domingo, 20 de noviembre de 2022

Puerto del Hambre

 


El estrecho de Magallanes, en latitudes australes (53º 11’ 59’’ norte y 70º 52’ 10’’ oeste) es ancho a la entrada desde el océano Atlántico, pero luego se estrecha a la altura de Campo Cerro Manantiales al sur y San Gregorio al norte. De nuevo se produce un ensanchamiento, y estrechamiento en Puerto Sara (Chile), y luego vuelve la anchura en Puerto del Hambre (costa oeste del estrecho, en las proximidades de Puna Arenas).

El esfuerzo llevado a cabo por unos pocos hombres y mujeres –niños incluso- en torno a 1584 fue extraordinario, solo comprensible si se entra en la mentalidad de unas gentes que buscaban honor, riquezas, aventura… a salvo las mujeres que habían acompañado a sus maridos por un irrefrenable amor hacia ellos. Al mando de todo estuvo Pedro Sarmiento de Gamboa, nacido a principios de la década de los treinta en el siglo XVI, y tal fue su osadía durante toda su vida que terminó muriendo en algún lugar del Atlántico en 1592. Su personalidad es compleja aunque no ha sido objeto de ningún estudio en el momento en que publico esto; se sabe sin embargo que fue explorador y conquistador, historiador, filólogo, cosmógrafo, escritor, matemático y militar. Nombrado Gobernador de las Tierras del Estrecho de Magallanes, el objetivo era asentar colonos en el mismo para combatir el corso inglés y de otras nacionalidades que, a finales del siglo XVI, ya eran evidentes.

En el extremo sur de la Patagonia argentina fundó el poblado Nombre de Jesús, cuyos restos arqueológicos no fueron descubiertos hasta principios del siglo XXI. También intentó, un poco más al oeste, fundar la ciudad Rey Felipe, que luego se llamaría Puerto del Hambre, aprovechando el relativo abrigo de una bahía. Miles de hombres en 23 naves surcaron el Atlántico partiendo de Cádiz para tales objetivos, pero solo un barco llegó al Estrecho; entre tanto, motines, naufragios, penalidades, etc. Cuando se vio tierra, Sarmiento mandó echar anclas y emplear las barcas para acercarse a la embocadura norte del Estrecho (hoy el extremo sur del territorio argentino). Allí iban mujeres y hombres, animales, sirvientas negras, algún fraile y un preso por amotinamiento que debía ser juzgado.

Se desembarcaron cajas con enseres y mercancías, se levantaron tiendas con lonas, se curó a los enfermos y se procedió a la corta de madera para hacer fuego y las primeras construcciones sólidas. Entretanto, nerviosismo y rencillas, consecuencia de la incertidumbre, las penalidades pasadas y las que se adivinaban. Algunos mostraron su descontento por lo desolado del paisaje, pero lo cierto es que había árboles en abundancia. Debian aprestarse a impedir el paso de los piratas mientras soportaban la lluvia y el frío.

El acusado de amotinamiento tenía el nombre de Tomé Hernández, que después de haber sido libertado (sin peligro de huida en aquellas soledades) sería ajusticiado por orden de Sarmientogravedad en la escena y rezos frailunos. Se preparaban unos caldos para combatir el frío y el hambre, se mataban gallinas a la espera de que llegasen barcos en ayuda de aquella pequeña e inestable colonia. Siguen las desconfianzas y algunos piensan en matar a Sarmiento. Mientras tanto se hace acopio de agua de lluvia y el lugar empieza a tomar el aspecto de un poblado con plaza, habiéndose construido algunas casas de madera.

Sarmiento fue advertido del descontento entre algunos y se le aconsejó que durmiese en el Santa María, mientras otros intentaron convencer al grupo de que esa era la voluntad de Dios. Ya se ha enterrado a algunos y sobre sus tumbas algunas cruces; velas en el interior de las casas, las mujeres bordan y la imagen de una virgen es llevada de un lugar a otro. Se dictaron instrucciones para enviar una expedición en busca de la nave de refuerzo que se esperaba, algo que más tarde hará personalmente el mismo Sarmiento sin resultado alguno.

Pero hay abundante madera y se buscan provisiones mientras aparecen, por primera vez, los indígenas de la zona vestidos toscamente; Sarmiento intentó un acercamiento pacífico mientras un monje elevó la cruz en señal de la doctrina que se pretendía. Por ahora dio resultado pero sin más convivencia entre los dos grupos. Hacen falta cuerdas y clavazones y se llega a compartir con los indígenas –sobre los que se tiene una gran curiosidad- a los que se predica la religión cristiana, pero no tardarán en llegar los primeros enfrentamientos ante las desconfianzas mutuas: artillería contra flechas.

Los días claros, los menos, permiten apreciar la belleza del paisaje, pero surgen dificultades en procurarse aprovisionamientos; las traiciones suceden a la exhibición de estandartes y aparecen las primeras mujeres embarazadas. Se hacen fuegos cuando llega la noche, tanto para calentarse como para cocinar alimentos, y es necesario destrozar cajas de madera seca ante la imposibilidad de contar con la húmeda de los árboles.

Una mujer da a luz y es atendida; el niño lloriquea poco después y el escriba da cuenta de su nacimiento y filiación. Es entonces cuanto Sarmiento parte en el Santa María, anclado fuera del Estrecho, en busca de todo lo necesario, y se produce la sustitución al mando, pero en ausencia de Sarmiento de poco valen sus decisiones; muy pronto el sustituto es sustituido a la vez con asesinato de por medio.

Fue una misión imposible; cuando años más tarde llegaron al lugar corsarios ingleses, pudieron ver cadáveres sin enterrar y el lugar abandonado, encontrando solo dos sobrevivientes. Todos los demás habían perecido de hambre. Casi tres siglos más tarde, desde Chiloé, Chile se hizo dueña del Estrecho (1843), sufriendo seis años de penurias los colonos chilenos. En 1847 se produjo un incendio y la colonia fue trasladada a lo que se llamó Punta Arenas, no sin que por el rigor del clima, faltasen los desertores del ejército.

sábado, 19 de noviembre de 2022

La crónica de un mestizo

 


La “Crónica mexicana” de Fernando Alvarado Tezozómoc, contrariamente a otras, se dedica a exponer la grandeza del linaje de su autor, mestizo y descendiente del mismo Moctezuma y de sus antepasados, todos nobles. Escrita en castellano con vocablos en náuatl, existen varias copias, una de ellas en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, pero se ha perdido el original.

Alvarado Tezozómoc nació en la década de los veinte del s. XVI y murió en 1600, participando de la educación que se daba a los nobles en colegios establecidos por los españoles; allí aprendían náuatl si no lo conocían, latinidad, castellano, historia antigua, particularmente romana y otras disciplinas.

La Crónica de Alvarado Tezozómoc, contrariamente a otras, no consta de ilustraciones, y debe tenerse en cuenta que nuestro personaje no vivió la conquista de Tenochtitlan, pero sí la pérdida de los privilegios de la nobleza a la que pertenecía, por lo que buena parte de su obra la dedica a reivindicar el derecho sobre los mismos. Es curioso que en no pocas ocasiones la descripción que hace de las conquistas de sus antepasados están tomadas de las que había aprendido de César en la Galia y otros lugares del Imperio Romano.

También dedica una parte de su Crónica a la historia de su familia antes de la llegada de los españoles, poniendo de manifiesto el protagonismo de aquella. El cronista se mueve entre dos mundos, capaz de asistir a la iglesia para los oficios religiosos pero manteniendo sus ídolos al mismo tiempo. Esto, que le fuera reprochado en alguna ocasión por Fray Diego Durán[i], dominico, fue respondido airosamente por Alvarado Tezozómoc como mestizo, necesitando ser fiel a ambas tradiciones.

En su obra nos habla de la guerra, el comercio, los tributos, costumbres, gastronomía (incluso por regiones) y detalla la invitación que Moctezuma hizo a los españoles con una gran variedad de alimentos (aves, hortalizas, empanadas, conejos) aderezados de las más variadas maneras, para ponerles a prueba: si comían dichos alimentos era señal de que eran divinidades enviadas por su dios, pero si los rechazaban habría que descartar tal posibilidad. Los españoles de Cortés, que recibieron con mucho gusto la invitación –señala Alvarazo Tezozómoc- exigieron no obstante que los nativos probasen antes los alimentos, en lo que quizá fueron ingenuos, pues de estar envenenados, los indígenas quizá conociesen los antídotos…

Expone con detalle la fauna de la época en el reino mexica, sobre todo aves, pero también insectos lacustres, caracoles que se capturaban para hacer ofrendas; garzas y pájaros bandera por la variedad del colorido en el plumaje de cada uno de los individuos, lo que sin duda causó la admiración de los españoles. También describe la existencia de pumas y ocelotes, ambos para la obtención de pieles; gatos monteses, víboras y serpientes de cascabel de diferentes coloraciones, peces que los españoles creyeron truchas, etc.

Se describe también en la Crónica el sometimiento de los pueblos del valle de Veracruz después de haber sido recibidos los de Cortés con todo tipo de alimentos y flores, de tal variedad que se pone de manifiesto el desarrollo cultural de estos pueblos, porque las elaboraciones eran muy variadas. Comienza la Crónica con la decadencia y linaje en Nueva España (escrita en 1598) de “los yindios mexicanos que abitan en este Nuevo Mundo, el tiempo que llegaron en la ciudad de Mexico Tenuchtitlan, asiento y conquista que en ella hicieron…”. Continúa con la muerte del rey de los mexicanos Acamaplichtli[ii] “y el rrey que su lugar se puso y las cosas que suçedieron con los comarcanos”, tratando de la “baxada que bió el rrey Teçocomochtli a los mexicanos haziéndoles libres y francos de la seruidumbre tenía dellos…”. Se nota que es un mestizo de cultura conquistadora pero que no abandona su raíz mexica, precisamente por pertenecer a la nobleza de los reyes que precedieron a Moctezuma.

La publicación impresa de la crónica tuvo que esperar hasta 1848, edición de Lord Kinsborough; y más tarde la de Orozco y Berra, que ha venido reimprimiéndose hasta el presente. Una y otra procedían de copias tardías del original. El manuscrito de Kraus, por su parte, consta de 158 hojas de texto de un tamaño de 305 milímetros de largo por 213 de ancho, es decir, el tamaño llamado folio menor. En la obra abundan las  digresiones fabulosas, pero hay ediciones que no prescinden de ellas, porque son expresión –se dice– de la religión, de la filosofía, del estado social, de la civilización en suma de los pueblos a que corresponden. El interés de Tezozómoc por el lenguaje llega a veces a niveles obsesionantes que dificultan la lectura, pues incluye continuamente largas y repetitivas listas de voces náhuatl acompañadas por su traducción.

Describe la coronación de Ahuitzotl[iii] con las siguientes palabras: “E acabado esto, le ponen la corona, que es azul, de pedrería rrica, como media mitra le llaman xiuhtzolli. Luego le aguxerean la temilla de la nariz dentro de las bentanas de la nariz y luego le ponen lo que llaman…”. El interés de esta crónica es que nos permite conocer –con los errores que el autor haya cometido- la situación de los reyes y nobleza azteca antes de la llegada de los españoles.



[i] 1537-1588, historiador como autor de una “Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme”

[ii] Debió vivir entre 1336 y 1387, quizá el primer rey de los mexicas.

[iii] Autoridad religiosa, militar y política de los antiguos mexicas.

viernes, 18 de noviembre de 2022

Indios paganos e indios cristianos

 


La profesora Mercedes Serna Arnaiz ha explicado en varias obras[i] la visión política del Inca Garcilaso de la Vega en relación a los indios en el Virreinato del Perú, pero entrando en una contradicción evidente en dos de sus obras, “Comentarios Reales de los Incas” (1609) e “Historia General del Perú” (1617). En la primera presenta la necesidad de respetar, por parte de los españoles, a las autoridades autóctonas incaicas, sus formas de vida, costumbres, etc. excepto en lo que se opusieran a la religión cristiana; en la segunda se muestra partidario de que no se disuelva el Imperio español en América, viendo un factor negativo en la abolición de las encomiendas y la entrada en vigor de las Nuevas Leyes de Indias de 1542.

El carácter mestizo de Garcilaso de la Vega y su conciencia del mismo le llevó, cuando contaba más de veinte años, a reivindicar su condición de inca, incorporándolo a su nombre, pero dejándose ayudar más tarde por los jesuitas, sobre todo en Córdoba (España), de los que fue influido en cuanto al laxismo que estos plantearon respecto a la cristianización en América. Los jesuitas, en efecto, practicaban la tolerancia cultural y la no beligerancia en las polémicas sobre el trato recibido por los indios, oponiéndose en esto al gran defensor de los mismos, aunque no el único, Bartolomé de las Casas.

El Inca Garcilaso va a mostrar tanta oposición a Las Casas (y viceversa) que estará contra las Leyes Nuevas de Indias (1542), resultado de la constante insistencia del dominico ante la Corona sobre lo que estaba ocurriendo en América; incluso en una de sus obras le llega a acusar de haberse hecho dominico para congraciarse con el rey.

En este sentido no podemos olvidar la labor legislativa que se llevó a cabo en Valladolid (1513), ejemplo singularísimo de la humanidad que se pretendió con los nativos de América, aunque los conquistadores y encomenderos incumplieran estas leyes reiteradamente. ¿Cómo interpretar, si no, el intento de Fernando el Católico en 1512 con su “Requerimiento indiano”, que obligaba a leerlo a los indios antes de empezar cualquier conquista? También se les concedería un tiempo para que deliberasen, transcurrido el cual los españoles procederían de acuerdo con la decisión adoptada por los indígenas. ¡Qué lejos de lo que se venía haciendo en el Caribe, con las encomiendas desde 1503 y mediante otras prácticas!

Cualquiera que lea el “Requerimiento” citado y las Leyes de Valladolid, se dará cuenta de lo avanzado del derecho español para su época: límite de tiempo de trabajo, tasa al tributo, los indios no debían cargar, el trato a ellos debido sería de acuerdo con los principios del cristianismo más originario… El Inca Garcilaso, que como decimos navegó entre dos aguas, habla en sus “Comentarios” de unas capitulaciones que las autoridades incaicas habrían firmado con los conquistadores españoles en 1532, capitulaciones que no han existido más que en su imaginación, pero reflejan el ideal de convivencia entre las dos comunidades que perseguía el escritor mestizo.

Durante sus largas estancias en Córdoba, rodeado de intelectuales jesuitas y otros escritores –llegó a conocer a Góngora- recibió el apoyo del arzobispo de Granada Pedro de Castro, personaje que estuvo implicado en ciertos conflictos no edificantes, pero el Inca Garcilaso fue partidario del modo tolerante de cristianización jesuítico de los indios.

Las Casas, sin embargo, defendió la idea equivocada del “buen salvaje” atribuido a los indios, lo que le sirvió para denunciar con la mayor saña posible a los encomenderos y conquistadores, cuyas obras, traducidas luego en otros países europeos incorrectamente, dieron lugar a la “leyenda negra” que tanto se ha discutido y que hoy la historiografía tiende a no considerar. El asesinato de Manco Inca cuando se acercaba la mitad del siglo XVI vino no obstante a poner de manifiesto –si no hubiera ejemplos sobrados- la zafiedad y traición con la que actuaron no pocos conquistadores, particularmente en el Virreinato del Perú recién creado. Resistente primero a los españoles, colaborador luego de ellos, se vio envuelto en los conflictos que llegaron a enfrentamientos personales entre pizarristas y almagristas y de nuevo se enfrentó a ellos en un esfuerzo titánico.

Esto sensibilizó al Inca Garcilaso y dio nuevos bríos a de Las Casas, por más que este no estuvo nunca bien informado de lo que ocurría en América del Sur. También Las Casas se opuso al bautismo en masa de indios que llevaban a cabo algunos, particularmente Motolinía, siendo partidario de una previa cristianización. En esto subyacía la idea –que preocupó a todos- de si los indios no bautizados se salvarían. Pierre Duviols ha estudiado las posiciones encontradas entre el Inca Garcilaso y José de Acosta[ii], partidario de la tesis rigorista sobre la salvación de los indios, pero siempre desde una posición indigenista, coincidiendo en esto con Garcilaso. El escritor mestizo, en cuyas obras rezuman las preocupaciones teológicas, consideró que no se podía culpar a los indios por no haber conocido a Cristo, por lo que no se podía suponer que sus almas se habían condenado.

El Concilio de Trento, por su parte, había favorecido las tesis laxistas en la cristianización, y esta misma doctrina fue recogida por Francisco de Vitoria (1483-1546), siendo también interesante la posición de Francisco de la Cruz[iii], defensor de que para salvarse bastaba a los indios “creer en un Dios remunerador”. Estas ideas pudieron haber sido conocidas por Garcilaso, siempre rodeado de buenos intelectuales, inspirando por su parte la reivindicación de la justicia para merecer la salvación; incluso llegó a defender que Huanca Capac, Inca de Tahuantinsuyo, se habría salvado aún cuando murió antes de que llegase el cristianismo a su reino (1527).

En 1603 el Inca Garcilaso tomó las órdenes menores franciscanas, única orden que admitía a mestizos, y compró un sepulcro en la catedral de Córdoba para el día de su muerte, que se produciría en 1616. Todo ello estaba muy en consonancia con su teología y pretendida santidad.



[i] “El proyecto político del Inca Garcilaso de la Vega y la legislación colonial española”, 2017 y “El Inca Garcilaso de la Vega: La ‘Ley natural’ frente a las ‘Leyes nuevas’”, 2015.

[ii] 1540-1600; jesuita que se ocupó de temas científicos y humanísticos.

[iii] 1529-1578; dominico y profesor universitario, acusado por la Inquisición en un momento de auge contrarreformista, fue quemado en la hoguera.

jueves, 17 de noviembre de 2022

Chasquis o correos del Imperio

 

                                             Chasqui en la obra de Guaman Poma de Ayala 

Ya sea del imperio incaico o del español a partir del siglo XVI en este último caso, pues los chasquis sirvieron a unas autoridades y a otras. Los chasquis eran jóvenes que recorrían los caminos, costeros unos, otros por las alturas andinas, para llevar recados desde un lugar a otro, pagados por el remitente, la autoridad o el destinatario. Como las civilizaciones precolombinas en América del Sur eran ágrafas, los chasquis, hasta el siglo XVI, llevaban recados orales, con la dificultad que ello entrañaba para que fuesen transmitidos fielmente o con defectos y variaciones.

Los chasquis solían ser hijos de curacas y caciques, pero avanzada la conquista, y sobre todo a partir del siglo XVII, también españoles pobres, esclavos, soldados, arrieros y otros, ahora ya portando cartas escritas que algunos autores han estudiado en profundidad[i]. Las cartas que se conservan por el investigador citado a pie de página son de los siglos XVII y XVIII, más abundantes de este último, donde se pueden leer los mensajes entre autoridades, a eclesiásticos, a particulares notables, con informaciones económicas, luctuosas y de muchos otros tipos.

Eugenio de Quesada ha estudiado las cartas llevadas por los chasquis en el territorio del Virreinato de Nueva Granada, que como sabemos tuvo vigencia entre los años 1717 y 1723[ii], 1739 y 1810, y cuando las guerras de independencia de las colonias españolas en América, entre 1815 y 1822, casi nominalmente en este último caso. Aunque los chasquis recorrieron largas distancias para poner en comunicación a territorios tan alejados entre sí (desde Ecuador al norte de Chile y el Río de la Plata), las cartas estudiadas por el autor al que sigo fueron llevadas, sobre todo, en territorio actualmente ecuatoriano y colombiano, muy poco poblado en los tres siglos de la conquista y colonización española.

Los chasquis iban provistos de una caracola marina en época incaica y luego de una cornamusa para anunciar su llegada, una bolsa con hojas de coca para vencer el mal de altura, una vara para defenderse de los animales que les atacasen, un perro solo a partir de que los españoles llevaron a América este animal y un tocado con la intención de hacer visible su dignidad al servicio de autoridades. Las cartas estudiadas tienen fechas desde 1615 hasta 1801, señalándose en ellas el mensaje o mensajes que se transmitían y también las localidades que interesaban, pasando los correos por territorios campaces, niguas, yambos, cayapas, malabas, sigchos, lachas, sindaguas, coaquiqueres y otros[iii]; entre las poblaciones podemos citar San Gil, Pasto, Huaca, Quito, Guayaquil, Latacunga, Otavalo, Manta, Esmeraldas, Santa Elena, Riobamba y San Pedro de Alausí entre otras.

San Gil quizá fue un destino último, pues se encuentra al norte de Colombia y fuera del control incaico, pero sí hispano desde el siglo XVI, al Este de la cordillera de Los Cobardes y lejos de las alturas andinas que recorren Colombia de norte a sur. Al suroeste de este país y cerca de la actual frontera con Ecuador se encuentra Pasto; Latacunga se encuentra al sur de Quito, en uno de los valles andinos ecuatorianos; y al norte de la citada capital se encuentra Otavalo, en una de las estribaciones andinas; Esmeraldas en la costa norte de Ecuador, etc.

Debe tenerse en cuenta la gran extensión del imperio incaico, sobre todo latitudinal; luego del Virreinato del Perú, por lo que los chasquis recorrían ciertas etapas hasta que un relevo les sustituía, para lo que existían ciertas residencias. Las distancias eran menores en el Virreinato de Nueva Granada, pero debemos entender que se trata de un territorio entre el actual Panamá y Ecuador, dejando al Este la Gobernación de Venezuela, con accidentes geográficos de gran dificultad para el eficaz desempeño de los correos. En ocasiones los chasquis usaban canoas para atravesar ríos, empleaban caminos empedrados, pero otras veces atajos conocidos, sobre todo en las zonas montañosas. A ello hay que añadir las inclemencias del tiempo, con lluvias muy frecuentes y calor sofocante en las zonas bajas.

Los chasquis, por lo menos hasta el siglo XVII, usaron quipus, ingeniosos instrumentos a base de cuerdas y nudos, exclusivos de las civilizaciones andinas, siendo útiles para ciertas operaciones contables y otros fines. Las fuentes hablan de que en un recipiente transportaban caracoles (¿para la alimentación del chasqui, como obsequio al destinatario o a la autoridad?). Una fuente interesante es la obra del cronista mestizo (solo culturalmente) Guaman Poma de Ayala, que en su principal obra[iv] nos ha dejado ilustraciones de chasquis en su época (siglo XVI y principios del XVII).

Por lo menos en época hispánica el trabajo de los chasquis fue regulado legalmente, con minuciosas obligaciones y severos castigos en caso de incumplimiento. El estudio de las rutas seguidas por estos correos es de gran interés para conocer la etnografía, la geografía y otros aspectos históricos, así como las cartas llevadas de unos lugares a otros para un mejor conocimiento de las mentalidades de aquella época.



[i] Uno de ellos Eugenio de Quesada, en cuya investigación se basa el presente resumen.

[ii] La intención de la monarquía española de dotar de una nueva planta administrativa a sus colonias en América, llevó a desgajar los territorios de Ecuador, Colombia, Venezuela y algunos otros del Virreinato del Perú, pero en 1723 se interrumpió su vigencia por diversos problemas.

[iii] Josefina Palop Martínez, “Mapa étnico del sur de Colombia y norte de Ecuador durante los siglos XVI-XVII”, 1994.

[iv]Primer nueva crónica y buen gobierno”.

Muiscas y taironas en el siglo XVI

 

                                                                      Máscara muisca 

Muiscas y taironas, en territorios distintos de la actual Colombia, compartieron un mismo lenguaje del tronco chibcha. Los primeros habitaron en torno a la actual ciudad de Bogotá en un amplio territorio, y los segundos el norte del país, llegando allí Jiménez de Quesada[i] con varios cientos de acompañantes de diversas profesiones, sobre todo soldados en busca de fortuna, recorriendo la selva y las anfractuosidades del terreno antes de que se produjera la muerte de no pocos españoles.

Quizá había en el centro de la actual Colombia medio millón de muiscas en un territorio de extensión parecida al de Suiza; construcciones en madera y hoy un yacimiento arqueológico consistente en monolitos alineados que se han interepretado con alguna intención astronómica y relacionados con la fertilidad, pues en la parte superior de aquellos se habían practicado unas muescas que simulaban penes. Es un lugar singular que hoy se conoce con el nombre de “El Infiernito”.

Los españoles se dieron cuenta de que no existía entre estos muiscas la propiedad privada, lo que no quiere decir que la sociedad fuera igualitaria, pues el beneficio de los trabajos era disfrutado por unos pocos. También vieron los conquistadores asombrados que los muiscas conocían el oro y su trabajo, dando resultados espectaculares en forma de idolillos planos con una filigrana de belleza singular (son los llamados tunja elaborados con una aleación de oro y cobre). Se sabe que no fueron ajuares funerarios, pues no han aparecido en las tumbas, sino ofrendas votivas que se arrojaban a las aguas de los ríos o se depositaban en el interior de las cuevas en honor de los dioses. En el Museo del Oro colombiano se conservan máscaras, una “balsa dorada” con personajes esquemáticos sobre ella y delicadísimas filigranas, con trabajos en detalle empleando la técnica de la cera perdida. Pero el oro era traído de otras partes, lo que indica una actividad comercial que debía de estar algo desarrollada, intercambiando mantas por oro.

La abundancia de sal en las profundidades de las cuevas se explica por la ocupación marina de estos territorios en época geológicas anteriores, producto que era muy apreciado. La lluvia arrastraba la sal y los muiscas la recogían en recipientes de arcilla, transportándola luego, como otros productos, por el río Magdalena. Fue precisamente el rastro de la sal lo que llevó a Jiménez de Quesada hasta los muiscas.

Al nordeste del actual Bogotá vieron los españoles la laguna Guatavita en una depresión y pudieron comprobar el cultivo de algodón en algunas regiones. Hoy se sabe que los muiscas tenían una cosmovisión basada en principios opuestos y complementarios en equilibrio, considerando a la naturaleza un regalo de los dioses.

Los taironas, en el norte, nos han dejado senderos empedrados y escalinatas para salvar la dificultad en el tránsito por las montañas, al tiempo que se evitaba que el terreno fuera arrastrado por las lluvias, mientras que las casas eran de mampostería con tierra apisonada.

Estos taironas fueron autores de una orfebrería con pulido de las piezas metálicas (lo que no ocurre en el caso de los muiscas), sirviendo los objetos de adorno y para marcar la superioridad de los jefes. Los motivos principales son el hombre-murciélago y las aves (véase la influencia de la naturaleza), siendo los muiscas los intermediarios para que llegase a los taironas el oro, pero también fabricaron una artesanía cerámica con motivos complejos y simples: figuras humanas y quizá dioses y murciélagos. Hoy se conocen los yacimientos arqueológicos de El Pueblito y Ciudad Perdida.

Relaciones entre taironas y muiscas, como con otros pueblos, que tenían para sus intercambios una lengua común, el chibcha, verdadero nexo de comunidades humanas en los territorios de la actual Colombia.



[i] Natural de alguna ciudad de Andalucía (1509-1579), murió en territorio muisca. Su labor aquí estuvo jalonada de saqueos, asesinatos, batallas, conquistas, conflictos, atropellos y el descubrimiento del río Opón, además de acciones positivas que aquí no detallamos. Jiménez de Quesada estuvo en territorio tairona y muisca, siendo importante su expedición por el río Magdalena.

viernes, 11 de noviembre de 2022

Distintas épocas, el mismo ser humano

 

En el siglo XV había en América una enorme cantidad de pueblos en distinto grado de desarrollo cultural, desde lo que luego conoceremos como Canadá hasta el bautizado por los españoles más tarde Cabo de Hornos. Entre esos pueblos se formaban alianzas para luchar contra otras alianzas, contra un tercero con el que más tarde hacían la paz o era sometido. Así desde hacía siglos y quizá milenios.

Se sabe que en el altiplano mexicano un imperio se había formado por haber sometido a otros desde no hacía mucho tiempo en el siglo XV, aunque las resistencias hacían difícil el equilibrio, hasta el punto de que algunos de los pueblos sometidos, los tlaxcaltecas por lo menos, se mostraron muy hostiles al sometimiento, sobre todo a la obligación de pagar crecidos tributos. En los Andes se había constituido otro imperio que, al menos nominalmente, se extendía desde el actual Ecuador hasta el norte de Chile, y hacia el interior en las alturas de la actual Bolivia hasta la costa peruana. Los incas habían sometido a otros pueblos, su máxima autoridad era denominada Inca, y como en el caso de los mexicas del norte, se habían formado aristocracias, cacicazgos, curacas y otras estructuras que estratificaban a la sociedad fuertemente.

El trabajo forzado (mita) estaba instituido en las alturas de los Andes y en la costa del Pacífico, se sacrificaba a los rebeldes o a los prisioneros para conseguir el favor de los dioses, las guerras eran terribles y provocaban tragedias y muertes sin número. En uno y otro lugar había señoríos en manos de unos pocos a los que estaban sometidos unos muchos.

Cuando llegaron los españoles y los portugueses a América a finales del siglo citado los primeros, traspasaron el modo de vida hispánico (europeo) al nuevo continente. Se valieron para conquistarlo de la superioridad tecnológica, de la guerra, de la diplomacia y de la colaboración de pueblos sometidos por aquellos primeros imperios de los que hemos hablado. Está claro que las monarquías española y portuguesa se comportaron, en tanto que imperios, como todo imperio; explotaron las riquezas en su favor, violaron leyes morales elementales, cometieron crímenes, provocaron interminables guerras… no muy distinto de lo ya conocido en América.

No entraremos aquí sobre lo bueno que pudieron hacer los españoles en América: vías de comunicación (a la postre con el trabajo indígena), ciudades, hospitales, escuelas, edificios públicos, universidades, ganadería, etc. Interesa más ahora hablar de la “convivencia” entre los que ya estaban en América en el siglo XV y los que llegaron a finales de dicha centuria: conflictividad casi permanente. No hay más que echar mano de la documentación existente sobre cualquiera de las Audiencias establecidas para administrar justicia (o injusticia). Existen no pocos estudios sobre los expedientes de estas instituciones en la América hispana.

La extrañeza de los nativos ante las costumbres y pretensiones de los conquistadores llevó a guerras permanentes, pero también a guerras entre los nativos y a guerras entre grupos distintos de conquistadores; el ejemplo de la guerra civil en Perú entre Pizarro y Almagro es paradigmático de lo que decimos. Pero hay varias diferencias notables entre la conquista y colonización española y otras: se producía en un continente desconocido hasta entonces por el resto del mundo; la abundancia de crónicas que han llegado a nuestros días donde se nos informa de las circunstancias y esos mismos conflictos que han sido una constante. No creamos que dichas crónicas fueron siempre favorables a los conquistadores (Díaz del Castillo, López de Gómara…), sino también desfavorables (Bartolomé de las Casas, Bernardino de Sahagún, Guaman Poma de Ayala…). Además hubo no pocos frailes que denunciaron los abusos de los encomenderos, desde los primeros tiempos de la conquista hasta el siglo XVIII, cuando las reformas de la monarquía española pretendieron una mayor racionalidad en la colonización… justo cuando ya estaban entrando en América las ideas de la Ilustración, las noticias de la independencia de las colonias británicas del norte, los acontecimientos de la Revolución Francesa. Otra diferencia es el fenómeno del mestizaje, tan fecundo como en ninguna otra situación histórica.

Cuando los grupos dirigentes de la sociedad americana deciden independizarse de la monarquía española, aprovechando la coyuntura de la invasión francesa de España, no hay ruptura alguna entre los que acapararon la riqueza y gobernaron los diversos territorios de América: entre la América hispánica y la América independiente son los mismos los que gobiernan; entiéndase las mismas clases, los criollos o descendientes de españoles nacidos en América desde generaciones. No habrá virreyes, pero buena parte del personal administrativo y judicial será el mismo, buena parte de los generales y oficiales del ejército serán los mismos; los mismos seguirán administrando sus haciendas, teniendo esclavos negros, abusando de las mujeres de condición servil (como en época de la colonia), los mismos que administrarán la Iglesia (muchos obispos eran ya criollos desde hacía tiempo).

La independencia de la América hispánica (como de Brasil) se hace respecto de las monarquías respectivas, no respecto de una clase que era la que dominaba y la que seguirá dominando. Es más, esa misma clase es la que conducirá, a partir del siglo XIX y durante el XX, a una interminable sucesión de golpes de estado, traiciones, guerras cruentísimas, dictaduras, regímenes corruptos (como en la colonia).

México tardó en incorporar Yucatán a la soberanía nacional; Argentina empleó buena parte del siglo XIX en extender su dominio hacia el territorio de los pampas y la Patagonia, Chile tuvo que esforzarse en colonizar la zona austral, pero para esto hubo que someter a los pueblos indígenas que preexistían… como en los siglos XV y XVI. Piénsese en la exploración del río Colorado en Argentina, la lucha entre chilenos y argentinos por el territorio pehuenche, el exterminio de ranqueles y patagones, el destino de los pawnee en el centro de Estados Unidos, las luchas entre Buenos Aires y Brasil por hacerse con Uruguay, los molecôes y otros esclavos en Brasil, los anexionistas cubanos a favor de Estados Unidos, la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, la del Pacífico entre Perú, Bolivia y Chile, por poner solo algunos ejemplos.

Las novedades en la América republicana (sólo dos estados ensayaron monarquías, México y Brasil) son las mismas que se experimentan en Europa: avance del laicismo y del anticlericalismo, de la masonería, del capitalismo económico, de la sociedad de clases… Entones ¿cuál es el secreto? Puede que esté en la naturaleza humana, a la que poco importa la época, las condiciones o la historia de cada momento. Los que celebran las victorias patrias (a un lado y otro del océano) sin un mínimo de crítica, están condenados a vivir en la ceguera, una ceguera que es peor que no tener ojos.

 

martes, 8 de noviembre de 2022

No poca osadía y mucha miseria


Casa de Diego Velázquez de Cuéllar en Cuba

El gobierno de Cuba por parte de Diego Velázquez de Cuéllar estuvo lleno de infortunios con final muy desfavorable para él, pero antes de la definitiva traición de Hernán Cortés, el de Cuéllar había fundado no pocas villas en la isla con el resultado de que aún permanecen con su correspondiente desarrollo histórico.

Velázquez acompañó a Colón en su segundo viaje a las Indias, pero no sería gobernador de Cuba hasta 1511 valiéndose de Nicolás de Ovando, al que consideró buen conocedor de los indios, tanto de La Española como de Cuba. En la primera isla citada había sido criado de Diego Colón, pudiendo ver cómo este, para hacer valer su autoridad, produjo la matanza de ochenta caciques indígenas. Velázquez colaboró en pacificar la isla y se hizo, mientras tanto, inmensamente rico, lo que luego le permitiría, a su costa, armar varias naves y contratar a trescientos hombres para llegar a Cuba.

Ya en esta isla no dejó de tener opositores, como es el caso de Francisco Morales, el cual denunció a nuestro hombre cuando ya Cortés era uno de los secretarios de Velázquez. En tales circunstancias se deshizo de la autoridad de Diego Colón, causando un precedente de lo que luego haría Cortés con respecto a su persona, mientras el rey, en España, estaba informado de casi todo, porque no faltaban quienes le dirigían cartas por las que se podía hacer una idea del desorden que reinaba en las tierras recién conquistadas.

Pánfilo de Narváez, que tendrá su protagonismo más tarde, empezó por desembarcar con 300 flecheros en Baracoa, extremo este de la isla de Cuba, donde fue atacado por los indígenas con tal furor que se vio obligado a pedir socorro. Recibido este, se dedicó a repartir indios a cada cristiano de los que le habían acompañado, comenzando algo que será común más tarde, en realidad herencia de lo que ocurría en Europa, pero en las Indias conocido con el nombre de encomienda. Al tiempo pidió reunirse con varios caciques y les anunció que, desde ese momento, el señor de todos sería el rey de España.

Velázquez en Cuba no consiguió evitar los abusos sobre los indios, uno de los cuales, caracterizado por su resistencia a la dominación española, cuando un franciscano le ofreció el bautismo antes que la hoguera, contestó que si los españoles estaban en el cielo prefería el fuego, lo que sabemos por los cronistas de la época. Comenzó entonces una gran mortandad debida a las viruelas llevadas por los españoles a la isla, para lo que los indígenas no tenían defensas biológicas, y esto ya cuando Bartolomé de las Casas se encontraba por primera vez en Cuba (1512).

En uno de los muchos episodios fueron llevadas dos mujeres y un hombre ante Velázquez, los cuales tres habían sobrevivido durante varios años desde el naufragio que sufrieron en anteriores viajes, y esto habla –si no tuviésemos el homérico viaje de Cabeza de Vaca- de las enormes penalidades que muchos tuvieron que sufrir en esa aventura y esperanza por encontrar metales preciosos. Decidió entonces Velázquez visitar la parte oriental de la isla.

Lo cierto es que no disponemos de ninguna información por parte de la población indígena cubana, habiéndose conservado solo algunos vocablos que aún perduran y los topónimos que dan nombre a no pocas localidades. En este caso sí se puede hablar de genocidio, no buscado, aunque no faltaron las crueldades, y este es el origen de la abundante población negra en Cuba, ya que la indígena fue extinguida por completo. El curso de los acontecimientos, sin embargo, continuaba: llegaron algodón, vacas, puercos, ovejas y esclavos negros, además de otras mercancías procedentes de Castilla, Jamaica y La Española.

Como no existían monedas para el intercambio de mercancías, el poco oro encontrado se fraccionaba para las transacciones, pero Velázquez no permitió la venta de esclavos, y solo aceptó que realizaran trabajos en el servicio doméstico para los que los habían llevado. Unos y otros veían en sus iniciativas la posibilidad de gloria, pues en 1515 Pánfilo de Narváez informó al rey sobre la gobernación de Velázquez en Cuba, pero ello no impidió que recibiese permiso de Velázquez para armar una flota con destino a Yucatán, poco después de que hubiesen llegado a Cuba unos españoles entre los que se encontraba el joven Bernal Díaz del Castillo. La llegada a Yucatán resultó un desastre para el ejército de Narváez a manos de los naturales, de lo que tuvo noticia Velázquez, pues le fueron enviados dos indios que hicieron de “lenguas” (intérpretes).

Otro viaje fue el de Juan de Grijalba con cuatro naves para bordear la isla, en el curso del cual hizo acopio de recursos (aceite, tocino, ovejas, gallinas…), de lo que fue informando el gobernador. Por su parte Pedro de Alvarado llegó a Santiago de Cuba con oro, hombres heridos, enfermos y mantas mexicanas, pudiéndose comprobar el colorido y calidad de las mismas. También Grijalba regresó a Cuba desde México, informando a Velázquez de que los indígenas no tenían nada de amigables (era la zona que luego se llamaría Veracruz) habiendo sido recibido, no obstante, por una representación de Moctezuma.

Quizá estas noticias hicieron al gobernador renuente para dar el salto al continente, lo que haría Hernán Cortes desobedeciéndole. En todo caso Grijalba fue el primer español que pisó tierra continental de América, pero no le estaría a él reservada la fama. Cortés, por su parte, estaba en Indias desde 1504, dedicándose en La Española a criar ganado, y más tarde sería nombrado alcalde de Santiago de Cuba. Este ascenso quizá le hizo concebir –además de las noticias que tuvo de Grijalba y Alvarado- con el andar del tiempo, la posibilidad de capitanear el salto al continente, lo que llevó a cabo en 1519 con 11 navíos y seiscientos hombres, poco después del regreso de Grijalba.

Una vez en territorio mexica, Cortés y sus hombres entran en contacto con grupos tlaxcaltecas, sometidos y opositores de los aztecas, reclutándolos para embestir, si se diera el caso, al rey de aquellos mexicas. Pero antes envió un cargamento de oro al rey, quizá para legitimar su acción al margen de su superior, el gobernador Velázquez. Este se quejó ante el monarca reiteradamente, pero sin éxito alguno. Reclutó entonces a hombres de la isla en buen número contra Cortés, mientras testigos ante Velázquez se prestaron a informar al rey sobre la desobediencia de enviar oro a España sin permiso del gobernador, rogando este que se diese orden de que los cargamentos fuesen reenviados a Cuba, a lo que el rey hizo caso omiso. La armada de Velázquez tampoco tuvo éxito, pues una epidemia de viruela se lo impidió. Además, el Oidor de La Española no autorizó dicha armada, a lo que Velázquez desobedeció, y en esta ocasión no tuvo inconveniente en embarcar a mil indios cubanos con viruela, entrando la enfermedad en el continente. Así estaban las cosas entre unos y otros.

La intención de Velázquez era deslegitimar a Cortés ante las autoridades mexicas, llevando la capitanía de la expedición Páfilo de Narváez, que fue vencido por Cortés, aunque más tarde fue perdonado por este. Lo curioso es que las naves enviadas por Velázquez al continente sirvieron a Cortés para aumentar su ejército, y los que se opusieron al conquistador sufrieron ahorcamientos o fueron apresados. El rey español estuvo informado de la traición de Cortés, pero debía interesarle más el oro que parecía le podría proporcionar, e incluso este se quejó ante el monarca diciendo que enviar combatientes contra él debía ser castigado. Lo que vino luego ya es más conocido…

 

 

sábado, 24 de septiembre de 2022

El barranco de Babi Yar

 

Sergi Leznitsa, director de cine ucraniano, ha hecho una recopilación fotográfica y fílmica de primera importancia para reconstruir las atrocidades cometidas por los nazis desde el verano de 1941, primero en la parte oeste del país y luego en Kiev y en Jarkov, entre otras zonas[i]. Los filmes y las fotografías fueron obtenidos por los servicios de propaganda nazis, y desde 1943 por los soviéticos. Los ucranianos, que habían sufrido la hambruna y la inmisericorde opresión del estalinismo, caían ahora en manos de los nazis para volver más tarde a la situación de origen.

El 22 de junio de 1941 los blindados nazis entraron por la frontera oeste de Ucrania rumbo a Leópolis, una importante ciudad (hoy lo es más) de la histórica Galitzia, incorporando el territorio de su jurisdicción a la administración polaca, en manos de los nazis desde casi dos años antes[ii].

Jinetes, tanques, motoristas militares, camiones y cañones avanzaron por la geografía poniente de Ucrania arrasándolo todo: las aldeas fueron incendiadas, los campesinos apresados, asesinados si ofrecían la mínima resistencia, las vías de comunicación ocupadas, la ciudad de Leópolis no ofreció resistencia alguna; muy al contrario, no fueron pocos los que, apostados en las aceras de las calles, vitorearon al invasor nazi, luciendo galas regionales las jóvenes, aplaudiendo el gentío que, obviamente, no constituía el total de la población. Quizá los nazis fueron vistos como libertadores de la dictadura estalinista; se derribaron los retratos de Stalin y de Molotov, se pusieron grandes retratos de Hitler en las ventanas de los tranvías, en los edificios públicos, proliferaron las esvásticas, las señales de la ciudad, en alfabeto cirílico, fueron sustituidas por el alemán.

En aquel verano ucraniano, mientras los campos cultivados ardían, algunas explosiones en edificios notables de Leópolis, posiblemente obra de los nazis, fueron excusa para fusilar a los sospechosos o a los más significados colaboradores de la república soviética. Los lanzallamas hicieron su trabajo, la aviación filmó el aspecto desolado de la ciudad, atenazada por el miedo de una guerra de la que ya se sabía el horror en los últimos meses.

Los habitantes de Kiev, la capital política de la república soviética, se aprestaron a cavar fosos, con la tierra llenaron cientos de sacos que amontonaron a modo de empalizadas, construyeron paredones de madera para proteger su artillería… La ciudad presentaba un aspecto cetrino mientras las columnas nazis avanzaban sin resistencia. Inútil: los nazis se hicieron con Kiev y los impecables oficiales fascistas salieron sonrientes a los balcones y a las tribunas para saludar a la población. Repartieron credenciales a los habitantes que aceptaron el nuevo sometimiento que se imponía; sonreían unos y otros ante su suerte, salvadas por el momento sus vidas.

Pronto empezaron los cánticos nazis y las celebraciones en los foros públicos, las primeras órdenes, las detenciones de judíos, los desfiles por las calles, los acordes militares, los empujones y los abusos. Mujeres y hombres desnudos, niños asustados, madres apretujadas intentando encontrar unas en las otras la esperanza que les faltaba. ¿Qué se estaba viviendo? ¿Eran los nazis libertadores?

Entre el 29 y 30 se septiembre de 1941, poco más de tres meses después del cruce de la frontera, un “Sonderkomando” nazi, con la ayuda de dos batallones del Regimiento de la Policía del Sur y de la Policía Auxiliar de Ucrania (hasta ese momento al servicio del régimen soviético) fusiló a 33.771 judíos en un barranco llamado Babi Yar, al noroeste de la ciudad de Kiev, hoy ocupado por la trama urbana.

Se entró en las casas, se hicieron llamamientos para el personamiento de los judíos, se amenazó convenientemente: debían ir con ropa de abrigo, con alimentos y con sus bienes más preciados, de lo contrario… La comunidad judía se plegó ante la fuerza del enemigo y en aquellos dos días y sus noches fueron tiroteados con cadencia criminal y certera (un soldado testificaría, en 1946, que a él le correspondió fusilar a 120).

El barranco, tal y como se muestra en el film, es casi una gran depresión en medio de una meseta cortada. Allí fueron cayendo miles de judíos (y quizá algunos que no lo eran; hablemos desde ahora de seres humanos). Una madre, junto a otras, fue tiroteada pero las balas alcanzaron solo a su hijito, que llevaba en brazos. Ella se desmayó y quedó varias horas quieta hasta que pudo escapar, aprovechando la noche, para contarlo. Otros testigos han aportado, en un juicio que se produjo bajo control soviético en 1946, narraciones espeluznantes, escenas dantescas, horrores sin cuento.

Mientras tanto el avance de los nazis seguía hacia el Este del país; los servicios de propaganda lo filmaban todo para mostrarlo a los altos mandos anexos al Führer: ¡qué eficacia en el cumplimento de las ódenes, qué poderío, que lustre el de los oficiales, que aguerrida la tropa! Es para estar orgullosos de que toda la atrocidad pensada fuese siendo superada en el campo de batalla. Da igual si la población es civil o militar; lo importante es que cae sometida ante el armamento alemán.

Los que no murieron en el barranco de Babi Yar fueron rodeados por las moscas, ávidas de las pústulas, medio cubiertos por el barro, apenas reconocidos por sus familiares, temerosos de encontrar a uno de los suyos. Otros huyeron sin suerte, otros colaboraron mezquinamente, pero tenían un miedo atroz, tenían todo menos lo que un ser humano libre tiene. Aquellos miles de aldeanos, de empleados, de carpinteros, médicos, hojalateros, tenderos, obreros de la construcción, empleados de los servicios públicos, ferroviarios, peleteros, zapateros, enfermeros, madres, hijos mozos, niños con la mirada triste y el semblante sucio y desconsolado. Miles de muertos además de los que fueron cayendo en el barranco de Babi Yar.

El barranco de Babi Yar: en 1952 las autoridades locales ordenaron llenarlo de escombros dejando más sepultados aún aquellos cuerpos descarnados. ¿No tuvieron el valor moral de exhumarlos? ¿No tuvieron esperanza de que les fuese permitido por las autoridades soviéticas? Crímenes y más crímenes, vileza y más vileza; una naturaleza humana caída en la máxima depravación imaginable. En el film de Leznitsa se ve la miseria de unos y la miseria de otros, se ve la ignominia, el horror, la humillación infinita, la soberbia infinita.


[i] “Babi Yar. Contex”

[ii] Leópolis había sido ocupada por los soviéticos en 1939, en “virtud” del pacto germano-soviético para repartirse Polonia, a finales de junio de 1941 cayó en manos de los nazis, en el verano de 1944 volvió al control soviético.

domingo, 3 de octubre de 2021

Somos los primeros

 

                                                           Fósil de Lucy, anterior a homo

Si es cierto que el universo tiene una antigüedad de 13.800 millones de años (que está por ver) y que el ser humano tiene una antigüedad de 2,5 millones, veremos que somos los primeros en un ciclo en el que imaginemos que la especie humana tenga por delante solo cien millones de años, y seguramente tendrá muchos más.

Los científicos, sobre todo físicos, cosmólogos y matemáticos por un lado, y los filósofos, teólogos, antropólogos, etc. por el otro, nos hablan de un “big-bang” que –digámoslo cuanto antes- no ha sido más que una forma accidental de designar el origen del universo, de forma que antes de dicho “big-bang” no existiría el tiempo, y por lo tanto tampoco el espacio.

Valga decir que el que el universo se haya ido formando a partir de una masa densísima comprimida en un espacio que podría no ser mayor que una cabeza de alfiler, requiere un gran acto de fe, porque no hemos tenido ocasión de comprobarlo y los científicos no han hecho sino enunciar teorías que, eso sí, parecen verosímiles a partir de las ecuaciones matemáticas que las podrían confirmar. Después de ese primer momento vendría la inflación, es decir, una expansión rápida del universo hasta que se formasen las primeras estrellas, estas se agrupasen formando galaxias y estas se multiplicasen al tiempo que el universo se expandía –y se expande- al parecer ilimitadamente; o tal vez limitadamente para implosionar y volver toda la masa del universo a contraerse en un espacio tan pequeño como la cabeza del alfiler…

A falta de que los físicos, los cosmólogos y los matemáticos nos anuncien nuevas comprobaciones, pues no todos están de acuerdo con lo que publican los otros, los paleontólogos, arqueólogos, antropólogos, filósofos y otros tienen también un interesante trabajo por delante para darnos luz sobre si los primeros homo tienen una antigüedad superior a la dicha, o si han existido homínidos que, extintos, aportarían más datos sobre la naturaleza originaria de homo.

Hemos alcanzado un nivel tecnológico no desdeñable en muchos campos: la genética, los logaritmos, los transistores y los chips, el estudio del universo y los satélites a nuestro servicio, el comportamiento de los astros y el funcionamiento de los agentes que forman parte de las atmósferas (por ahora solo sabemos suficiente de la de La Tierra). Nos encontramos, sin embargo, muy lejos de poder estar satisfechos en materia neurológica, y no pocas “leyes” que se habían considerado definitivas, han sido revisadas y aún arrumbadas.

La física newtoniana, por ejemplo, con haber sido un monumento para el conocimiento de la naturaleza, no es ya definitiva, como tampoco está todo dicho en cuanto a las demostraciones darwinistas, por muy importantes que sean para el conocimiento de los seres vivos animales. No debemos olvidar que Copérnico no fue el primero en enunciar el heliocentrismo, pues muchos siglos antes, en el III a. de C., Aristarco ya lo había intuido, pero en ambos casos nada más. Tuvo que venir Galileo para demostrarlo y pagar por ello.

Como es muy difícil concebir que el universo tuvo un origen como se defiende por algunos científicos (casi todos) los teólogos y filósofos han reflexionado sobre los límites de la ciencia, en los que están de acuerdo aquellos y estos, planteando la existencia de una fuerza, energía o ser no material, que estaría en el origen de todo. Millones de personas en el mundo así lo creen, pero ello se debe a razones culturales y de tradición; en todo caso sería pretencioso por parte de cualquiera desechar las creencias de millones de personas, algunas de las cuales muy sabias, como Platón, Aristóteles, Plotino, Tomás de Aquino, Descartes, Spinoza, Kant, Unamuno, Ortega, Zubiri y otros muchos. El mismo Albert Camus, descreído donde los haya, concibió que tenía que haber una justicia absoluta (atormentado por la injusticia que veía a su alrededor) lo que está a un paso de Dios, pues no otro concepto está relacionado con dicha justicia absoluta.

Los que dicen que Dios existe, en realidad no lo saben, y los que dicen que no existe, tampoco lo saben; se limitan a expresar su confianza en lo que dicen, pero sin poder aportar prueba empírica alguna; por lo tanto, ya que lo del big-bang está por ver, vayamos a lo que nos puede resultar más cercano y comprensible: la antigüedad del ser humano en La Tierra (bien entendido que también está por ver si hay otros seres inteligentes en otros astros o galaxias; el concepto de inteligencia también podría ser distinto en este caso, con lo que nos complicamos aún más).

Dos millones y medio es muy poco tiempo; somos los primeros, a pesar de los muchos avances científicos y técnicos que hayamos alcanzado, a pesar de lo sofisticado de nuestras reflexiones filosóficas y teológicas. Imaginemos –si es que podemos- qué será el ser humano dentro de cien millones de años (seguramente poco para lo que es previsible que exista antes de su extinción o evolución en otro ser distinto del que conocemos como tal). Como somos los primeros, pues nuestra antigüedad no supera los 2,5 millones de años, cabe pensar que, al ritmo actual, el desarrollo epistemológico será enorme dentro de algunos millones de años… si es que no se ha destruido todo, porque de la misma manera que el universo podría implosionar (otro acto de fe) el ser humano también podría destruirse o extinguirse después de haber cumplido su papel, bueno o malo, en el mundo, en el universo.

Esto de ser los primeros debiera hacernos reflexionar sobre nuestra pequeñez, si no hubiese razones suficientes que ya la demostrasen, aunque nos creamos que estamos en el cénit de nuestro desarrollo como animales racionales. ¿Será nuestra mente más poderosa en un futuro lejano? ¿Será esto posible sin una mayor complejidad de la maraña neuronal de nuestro cerebro? ¿Cómo se manifestará nuestra conciencia dentro de unos cuantos millones de años? ¿Qué relación habrá entre nuestra conciencia y los valores morales que se sostengan dentro de unos cuantos millones de años?

De la misma forma que las primeras células que dieron origen a la vida en La Tierra, fueron enriqueciéndose en proteínas y otros elementos ¿cabe pensar que el ser humano también desarrollará mediante un enriquecimiento en los componentes de carbono y nitrógeno su constitución?

Somos los primeros; los que vivan dentro de unos cuantos millones de años quizá también puedan considerarse los primeros si la vida de los seres humanos se desarrolla durante varios milenios de millones de años…

(La fotografía está tomada de publico.es/ciencias/lucy-primer-hominido-camino-erguido)

jueves, 30 de septiembre de 2021

Un día en Os Ancares

 

facebook.com/LucensesSinLua

En el municipio de Becerreá, provincia de Lugo, se encuentra la aldea de Penamaior, donde visitamos un antiguo monasterio del siglo XII del que solo queda la iglesia y algunas construcciones en ruinas. Una fuente y un molino aprovechan el agua de un riachuelo que lleva el nombre de Convento, aunque el molino, muy posterior al siglo citado, no está en uso.

La iglesia se encuentra bien conservada, tanto en su interior como en su exterior, pues ha sido convertida en sede parroquial. Una fachada sobria con portada románica entre dos contrafuertes, los que indican la separación entre las naves laterales del interior y la central. Sobre la portada un relieve con mitra y báculo, probablemente porque los abades, en algún momento, fueron mitrados. Tres vanos en la parte superior, mayor en el centro y, sobre él, una espadaña con dos huecos que da equilibrio a una construcción de no mucha altura.

En el muro de la izquierda, según se mira hacia la fachada de la iglesia, un rosetón que puede estuviese antes en la fachada, aunque no hay documentación que lo acredite. El interior es rústico, con columnas gruesas de planta circular y otras cruciformes; arcadas apuntadas entre las naves y tres ábsides, el central con un retablo barroco. Se conservan capiteles figurativos y otros con motivos vegetales, en algunos con el ajedrezado jacetano y estando otros restaurados.

Lo que fue monasterio está en ruinas, pero se adivina una sencillez absoluta, muy lejana a los grandes cenobios que todos conocemos; se conserva, no obstante, una escalera de piedra muy llamativa y algunas construcciones con muros de mampostería.

En dirección sur se llega a Liñares, nombre que hace alusión al cultivo y quizá el trabajo del lino, y poco después a Cereixal, donde se encuentra una “casa grande” con todas las características del poderío, incluyendo el alto muro que la cierra.

En la misma dirección se llega a la villa de Becerreá, donde también hay algunos edificios notables bien aprovechados para la utilidad pública, como la antigua cárcel del siglo XIX que ahora el sede del Juzgado. Y desde aquí, hacia el Este, se llega a Ponte Gatín, o “ponte do demo”, una construcción medieval con una sola arcada y doble pendiente sobre el curso alto del río Navia. Teniendo en cuenta que parece documentada la vía XIX de Antonino, el airoso puente sería un hito en su recorrido.

La vegetación, en todos los lugares que hemos citado, es exuberante y umbrosa, formada por especies forestales autóctonas: carballos y castaños sobre todo, pero también abedules y manzanos. Abundan los prados, pues es zona ganadera para leche y carne de vacuno, acompañando el clima lluvioso y de montaña para conservar el verdor perenne de las laderas, las vaguadas y los valles.

Podemos encontrar pallozas, construcciones antiguas de familias campesinas de una sencillez asombrosa que se remontan a siglos atrás, con techumbres vegetales y muros de sillería o mampostería: Pedrelada, Fontarón, Regosmil…También encontramos hórreos que se parecen a los asturianos, cuadrados en su planta: Pontes de Gatín, Pedrelada…, molinos en Cruzul y Gatín…

Estamos en los Os Ancares, una comarca montañosa formada por varias sierras al Este de la provincia de Lugo que se extiende a la de León. En las proximidades de Triacastela nace el río Navia, pródigo en meandros, atravesando de sur a norte Os Ancares, abundante en caudal que se aprovecha, ya en tierra asturiana, para el gran embalse en Grandas de Salime y los más pequeños de Doiras y Arbón.

Hay algunos castros excavados, como el de Santa María, en el municipio de Cervantes, unas pocas construcciones redondeadas a la espera de que salgan a la luz sus compañeras, en el rellano de una ladera, con arborescencias y matorrales. Piedras o fitos que marcan límites (Agüeira), un dolmen en Pedra Cobertoira, roquedos con formas caprichosas que se asoman al aire, vistas panorámicas de unas montañas viejas azotadas por la erosión y la antigüedad.