sábado, 12 de octubre de 2013

Joan Maragall


Cuarenta y nueve años tenía Joan Maragall cuando se produjeron los acontecimientos de la "semana trágica de Barcelona". La impresión que causaron en este poeta aquellos hechos le llevaron a escribir tres artículos de los cuales uno no sería publicado porque el catalanista Prat de la Riba lo prohibió. El tercero, titulado "La Iglésia Cremada", lo concibió cuando asistió a una misa en uno de los templos que habían sido incendiados por los participantes en las manifestaciones violentas de aquellos días (julio de 1909). Asistir a una misa en una iglesia totalmente despojada de oropeles y vistosidad, desnuda, incluso arruinada, le inspiró que así debía ser la Iglesia a la que él pertenecía, aunque más cabe habar de un cristiano convencido que de un católico ferviente en el caso de Maragall.

Casi cien muertos entre manifestantes -la mayoría- y fuerzas del orden se produjeron en la "semana trágica", consecuencia del descontento de la población por la decisión del Gobierno, presidido por Antonio Maura, de hacer una nueva recluta para luchar en Marruecos, recientemente ocupado por España en su parte norte (Rif) y donde algunas empresas habían empezado a explotar el territorio con la oposición de los indígenas rifeños. Aquellos que habían sido reclutados no pudieron pagar el canon para librarse de ir a la guerra, como ocurría con los jóvenes y no tan jóvenes de las familias ricas. La Iglesia había hecho campaña en favor del reclutamiento y por ello las manifestaciones desembocaron en una  muestra de anticlericalismo sin precedentes. 

Unas ochenta iglesias y conventos ardieron en Barcelona, fueron saqueadas tumbas de religiosos y religiosas, se hizo burla de ellas, incluso un deficiente mental sería condenado a muerte -junto con otros cuatro individuos- por haber bailado macabramente con uno de los cadáveres. Como es sabido, el pedagogo progresita Ferrer Guardia fue una de las víctimas inocentes de las sentencias de muerte que se dictaron. Maragall, como cristiano y como ser humano, no podía aprobar aquellos hechos, pero comprendió perfectamente la idignación y las protestas de los obreros que salieron en masa a las calles durante varios días, quizá hasta principios de agosto. 

La represión fue desenfrenada, siendo ministro del ramo Juan de la Cierva, que según Hilari Raguer hizo publicar que las manifestaciones tenían una intención separatista, por lo que el movimiento no se propagó al resto de España, donde también hubo levas. 

Yo nunca había oído una Misa como aquella -dice Maragall-. El Sacrificio estaba allí presente, vivo y sangrando, como si Cristo volviera a morir por los hombres, dejando otra vez su Cuerpo y su Sangre en el Pan y en el Vino. El Pan y el Vino parecían recién hechos: la Hostia parecía palpitar, y el Vino, al vaciarse en el cáliz, a la luz del sol, parecía que chorreaba... Yo nunca había oído una Misa como aquella.

En efecto, la bóveda de la iglesia resquebrajada, las paredes ahumadas y agrietadas, los altares destruidos, ausentes, sobre todo aquel gran hueco negro al fondo... sigue diciendo Maragall. La "semana trágica" de Barcelona le había impresionado hondamente, ya de por si impresionable por su alta sensilibidad poética y religiosa. Las masas enfurecidas por tantos años de oprobios, por el odio cacumulado contra los poderosos, entre los que se encontraba la Iglesia a sus ojos, habían hecho estragos en templos y conventos. En el puerto y en otros barrios las fuerzas del orden reprimieron con especial dureza las manifestaciones y desmanes.

Maragall no aprueba, sino que rechaza con toda su fuerza la brutalidad de los atentados anticatólicos, pero al mismo tiempo considera que la Iglesia y las clases burguesas han estado demasiados años con una "religiosidad postiza", en palabras de Hilari Raguer. El poeta catalán es un símbolo del equilibrio: burgués por la familia en la que nació y por su cultura, no está sin embargo por cerrar los ojos a los problemas sociales de su tiempo, y compara la brutalidad de los trabajadores cuando se lanzan ciegamente a la calle con la placidez de la burguesía -catalana y española en general- solo atenta a sus negocios en el norte de Marruecos, a engordar sus beneficios, muchas veces mal ganados, a endulzar su existencia con ritos religiosos ajenos a toda espiritualidad.

Españoles refugiados en Alemania del este


Hartmut Heine es un historiador al que debemos algunos trabajos sobre el exilio español tras la guerra civil de 1936. Alemania del este fue uno de los destinos de españoles, sobre todo comunistas, aunque no en número tan grande como en Francia o México, por ejemplo. Este exilio comienza en 1950 aproximadamente, después de que los comunistras franceses fueran declarados fuera de la ley (consecuencia de la "guerra fría") y algunos españoles que estaban en Francia tuviesen que encontrar otros países de acogida.
Hay que tener en cuenta que Alemania del este no es un estado propiamente dicho hasta 1949, habiendo recibido entre tanto a millones de refugiados alemanes que fueron expulsados de los territorios anexionados por Polonia y la Unión Soviética. Las ciudades donde fueron a parar la mayor parte de estos españoles fueron Leipzig, Dresden y Chemnitz, además de la pequeña Teupitz, cerca de Berlín, donde los comunistas alemanes, dueños del país, organizaron cursillos para comunistas españoles allí enviados.

Algunos eran estudiantes, otros trabajadores manuales con o sin especialización y también hubo intelectuales. Alemania del este, tras la guerra mundial, se recuperó a base de una política económica centralizada y planificada, poniendo el acento, como en la mayoría de los países comunistas, en la industria. Sajonia fue la región más industrializada y precisamente en sus principales ciudades estaban los exiliados españoles. Cuando los años sesenta toquen a su fin, sin embargo, la economía española habrá despegado lo suficiente como para que ya no se observasen grandes diferencias entre uno y otro estado, aunque con el común denominador de que en ninguno había libertades políticas.

El Partido Comunista de España era el que daba el visto bueno para que los comunistas españoles fueran acogidos en Alemania del este -en particular- y según Hartmut Heine, el gallego Santiago Álvarez hizo de burócrata negando en ocasiones la ayuda que algunos comunistas solicitaron. A partir del año 1970, aproximadamente, el PCE indicó u ordenó a los exiliados en Alemania del este (supongo que también en otros países comunistas y no comunistas) que regresasen a España para colaborar a la implantación del partido aquí, lo que hicieron muchos. Otros, ya viejos, prefirieron esperar la muerte en Alemania y muchos regresaron para alentar la política que luego sería la seña de identidad del último comunismo español. No sin antes haber sufrido varias escisiones, de una de las cuales nació el efímero PCE VIII y IX congreso y el dirigido por Líster PCOE (1973).

viernes, 11 de octubre de 2013

Izurdiaga: un cura falangista

Fernández Cuesta con el cura Izurdiaga
Durante la guerra civil española de 1936 el cura Izurdiaga protagonizó un conflicto con las autoridades eclesiásticas por su aceptación de varios cargos en Falange Española (era falangista convencido) y en el Consejo Nacional, para lo que fue nombrado directamente por el general Franco. Tanto el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea, de quien dependía, como el cardenal Gomá, primado de España, tuvieron que vérselas para que el díscolo cura falangista cediese y abandonase los cargos que desempeñó durante algún tiempo: la dirección de revistas políticas, la propaganda de Falange y el citado como consejero. Su intención era -según sus propias palabras- catolizar a Falange. El cardenal Segura, otro díscolo, estuvo repetidamente en desacuerdo con las misas de campaña (al aire libre) que organizaban los falangistas, pues consideraba que la Iglesia no debía de ser instrumentalizada por ningún partido político.

El obispo Olaechea, por su parte, sostuvo que los sacerdotes no debían compatibilizar su labor como tales con cargos políticos, pero lo cierto es que ya durante la segunda República española algún clérigo lo había hecho y durante el franquismo fueron legión los que participaron en la vida política incluso oficial, como procuradores en Cortes y consejeros. El problema de la Iglesia en España -a estos efectos- es que al ponerse al lado de los militares sublevados entró en numerosas contradicciones y estas no afectaron a la Iglesia jerárquica solamente, sino al conjunto de la población muy negativamente: curas que delataban, que participaban en crímenes, que se enfrentaban al clero vasco nacionalista... El propio papa, al haber nombrado nuncio en la España gobernada por el general Franco a finales de 1937, reconoció implícitamente a dicho régimen, aunque el reconocimiento formal viniese años más tarde.

Santiago Martínez Sánchez, de la Universidad de Navarra, ha estudiado este caso, señalando que el obispo Olaechea no tuvo inconveniente en apoyar al general Franco a pesar de sus preocupaciones sociales. Incluso en su escudo episcopal aparecía una chimenea de altos hornos alusiva a los trabajadores siderúrgicos vizcaínos, hijo de uno de los cuales era él. El cura Izurdiaga, por su parte, no era un patán, sino que había dado clase en el Instituto de Pamplona y colaboraba con el Diario de Navarra. Tuvo sus devaneos con las Juntas Ofensivas Nacional Sincicalistas pero prefirió adherirse a la Falange ya en 1933. Franco le nombró en 1937 jefe de la delegación nacional de prensa y propaganda de FET y de las JONS una vez que se produjo la unificación por decreto de estos dos grupos fascistas.

Prueba de la personalidad de Izurdiaga fue el diario que apareció en Pamplona a principios de agosto de 1936: ¡Arriba España! Hoja de combate de la F.E. de las JONS. Lo de "combate" delata a sus creadores, entre los que estaba Izurdiaga, pero esta palabra desapareció poco después para no dejar evidencias. El nombramiento para aquellos cargos sorprendió al obispo Olaechea, que habría esperado la solicitud del sacerdote a su persona para aceptarlos. Por ello fue requerido en varias ocasiones para que renunciase a ellos. Como el cura no hizo caso, sino que contestó a cada requirimiento del obispo con evasivas, Olaechea se puso en contacto con el propio Franco para que "liberase" al cura de aquellos menesteres. Franco tampoco le hizo caso e Izurdiaga incluso alegó que "algunos sacerdotes se movían en la más turbia política [durante la República] y hasta alguno de la minoría vasca llegó al sumo sacerdocio del pontificado", refiriéndose a Antonio Pildain, obispo de Canarias desde principios de 1937.

Izurdiaga fue incluso invitado al congreso que los nazis celebraron en Nuremberg en septiembre de 1937, pero a esto sí renunció debido a las recomendaciones del obispo, que alegó las persecuciones que los católicos alemanes estaban sufriendo por parte de los nazis. No obstante el obispo, en relación a España, no tuvo inconveniente en decir "Gobierno y pueblo a quienes tan agradecidos vivimos" en referencia a la Alemania nazi. Por aquel entonces Pamplona era refugio de varios obispos afectos al régimen de Franco, como el propio cardenal Gomá, que por tanto pudo tener noticia de primera mano sobre el conflicto planteado por el sacerdote, y el obispo de Girona, Cartañá. El problema de las autoridades eclesiásticas es que siempre han querido poner por delante el derecho de la Iglesia al del Estado. Las autoridades franquistas pudieron ser condescendientes con la Iglesia hasta extremos poco imaginables, pero no estuvieron de acuerdo en que en todo la Iglesia prevaleciese sobre el Estado. Por eso, si el cura había sido nombrado por Franco, el problema de que aceptando desobedeciese al obispo le traía sin cuidado al general.

Contento el cura Izurdiaga por los favores que de Franco recibía, no tuvo inconveniente en pronunciar un discurso en Vigo a finales de noviembre de 1937: [Yo creo] -dijo el cura- [en] el espíritu de una llama eterna, sobrenatural, vehemente y violenta -más violenta que la fuerza ciega de las pistolas- que ilumina, que mueve, que arrastra el gobierno de los mundos. Pues la Falange en estas horas augustas de su silencio renueva su vigor entrañablemente con el poder del espíritu... Con este personal tuvieron que lidiar los "rojos", entendidos por tales tanto los que militaban en partidos democráticos y/o de izquierdas como los que no se avenían a aceptar el fascismo de Falange, el catolicismo rancio de la Iglesia y la brutalidad del régimen franquista.

martes, 8 de octubre de 2013

Arte e industria

"En el puente de Europa" (1876-77)
El cuadro de la fotografía es un óleo sobre lienzo de 106 por 131 cm. que se encuentra en el Kimbell Art Museum de Fort Worth, al norte de Texas. Su autor es Gustave Caillebotte, nacido en París a mediados del siglo XIX pero moriría relativamente joven, a la edad de 46 años. El "Puente de Europa" fue pintado por Caillebotte en varias versiones, mostrando el hierro claveteado y la impresión de un mundo moderno en contraste con otras obras cuyo tema es la vida y las escenas en el campo.

Rico desde siempre, heredó la fotuna de su padre y se dedicó a ayudar a otros pintores. En su propiedad de Essonne, cerca de París y del Sena, se retiró muchas veces para dedicarse a su pasión: la pintura. Tuvo la oportunidad de captar la atmósfera del campo y de la ciudad, pintó escenas rurales y urbanas, en estas mostrando a veces los progresos de la industria, que estaba en pleno auge durante su vida, pero nunca muestra los aspectos negativos de aquella, con la contaminación y el desorden de los barrios industriales.

En 1976 participó por primera vez en una de las exposiciones de los impresionistas y él se puede considerar uno más de los pintores de esta corriente estética, aunque por los temas quepa encuadrarlo mejor entre los realistas. De pincelada menos suelta que otros impresionistas, no descompone la forma tanto como Monet, por ejemplo. En cuanto al colorido es vivo y audaz incluso cuando se trata de escenas campestres, pero gris y apagado y se trata de la ciudad y sus personajes, como en el caso del cuadro de arriba, donde los colores grises y azulados predominan. Al fondo se ve el humo de una locomotora, como hiciera, en un plano más corto, Monet con su "Estación de San Lázaro". El tren quizá fue el símbolo del progreso en aquella época, cuando estaba en plena expansión y permitió que las mercancías y las personas se desplazasen de un lugar a otro, sobre todo si se trataba de individuos de la burguesía o de las clases acomodadas.

Las escenas presentan a personas disfrutando de la vida en el campo, sobre todo en los días soleados, personajes en interiores en actitudes domésticas, trabajadores dedicados al lijado del parquet, personajes más o menos solitarios caminando por las calles empedradas de París, fábricas humeantes y caseríos, paisajes floridos y ríos, embarcaciones y casas de pequeñas poblaciones. En algunas de las escenas campestres de familias acomodadas se nota la influencia de Giuseppe de Nittis, aunque no sabemos si este pintó dichas escenas por influencia de Caillebotte. Los puentes metálicos pintados por él quizá sean el símbolo de la época que le tocó vivir, teniendo en cuenta que otros pintores impresionistas se vieron atraidos también por la industria, la máquina y la vida urbana.

"El puente de Argenteuil", pintado también por Monet

Nacionalistas bretones con los nazis


Duhamel, Marchal, Dabauvais, Millardet y Mordrel con otros nacionalistras bretones en 1927

Los diversos grupos nacionalistas bretones tendieron a agruparse en el Emsav. La tradición literaria y el sentimiento de que Bretaña era una tierra y una comunidad singular en el conjunto de Francia se remonta muy atrás en el tiempo. A finales del siglo XIX se formó la primera organización nacionalista y separatista que iría desarrollándose con el tiempo. En el período de entreguerras y muy particularmente desde 1930, los nacionalistas bretones mantuvieron relaciones con los nazis alemanes a quienes vieron como el principal soporte para conseguir sus fines. 

Los independentistas bretones nunca dejaron de ser una minoría en el conjunto de la población, pero se extremaron a partir de 1920 a partir de posiciones moderadamente autonomistas. Entre los diversos grupos que formaron el Ensav hubo matices que permiten diferenciarlos, desde los que consideraron a los nazis como un simple instrumento para conseguir los fines soberanistas hasta los que se identificaron con ellos admirando a la Alemania que se empezó a construir a partir de 1933. Incluso durante la II guerra mundial y tras la firma del armisticio por parte de Francia en 1940 el colaboracionismo nacionalista bretón fue evidente y gozó del apoyo de los nazis para sobrellevar la ocupación con ventajas sobre el resto de la población. 

Uno de los más importantes teóricos del nacionalismo bretón fue Roparz Hemon, escritor en lengua francesa y bretona que, luchando al lado de su pais en los primeros meses de la guerra, luego colaboró con los nazis y se mostró antijudío. Al terminar la guerra fue condenado y se exilió en Irlanda. Jean-Marie Perrot fue un sacerdote católico que colaboró también con los nazis durante la guerra hasta que fue fisilado por un grupo de comunistas franceses. Yann Fouréré colaboró también con los nazis hasta el extremo de que se vio obligado a huir del país en 1945.

Estos personajes basaban su nacionalismo -además de en aspiraciones políticas- en el pasado celta bretón, elemento que formaba parte de la mitología ideológica y que entroncaba a los antiguos habitantes de Bretaña con el conjunto de pueblos celtas prehistóricos.

Según ha estudiado José Antonio Rubio Caballero los nazis fueron partidarios de estimular los irredentismos exitentes en los países por ellos invadidos. Mordrel, "uno de los líderes de la línea más ferrea del Partido Nacionalista Bretón, dejó memoria de lo siguiente: Usted entiende, me dice Kraft [un miembro de las SS] que Bretaña representa para nosotros un enorme interés estratégico ... Necesitamos un hinterland seguro para avituallamiento y comunicaciones. Por eso construiríamos un estado bretón autónomo. 

De todas formas, una vez que se firmó el armisticio en 1940, dichas promesas se quedaron en nada, pues los nazis se dieron cuenta de que Mordrel y Dabauvais, dos dirigentes nacionalistas bretones, habían exagerado su fuerza, cuando en realidad eran una minoría en la región. De igual manera que en Bretaña también los nazis estimularon el nacionalismo alsaciano (aquí con más razón, pues se trata de una región anteriormente alemana. Algunos sirvieron de enlace entre Berlín y Bretaña, como Leo Weisgerber, Otto Abetz y Werner Best. El primero fue un especialista en celtismo (otra vez la pretensión de enlazar el celtismo bretón con el nacionalismo del siglo XX); el segundo era el embajador de Alemania en París y el tercero un jurista y militar de las SS.

"Justo antes de la guerra -dice José Antonio Rubio- los dirigentes del movimiento bretón, Olier Mordrel y François Debauvais, fueron acogidos en Berlín [y] planificaron la instauración de una república bretona bajo tutela alemana". No deja de ser contradictorio que unos nacionalistas se dejen tutelar por una potencia extranjera antes que por el estado al que pertenecían, a no ser que pesasen más los presupuestos ideológicos (fascismo) que el nacionalismo en sí. O bien que los nacionalistas bretones estuviesen utilizando a los nazis (vana ilusión) para sus fines. Por su parte, estudiosos del celtismo en las SS (organización alemana para el estudio de la raza aria) mantuvieron relaciones con los nacionalistas bretones. Así consiguieron estos que Radio Rennes emitiese programas en lengua bretona.

Se fundó así mismo el Instituto Céltico de Bretaña en 1941 con la colaboración alemana y Best "inspiró una relevante memoria favorable a la constitución de un estado bretón, en la que apelaba al carácter nórdico de Bretaña y a los beneficios estratégicos que le aportaría al Reich la soberanía de este país: La unión de la Europa no mediterránea es un gran espacio dirigido por Alemania pone al Reich en la obligación de proteger el espacio que domina contra ... poderes extranjeros... Para la salvaguarda atlántica de Alemania solo se presentan dos posiciones... : Noruega y Bretaña... Desde Bretaña se podría completar el cerco a Inglaterra... Es evidente que la liberal y parlamentaria Gran Bretaña no interesaba al nacionalismo fascista bretón. 

lunes, 7 de octubre de 2013

La pobreza en Mihály Munkácsy


Ahora Mukacheve se encuentra en el extremo occidental de Ucrania, pero antes estuvo dentro del imperio Austro-Húngaro y Munkácsy era de nacionalidad húngara. La ciudad se encuentra en el valle que riega el río Latorica, que desemboca en el Bodrog. Al norte se extienden los montes Cárpatos y al sur la llanura panónica. 

Nacido Munkácsy a mediados del siglo XIX, su vida se agotó antes de que entrase el siglo XX, por lo que no pudo conocer algunas vanguardias en las artes plásticas, pero sí tendría conocimiento del impresionismo, del realismo, del romanticismo y por supuesto de los movimientos artísticos anteriores. Tuvo la ocasión de estudiar en Budapest y luego vivir en Munich y en París, capital artística de Europa en la segunda mitad del siglo XIX. 

Su obra está compuesta por escenas de condenados, por pobres con sus harapos, en ambientes sórdidos y lúgubres. Sus personajes reflejan la vida de las clases menesterosas, pero no tanto por el trabajo largo y pesado que soportaban, sino en otras circunstancias. Así el "Condenado en su celda", obra realizada entre 1869 y 1872. Es un óleo sobre madera de 88 por 116 cm. que se encuentra en la Galería Magyar Memzeti de Budapes. Los personajes que rodean al protagonista quizá le avergüenzan, cada uno de ellos, incluso niños, mirándole en diferentes actitudes. El guardia con su bayoneta se apoya en la pared mientras un familiar afligido llora en una esquina. 

"Vagabundos por la noche" (en la fotografía, arriba) es de entre 1872-1873; un óleo sobre madera de 162 por 120 cm., lo que le confiere cierta monumentalidad. Los personajes, una vez más pobres, entran en una calle donde hay mercado y son observados por las mujeres pueblerinas. Los niños, las paredes, el ambiente oscurecido, como en el caso del "Condenado en su celda", donde solo entra luz por un ventanuco en la parte superior; en los "Vagabundos" la luz de día asoma también por arriba. Aunque el colorido es variado no en cambio vistoso, sino abundando los colores oscuros en contraste con los rojos y los pardos, acordes con la escena miserable de los que nada tienen. 

La obra "El marido" representa a un hombre joven que quizá llega a casa tarde y borracho, acompañado por un amigo, mientras su esposa, claramente enfadada, apenas puede atender, en la humildad de la estancia, a sus pequeños hijos. Mientras amamanta a uno el otro está subido a la mesa en muestra de desorden, como los demás objetos de la habitación. Es obra realizada por los mismos años al óledo sobre madera, de 108 por 150 cm.

Una anciana atareada elaborando queso mientras una niña observa con cierta tristeza la escena; una joven cargada a su espalda con leña se ha sentado un momento al borde del camino, pensativa, mostrando su pobreza y falta de esperanza. Otras obras suyas demuestran el conocimiento que tendría de la obra de Turner, con el carruaje acercándose al espectador en el borroso paisaje; o el bosque de frondosos árboles, por entre los que se filtran los rayos del sol. Recoge así este autor toda la tradición romántica del siglo XIX, pero no para exaltarla, salvo cuando se trata de paisajes, sino para denunciar la miseria humana, la pobreza y el desamparo. En esto ha aprendido bien -si no era ya su temperamento proclive a estos sentimientos- de los realistas como Daumier, Millet y Courbet. 

Otras veces las escenas que ha elegido para algunas de su obras son burguesas, como "Baby Visitors", pintada en 1879 al óledo sobre madera, de 110 por 150 cm. En esta misma línea "The Greyhound", obra de 1882; o los temas religiosos como "Cristo ante Pilatos" y "Ecce Homo". Pero su obra más característica es la que tiene por protagonistas a los pobres, que abundaban en toda Europa en su época, ya fuera por las penurias de la vida en el campo, ya por la explotación que sufrían en las industrias urbanas. De ahí a la delincuencia, a la marginación, a la desesperación y a la tristeza, sensaciones que ha plamado Munkácsy extraordinariamente.

Plinio habla de Iseo

Posible aspecto del ágora de Atenas
Habiendo sido Iseo un logógrafo ateniense que vivió la mayor parte de su vida durante la primera mitad del siglo IV antes de Cristo, siglos más tarde nos habla de él Plinio el joven diciéndonos que le precedía gran fama porque hablaba siempre improvisando, pero como si lo hubiera escrito durante largo tiempo. Su lengua, el griego, concretamente el ático; sus exordios pulidos, delicados, agradables, a veces nobles y sublimes. Insta a numerosas discusiones; deja la elección a sus oyentes, a menudo también la parte a defender; se levanta, se arregla la toga y comienza; acuden todos sus recursos al instante y casi espontáneos, pensamientos profundos, palabras -¡pero de que tipo!- selectas y esmeradas. En sus improvisaciones se trasluce un copioso hábito de lectura, una copiosa práctica de escritura. 

Plinio reconoce en Iseo un gran lector que es capaz de improvisar razonamientos con solo oir a sus intepelantes; también fue un buen escritor, pues de lo contrario no habría sido contratado para escribir los discursos de otros. En sus intervenciones públicas empieza con un preludio que hace más fácil el entendimiento de lo que vendrá después, sus explicaciones son claras y los finales de sus discrusos son resúmenes espléndidos de lo que ha querido defender o atacar. Plinio añade que la oratoria de Iseo está adornada sin demasiados miramientos, pero no dejándola a la sequedad de la palabra suelta. ¿Que hay más agradable en la ancianidad -dice Plinio- que lo que es más placentero en la juventud? Por eso considero a Iseo no solo el más elocuente, sino también el más afortunado.

Es de piedra y de hierro quien no desee conocerlo, pero como vivió en el siglo IV antes de Cristo y Plinio entre el I y el II de nuestra era, se trata de conocer su obra y por ella al personaje. Filóstrato nos ha dejado testimonio de la vida del orador griego, que llegó a Roma cuando ya tenía edad avanzada y extendió el sofismo entre los habitantes de la república que se acercaban a él. Capta Plinio las enseñanzas de Iseo cuando dice que la aptitud se obtiene a partir del estudio y del ejercicio, es decir, de la lectura, la reflexión y la exposición de lo estudiado. Y luego se extiende Plinio en indicar que el que oye palabras bien articuladas aprende mejor y con mayor agrado que el que lee, pues para leer siempre habrá tiempo, pero no tanto para escuchar a un sabio, que excita los espíritus con su oratoria.

domingo, 6 de octubre de 2013

Agesilao según Plutarco

Ruinas de Esparta
Tras la guerra del Peloponeso contra otras ciudades griegas Esparta estaba en la cumbre de su poder. Entonces tocó gobernar como rey a Agesilao II, que lo hizo al mismo tiempo que Pausanias y otros de acuerdo con la tradición espartana. Su reinado comenzó en el año 404 y terminó en el 371 antes de Cristo. Algunos rasgos de su personalidad fueron recordados por varios autores, como su frugalidad y austeridad, su amor por el joven Lisandro y el éxito de sus campañas militares contra los persas en particular. 

En las llamadas greyes [congregaciones] de los jóvenes que se educaban juntos tuvo por amador a Lisandro, prendado principalmente de su carácter modesto; pues aunque muy sensible a los estímulos de la emulación, y el de genio más pronto entre los de su edad, por lo que en todo aspiraba a ser el primero, y se mostraba irreductible e inflexible en la vehemencia de lo que emprendía, era, por otra parte, de aquellos con quienes pueden más la persuación y la dulzura que el miedo, y de los que por pundonor ejecutan cuanto se les manda, siéndoles de más mortificación las reprensiones que de cansancio los trabajos.

La ciudad griega de Éfeso, en la costa jónica, a principios del siglo IV antes de Cristo, cuando llegó Agesilao con un ejército para combatir a los persas, estaba en su esplendor. Como era costumbre en la época, el rey espartano consiguió, por medio de Lisandro, que un caudillo persa se les uniese por simple conveniencia. A la postre Jonia estaba muy lejos de la capital persa,  al sur de la meseta irania.

 El ser humano, en todo tiempo y lugar, ha buscado las justificaciones más pregrinas para imponer su voluntad. Así, como Agesilao era cojo, hubo uno que alegó los oráculos predecían los perores males para Esparta si reinaba uno con esa tara:  Diopites dijo que era cosa impía el que un cojo fuera rey de Lacedemonia, pero otros sostuvieron que al dios le era indiferente el que reinara uno a quien le flanqueasen los pies... Así fue reconocido rey de Esparta Agesilao y a poco de haberse encargado del reino... vinieron algunos del Asia, anunciando que el rey de Persia preparaba grandes fuerzas para excluir a los lacedemonios del mar.

Aquel amor que Agesilao tenía por Lisandro pasó por momentos de tirantez, hasta el punto de que entre las tropas muchas veces era Lisandro el que daba las instrucciones quedando Agesilao (el rey) en segundo plano. Lisandro estimulaba este comportamiento, por lo que Agesilao, para escarmentarle, le nombró repartidor de carne; y según dicen, al anunciar el nombramiento añadió delante de muchos: '¡Que vayan ahora estos a hacer la corte a mi carnicero!' Mortificado, pues, Lisandro, se presentó y le dijo: 'Sabes muy bien ¡oh Agesilao! humillar a tus amigos'; y este la respondió: 'Si, a los que aspiran a poder más que yo'; y Lisandro entonces: 'Quizá es más lo que tú has querido decir que lo que yo he ejecutado; mas señálame puesto y lugar donde sin incomodarte pueda serte útil'. 

Aunque Lisandro sirvió a Agesilao en Beocia y en el Helesponto, no por ello se alivió la ojeriza del rey sobre aquel. De este modo -dice Plutarco- los caracteres ambiciosos, que no saben en la república guardar un justo medio, hacen más daño que provecho: pues si Lisandro era insolente, como lo era en verdad, no guardando modo ni tiempo en su ambición, no dejaba Agesilao de saber que podía haber otra corrección más llevadera que la que usó un hombre distinguido y acreditado que se olvidaba de su deber, sino que, arrebatados ambos del mismo afecto, el uno, parece haber desconocido la autoridad del general y el otro no haber podido sufrir los yerros de un amigo.

Amapolas de Vonnoh


Es quizá uno de los ejemplos más notables del impresionismo de Estados Unidos, aunque probablemente la obra fue realizada en Francia por su autor, que vivió entre la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del XX, por lo tanto en las décadas de madurez del impresionsimo. La influencia de la pintura francesa en Vonnoh es evidente, abandonando el neoclasicimo de su maestro, Gustave Boularger, con sus escenas en marcos clásicos y artificiosos. Vonnoh tiene más de Paul Delaroche, aunque la temática de ambos sea muy distinta: este con sucesos históricos reinterpretados a la manera romántica, mientras que el primero gusta más de los retratos y de los paisajes. En Vonnoh, como en todos los impresionistas la luz juega un papel fundamental, muy viva y colorista en su caso, contrariamente por lo tanto a lo que representó Sisley, por ejemplo. 

Algunas obras de Antoine-Jean Gros, que quizá conociese Vonnoh, también pudieron influirle. Aunque Gros osciló entre el neoclasicismo y el romanticismo y estuvo muy lejos del impresionismo (vivió entre los siglos XVIII y XIX) el colorido de algunos retratos de este pudieron impresionar a Vonnoh. Este, en ocasiones ha preferido los cielos nublados, pero en contraste pinta campos amarillos; a veces gusta del contraste entre la luz y la sombra, esta muy tenue, como es común en los impresionistas; las escenas del mundo rural, los árboles, los huertos...

La obra de arriba, titulada "Amapolas", fue realizada en 1888 y es un óleo sobre lienzo de 33 por 46 cm. que se encuentra en Museo de Arte de Indianápolis.

sábado, 5 de octubre de 2013

La obra de Jenaro de la Fuente

Edificio Bonín en Vigo

La obra de Jenaro de la Fuente en Vigo asombra no solo por las características de sus edificios, sino porque el autor no era arrquitecto, sino maestro de obras. Nacido a mediados del siglo XIX en Valladolid, todavía joven sería destinado a la comandancia militar de Vigo, convirtiéndose en 1889 en director de obras del Ayuntamiento. Su afición y maestria para el dibujo contribuyeron a las concepciones arquitectónicas, llegando a ser profesor de esta disciplina en la Escuela de Artes y Oficios (ver en este mismo sitio). 

La mayor parte de su obra es civil, siguiendo los estilos ecléctico y modernista, que son los dos que triunfaban en las ciudades españolas entre finales del siglo XIX y pricipios del siglo XX. El material que empleó para sus edificios fue el granito, abundante en Galicia y particularmente en la provincia de Pontevedra. Casi todas sus obras cuentan con una abundante ornamentación, lo que les da un carácter más solemne en una ciudad que, en 1900, contaba tan solo con 23.259 habitantes, pues aún no se le habían agregado los concejos de Bouzas (1904; 7.569 habitantes en el mismo año, y Lavadores, 15.085, tras la guerra civil). 

Todas las obras que realizó fueron encargos de importantes personajes de la época, ya por su cultura, por su riqueza o por ambas cosas a la vez, como es el caso del conde de Torrecedeira, Manuel Bárcena, que le encargó "siete casas para particulares", obra que estaba hecha en 1879. El edificio Bonín (arriba, en la fotografía) fue encargo de Manuel Rodríguez, un hombre que había hecho fortuna en América. También es obra de de la Fuente el edificio Rubira (hoy desaparecido) y la remodelación del palacio de Lourizán, entre Marín y Pontevedra, propiedad de Montero Ríos (1909). El Gran Hotel de Mondariz y el Hotel Acuña en Caldas de Reis también son obra suya, y así mismo otras en Pontevedra, Caldas, Vilagarcía, Ourense y Porriño.

Es la época de las fábricas de curtidos, los astilleros y los salazones. Los industriales eran foráneos en su mayoría, sobre todo catalanes: nombres tan conocidos en Vigo como Velázquez Moreno, Barrié, Manuel Bárcena, Policarpo Sanz, Sanjurjo Badía o Mestú constituyeron parte de la burguesía industrial emparentada con algún caso con la financiera, como es el caso de Augusto Bárcena. Entre los políticos locales encontramos a Eduardo Iglesias, Joaquín Pérez y Antonio Conde, miembros del Partido Liberal de Sagasta, al igual de Ángel Urzaiz, diputado por Vigo tras la época de Elduayen. Este es el Vigo que conoció Jenaro de la Fuente, verdadero artífice de la mejor arquitectura viguesa aún hoy en día.

La economía lo primero


La contemporización e incluso colaboración de las autoridades británicas y francesas con la Alemania nazi y la Italia fascista antes de estallar la segunda guerra mundial, tuvo un precedente en la guerra civil española de 1936. El primer ministro Stanley Waldwin primero y Neville Chamberlain después por parte británica, y León Blum, Camille Chautemps y Édouard Daladier por parte francesa, demostraron, desde diferentes puntos de vista e intereses, la cortedad de miras que llevaría a una larga guerra en España y a otra más larga en Europa y en alejadas partes del mundo. 

Los intereses británicos en el continente (Alemania con una economía saneada sería una buena cliente para las empresas británicas) y en el Mediterráneo (las bases británicas eran amenazadas por la Italia fascista) primaron a la hora de decidir si ayudar a la II República española, un estado democrático, o dejar que el fascismo se extendiese entre el Mediterráneo y el Atlántico. Por su parte las autoridades francesas no hicieron tanto hincapié en los intereses económicos exteriores, sino en la seguridad de Francia por su posición estratégica (fronteras con una Alemania amenazante y dolida por la dureza del Tratado de Versalles).

Además, el signo político de los gobiernos británico y francés durante la guerra civil española fue distinto, pero lo arriba expuesto y el temor acérrimo de las autoridades británicas a la expansión del comunismo (si es que este riesgo era cierto) hicieron que se pusiesen de acuerdo para no intervenir en ayuda de la república española mientras que las potencias fascistas sí lo hacían en favor de un ejército sublevado contra la democracia. 

Son muchos los investigadores que han estudiado ya este tema: P. Kennedy, A. Furnia, M. Alpert, J. Colton, E. Moradiellos y Rocío Navarro entre otros. Esta última ha consultado Les Evénements Survenus, publicación con los informes de las autoridades francesas para una comisión parlamentaria en 1947. Todas estas fuentes revelan que la política exterior -y por lo tanto de ayuda a la república española por parte de Francia- estuvo mediatizada por Gran Bretaña, en manos de gobiernos conservadores, aunque también el Partido Laborista y los sindicatos ingleses hicieron lo suyo para que Gran Bretaña no se viese involucrada en una guerra por ayudar a la España democrática, lo que al final no fue posible evitar porque las ambiciones de Hitler no parecían tener límite.

¿Por que una vez que se comprobó que el acuerdo de "no intervención" en la guerra de España había sido violado por Alemania, Italia, Portugal y la Unión Soviética, las democracias occidentales siguieron empeñadas en ajustarse a él? Los intereses económicos de las empresas británicas y del Estado como tal prevalecieron sobre consideraciones humanitarias, ideológicas y de otro tipo. ¿Hasta que punto el fracaso de la Sociedad de Naciones no es consecuencia de la actitud británica ante la guerra de España y ante la Alemania de Hitler? Nunca podremos contestar categóricamente a esta pregunta, pero lo cierto es que si la guerra europea se hubiese adelantado al año 1936 -con la intervención en la guerra de España de las potencias que luego se enfrentarían en la II mundial- no se hubiese dado la imagen de debilidad de las democracias ante los fascismos. Quizá Austria, Polonia y Checoslovaquia no hubiesen sido invadidas, al estar Alemania involucrada en el frente español. No tiene sentido seguir haciendo especulaciones de este tipo salvo que se consideren simples reflexiones.

La gran depresión económica de los años treinta estaba todavía cercana y no muy lejana la I guerra mundial, que había dejado a los países europeos contendientes con una economía exhausta. Esto explica -otra cosa es que lo justifique- la cautela de Gran Bretaña y, en menor medida Francia, con respecto al rearme alemán y al expansionismo mediterráneo italiano. Contrasta la prudencia de las autoridades francesas, pendientes en todo momento de Gran Bretaña, con la osadía de Raymond Poincaré en 1923, intentando la ocupación de la cuenca del Rurh aunque en vano. Quizá influyese en esta decisión la proximidad de la gran guerra y el mayor nacionalismo del partido al que pertenecía Poincaré, de centro-derecha. En cuanto a la política de colaboración con Gran Bretaña (aparte la entente cordiale) quizá el que la estableció fue el radical-socialista Édouard Herriot en 1925 en los Tratados de Locarno, aunque estos involucraron a más países.

Rocío Navarro constata el telegrama que el jefe del Gobierno español dirigió el 19 de julio de 1936 a Leon Blum: Hemos sido sorprendidos por un peligroso levantamiento militar, requerimos urgentemente vuestra ayuda con armas y aviones. Fraternalmente tuyo, Giral. Lo de "sorprendidos" sorprende, pues había claras muestras de oposión militar a la república española desde el intento golpista de Sanjurjo en agosto de 1932; mucho más desde que el Frente Popular ganó las elecciones en febrero de 1936. El telegrama de Giral sirvió para que Blum consultase días más tarde con Yvon Delbos, ministro de Exteriores francés, y con Edouard Daladier, ministro de la Guerra: acordaron ayudar a la república española, entre otras cosas porque entre España y Francia existía un tratado comercial firmado en 1935 por el que España podía comprar armas a Francia. Con Pierre Cot, ministro del Aire, se determinó el envío de armas al Gobierno español aunque en el más absoluto secreto. Pocos días después fue descartado, sin embargo, el envío de aviones y municiones. Puede que ya hubiese intervenido en el cambio de actitud la diplomacia británica.

Leon Blum y otros miembros de su gobierno fueron partidarios de ayudar con armas a la España republicana y democrática, pero hasta que se firmó el pacto de "no intervención" (en el mismo año 1936, a propuesta de Francia) las dudas y los cambios de parecer fueron constantes en Francia. El 31 de julio, en un mitin en honor de Jaurès, los asistentes gritaron a Blum: "aviones para España". Fueron ventisiete países los que firmaron el pacto de "no intervención", entre ellos Alemania, Francia, Italia, Portugal, Reino Unido y Unión Soviética, pero lo violaron todos los citados menos Francia y Reino Unido. Así, la República española quedó abandonada a su suerte. Lo primero, al menos para Reino Unido, fue la economía.

viernes, 4 de octubre de 2013

El carcelero Vallejo Nágera

Presos del campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos)
El fanquismo fue un aprendiz a pequeña escala de lo que los nazis ya habían empezado a hacer en Alemania a partir de 1933. Gracias a trabajos como el de Rafael Huertas (1) sabemos de lo que hicieron los "servicios psiquiátricos" militares del ejército franquista con los prisioneros de guerra a partir de los datos que se publicaron entre los años 1938 y 1939, es decir, en plena guerra civil española. Citando a Isabel Jiménez dice: en la primera etapa del franquismo hubo una obsesión por rechazar lo exterior (excepto si era nazi o fascista), el liberalismo, el comunismo (esto durante todo el franquismo) al tiempo que se sacralizó el poder ya que este venía de Dios, como rezaban las monedas con la efigie del general Franco. La vida era concebida autoritariamente y la realidad era armónica, cuando sabemos que es tan inarmónica que las sociedades la han intentado cambiar mil veces.

Las experiencias realizadas por el psiquiatra Vallejo Nagera con sus colaboradores en los campos de concentración franquistas con los presos allí internados revela una crueldad, una indignidad y una falta de rigor ilimitados. Se intentó demostrar -entre otras cosas- que todo aquel que se había dejado arrastrar por el marxismo era un inferior mental y un psicópata social, por lo que muchos españores lo eran. Rafael Huertas señala en su estudio que esto no es una novedad, pues ya había sido defendido a finales del siglo XIX por el italiano Lombroso. Así llegó este autor, como premonición de lo que harían los nazis, a medir los cráneos de los anarquistas para demostrar su inferioriad entre la especie humana. Vallejo Nágera, por su parte, llegó a publicar que el simplismo del ideario marxista y la igualdad social que propugna favorecen su asimilación por los inferiores mentales y deficientes culturales, incapaces de ideales espirituales, que hallan en los bienes materiales que ofrecen el comunismo y la democracia la satisfacción de sus apetencias animales (1938).

A Vallejo Nágera no le gustaba la democracia ni la igualdad entre los seres humanos y prefiririó ponerse del lado del poderoso, del que había ganado una guerra que se había llevado por delante a cientos de miles de españoles y al exilio a muchos miles de ellos. Uno de los test diagnósticos a los que se sometía a los presos en los campos de concentración bajo la tutela carcelaria de Vallejo Nágera preguntaba: ¿piensa usted mucho? ¿acaudillaría un movimiento social? ¿se abandona a ilusiones o pensamientos ideales? ¿acepta indicaciones o sugestiones de los demás? Podemos imaginar las consecuencias de responder con sinceridad a estas preguntas teniendo en cuenta que quienes se las hacían eran "enemigos acérrimos de los individuos investigados". 

Un total de 221 individuos fueron sometidos a los test citados, que logicamente comprendían muchas más preguntas: la indiferencia religiosa y el ateísmo fue más frecuente entre los presos ingleses que habían formado parte de las Brigadas Internacionales y una de las cuestiones que se pretendía averiguar era la causa del alistamiento en las filas marxistas, así como los fracasos profesionales, sociales y sexuales de los presos. Una vez que se disponía de los datos de estos test se diferenciaba a los individuos entre revolucionarios natos e imbéciles sociales. Con las mujeres hubo en especial ensañamiento, lo que demuestra una acusada misoginia: se trató de ciencuenta mujeres presas en la cárcel de Málaga sobre las que se dijo, además de todas las demás, lo siguiente: 

... si la mujer es habitualmente de carácter apacible, dulce, bondadoso, débese a los frenos que obran sobre ella; pero como el psiquismo femenino tiene muchos puntos de contacto con el infantil y el animal, cuando desaparecen los frenos... y se liberan las inhibiciones frenatrices de las impulsiones instintivas, entonces despiértase en el sexo femenino el instinto de crueldad... (conclusiones firmadas, entre otros por Vallejo Nágera tras sus test).

Vallejo considera a la mujer "impura" y la culpabiliza de su analfabetismo, aunque constata una religiosidad que las mujeres marxistas no encuentran contradictoria con sus ideales políticos. La vida sexual de las mujeres es considerada como primordial en la información buscada, "destacando la presencia nada menos que de un 20% de vírgenes... y, al parecer, una gran precocidad en el inicio de la vida sexual. Con Vallejo trabajaron en esta denigrante actividad un alférez médico y un médico agregado, además de otro personal auxiliar. También fueron objeto de estos "experimentos" presos en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña, Burgos, encontrándose allí "separatistas vascos" y "marxistas catalanistas". A estos y a otros se les tomaba la figura corporal, las reacciones temperamentales, se les calificaba de esquizotímicos, ciclotímicos, esquizoides, cicloides, paranoides, epileptoides, psicológicamente inestables, oligofrénicos... También el grado de inteligencia apreciado, el grado de cultura, la instrucción recibida, la religiosidad individual, la vida sexual y la edad de desfloración de las solteras.

Vellejo llegó a escribir (1947) que las más elevadas funciones psíquicas, las más refinadas actividades de la inteligencia, el pensamiento creador, el genio artístico, están ligados a las hormonas sexuales masculinas y representan verdaderos atributos del varón. Preguntas en los test como ¿que piensa de la España nacional? ¿cual ha sido su impresión durante la época roja? y ¿que piensa de Rusia? no podían perseguir sino empeorar la situación de los presos y presas a poco que estos fuesen minimamente sinceros, que no lo serían, por lo que los test también sirvieron para la correspondiente campaña propagandística; para nada más.
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(1) "La psicobiología del marxismo como categoría antropológica en el ideario fascista español", 1995.

miércoles, 2 de octubre de 2013

La brutalidad de los chetniks

Mihailovic

Quizá sea Yugoslavia el país donde más claramente, tras la invasión nazi en 1941, se dio al mismo tiempo una guerra civil entre los partidarios de un nacionalismo serbio dirigido por la monarquía y los que aspiraban a establecer un régimen comunista tras la expulsión de los nazis. Los primeros fueron los chetniks, agrupaciones de guerrilleros que habían existido ya desde la ocupación del país por los turcos y que durante la II guerra mundial se organizaron de nuevo para resistir al invasor nazi e italiano. La resistencia más organizada, sin embargo, y la que llevó a cabo las acciones más determinantes, fue la de los partisanos, no todos comunistas pero donde estos ocuparon los puestos de mando y organización.

Mientras que los chetniks, uno de cuyos dirigentes más notables fue Mihailovic, optaron por la resistencia pasiva e incluso la colaboración con el invasor a la espera de tiempos mejores, pero siempre con el horizonte de una Serbia unida a los demás pueblos de Yugoslavia, independiente y libre de cualquier potencia extranjera, los partisanos se enfrentaron abiertamente a los nazis e italianos organizándose militarmente y siendo uno de sus principales dirigentes Josip Broz, llamado Tito.

Los chetniks representan la peor cara del nacionalismo, en este caso el serbio, contra las nacionalidades no serbias de la antigua Yugoslavia. También contra las minorías musulmanas, sobre todo en Bosnia, gitanos y judíos. Incluso los chetniks se dejaron ayudar por la ustacha croata durante la II guerra mundial, caldo de cultivo para, con la presencia de los nazis, cometer las mayores atrocidades de "limpieza" étnica. Los chetniks actuaron sobre todo al norte de Dalmacia, en la región de Lika, hasta el valle Ogulin-Plaski, en el oeste de Bosnia y en Herzegovina, al sur de Bosnia.

Para poder llevar a cabo sus atrocidades acordaron no hostilizar a las tropas italianas que había ocupado Montenegro a principios de marzo de 1941. Aunque los chetniks llegaron a colaborar con los partisanos en algunas acciones de resistencia a la ocupación nazi e italiana, en la mayor parte de las ocasiones estuvieron enfrentados, persiguiendo objetivos distintos para cuando Yugoslavia se viese libre de aquellos invasores. La esperada invasión de los aliados occidentales desde el Adriático no se produciría nunca (como es sabido se eligió el sur de Italia para derribar el régimen de Mussolini) y en cambio los partisanos recibieron, al final de la guerra, la ayuda del ejército Rojo soviético, aunque la liberación del país correspondió fundamentalmente a la acción guerrillera de los seguidores de Tito.



martes, 1 de octubre de 2013

El cubismo de Luis Seoane



Es quizá el artista más prolífico de todo el siglo XX en Galicia, siendo autor de grabados en madera, dibujos, pinturas, ilustraciones para libros y revistas, cartelismo y otras especialidades. En su juventud colaboró en las revistas Nós, de Santiago, y Yunque, de Lugo.

Estuvo en contacto con las corrientes artísticas europeas de los años veinte y treinta hasta que se tuvo que exiliar como consecuencia de la guerra civil española de 1936. Nacido en Buenos Aires en 1910, le tocaba ahora volver a su ciudad de origen. Moriría en A Coruña en 1979 siendo desconocido para el gran público pero reivindicado por minorías tras el restablecimiento de la democracia en España.

Su obra inspira una gran sencillez compositiva, aunque es muy variada y pasa por diversos momentos dispares entre sí, pero narrativamente es muy rica. Como otros muchos artistas gallegos de la época estuvo obsesionado por transmitir humanismo en sus otras, colorismo en muchas de ellas, donde el dibujo se combina entre trazos curvos y geométricos. Artista figurativo, la yuxtaposición de las líneas con el color es una característica muy personal, aunque no sea el único que ha ensayado estas formas.

Luis Seoane se relacionó co Arturo Souto, un pintor que casi resulta inclasificable, sobre todo por la temática: ¿quizá influencia de Renoir, del cubismo, de los grabadores? Con Manuel Colmeiro tiene en común la preocupación por los temas populares gallegos, pero este a su vez ha tomado algunos rasgos técnicos de Cézanne.

Los años treinta fueron de gran renovación en las artes plásticas, tanto en España como en el resto de Europa, con los artistas lanzados a extender lo ya visto con el cubismo, el expresionismo, el colorido de los “fauves” y otras vanguardias. Así, los temas de Seoane son desnudos, escenas pintorescas, parejas (como la de la ilustración de arriba) bodegones… La pintura de Seoane entra dentro del intelectualismo propio del cubismo de las primeras décadas del siglo XX.

Seoane no se limitó a la plástica, sino que escribió sobre la Galicia emigrante, sobre temas sociales, en lo que quizá recibió la influencia de Suárez Picallo, ilustró libros y revistas con una modernidad que sorprende ahora, indagó en el diseño para carteles publicitarios, aún antes de que la publicidad estuviese desarrollada como ahora. Es difícil encontrar un artista tan comprometido como él con una concepción del mundo y de la sociedad en la que vivió.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Contradicciones de la primera República portuguesa

Afonso Costa
La I República portuguesa fue un régimen extremadamente inestable a pesar de su corta duración, dieciseis años, dándose situaciones de "una sigular democracia parlamentaria, varios gobiernos autoritarios, ministerios de izquierda radical, algunas dictaduras militares y hasta un original y pionero ensayo prefascista", según Francisco de Luis Martín. 

Sobre todo entre 1919 y 1926 se repitieron los intentos golpistas y el uso de la fuerza por parte de la Guardia Nacional Republicana y del Ejército. Las huelgas y protestas populares, protagonizadas sobre todo por anarquistas, fueron también numerosas, incluso intentos de monárquicos cuya cabeza actuó desde Galicia, a resguardo de las represalias gubernamentales. Asesinatos de personas anónimas y de altos representantes de los poderes constitucionales y otras formas de desestabilización del régimen, que acabaría con un golpe militar triunfante en 1926 que, pocos años más tarde, daría lugar al Estado Novo de Oliveira Salazar desde 1932.

La monarquía, entre finales del siglo XIX y principios del XX no había servido para que Portugal se modernizase, que es lo mismo que decir mejorase su economía y las condiciones de vida de sus habitantes. Era una institución caduca que había entrado por el aro del liberalismo pero nunca de la democracia, lo cual no tiene nada de extraño porque este sistema es muy tardío en todos los países. Los últimos reyes de Portugal, Luis I, Carlos I y Manuel II (el último con un reinado de solo dos años) no habían conseguido impulsar la democracia en Portugal porque seguramente no creían en ella, dejando que gobernasen las clases dirigentes más conservadoras y ricas del país.

Así los jornaleros del Alemtejo, los viticultores del Douro y de Minho, los pescadores de Nazaré y Porto, los pastores de las Beiras, los pequeños propietarios agrarios del norte y la enormidad de población dedicada a oficios poco cualificados y mal pagados, tanto en las pocas ciudades como en el campo, no estaban representados en el sistema monárquico. Fueron así surgiendo las ideas democráticas, socialistas, anarquistas y comununistas más tarde, pero también las ideas republicanas que no necesariamente eran progresistas, de forma que, como en otras muchas repúblicas, hubo partidos conservadores y progresistas dentro de una misma denominación republicana.

La revolución republicana estuvo madura para llevarse por delante a la monarquía en 1910, pero no para formar un régimen moderno y que incorporase a la mayoría de la población (democrático solo en ocasiones). La Iglesia, que había gozado de muchos privilegios durante toda la historia portuguesa, siguió haciéndolo hasta la I República, en que el laicismo inspirado por masones y algunos republicanos echó al traste la influencia de aquella, sobre todo en las ciudades.

El Partido Republicano se fue dividiendo sucesivamente dando ocasión a una variedad ideológica que descansaba, sobre todo, en la personalidad de sus dirigentes. Los republicanos no se distinguieron de los dirigentes del régimen monárquico en su nacionalismo y en la defensa de las colonias africanas y asiáticas, una vez que Brasil se había independizado a principios del siglo XIX. Es más, hay una constante en la política portuguesa, gobierne quien gobierne, hasta mediados de los años setenta del pasado siglo: Portugal no se concebía sin sus colonias, porque la metrópoli era la cabeza de una cosmovisión de la que formaban parte los territorios africanos y asiáticos. Portugal sin sus colonias no era una potencia a tener en cuenta.

Paisaje de Tras-os-Montes
El Partido Democrático fue el más avanzado y progesista antes de que aparecieran, con alguna fuerza, socialistas y comunistas. Su dirigente más sobresaliente fue Afonso Costa, a quienes algunos han comparado con Manuel Azaña en España, pero Costa fue un político más ambicioso y complicado en varios casos de corrupción o, por lo menos, irrregularidades de diverso tipo. El Partido Evolucionista era la encarnación del conservadurismo, cuyos máximos dirigentes fueron Teófilo Braga y Antonio José de Almeida. El Partido Unionista puede considerarse como el centro ideológico del republicanismo, siendo sus máximos dirigentes Brito Camacho y Augusto de Vasconcelos, pero el primero entró en la contradicción de apoyar más tarde a los dictadores Pimenta de Castro y Sidonio Pais.

Los monárquicos habían quedado noqueados, pero tuvieron sus animadores y el principal luchador fue Henrique de Paiva, que desde Galicia intentó varias veces restaurar la monarquía (ver, aquí mismo, "Galicia, base de operaciones monárquicas"). Un golpe militar dado en Porto a comienzos de 1919 llevó a establecer, de facto, la Monarquía del Norte, disuelta enseguida.

En el otro extremo estaban los anarquistas, que formaron en 1914 la Unión Obrera Nacional, logicamente con trabajadores de otras tendencias ideológicas también y en 1919 nació de aquella la Confederación Nacional del Trabajo. Los partidos Socialista y Comunista tuvieron escasa importancia en relación a los partidos antes señalados, así como al grupo terrorista Legiâo Vermelha, que nació en 1919 a partir -como el Partido Comunista- del triunfo de la revolución bolchevique en 1917.

La masonería, desde el siglo XIX, venía trabajando en Portugal por influencia de los primeros masones ingleses, y la I República fue ocasión -propiciada incluso por la masonería- para influir en la política del país. La "Hormiga Blanca" fue una organización en la que seguramente militó Afonso Costa, por lo que puede que sus miembros lo fuesen a su vez del Partido Democrático.

La Guardia Nacional Republicana, organismo armado al modo que en España la Guardia Civil, fue una creación de la I República y su participación en la vida política -y esta es una contradicción evidente- fue determinante en varias situaciones, casi siempre a favor del Partido Democrático. Este, al que no se puede negar su progresismo, no actuó democráticamente, como hoy lo entendemos, en muchas ocasiones, sino valiéndose de la fuerza.

Algunos notables intelectuales estuvieron integrados en la agrupación Seara Nova (Raúl Brandâo y Jaime Cortesâo) fundada en el año 1921, mientras que los conservadores vinculados a la Action Française de Charles Maurras, se caracterizaban por su conservadurismo: aquí está el joven Oliveira Salazar, Antonio Sardinha (quizá el más importante) Jose Pequito Rebelo, Domingo Araujo y Luis Almeida.

Teófilo Braga
Los golpes de estado, la mayoría fracasados, no fueron pocos: por ejemplo, en mayo de 1921 el capitán Pires Monteiro, de la Guardia Nacional Republicana, consigue derribar al gobierno presidido por Bernardino Machado, pero la situación fue pronto reconducida; en septiembre del mismo año hay otra tentativa dirigida por el teniente coronel Manuel María Coelho, que fue hecho preso aunque liberado pronto. En el mes de octubre se produjo el golpe conocido como Noite Sangrenta, promovido por radicales y disidentes del Partido Democrático, en la que fueron asesinados Machado dos Santos, António Grajo, Carlos da Maia, Freitas da Silva, Botelho de Vasconcelos y otros, mientras que el que había asesinado a Sidónio Pais es liberado y homenajeado.

Cuando en febrero de 1922 se forma el gobierno democrático de António María da Silva, Lisboa está cercada por el ejército, prueba de la inestabilidad reinante, hasta el punto de que en el mismo mes se produce una tentativa de golpe, "octubrista", teniéndose que trasladar el Gobieno a Caxias, al otro lado de la desembocadura del Tajo. No tuvo la naturaleza de golpe de estado por sus objetivos, pero en mayo de 1924 los oficiales de aviación se atrincheraron en el Campo da Esquadrilha y en julio se enfrentan violentamente la policía, el ejército y la Guardia Nacional Republicana en el parque Eduardo VII de Lisboa. En agosto se produce otra tentativa de golpe por parte de radicales y comunistas en Lisboa, que intentaron tomar el fuerte de Ameixoeira. Antes de que acabase el mes los mismos protagonistas ensayarán otra intentona y en septiembre de nuevo con el asalto al Ministerio de la Guerra.

Al comenzar el mes de marzo de 1925 serán oficiales monárquicos los que intenten un golpe pretendiendo ocupar el Cuartel General de Lisboa. Y otro más en abril dirigido por el general Sinel de Cordes con el apoyo de casi toda la guarnición de Lisboa, pero sin éxito. Fue declarado el estado de sitio en todo el país y suspendidas las garantías constitucionales. De nuevo en junio se produce una tentativa de golpe militar dirigido por el comandante Mendes Cabeçadas que pretendía la disolución del Parlamento, pero el militar fue hecho preso. En 1926 de nuevo Mendes Cabeçadas, una vez liberado, inicia los preparativos para un golpe militar que iniciará, sin embargo, Gomes da Costa en Braga (mayo). Esto hace que presente su dimisión el presidente del Gobierno, António María da Silva, pasando a formar gobierno Gomes Cabeçadas, siendo Presidente de la República Bernardino Machado, que presentará su dimisión a finales de mayo. Cabeçadas, sin Parlamento y sin Jefe del Estado, establece una dictadura que es la que perdurará hasta abril de 1974.

Los conflictos sociales fueron incesantes, protagonizados sobre todo por anarquistas, en muchos casos por el encarecimiento del precio del pan; en otras ocasiones fueron los ferroviarios, conscientes de su poder al controlar las comunicaciones y los abastecimientos, los que protagonizan huelgas y actos violentos con intencionalidad social y política. Hubo varios episodios en los que se persiguió a los católicos relevantes ante la situación de privilegio de la que todavía gozaban, pero generalmente de forma impolítica y no pocas veces ilegalmente. Los socialistas accedieron a algunos gobiernos, minoritariamente, durante esta primera República portuguesa, pero las instituciones difícilmente se pudieron considerar representativas cuando en algunas elecciones solo participó el 7% de los electores, como por ejemplo en mayo de 1919.

Lo dicho anteriormente no agota todo lo que se puede decir sobre la inestabilidad de la I República portuguesa, dirigida por las clases cultas de las ciudades, pero también por representantes de los partidos que defendían los intereses agrarios de los terratenientes. No pocos dirigentes demostraron una gran valentía a la hora de tomar medidas reformistas e incluso revolucionarias, pero las condiciones objetivas no estaban dadas: un pueblo mayoritariamente analfabeto, rural y pobre; unas ciudades escasas aunque bien trabajadas por las organizaciones obreras. La vida cultural, como casi siempre en Portugal, fue rica, pero de ella disfrutaron y nos la han legado unos pocos que podríamos situar entre la pequeña burguesía urbana de las primeras décadas del siglo pasado.

Terreiro do Paço, Lisboa
Ante la situación descrita ¿como no comprender -justificar no- el golpe triunfante de 1926 y el rearme conservador de la burguesía portuguesa, con la Iglesia como abanderada ideológica, sobre todo en el campo, que llevaron al Estado Novo, dictadura salazarista que gozó de la coyuntura internacional ("guerra fría" contra el comunismo) como la España del general Franco? La dictadura salazarista no intentó restaurar la monarquía nunca, sabiendo que aquella había perdido ya el sentido del tiempo, aunque minorías monárquicas en Portugal siempre han existido. No hubo en Portugal un general con tanto poder como Franco en España que viese toda solución republicana como sinónimo de comunismo. En Portugal el ejército, con el andar del tiempo, perdió su contacto con la monarquía y estuvo destinado a mantener las colonias, donde vio lo inviable de esa situación y lo injusto que era para los nativos. En España, el ejército franquista estuvo burocratizado y retrasado técnicamente respecto de Europa. Ningún rey portugués jugó el papel de jefe del ejército como sí lo hizo en España Alfonso XIII. Por todo ello la palabra "república" no significa lo mismo en Portugal que en España, más allá de una forma de Estado, como no significa lo mismo en Francia, donde ya a finales del siglo XVIII los republicanos, los partidarios de la revolución liberal, eran considerados patriotas, mientras que los monárquicos eran considerados por aquellos como traidores a los intereses nacionales, atentos solo a los intereses de una familia y de aquellos que la coreaban.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Una obra temprana de El Bosco

"El mago" (1475-1480)
El Bosco nació a mediados del siglo XV en Bolduque, al sur de los Países Bajos y en la región de Brabante. Fue una ciudad fronteriza y defensiva ante las embestidas de los enemigos durante la Edad Media e incluso posteriormente. La gran plaza del Mercado denota que el comercio debió de ser su actividad económica dominante en una región que formaba parte, en la época de El Bosco, del eje entre Inglaterra al norte de Italia pasando por los Países Bajos y la Champaña.

Formado en un ambiente de pintores, pues varios miembros de su familia lo eran, en Bolduque pasó casi toda su vida, salvo quizá un viaje a Italia, pues en Venecia se conservan varias obras suyas que pudo realizar allí. En la obra "El Mago", que El Bosco pintó cuando tenía menos de treinta años, por lo tanto joven pero ya con cierta experiencia, nos introduce en un mundo que fue muy querido por él: la magia, la truculencia, la broma e incluso la ironía, con personajes y temas más propios del mundo medieval que del renacentista (a la postre no hay, en muchos aspectos, grandes diferencias entre estos dos períodos).

Con grandes contrastes cromáticos, el fondo es oscuro, aunque esto puede ser consecuencia del paso de los años. En todo caso así destaca mucho más la escena que representa. Mientras el mago, delicadamente y con un rictus de seguridad, se dedica a su oficio, uno de los personajes, que no quiere perderse nada, se inclina sobre la mesa; quizá sea porque es viejo y le falta vista, mientras que el que está detrás, con lentes y mirando disimuladamente hacia arriba, le intenta robar la bolsa. El niño no entiende de magias y observa al viejo, quizá en complicidad con el ladrón. No tanto los rostos de los personajes, sino la escena en sí misma, es una caricatura del mundo, el de los engaños y los delitos.

Otro personaje ignora la magia para observar de perfil a la dama que tiene al lado, a la que coge por el hombro. La atención de unos contrasta con el despiste de otros, mientras un perro o un mono se encuentra preparado, quizá para algún truco, tras la mesa del mago, una mesa que parece levantarse en su parte posterior, pues la perspectiva no está aquí conseguida. La escena se desarrolla en la calle, trasunto del mundo donde se dan todos los engaños.

En una Edad Media donde eran tan abundantes las creencias fantásticas, el trabajo de hechiceros y los libros sobre animales que se comportaban con intencionalidad moral, las vidas inventadas de santos, los almacenes donde se practicaban experimentos acientíficos, el tema de la magia es un retrato de aquella mentalidad. Los magos venían de vez en cuando por la ciudad o por la aldea, entretenían a los vecinos y estos quedaban maravillados: otra razón más para creer en lo sobrenatural y de ahí a lo divino. 

Es un óleo sobre tabla de 53 por 75 cm. que se encuentra en el  Museo Municipal, Saint-Germain-en-Laye (Fancia, al oeste de París).

Pawel Kuczynski


Szczecin es una importante ciudad en el noroeste de Polonia, en la región de Pomerania y a orillas del río Oder. Su puerto y su industria la han hecho atractiva a los estados vecinos, Suecia y Alemania, bajo cuya soberanía estuvo antiguamente. Sus edificios singulares hablan de unos siglos prósperos para la ciudad. Aquí nació, en 1976, Pawel Kuczynski, un artista que ha puesto todo su empeño en manifestar las contradicciones de nuestro mundo: un niño de familia acomodada, con su coche de juguete, niega a unos niños pobres que limpien el parabrisas, como ocurre con los adultos en sus automóviles. 

Otra de sus ilustraciones consiste en un niño con su locomotora de juguete mientras otro niño ha de esforzarse para desplazar un vagón del ferrocarril. Los novios salen jubilosos de contraer matrimonio mientras los invitados lanzan granos de arroz... que unos chinos están plantando como si el suelo fuese un campo inundado. O la piscina a la que se van a lanzar los nadadores, parte de la cual, llena de agua, está siendo trabajada por chinos con plantas de arroz. En otra ilustración un gran camión de la basura atado con un gran lazo de regalo, vierte los desperdicios en el estercolero, donde los hambrientos los recogen.

En la obra de Kuczynski son muy comunes los colores dorados, amarillos y cetrinos, según convenga el contraste o no. Los chinos, que producen incesantemente de todo en condiciones humillantes, sueltan regalos por las chimeneas de las casas. Una ciudad destruida, amenazada postreramente por un tanque, es observada por unos buitres posados en una rama, uno de los cuales tapa con su poderosa ala a la paloma de la paz que lleva en su pico un ramo. 

Un reloj de péndulo tiene en el extremo de este no un disco, sino una pala con la que va cavando la fosa que contendrá un cuerpo, símbolo inexorable del paso del tiempo. Un campesino ara trincheras que ocupan los soldados en la guerra. El bebedor no percibe que dentro del líquido de la botella hay un anzuelo, debidamente aparejado, que espera engancharle. Sobre un campo verde, en un cielo azul, se extienden las ondas sonoras de un teléfono mientras el tendido de cables eléctricos está arruinado. 

De la gran chimenea industrial sale una humareda negra, pero de las alturas pende un andamio con dos obreros que pintan el humo de blanco... Un pequeño árbol en el desierto es enderezado por lazos asidos al chorro de agua de un grifo. En la cadena que atenaza los brazos de un esclavo se mezcla la hamaca donde descansa plácidamente un ricachón. Un niño pequeño, con un gran casco guerrero en su cabeza, da cuerda a la paloma de la paz mientras que sus soldaditos de plomo están tirados en el suelo. El gran obelisco frente al Capitolio de Washington no es más que la gran nariz de un muñeco articulado de madera que está bajo tierra...

La imaginación de este artista es desbordante; en ocasiones quizá pueda parecer excesivo, pero lo imporante es que invita a la reflexión, a no contentarnos con lo que hay, a pensar en alternativas, a ir contra un orden que no hemos elegido, aunque sí muchas veces consentido. 

(Ver: agenciaeternity.wordpress.com/2013/09/06/50-reveladoras-ilustraciones-de-pawel-kuczynski).