Morató-Aragonés Ibáñez, M., “La emigración turco-irania: del imperio safávida al mogol”).



[i] La parte oriental del actual Uzbekistán.
[ii] Este de Irán, Afganistán y parte de Turkmenistán.
[iii] Además del Corán se basa en la Sunna, colección de dichos atribuidos al profeta.
[iv] Al suroeste del mar Caspio.
[v] La palabra deriva de doce guías.
[vi] Al oeste del actual Afganistán.
[vii] Habían gobernado un vasto territorio al este de Irán.

Condiciones en los orígenes

Restos de la ciudad de Mari y su palacio
https://www.culturamas.es/blog/2018/04/26/mari-la-ciudad-que-la-historia-olvido/

La depresión formada por el Tigris y el Éufrates es de época geológica relativamente reciente y desde el punto de vista climático se caracterizaba por largos meses de verano extremadamente calurosos. Por ello la agricultura dependió, en un principio, del riego artificial, mientras que las zonas próximas a las montañas están favorecidas por lluvias copiosas; por ejemplo, las laderas de la cordillera iraní están bordeadas por un cinturón de valles en los que la agricultura se rige por las lluvias. La franja de terreno cultivable era muy estrecha en la orilla derecha del Tigris, pero se ensanchaba a la altura de la actual Mosul. La comunicación con las altiplanicies iraní y armenia se establecía a través de unos pocos puertos de montaña. Al oeste y noroeste de Babilonia la franja de tierra no cultivable, que hasta muy entrada la época histórica fue mucho más ancha que en la actualidad (pues el Éufrates ha desplazado en época relativamente reciente su curso hacia el oeste) solo estaba habitada por nómadas pastores. Hasta que no fue domesticado el camello (fines del 2º milenio a. C.) los nómadas no podían alejarse más que unas jornadas de la tierra cultivada; río arriba el territorio cultivado se estrecha en ambas orillas.

En la región de la antigua Mari y en las orillas de los afluentes del Éufrates, se vuelven a ampliar los terrenos cultivables, mientras que el espacio situado al sur del Tauro, entre la costa mediterránea, el Éufrates y la zona de Siria media y Palestina, está constituida por numerosos territorios pequeños independientes. Los montes del Líbano y Antilíbano proveyeron a Egipto, pero también a Babilonia y más tarde a Asiria, de valiosas maderas para la construcción y de resinas aromáticas. Frente a la ladera oriental del Antilíbano se hallaban varias ciudades-oasis, entre las que destaca Damasco y hay datos para suponer que a mediados del siglo XIX a. de C. hubo una inundación catastrófica que alteró el curso del Tigris. Una inundación provocada por el deshielo en las montañas podía ocasionar fácilmente catástrofes de este tipo. A esto se añade que el Tigris y el Éufrates acumulan en su descenso gran cantidad de sedimentos y que, en consecuencia, el lecho del río creciese constantemente. Los augurios babilónicos hablan a menudo de rotura de diques, pero debe tenerse en cuenta que el Tigris transcurría en ese tiempo más al oeste que hoy.

Palestina forma una región por sí misma, con zonas relativamente fértiles en las laderas occidentales de las montañas de Judea y Galilea, zonas desérticas en las montañas de Judea y en el Negev y vegetación tropical en el valle del Jordán. Hacia Egipto el país estaba cerrado, por lo menos hasta poco antes del 3000, por los desiertos de Sinaí y el Negev del sur. Al Este del Jordán hay regiones que tuvieron una densidad de población tan importante en la antigüedad como en la época romana.

Buenas rutas montañeras conducían de la llanura mesopotámica y Cilicia a la meseta central anatólica, y el núcleo territorial se situaba en torno al río Halys (Kizil Irmak). Otra zona de colonización importante fue la llanura de Konya, mientras que Asia Anterior estaba constituida por muchos núcleos territoriales, generalmente de dimensiones reducidas que surgieron sobre todo en regiones encajadas entre las montañas. Las condiciones naturales para formaciones más amplias se daban, por el contrario, en la región que más tarde sería Babilonia, en el territorio asirio, en Anatolia central y en la meseta iraní. Muchos de los pueblos que aparecen en la historia antigua del Próximo Oriente como fundadores de grandes imperios (hititas, mitanios, medos y persas) habían alcanzado la unidad étnica e importante densidad numérica mucho antes de su aparición en el cercano oriente.

Al menos desde la época en que se desarrolló la cultura urbana babilónica los intercambios se extenderían a regiones situadas fuera del ámbito estricto del próximo oriente. Los países del Golfo Pérsico y el valle occidental del Indo suministraban importantes materias primas, así como Afganistán, con sus yacimientos de lapislázuli, y otros países producían el cobre necesario para la fabricación del bronce.

En la época situada entre los años 9000 y 6750 se inició en el próximo oriente, donde ya debían existir condiciones climáticas muy parecidas a las actuales, una fase de domesticación de animales y de cultivo de las plantas más importantes, y hacia 6750 la nueva fase está completamente desarrollada. Sus novedades más importantes son la domesticación de la oveja, la cabra, el cerdo y la vaca, la selección y siembra del trigo, cebada y lino. El cultivo del trigo condujo necesariamente a la vida sedentaria y a la formación de comunidades rurales en el momento en que se extendió y entró a formar parte decisiva de la alimentación. El olivo no se daba en Babilonia y sí en cambio la palmera. La fase inicial de la producción de alimentos, hacia 9000, está atestiguada en toda Palestina, en la zona orientada hacia el Mediterráneo y en las regiones más secas del Este (Natufia), en el Líbano, en Siria y en el Kurdistán iraquí e iraní. Un ejemplo típico de asentamiento rural primitivo es Jarmo, al Este de Kirkuk, en las montañas kurdas, y otro asentamiento, acerámico, es Ugarit. Los yacimientos arqueológicos más importantes son Catal-Huyuk y Hacilar en Turquía suroccidental, Mersin y Tell Judeide en Cilicia y norte de Siria, Tell Halaf en Mesopotamia central, Tell Hassuna junto a Mosul, Tepe Sialk en la meseta iraní...

Una y otra vez Tigris y Éufrates han cambiado de curso, y no es de extrañar que en este país se situara el mito del diluvio universal. Los primeros agricultores que se establecieron en Babilonia tuvieron que dar el paso importante, aunque difícil, del cultivo de secano al cultivo de regadío. La aventura de llevar las plantas de las regiones montañosas y próximas al clima diferente de la llanura aluvial y a un terreno regado artificialmente, tuvo éxito. En cuanto aumentó la zona de regadío también lo hizo la producción de lino, y por lo tanto de aceite y fibras de lino. Atendiendo a la cerámica, la prehistoria de Babilonia se divide en tres fases: la de Eridu, considerada como la más antigua vida sedentaria babilónica; la de el-Obed y la fase de Uruk, esta sobre 4000.

Los sumerios eran la fuerza motriz de la época en Mesopotamia del sur, que quizá entraron algún tiempo antes en el país, es decir, lo más tarde en la fase de Uruk (4000). Durante el tiempo en que Babilonia realizaba sus fases de evolución prehistórica tuvieron lugar, en las regiones vecinas del norte y del noroeste, transformaciones que corresponden de modo sorprendente a los acontecimientos observados en Babilonia. El primer texto literario sumerio sobre mitología que ha llegado hasta nosotros pertenece al siglo XXIII a. de C. y la mayor parte de los textos literarios sumerios conocidos pertenece a la última fase de la lengua hablada sumeria: época de Gudea, III dinastía de Ur y los primeros 250 años después de esta dinastía. Esto no quiere decir que la actividad literaria y el interés por la literatura surgieran tan tarde; lo que surgió tarde fue la forma escrita. Desde Sargón de Akkad la lengua acadia suplanta poco a poco a la sumeria, y en los bajorrelieves, los rostros barbudos y de abundante cabellera reemplazam a las cabezas sumerias, redondas y calvas.

(Fuente: "Los imperios del antiguo oriente").


sábado, 16 de febrero de 2019

Iglesia, herejías e intolerancia


La Iglesia medieval, segura de poseer ella sola la verdad y obligada a revelarla a las naciones, quería introducirse, establecerse e imponerse en cualquier lugar y materia, y a medida que se iba extendiendo tenía que afianzar su unidad. En el siglo XIII sentía mucho más esta necesidad por las herejías, que se hacían amenazadoras. Henri-Marie de Lubac[i] sitúa todavía al siglo XIII en la prehistoria de la eclesiología. La concepción corporativa de la Iglesia condujo a no reconocer ningún derecho a los laicos en materia religiosa, y en la eclosión del gregorianismo la Iglesia del siglo XIII se afirmó cada vez más sacerdotal y monárquica, y al igual que los Estados contemporáneos, hizo crecer su organización.

Inocencio III redujo el papel de los fieles en la Iglesia a una palabra: obedecer. Se prohibió a los laicos discutir la fe en público o en privado, se excluyó a los jueces civiles de los tribunales eclesiásticos, se consideró nula, aunque fuera favorable, cualquier disposición tomada por la autoridad secular con relación a la gente y a los bienes de la Iglesia. Para lo que en otro tiempo el derecho canónico había pedido o admitido la ayuda del pueblo -las elecciones episcopales- quedó prohibido y calificado como corrupción. A partir de Inocencio III el papado fue verdaderamente, y cada vez más, el pontificado universal. Al papa correspondía legislar y juzgar; sus bulas concedían exenciones al derecho común; al papa correspondía también gravar con impuestos a los clérigos y autorizar a los príncipes para que pudieran hacerlo. La influencia papal alcanzó su apogeo, pues, en el siglo XIII y contribuyó incluso a la debilitación del poder real,

En las sociedades religiosa y civil se acusaron idénticas tendencias: consolidación del poder central y -menos acentuadamente- institucionalización de su control mediante cuerpos representativos.

En cuanto a las herejías, importantes en la época, fueron movimientos que, al lado de su aspecto religioso fundamental, ofrecían todos un carácter social e incluso político. M. Mollat (1965) subraya la acción de la miseria de las clases trabajadoras, y F. Leff (Londres, 1966) la del desacuerdo entre doctrina y práctica religiosa. El catarismo representó el peligro mayor: hizo hincapié en la Escritura, la dualidad del mal y del bien, de la materia y el espíritu, del cuerpo y el alma. Gracias a su ascetismo y al desprendimiento de sus apóstoles, conquistó adeptos de todas clases en Languedoc, Italia y Cataluña. R. Nelli cree que el movimiento era cristiano, nacido del examen libre y crítico de la Biblia más que del maniqueísmo y de las influencias orientales[ii].  Los valdenses eran seguidores de Pierre Valdés, los cuales cayeron en un anticlericalismo radical, y llegaron a reclamar para cualquier laico piadoso el derecho de administrar los sacramentos. Estuvieron extendidos por Italia y Alemania, y penetraron en Bohemia, Hungría y Silesia. Otros grupos defendieron posiciones panteístas. Estas herejías fueron perseguidas con vigor ya que la Iglesia reservaba la tolerancia solo para los infieles.

El concilio IV de Letrán, en su canon 68, ya no prohibió tan solo cohabitar con judíos o confiarles funciones públicas, sino que obligó, en toda provincia cristiana y en toda época a que se distinguiesen públicamente por el hábito. Los sínodos prohibieron tomar a judíos como criados, compartir con ellos las comidas o encontrarles en los baños. H. Hailperin señala que entre pensadores judíos y cristianos las relaciones siguieron siendo estrechas y a menudo llenas de comprensión; es el caso, por ejemplo, de Ramón Llull[iii]. Solo los reyes de Inglaterra consideraban a los judíos como su peculium, los llenaban de impuestos cuyo pago era acelerado con la prisión, y en 1290 llegaron a expulsarlos con objeto de apoderarse de sus bienes, y solo el pueblo perpetraba a veces matanzas colectivas. Idéntica actitud se adoptó en España con respecto a los musulmanes.

Los intelectuales proseguían el esfuerzo iniciado en el siglo XII para comprender el Islam y descubrir sus valores, pero las Cortes, especialmente en Sevilla en 1252 y en Jerez en 1268, promulgaron una serie de medidas adecuadas para evitar las relaciones e impedir las confusiones entre cristianos y mahometanos. Entonces, por razones de política general, los reyes de Castilla obligaron a los moros a abandonar las ciudades reconquistadas.

En 1209 la cruzada albigense comenzó a desarrollar una larga sucesión de atrocidades, lo que vemos más adelante: en 1234 el arzobispo de Bremen hizo pasar por enemigos de la fe a los campesinos libres del Jade[iv] y del bajo Weser con objeto de poder realizar contra ellos la guerra santa; en 1261 Alejandro IV proclamó la cruzada contra Manfredo de Sicilia acusándole de connivencia con los sarracenos de la Italia meridional[v]. Las cruzadas se convirtieron en un instrumento de dominación política que la Iglesia empleó igualmente para todo fin. A partir de 1231 en el Imperio, desde 1232 en Aragón, 1233 en Francia y después en todo Occidente, la Inquisición, creada tras algunos tanteos por Gregorio IX, trabajó sin descanso. Aquella aplicó procedimientos de excepción: la obligación por parte del sospechoso de testimoniar bajo juramento contra sí mismo, la ausencia de abogado y la sentencia sin apelación. En el siglo XII el pueblo ya quemaba a los herejes en el norte de Francia y en la actual Bélgica; Pedro de Aragón en 1197, y Federico II en 1224 impusieron el mismo castigo, e igualmente Gregorio IX.

En cuanto al clero católico, mal reclutado, apenas formado, no había alcanzado nunca, en conjunto, un nivel elevado. La mayoría de los sacerdotes no tenían vocación, y por lo tanto carecían de celo y de conducta. Los vicios del clero presentados a León II a finales del siglo VII fueron: intemperancia, lujuria, prodigalidad y pereza. El párroco dejó de ser elegido en Inglaterra, durante el siglo XIII, para representar al pueblo en los asuntos que interesaban a la comunidad campesina, mientras que en el continente el párroco conservó su prestigio. En Frisia figuraba en los colegios encargados de designar a los concejales, y con frecuencia tenía asiento en las jurisdicciones de apelación en materia civil. En Francia, en la mayoría de los casos, el párroco era quien percibía la mayor parte de los ingresos parroquiales.

Las órdenes mendicantes crearon escuelas en las que se formaron algunos que luego serían sacerdotes. La ignorancia hubiera debido cerrar el acceso a los altares, pero los laicos conservaban el derecho de patrocinio en un gran número de parroquias: en 117 de las de la diócesis de Exeter, por ejemplo, contra las 152 que dependían del clero. Muchos obispos no respetaban las normas sinodales: de 75 a 80% de los “párrocos” ingleses -la mayor parte de los cuales no residían- y 20% de sus vicarios, no habían recibido el sacerdocio.

Los monjes blancos y los canónigos regulares nacieron con el gregorianismo. Los cistercienses se multiplicaron, sobre todo en Europa central y oriental, pero su riqueza levantó críticas (sus comienzos habían sido una respuesta a la riqueza de los cluniacenses). Las fundaciones tuvieron una influencia grande sobre la clase superior laica y desde el siglo XII grupos de penitentes se habían formado en diversas regiones, mientras que en las ciudades los hospitales se habían multiplicado. En el siglo XIII el movimiento se amplió y en 1300 Estrasburgo, por ejemplo, contaba con 89 conventos de beguinas que albergaban a 300 personas, de una población de 20.000 habitantes.

En las ciudades y, a fortiori, también en el campo, el catolicismo seguía siendo muy mediocre, el dogma era poco menos que desconocido; la religión era todavía un código más que una doctrina y su razón de ser era menos el amor a Dios y al prójimo que el miedo a la condenación. El campanario daba las horas y sometía a un ritmo todos los trabajos: campane dicuntur, escribió Jean de Garlande a principios del siglo XIII. Las ventas en subasta se llevaban a cabo en el atrio de la iglesia; los juegos y las danzas tomaban como marco, a menudo, la plaza frente a la iglesia porque la torre de esta ofrecía el mejor refugio. Religión rudimentaia pues, centrada más sobre el infierno que sobre el cielo, demasiado negativa en sus obligaciones y prohibiciones, y con sabor de fetichismo en muchas de sus prácticas. El hombre sencillo creía, no lo suficiente para que la alegría iluminase su camino cotidiano, pero sí lo bastante para conservar la esperanza; de ahí las fiestas de Rutebeuf[vi].

Las pretensiones del papado a la plenitudo potestatis en cualquier dominio, el empleo de armas espirituales -como la excomunión y el entredicho o la guerra santa con fines muchas veces temporales- y la política beneficial o fiscal, arrancan del siglo XIII, mientras que el nacionalismo se manifestó también en los asuntos religiosos y los partidarios de una Iglesia espiritual no abandonaron la lucha.

(Fuente: "La Europa del siglo XIII").



[i] Cardenal jesuíta francés.
[ii] Ver el trabajo de J. Ventura Subirats, “El catarismo en Cataluña”, en el Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, XXVIII, 1959-60, páginas 75 a 168.
[iii] Ver el trabajo de A. Pons, “Los judíos del reino de Mallorca durante los siglos XIII y XIV, en Hispania, XX, 1966, pág. 166 y sig.
[iv] La bahía del Jade está en la costa del mar del Norte, Alemania, entre la desembocadura del río Weser y las islas de Frisia oriental.
[v] N. Paulus, da la lista de las “cruzadas personales” del siglo XIII.
[vi] Apodo de un trovador francés del siglo XIII cuya obra es fuente esencial para conocer la sociedad y los acontecimientos de su época.

Códigos legales antiguos



Es muy conocido el código de Hammurabi[i], que distingue tres grupos de población a los que se aplican las leyes: el “hombre”, “señor” o ciudadano libre, los siervos de palacio y los esclavos. Contrariamente a otras legislaciones, el código de Hammurabi no tenía en cuenta la diferencia entre la población sedentaria “acadia” y la población amorrea, cuyas tribus estaban en vías de asentarse, y sus individuos puede que estuvieran obligados solo al servicio militar. Los feudos que eran entregados consistían en una casa, tierras y huerta y no eran hereditarios, pero de hecho pasaban de padres a hijos. La unidad de templo y palacio se había perdido; el templo no era sino una más de las numerosas instituciones de la ciudad y del estado; las violaciones de los derechos de los templos por parte del palacio no son ninguna novedad en Babilonia y los textos de reforma de Urukagina[ii] (rey de Lagash a mediados del s. XXIV) las condenaban. Sin embargo el rey Ibbisin[iii] de Ur, último de Sumeria y Akad, perteneciente a la III dinastía, tuvo que emplear durante la época de crisis de su reinado el tesoro del templo para resolver las necesidades más acuciantes de su ciudad. Los archivos del palacio real de Uruk del siglo XIX muestran que el rey disponía oficialmente del patrimonio del templo para diversos fines. Es significativo que un gran inventario del templo de Nanaya (la diosa Ishtar) de Uruk estuviera guardado en el palacio, a pesar de que unn augurio babilónico condena estas transgresiones reales con estas palabras: el rey llevará posesiones de la casa del dios al palacio, pero Shamash lo verá (Shamash, dios del sol, garantizaba el orden jurídico); pero no se trata ya más que de una fórmula idealista y moralizadora: el augurio, una vez más, sintetiza la realidad. No obstante las donaciones a los templos se siguen produciendo hasta la época de los últimos reyes de la I dinastía de Babilonia. El templo era, a la vez, institución de beneficencia: daba préstamos a personas necesitadas sin reclamar intereses.

Es característico de la secularización del templo que las rentas vinculadas a determinados cargos estuvieran en manos de particulares y fueran patrimonio familiar. Conocemos, desde comienzos de la I dinastía de Babilonia, numerosos contratos de compra o concesión de prebendas del templo. Los cientos de documentos que nombran a las sacerdotisas de la I dinastía de Babilonia muestran contratos de préstamo y de arrendamiento de tierras en los que una sacerdotisa figura como prestataria o propietaria. Estas sacerdotisas constituían un importante factor económico en Sippar durante la época paleobabilónica y en su papel de acreedoras, son la contrapartida femenina del “comerciante” paleobabilónico, que en buena medida se dedicaba al crédito.

De los códigos de Urnammu (2100), Lipiteshtar (Isin, 1934-24) o Eshnunna (unos decenios más antiguo que el de Hammurabi) no se conservan más que copias en tablillas de barro, mientras que el de Hammurabi está conservado en una estela original, que fue descubierta en Susa al haber sido llevada allí por un rey elamita (comienzos del s. XII). Es el testimonio por excelencia de la lengua paleobabilónica clásica. Al igual que otros códigos (ver los citados) está enmarcado por un prólogo y un epílogo. La parte central contiene preceptos jurídicos. El prólogo y el epílogo están escritos en un estilo hímnico, conteniendo 280 artículos que se refieren al derecho civil, penal y administrativo. Veamos algunos de los temas que trata: difamación, prevaricación, hurto, encubrimiento, robo, saqueo, robo con fractura, homicidio, homicidio por imprudencia, lesiones corporales, rapto, situación jurídica de los aparceros del estado, responsabilidad en caso de daños involuntarios en la administración de las tierras, daños causados por animales, tala no autorizada de palmeras, situación jurídica de empresas comerciales, malversación, depósitos financieros, créditos e intereses, situación jurídica de la tabernera, esclavitud y rescate, esclavitud en fianza, evasión de esclavos, compra y reivindicación de esclavos, recusación de la condición de esclavo, alquiler de personas, animales y naves, sus tarifas, infracciones por parte del arrendatario, toros bravos, derecho de familia (precio de la novia, dote, propiedad de la esposa y concubinas, situación de los hijos de estas, divorcio, adopción, contratación de amas de cría, herencia), situación jurídica de determinadas sacerdotisas.

El código de Eshnunna contiene solo 60 artículos y es posible que este y otros influyeran en el de Hammurabi, posterior. En este último algunos artículos son totalmente nuevos: dureza de las penas, frecuencia de la pena de muerte (ahogar, quemar, empalar) o las mutilaciones. Nueva es la ley del talión. Estas innovaciones, al parecer, son de influencia “cananea”.




[i] Se admite el siglo XVIII a. de C. como el de su reinado.
[ii] Como en otras muchas ocasiones, llega al poder mediante un golpe de estado.
[iii] A finales del III milenio a. de C.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Kandahar: importancia de una ciudad asiática



La ciudad de Kandahar se encuentra hoy al sur de Afganistán, remontando sus orígenes al siglo IV a. de C. en relación con las expediciones de Alejandro Magno. En el siglo VII ya están los árabes intentando la islamización de la zona. El país es desértico o semidesértico, con un relieve retorcido antes de entrar en las grandes alturas al este.

En la baja Edad Media y el siglo XVI la ciudad constituía una pieza clave en las comunicaciones entre Irán e India, sirviendo de ruta comercial y de paso obligado para los ejércitos invasores. Tras conquistar el norte de la India, los mogoles destinaron muchos recursos a la defensa de esta frontera occidental para ellos, y enviaron príncipes de primer nivel a custodiarla, entre ellos el hermanastro de Humayun, segundo emperador de los mogoles (primera mitad del siglo XVI). Tras ser expulsado del trono, Humayun trató de recomponer su imperio desde Kandahar, pero su hermanastro se negó a entregarle la ciudad, lo que obligó a aquel a exiliarse y buscar apoyo en el sha Tahmasp, gobernante del imperio safávida de Irán. Este, como contrapartida, le exigió a cambio de su apoyo la conversión de Humayun al chiísmo[i] y la posterior entrega de Kandahar.

Conquistada la ciudad, el turco-iranio Bairam Khan, que contaba con la confianza de los dos soberanos, la mantuvo bajo su control y, a la muerte de Humayun (1556), el soberano safávida se apoderó de Kandahar, que puso una importante guarnición y, tal y como hacían los mogoles, se la entregó a un familiar suyo, el cual recibió como misión hacer las reformas necesarias para evitar las plagas anuales que asolaban a la ciudad.

Entre el imperio mogol y el safávida existieron, pues, alianzas políticas y una emigración constante de personas de un imperio a otro (por lo general Irán recibía mercaderes y la India administradores), convirtiéndose el persa en la lengua de la administración mogol. Pero la emigración de administradores a la India dependía siempre del permiso iraní, siendo los caballos moneda de cambio frecuente: uno que en Persia era vendido por 8-10 ducados, en la India valía entre 400 y 1.000 ducados. Otro de los elementos de intercambio era la plata. Era una época en la que los sultanatos del Deccan eran afines a los safávidas y, por lo tanto, adversarios de los mogoles.

El mecanismo empleado para garantizar la estabilidad de los nuevos territorios anexionados fue la cooptación de la dinastía local reinante en el sistema imperial, recibiendo los titulares de las dinastías subordinadas, “jagirs” o el derecho fiscal temporal que el emperador entrega a un individuo para que recoja el impuesto sobre la tierra de un área determinada. Kandahar fue cambiando de manos hasta que, en 1622, los safávidas lanzaron un ataque conquistándola una vez más. Los enfrentamientos entre las facciones del imperio mogol impidieron una reacción contundente y se firmó la paz en 1623, pero no sería la última vez que Kandahar cambiaría de manos, pero cuando un caudillo turco iranio[ii] tuvo en sus manos Kandahar y Kabul, las dos puertas occidentales del subcontinente, en 1738 lanzó una invasión sobre la India y saqueó el tesoro real timúrida[iii].

La importancia de Kandahar estuvo en la proximidad, históricamente, a grandes rutas de intercambio económico y cultural. Si nos vamos a la Edad Media seguramente formó parte de las que visitaron los radhanitas, comerciantes judíos que relacionaron económicamente a oriente con occidente entre el siglo VII y el XI; no estuvo lejos de las rutas que siguieren los venecianos por tierra, relativamente cerca de Ormuz y Balj, al norte de Afganistán esta última. Aunque la ruta de la seda tiene importancia con anterior a los imperios safávidas y mogol, que duda cabe que la encrucijada de caminos que representó Kandahar siguió siendo una realidad hasta la primera guerra anglo-afgana entre 1839 y 1842.

(Fuente: Morató-Aragonés Ibáñez, M., "La emigración turco-irania: del imperio safávida al mogol").



[i] Rama del islam y escuela jurista que considera a “chía” (Ali ibn Abi Tálib) sucesor del profeta y, por lo tanto a sus descendientes.
[ii] Nader Sha Afshar, fundador de la dinastía afshárida, originaria de Jorasán.
[iii] Timurida hace referencia al imperio fundado por Tamerlán en el siglo XIV. En el siglo XVI es sustituido en el norte de la India por los mogoles.

martes, 12 de febrero de 2019

Azúcar brasileño y negros africanos

https://journals.openedition.org/corpusarchivos/192

El azúcar, en la Europa medieval, había sido una medicina rara y costosa que solo a finales del siglo XV comenzó a transformarse en alimento en Portugal gracias a la producción de los archipiélagos atlánticos[i]. Esto mismo se hizo en las colonias castellanas americanas, sobre todo en Nueva España. Sin embargo, a finales del siglo XVI, solo Puerto Rico, La Española y algunas plantaciones próximas a Veracruz enviaron cantidades apreciables de azúcar a Europa.

Brasil, en cambio, disfrutó de todas las ventajas y oportunidades. Primera, la existencia de una franja casi continua de excelentes suelos en la costa, desde Pernambuco (hoy Ricife) hasta Sâo Vicente (cerca de la actual Santos). Segunda, una adecuada pluviosidad, que excusó el regadío e hizo el cultivo más fácil y barato que en ninguna otra parte. Tercera, buenos puertos próximos a los cañaverales, de los que Bahía y Pernambuco serían los más activos. Cuarta, la previa existencia de una organización comercial para la distribución en Europa, montada ya a finales del siglo XV con el azúcar de Madeira y reforzada luego con las especias de Oriente, incluyendo no solo el puerto de Lisboa, sino también socios, instalaciones y crédito en Amberes.

La mano de obra fue reclutada entre los nativos, que vivían en circunstancias paralelas a las que años antes se dieron en el Caribe. Cuando se forzó a trabajar a los indios, huyeron hacia las tierras del interior, protestando los jesuitas por el mal trato que se les daba. El rey portugués proclamó la libertad de los indios en 1570, pero la caza de estos se generalizó mediante la “bandeira”, equivalente a las “compañas” del Caribe. Los “bandeirantes” convirtieron Sâo Paulo en su más importante base de operaciones. Entre 1590 y 1690, las bandeiras paulistas compraron y cazaron esclavos en tierras cada vez más al interior, vendiéndolos en la costa a las plantaciones de azúcar. Comparadas con las compañas, las bandeiras se desplazaron sobre territorios mucho más extensos y con más lentitud, actuaron por muchos años. Dirigidas y financiadas por portugueses, muchos de sus miembros fueron mestizos; sus armas eran arcos y flechas, rara vez espadas y armas de fuego; caminaban a pie, con limitado uso de caballos. Pero también las bandeiras exploraron tierras desconocidas, descubrieron minas y actuaron como una vanguardia mestiza de la europeización.

El cultivo de la caña requería talar y roturar la selva, sembrar los plantones que crecían con rapidez y pocos cuidados, y cortar la caña crecida y madura, una y otra vez hasta el agotamiento del suelo en unos seis años. Este se abandonaba entonces, ya que había terreno de sobra para volver a roturar y plantar; la propiedad del suelo se basó en la concesión de extensas “sesmarias” con carácter hereditario, en parte cultivadas por el dueño y en parte cedidas a largo plazo a “lavradores” o arrendatarios. Pero la preparación del azúcar exigía inversiones fuertes. La caña debía cortarse en el momento oportuno, llevarla al trapiche (“engenho de assucar”) y exprimirla sin demoras. El número de trapiches aumentó debido a la demanda de azúcar.

El azúcar de Brasil, primer monocultivo tropical americano a gran escala, originó un sistema comercial muy flexible y menor organizado que el castellano de la plata. El monopolio de Lisboa, con concentrar la mayor parte del azúcar, fue menos rígido y por menos tiempo que el castellano. A diferencia de los castellanos, que se veían obligados a comprar los esclavos negros a intermediarios portugueses, estos podían conseguirlos directamente sin restricciones legales en sus “feitorias” de Guinea, Angola o Benguela a precios bajos. El viaje entre Angola y cualquier puerto brasileño duraba entre 35 y 60 días, lo bastante largo para que las peores endemias tropicales de África no se transmitieran al Brasil, ya que los enfermos morían en el camino, y resultaba lo bastante corto para que el flete no fuese excesivo y los esclavos no llegasen agotados. La importación de africanos al Brasil comenzó antes de 1550, pero a partir de 1570 creció, pues los dueños de sesmarias había prosperado y podían comprar más esclavos.

La esclavitud, institución tan antigua, por lo menos, como la civilización, estaba en decadencia en Europa y, a finales del siglo XV, en vía de extinguirse, lo que ocurriría, y antes que en el resto del mundo. Pero la colonización de América revitalizó el papel de la esclavitud y, con la trata de negros, se ocasionaría la emigración forzosa de mayor magnitud que registra la historia. Mientras las colonias de Castilla en América desarrollaron su producción para cubrir una gran parte de sus propias necesidades, Brasil dependió por completo de importaciones y exportaciones, al menos hasta 1640.

De igual manera que los beneficios originados por la producción de plata –dice el profesor Céspedes- fueron pagados por muchos indios con la tragedia del trabajo forzoso en las minas, los beneficios conseguidos con el azúcar brasileño tuvieron el precio de la esclavitud de negros africanos e indios nativos y el horror de un tráfico negrero que en el siglo XVIII alcanzaría proporciones masivas. Como siempre sucede, quienes disfrutan los provechos no son los mismos que quienes pagan su precio en trabajo, explotación y sufrimiento.



[i] Céspedes del Castillo, “América Hispánica”. El presente resumen está basado en la obra citada.