lunes, 19 de julio de 2021

La Carta de 1814

 

                                                       Moneda con la efigie de Luis XVIII

La Carta Constitucional francesa de 1814 comienza aludiendo a la Divina Providencia, en el sentido de que por su voluntad un rey Borbón volvía al trono. Sigue mencionando que la paz era algo anhelado, lo que no es extraño tras la etapa napoleónica.

Aunque toda la autoridad –según esta Carta- recae en el rey, este no tiene inconveniente en reconocer que sus predecesores han ido modulando el ejercicio del poder político según los tiempos. Se cita en el preámbulo a los reyes Luis el Gordo, Luis XI, Felipe el Hermoso, Enrique II, Carlos IX y Luis XVI[i], el cual –según el texto de la Carta- “reglamentó casi todas las ramas de la administración pública por diferentes ordenanzas que nadie habría superado en sabiduría”.

Se hace alusión a la Europa ilustrada, diciéndose “acordamos hacer concesión y otorgamos a nuestros súbditos… la Carta Constitucional que sigue…”, en lo que los especialistas han visto no una Constitución en el sentido liberal y moderno de la palabra, sino una concesión graciosa del rey que, no obstante, permitirá algunos artículos en la línea del liberalismo doctrinario.

“Los franceses son iguales ante la ley”, lo cual no es muy costoso, pues bien sabido es que del dicho al hecho hay un trecho; cierto que de esta manera desaparecían los privilegios jurídicos de algunos estamentos, tratándose de una reminiscencia de los años revolucionarios. El hecho de que se hable de los franceses como súbditos (y no ciudadanos) indica que el atavismo al antiguo régimen sigue presente.

El artículo 2º hacía referencia a la obligación de contribuir a las cargas del Estado, sin hacer distinción sino por la fortuna de cada uno, y en el artículo 3º se dice que “todos son igualmente admisibles a los empleos civiles y militares”, lo que también es herencia de la Revolución, pues en el Antiguo Régimen muchos de aquellos estaban reservados a la nobleza.

Aunque se pretende garantizar la libertad individual, pues nadie podría ser perseguido ni arrestado sino en los casos previstos en la ley, lo cierto es que Carlos X, sucesor del rey otorgante, hizo saltar por los aires muchas de estas intenciones con sus pretensiones ultramonárquicas, es decir, la preeminencia casi absoluta del rey sobre cualquier otra instancia del Estado. El vizconde de Martignac[ii], primero ultramonárquico y luego moderado en el régimen que aquí analizamos, se vio superado por el ímpetu de los liberales en la Asamblea y se unió a ellos votando que el Gobierno propuesto por el rey, en 1830, tuviese que contar con el apoyo de dicha Asamblea, lo que desencadenó la revolución que acabó con la dinastía borbónica en Francia.

Aunque en la Carta se reconocía la libertad de culto, solo la Iglesia católica recibiría recursos públicos, siendo aquella la oficial del Estado. En el artículo 8º se proclamaba el derecho de publicar e imprimir, solamente limitado por el derecho del Estado a “reprimir los abusos” de dicha libertad. Y no podía faltar lo esencial: todas las propiedades serían inviolables, incluso aquellas que hubiesen sido adquiridas por las medidas desamortizadoras en el siglo XVIII y la etapa napoleónica, no fuese a ser que la gran finanza, los dueños de la propiedad inmueble y otros por el estilo, retirasen su apoyo al régimen.

Se preveía en la Carta la restricción del derecho de propiedad por “interés público” y mediante indemnización, quedando así abierta la puerta a la expropiación de bienes que, en el caso de los más poderosos, tendrían recursos para evitarlo. En otro orden de cosas se prohibieron todas las investigaciones abiertas hasta el momento en que se restauró la monarquía borbónica, lo que implicaba también a los tribunales de justicia.

El articulo 13ª declaraba que la persona del rey era inviolable y sagrada (lo primero ha quedado plasmado en algunas constituciones actuales). Si bien los ministros serían responsables de sus actos como tales, sólo al rey correspondía la potestad ejecutiva. Esto entraña una contradicción, pues si un ministro podía ser declarado culpable por una decisión tomada, no por ello se implicaba al rey, que no obstante era la cabeza del Gobierno.

Otros artículos vienen a conferir al rey poderes militares, la facultad de declarar la guerra y acordar la paz, la capacidad para establecer alianzas y relaciones comerciales, así como a él correspondía el nombramiento de todos los empleos de la administración pública. El rey se reservaba también la potestad legislativa junto con una cámara de los pares y otra de los diputados, siendo la iniciativa legislativa una prerrogativa real (art. 16ª). Por su parte las cámaras podían “suplicar” al rey la proposición de una ley sobre cualquier asunto, pero aquel tenía la última palabra. Como solo el rey podía sancionar y promulgar las leyes, se puede hablar de una monarquía absoluta “sui generis” con algunos rasgos de liberalismo que no limitaban suficientemente –en la opinión liberal- aquel poder.

Una Carta como esta es la que Luis XXIII propuso a Fernando VII para España a partir de 1823, contando con la negativa de este más o menos implícitamente. Sin perjuicio de considerar las diferentes situaciones políticas en los dos países, Francia se libró de una guerra civil que podría haberse producido si la revolución de 1830 no hubiese contado con los apoyos que tuvo; guerra civil que, en España, marcaría la historia política del país por lo menos durante un siglo.


[i] Luis el Gordo, en el s. XII, perteneció a la dinastía Capeta, que los sucesivos reyes de Francia han considerado raíz del Estado. Luis XI, en el siglo XV, reafirmó el poder monárquico frente a las pretensiones nobiliarias. Es curioso que la Carta cite a Felipe el Hermoso detrás de un rey posterior, pues aquel reinó entre los siglos XIII y XIV, combatiendo al papado y a los Templarios, siendo también rey de Navarra. A Enrique II quizá se le cite en la Carta por el empeño que tuvo en combatir a los hugonotes en el s. XVI, sabido el catolicismo de los Borbón. Quizá se cite aquí a Carlos IX por la misma lucha que llevó a cabo en las guerras de religión francesas durante la segunda mitad del s. XVI.

[ii] 1778-1832. Había sido secretario de Sièyes y en 1823 acompañó al duque de Angulema en la restauración de la monarquía absoluta española.

sábado, 17 de julio de 2021

El primer y segundo Rembrandt

 

                                                         "Cristo resucitando a Lázaro" (*)

Al oeste de Holanda, muy cerca de la costa, se encuentra Leiden, donde nació Rembrandt en 1606. Su padre era molinero y tuvo una numerosa familia, por lo que el futuro artista, que pronto despuntó maneras, no vivió en la abundancia. A los catorce años ingresó en la Universidad de Leiden, pero su objetivo ya estaba puesto en el arte.

En el taller de un pintor local se formó Rembrandt, y luego fue a Ámsterdam para estudiar pintura histórica. La ciudad se encuentra algo más al norte, un mercado de arte muy importante en el siglo XVII, pero también antes. En Leiden, Rembrandt se había entregado a la lectura de la Biblia y del Nuevo Testamento, lo que daría sus frutos más tarde cuando pintó muchas escenas históricas y religiosas, al tiempo que perfeccionó su técnica del aguafuerte.

Cuando tuvo la oportunidad de viajar a Italia, lo que muchos otros artistas hacían, respondió que no lo creía necesario, pues en Holanda se encontraban muchas obras de italianos y Rembrandt las pudo conocer de primera mano. En su propio taller de Leiden pintó “El martirio de San Esteban”, tenido el personaje por el primer mártir cristiano. Es obra de 1625, cuando el autor tenía diecinueve años; un óleo sobre tabla de 90 por 124 cm.[i] La autoridad a caballo, en la parte izquierda de la composición, observa cómo Esteban es lapidado por no obedecer a los sacerdotes judíos. Rembrandt representa al santo vestido con ropas eclesiásticas, dedicando cierto detalle a las mismas; el resto es una composición típicamente barroca, con escorzos, movimiento pero también cierto hieratismo en uno de los personajes centrales. La atmósfera borrascosa y el misterioso edificio del fondo, añaden más dramatismo a la escena.

En 1626 pintó “Expulsión de los mercaderes del templo”, otra escena del Nuevo Testamento, y de la Biblia, el Sansón cegado por los filisteos (1636), un óleo sobre lienzo de 236 por 302 cm.[ii]. El personaje bíblico está concebido como poderoso, pendenciero y enemigo de no pocos, entre ellos los filisteos, que se vengaron de él.

La escena es desgarradora: el forzudo tiene una mano encadenada mientras un soldado le clava la espada en el ojo, del que brota copiosa sangre. El cuerpo de la víctima se retuerce, como quiere todo autor barroco cuando representa escenografías de gran impacto popular, pero también pintó a Sansón en otras escenas de la Biblia.

Rembrandt pintó también a su madre varias veces, una de ellas leyendo un gran libro como si de una sibila se tratase; y donde el artista pone énfasis en la monumentalidad es en su obra “Cristo resucitando a Lázaro”. Pintó escenas de la antigüedad clásica y encargos de burgueses en la ciudad de Ámsterdam, centro de un importante comercio internacional, donde tuvo un taller con su amigo Jan Lievens[iii].

En 1629 empezó a pintar autorretratos y conoció la obra de Hals, que imprimió menos fuerza a la luz que Rembraandt. Estos retratos se convirtieron en una especialidad holandesa, incluso los de grupo, entre los que destaca “Lección de anatomía del doctor Tulp”, encargo del médico del mismo nombre (1632). Ha sido muy valorada la colocación de las figuras en la composición, mostrándose por el profesor la forma en que debe disecarse un brazo (muy probablemente de un criminal, pues después de ajusticiados, sus cuerpos eran entregados para experimentaciones).

También pintó desnudos, cuadros pequeños de paisajes[iv] y otras obras que le dieron fama, casándose entonces con su primera mujer, a la que retrató varias veces. El dinero propio y el de la familia de su esposa le hicieron temerario, pues prestó, participó en subastas de arte y joyas, se entregó a gastos y llegó a tener problemas económicos.

Su descendencia primera no fue perdurable: en 1635 falleció un primer hijo al nacer y luego dos niñas murieron en la primera infancia. Por fin nació el hijo a quien dedicó algunos retratos y, al parecer, enterneció al artista.

Profesor a finales de los años treinta (s. XVII), uno de sus discípulos fue Nicolás Maes[v], y muchos cuadros de su taller han sido minuciosamente estudiados para adjudicársele a Rembrandt “solo” unos cuatrocientos o quinientos, correspondiendo el resto a sus alumnos (hasta un total de mil aproximadamente).



[i] Se encuentra en el Museo del Bellas Artes de Lyon.

[ii] Se encuentra en Städelsches Kunstinstitud de Fráncfort.

[iii] 1607-1674. Natural también de Leiden, pintó antes que Rembrandt cuadros de formato grande.

[iv] Destaca “El molino”, representado sobre un relieve en un ambiente brumoso y, en la parte inferior derecha, un río…

[v] Nacido en Ámsterdam en 1634, falleció en 1693.

(*) Obra de 1630, es un óleo sobre tabla de 96 por 81 cm. Se encuentra en el Museo de Arte del Condado de los Ángeles.

domingo, 11 de julio de 2021

Escribir un espejo

 

                                                                   Paisaje de Wisconsin

Cuando A. Tocqueville[i] escribió su obra “La democracia en América” (otros dicen que debe titularse “De la democracia en América”), lo hizo después de viajar a Estados Unidos, a principios de la década de 1830, acompañado de Gustave de Beaumont[ii]. La obra de Tocqueville se publicó en dos tomos con una distancia en el tiempo de cinco años (1835 y 1840).

No satisfaciéndole el modelo británico, pues valoró positivamente muchos aspectos de la Revolución Francesa (con excepción del Terror), participó en el régimen de 1830 y durante la II República francesa. Se mostró como un liberal en el sentido genuino del término, partidario del parlamentarismo pero contrario a los extremos de la democracia.

El profesor Eduardo Nolla ha expuesto brillantemente la “peripecia” de Tocqueville y Beaumont en Estados Unidos cuando consiguieron permiso para viajar a América, costeándose el viaje y la estancia durante un año aproximadamente. La disculpa fue estudiar el sistema de prisiones en el nuevo Estado por ver si sería aplicable en Francia (en Europa) por más humano que el existente aquí. Pronto comprobó que la democracia en Estados Unidos –con sus limitaciones- era posible allí pero no en Europa, con las permanentes convulsiones que había sufrido y aún viviría, menos en el caso de Gran Bretaña.

Los dos magistrados vieron –y así lo refleja Tocqueville en su obra citada- que parte de la población de EE.UU., no contenta con la vida en las colonias independientes, emprendía la marcha hacia la “frontera” (en la década de los treinta el territorio más al oeste al que había llegado el hombre blanco era Michigan). Esa población emprendía en la “frontera” una nueva vida lejos de las ataduras del Este, se hacía con tierras, se enfrentaba a los indígenas, sufría penalidades pero, al cabo de una o dos generaciones, solía tener éxito. Tocqueville estuvo interesado por la vida en esa “frontera”, en el Este y en el sur de Estados Unidos.

En el Este vio cómo funcionaba un colegio electoral (algo casi inexistente en Europa); él y Beaumont comprobaron entonces que los negros no votaban, aunque jurídicamente se les consideraba iguales a los blancos. Preguntaron el por qué de esto y se les dijo que si aparecía un negro por el colegio sería maltratado y se le impediría votar… En el sur vieron algo peor: los cultivos tropicales precisan, al menos durante una pequeña parte del año, grandes cuidados. Los negros del sur, aunque esclavos, eran tratados mejor que la generalidad de los blancos; se protegía a las familias de los esclavos para que se reprodujeran, lo que escandalizó a los dos amigos.

En relación a la “frontera” vieron que había una hospitalidad desusada en Europa, por lo que preguntaron. Se les contestó que era por interés, ya que un pionero, alejado en tierras hostiles, deseaba ser acogido por otro pionero y así se veía obligado a actuar de la misma manera. En definitiva, Tocqueville vio que el concepto de libertad no era el miso en unos países que en otros: la libertad jurídica suele ser en muchos casos pura teoría; las desigualdades económicas engendran desigualdades sociales insalvables; las condiciones de vida y cultura en unos países hacen concebir el anhelo de libertad de formas muy distintas.

Una de las grandes aportaciones de Tocqueville en la obra que cité arriba es que las leyes son inútiles si no se dan otras condiciones; la principal, que haya un equilibrio entre libertad e igualdad. Nuestro autor habla de que pueden ser los individuos más iguales entre sí y no más libres, lo que le lleva a definir qué es la libertad: un sentimiento –dice- que se tiene que generar continuamente en cada uno. Los sentimientos, las sensaciones, tienen que producirse todos los días.

Suya es la idea de individualismo como vicio de la democracia, que lleva a tomar decisiones sin reflexionar suficientemente, hablando de la tiranía de la mayoría cuando esta mayoría ha elegido mal, sin reflexión suficiente, alienadamente. Antiguamente –dice- el tirano imponía su voluntad, pero no podía evitar que cada individuo pensase lo que quisiese, que tuviese los sentimientos libres que su conciencia le dictase. El individualismo, por el contrario, impide pensar… Y luego pasa a exponer los tres regímenes que concibe: donde la libertad es mucho mayor que la igualdad, lo que conduce a la anarquía; donde la libertad y la igualdad están igualadas (este es el régimen que preconiza nuestro autor) y donde la igualdad es mayor que la libertad.

Mucha igualdad por acceder a bienes de todo tipo, trae consigo menos libertad: los individuos están alienados dejándose influir sobre lo que deben hacer en cada una de las manifestaciones de su vida. Por eso Tocqueville preconiza la discusión, el intercambio de ideas, la polémica, etc. Sin esto no hay libertad. Poner en cuestión continuamente la igualdad (no la económica o social, sino la igualdad en alienación) se hace imprescindible, siendo partidario de la participación política: así se combate la alienación de los demagogos, de de otros agentes que hoy son más poderosos que en época de nuestro autor.

Tocquville quiso predicar con el ejemplo y formó un partido político para intentar cambiar las cosas, para participar en las discusiones, en las ideas, en las polémicas, pero fracasó. Su legado, en cambio, es inmenso.

Cuando explicó lo que había querido hacer con su obra “La democracia en América”, dijo no pretender escribir un libro, sino un espejo, que poniéndolo delante de su cara le permitiese verse al mismo tiempo que el camino andado.



[i] Es el título nobiliario. Su nombre era Alexis de Clérel, nacido en la Isla de Francia en 1805 y fallecido en Cannes en 1859.

[ii] Nació en 1802 y murió en Tours en 1866. Igual que Tocqueville, fue magistrado y reformador de prisiones, para lo que le valió el viaje que hizo a Estados Unidos con aquel a principios de la década de 1830.

Baza, Guadix, Almería... Granada

                                                                    Sierra de Los Filabres 
                                          (senderosdealmeria.es/sierra-de-los-filabres/)

Alonso de Palencia es el cronista de la guerra de Granada cuyo fin se relata aquí. Nacido en 1423, falleció en Sevilla en 1492, poco después de caer en manos cristianas todo el reino nazarí de Granada. 

A la rendición de Baza siguieron, bajo iguales condiciones, otras ciudades y villas, como Purchena[i], que estaba bien defendida; Tabernas[ii], Serón[iii] y otros poblados bien amurallados, así como aldeas difíciles de acceder por las escabrosas montañas de Filabres[iv] y de Bacar[v]. De la mayor parte de ellas tomó posesión el conde de Tendilla, Íñigo de Mendoza[vi].

Estando ya los musulmanes en el arrabal de Baza, los reyes entraron en la ciudad, consagraron la iglesia que durante casi ochocientos años había sido mezquita mayor, oyeron varias misas y dejaron de guarnición 500 caballos y 1.000 peones con víveres suficientes para muchos meses. Allí comprobaron los reyes la enorme cantidad de vituallas que tenía Baza: trigo, cebada, legumbres y de todo lo necesario para la vida. Incluso hubo 150 jinetes musulmanes que pidieron soldada a los reyes para ponerse a su servicio.

Los demás marcharon a Guadix para ponerse a las órdenes de Audelí[vii], que los destinó a la guarnición de Vera[viii], y Audelí salió de Guadix en dirección a Almería, preparándose para entregar esta ciudad en cuanto los reyes Isabel y Fernando llegasen a ella.

Allí llegó el rey Fernando con parte del ejército y los pendones de algunas ciudades de Andalucía, como Sevilla y Jerez; en Serón prohibió que los musulmanes fuesen situados cerca de las huertas, por temor a que cortasen árboles o hiciesen otros destrozos. Se cuidó también de que se respetasen las huertas de Prúgena, donde acampó el ejército, desencadenándose al día siguiente una tormenta. El resto del ejército, mandado por el marqués de Cádiz, no pudo atravesar las montañas, y como los soldados padecían una gran sed, mandó ir haciendo hogueras para que la nieve de las montañas se fundiese, recogiendo el agua en vasijas y logrando así sobrevivir.

Luego el rey Fernando entró en Tabernas con su ejército, entregándose las tropas a todo tipo de desmanes, y poco después acampó cerca de Almería, donde estaba el citado Audelí. El rey llevó consigo al maestre de Santiago, Alfonso de Cárdenas, y al marqués de Cádiz, mandando al comendador Gutierre de Cárdenas que fuese a Almería al encuentro de Audelí y que lo trajese al campamento cristiano.

El rey moro vino con una comitiva de solo doce caballeros, y al ver a Gutierre lo acogió amablemente, escuchándole por medio de un intérprete. Cuando Audelí estuvo en presencia del rey Fernando se postró para besar su mano, pero este rehusó tal ceremonia, ordenándole que montase en su caballo, por lo que el moro besó su propia mano en señal de humillación. El rey cristiano invitó al musulmán a entrar en su tienda donde le invitó a los manjares que estaban preparados, acompañándoles numerosa comitiva de pie. Uno era el marqués de Villena, Diego Téllez Pacheco, otro el de Tendilla, y también estaba allí Álvaro de Bazán y Garcilaso. Concluido el banquete, Audelí se levantó para volver a la ciudad de Almería y disponer lo conveniente para su entrega, siendo acompañado por una pequeña tropa del rey cristiano.

El día 22 de diciembre, siguiente al del banquete citado, todo el ejército, por orden del rey Fernando, "formó sus batallas delante de los reales", aguardando el momento de la entrega de Almería. Audelí permitió que se enarbolase la cruz y el pendón de Santiago, no reprimiendo los cristianos que allí estaban sus lágrimas, según la crónica que sigo aquí. Cuando el rey Fernando entró en la ciudad le salieron al encuentro los faquíes (santones musulmanes que vivían de la limosna) y otros principales de la ciudad para besar sus pies y las manos al vencedor.

Luego, consagrada en la iglesia la mezquita del Alcázar, el rey oyó misa que celebró el clero con gran pompa. Ese mismo día llegó la reina con su primogénita Isabel y el séquito que le correspondía, compuesto por prelados (cardenal Pedro de Mendoza, el obispo de Ávila...) y escuadrones. Se adelantó a su encuentro el rey acompañado de Audelí, que recibió con las mismas ceremonias a la reina.

La crónica dice que los presentes no vieron en los semblantes de los labradores moros ni en los vecinos de Almería, en el momento de la entrega, señal alguna de tristeza o pesadumbre, sino que más bien mostraron alegría y dieron muestra de afabilidad, pero esto puede ser más bien apreciación interesada por parte del cronista. Luego fueron entregadas Almuñécar y otras poblaciones obedientes a Audelí, faltando solo que se procediese la entrega de Granada por el rey Boabdil.


[i] En el interior de la actual provincia de Almería.

[ii] Al sur de la provincia de Almería pero no en la costa.

[iii] Al oeste de la provincia de Almería, cerca de Purchena.

[iv] En un sentido longitudinal divide la provincia de Almería antes de llegar a las llanuras orientales.

[v] Es una estribación de la anterior.

[vi] Nacido en Guadalajara en 1440, murió en Granada en 1515. Nieto del poeta Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana. Tendilla está en el suroeste de la actual provincia de Guadalajara.

[vii] Llamado por los cristianos El Zagal, fue hermano de un rey granadino y sobrino de Boabdil.

[viii] Al Este de la actual provincia de Almería.

viernes, 9 de julio de 2021

El asombro ilimitado

 

julio45376.blogspot.com/2010/03/blog-post.html

Cuanto más sepamos sobre el proceso por el que el ser humano pasó de la caza y recolección a la agricultura y ganadería, más nos asombraremos. Ha sido un fenómeno verdaderamente revolucionario, como lo calificara Gordon Childe, pero además no sabemos todo lo que cabe esperar a pesar de nuestros avances.

En una conferencia titulada “Cuatro momentos en la historia de la agricultura”, el profesor Francisco García Olmedo[i] señala que los seres humanos pertenecemos a una especie artificial, toda vez que venimos de una serie de cambios que nada tienen que ver con los primeros seres de los que procedemos. No es algo exclusivo de los seres humanos, pero somos la principal especie con dicha característica, porque otras especies son creación nuestra. Un tomate ya no era natural en tiempos de Nabucodonosor, señaló.

La mayoría de nuestros alimentos, además, no son naturales, pero por natural no debe entenderse algo inocuo por oposición a lo artificial como tóxico. La naturaleza es lo que hay antes de que el ser humano interactúe en ella; luego, hay mucho de no natural a nuestro alrededor. Hay sustancias naturales que han sido captadas y que sirven de alimento a los animales, por ejemplo las vacas, que nos suministran leche.

Sabido es que con los progresos de la agricultura en época que llamamos neolítico, hubo un crecimiento exponencial de la población en aquellos territorios donde dicha domesticación de plantas se dio, como mucho más tarde durante la revolución agrícola e industrial en Inglaterra y otras regiones de Europa. García Olmedo define “superpoblación” como el desequilibrio entre población y recursos disponibles, habiéndose dado dicha superpoblación en varios momentos.

Un estudio realizado sobre una comunidad humana en el desierto del Kalahari, la cual ha sobrevivido hasta hace poco tiempo, demuestra que los individuos no padecían obesidad, lo que era lógico por el continuo trasiego en busca de agua, alimentos, etc. Tampoco padecieron caries dental porque no conocían el azúcar, aunque consumían miel silvestre, que no produce dicha caries; pasaron hambre al final de la estación seca, eran de baja estatura y no sufrieron desnutrición, habiendo sido más consumidores de vegetales que de animales.

Remontándose a la época pre-agrícola, el profesor García Olmedo señala que algunos arqueólogos apuntan a una mejor salud de los cazadores-recolectores que de los primeros agricultores. La dieta de estos fue menos variada que la de los cazadores-recolectores, además de que estos apenas consumieron alcohol, que sí compuso la dieta -más frecuentemente- de los agricultores en la primera época. Que los cazadores-recolectores gozasen de mejor salud no se opone a que la población creciese durante el "explosión" agrícola... pues las comunidades pudieron sobrellevar la peor salud con más alimentos.

La agricultura implicó muchos inventos: despejar la vegetación mediante el fuego, el riego, la siembra, plantar, cosechar… pero no al mismo tiempo, sino que estos inventos fueron aplicados en momentos sucesivos a lo largo de un período dilatado de tiempo. Luego vino el cocinar para destoxificar los alimentos (de forma inconsciente) y ablandarlos, que ahorró en gastos calóricos por la digestión.

Las plantas no estaban en la naturaleza para alimentar a los seres humanos; fueron estos los que vieron dicho aprovechamiento, empezando más tarde con la trilla, la molienda, la fabricación de arcos, flechas y -antes incluso de los asentamientos sedentarios- se establecieron derechos de propiedad. La domesticación de animales, por su parte, fue la “guinda” –en expresión del profesor citado- de la colonización agrícola. Ganadería y agricultura son “inventos” independientes, pero sincrónicos. El arroz en Asia del Este, el trigo en Oriente próximo y el maíz en América fueron fenómenos culturales y técnicos parecidos: una operación genética extraordinaria. De la alta Mesopotamia, en territorio de la actual Turquía, se sabe que procede el primer trigo cultivado.


[i] Ingeniero agrónomo y químico, ha investigado sobre ingeniería genética de las plantas y ha sido autor de las primeras patentes sobre plantas transgénicas realizadas en España.

jueves, 8 de julio de 2021

Música religiosa y vida urbana

 

En una obra realmente importante, Sonsoles Ramos Ahijado[i] ha estudiado las iglesias con capilla musical en la diócesis de Ávila durante el siglo XVII. Se trata de la catedral de la citada ciudad, el convento de Santa María de Jesús, el convento de Nuestra Señora de la Encarnación, la iglesia de Piedrahita y la iglesia de El Barco de Ávila.

La autora señala que en el primer tercio del siglo XVII se concluyó el edificio de la catedral, quedando configurada además la capilla de música, que se desarrollará durante los siglos siguientes. Como obligación prioritaria de la catedral abulense, igual que la de cualquier otra iglesia, fue el canto de las Horas del Oficio Divino y la celebración de la Misa, rituales que seguramente se afinaron desde el concilio de Trento y los siglos del barroco.

A los fastos musicales de la Semana Santa, el Corpus y la Navidad, se añadían –dice Sonsoles Ramos- las fiestas catedralicias extraordinarias (Vírgenes y Santos celebrados en la ciudad, entradas de nuevos obispos o personajes civiles de importancia) que daban lugar a toda una serie de celebraciones, en las que se observa la vinculación de la catedral de Ávila con la ciudad a través de su capilla musical y sus servicios fuera de ella.

Ya en el siglo XVI la capilla musical actuó fuera de la catedral ofreciendo sus servicios en el monasterio de Santa Ana con relativa frecuencia (sobre todo por la festividad de San Juan), también en 1570 en el convento de San José y en el monasterio de Santo Tomás de Ávila para celebrar las fiestas del “Santísimo”, siendo estas actuaciones secundadas por diversas cofradías; con ocasión de la profesión de Ana de Austria[ii] en el convento de Agustinas de Madrigal de las Altas Torres; pero el acontecimiento más importante que vivió la catedral de Ávila en el siglo XVI fueron los festejos con ocasión del traslado de los supuestos restos de San Segundo, patrón y primer obispo de la sede abulense, desde la ermita situada extramuros a la catedral (1594).

La víspera hubo música de trompetas y atabales por las calles, y al día siguiente, antes de comenzar la procesión, el deán ofició una misa en la catedral donde “estuvo presente la música de tecla, cantores y ministriles”. Para esto el cabildo abrió una cuenta de gastos, y al día siguiente de la traslación continuó la actividad musical intensamente.

En ocasiones la capilla musical necesitó refuerzos para ejercer dignamente sus funciones, y así sucedió a finales del siglo XVI cuando se acogió a músicos provenientes de Valladolid, León o Segovia. Ya en el siglo siguiente tuvieron lugar importantes acontecimientos con ocasión de la beatificación de Teresa de Cepeda y Ahumada en 1614: actos litúrgicos, procesiones y representaciones teatrales[iii], participando en ello las autoridades civiles, lo que daba a estas una legitimidad ante la población que no tendrían de otra manera.

Ya en la segunda mitad del XVII se observa la relación de la catedral con la vida social y civil de la ciudad, y muestra de ello es la continua colaboración con otras instituciones como el Ayuntamiento, iglesias o monasterios en las diversas ceremonias religiosas. Es probable que todo ello compusiera un factor esencial de sociabilidad en la que se involucraba el pueblo. Se interpretaron villancicos –dice la autora citada- para la conmemoración de San Francisco Javier en 1643, y para la festividad de Santa Teresa de Jesús en 1650.

Maestros de capilla como Morales[iv], Navarro[v] y Vivanco[vi] fueron muy avanzados, y sus obras estuvieron llenas de innovaciones para la época en que vivieron.

En plena guerra de sucesión a la corona de España (1707) se organizó una ópera en honor de Felipe de Anjou, que supuestamente –dice Sonsoles Ramos- se celebró en la puerta de la catedral de Ávila. En cuanto al teatro durante los siglos XVII, XVIII y XIX, la autora cita una importante obra de M. Bernaldo de Quirós[vii], un estudio muy completo de las festividades que tuvieron lugar en la ciudad abulense.

Durante el siglo XVII varios personajes se convirtieron en protagonistas de una importante vida musical en la ciudad de la que hablamos: se trata de Alfonso Vaz de Acosta, Gaspar de Liceras[viii], Juan Bonet de Paredes[ix] y Juan Cedazo.

Pablo Ballesteros Valladolid[x] ha estudiado las misas policorales de Vaz de Acosta y Carlos Patiño, que se conservan en la catedral de Valladolid y en el monasterio de El Escorial. En un extenso artículo de José Ignacio Palacios Sanz[xi] se hace referencia a Juan Cedazo, diciendo aquel autor que las últimas décadas del s. XVII y primeras del XVIII fueron las más fecundas musicalmente de la colegiata de Medinaceli, manteniendo relaciones con Sigüenza, Madrid y Zaragoza.


[i] “La catedral de Ávila como institución musical durante la segunda mitad del siglo XVII”, 2011.

[ii] Nacida en Pastrana en 1568, murió en Burgos en 1629. Hija de Juan de Austria y sobrina de Felipe II, este ordenó enclaustrarla.

[iii] En contraste con las prevenciones que se tuvo contra el teatro durante dicha época.

[iv] Nacido en Andalucía en 1500, murió a mediados de siglo, siendo un importante polifonista. Desde Andalucía pasó a la catedral de Ávila y luego a la de Plasencia.

[v] También andaluz, vivió entre 1530 y 1580, falleciendo en Palencia. Desde 1564 ejerció como maestro de capilla de la catedral de Ávila.

[vi] Según la Real Academia de la Historia nació en Ávila a mediados del s. XVI y murió en Salamanca en 1622, considerando Ávila como uno de los centros musicales más importantes del siglo citado. Vivanco abandonó Ávila en 1573 y se fue a Cataluña.

[vii] “Teatro y actividades afines en Ávila…”, 1993.

[viii] Puede que fuera natural de Liceras, al suroeste de la actual provincia de Soria.

[ix] Ejerció en Berlanga de Duero como maestro de capilla y luego en Ávila. Berlanga es hoy una pequeña población, pero quizá en el siglo XVI tuviese bastantes más habitantes que en la actualidad.

[x] "Misas policorales de Alfonso Vaz de Acosta…”.

[xi] “Aportaciones de la escuela de infantes de coro de la colegiata de Medinaceli…”.

sábado, 3 de julio de 2021

Después de la Revolución

 

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Dice José Rodríguez Labandeira[i] que lo que se restauró en Francia el año 1814 no fue la monarquía absoluta sino “La Maison de Bourbon” en el trono de Francia, cuando los ejércitos aliados obligaron a abdicar a Bonaparte. El favorecido por dicha restauración fue el hermano Luis XVI, de nombre Luis Estanislao, que había abandonado Francia el mismo día que intentó huir el rey citado en junio de 1791.

Luis Estanislao vivió en Coblenza, Westfalia, Verona, Turín, Riga, Varsovia, en Suecia, y en Inglaterra desde 1807. Cuando fue ejecutado Luis XVI, Luis Estanislao se proclamó Regente del reino e hizo público el Manifiesto de Ham (enero de 1793), donde decía querer restaurar la monarquía borbónica “sobre bases inalterables”[ii]. Cuando en 1795 murió el Delfín[iii], confiado a un zapatero para su educación republicana, Luis Estanislao se proclamó rey. A partir de este momento es la historia de una paciencia notable por parte del que luego sería Luis XVIII.

Vencido Bonaparte en Leipzig (1813), por el Tratado de Chaumont[iv] se comprometieron Austria, Prusia, Rusia y Gran Bretaña para acabar con el poder del corso. De nuevo a las armas, Marmont[v] firmó la rendición de París y Bonaparte se retiró a Fontainebleau. Talleyrand, que había sido su ministro de Exteriores, recibió al zar Alejandro I en París y decidieron convocar al Senado para que creara un Gobierno provisional y decretase la prisión del emperador, a lo que se unió el Cuerpo Legislativo[vi].

El Senado votó una Constitución y el Cuerpo Legislativo le secundó: la forma de gobierno sería una monarquía hereditaria y se llamaba a Luis Estanislao como rey de Francia. Cuando este entró en Francia una delegación del Senado fue a su encuentro para que aceptase la Constitución, pero Luis Estanislao respondió con la Declaración de Saint-Ouen[vii], aunque el nuevo rey no se oponía al contenido sino a la exigencia de que fuese él quien otorgase la Carta a la nación.

Para Luis Estanislao su monarquía era de origen divino (lo que se hizo constar en el preámbulo) pero reconocía cierto liberalismo que diese estabilidad a su régimen: libertades públicas y derechos individuales, independencia de los tribunales, etc. Una comisión de pocos legisladores elaboró esta nueva Constitución (1814) por la que el rey detenta el poder ejecutivo, la iniciativa legislativa y el derecho de veto sobre el legislativo (una de las Cámaras sería nombrada por el rey y la otra elegida por sufragio censitario muy restringido). Los jueces serían inamovibles y, en teoría, todos los franceses serían iguales ante la ley; se reconocía el derecho a la propiedad privada, la libertad de cultos, la libertad de imprenta para publicaciones “de más de 20 pliegos” y una relativa libertad de prensa, ley que fue redactada por Guizot. Una solución de compromiso que no satisfará a los liberales con el resultado del fin de la dinastía en 1830.

Rodríguez Labandeira habla de “dos Francias”, llevándose a la desmovilización de los ejércitos, la proliferación de actos expiatorios como el del aniversario de la ejecución de Luis XVI, o el temor de los compradores de bienes desamortizados ante las reclamaciones de sus antiguos propietarios, lo que generó alarma y desconfianza porque la antigua nobleza era incapaz de asimilar los nuevos tiempos tras la Revolución.

Bonaparte consiguió poner pie en Cannes[viii] en marzo de 1815 y, en la prensa, Benjamín Constant denunció qué representaba su regreso, pero el Gobierno fue incapaz de cortarle el paso y Francia estuvo al borde de una guerra civil. El rey lanzó un discurso a la Cámara prometiendo defender la Constitución hasta su muerte pero poco después volvía a huir del país. Bonaparte entraba en ese momento en las Tullerías y daba comienzo el “imperio de los cien días”.

Se redactó entonces el Acta Adicional a las Constituciones del Imperio[ix], en cuyo artículo 2º se decía que “el Poder legislativo es ejercido por el Emperador y por dos Cámaras”; en el 6º se establecía que los miembros de la familia imperial eran pares por derecho…; en el 33º que la industria y la propiedad manufacturera y comercial tendrían una representación especial; se regulaban los impuestos, la responsabilidad de los ministros, y el Emperador nombraría a todos los jueces…Entre los artículos 59º y 62º se establecía que “los franceses son iguales ante la ley”, que nadie podría sustraerse a los jueces así como nadie podría ser perseguido, detenido, arrestado ni exiliado si no era en los casos previstos en la ley, así como se garantizaba la libertad de culto, y no podía faltar que “todas las propiedades poseídas o adquiridas en virtud de las leyes y todos los créditos sobre el Estado serían inviolables".

La derrota de Bonaparte en Waterloo dio al traste con tantos esfuerzos y la monarquía borbónica se impuso de nuevo con Luis XVIII al frente; un reinado muy torpe de su sucesor llevaría a la revolución de 1830. Francia entraba en otra etapa de su historia política pero no muy distinta de la anterior, incluida la bonapartista.



[i] “Francia liberal (1814-1870)”.

[ii] Véase nota i. En la obra citada se basa el presente resumen.

[iii] Luis Carlos, hijo de Luis XVI, fue arrestado en 1791 (era un niño) y proclamado rey por los monárquicos cuando el rey fue guillotinado en 1793, pero no reinó de forma efectiva. El que Luis Estanislao adoptase el nombre de Luis XVIII da a entender que se reconoce el “reinado” de Luis Carlos aunque solo nominalmente.

[iv] Nordeste de Francia.

[v] Militar que ordenó la retirada de las tropas a sus órdenes y llegó a un acuerdo con los coaligados, lo que llevó a Bonaparte a la abdicación.

[vi] Senado y Cuerpo Legislativo son dos de las instituciones legislativas en la época del primer imperio pero no las únicas.

[vii] Hoy en la aglomeración parisina.

[viii] Costa sureste de Francia.

[ix] Un prólogo y 67 artículos.