sábado, 19 de noviembre de 2022

La crónica de un mestizo

 


La “Crónica mexicana” de Fernando Alvarado Tezozómoc, contrariamente a otras, se dedica a exponer la grandeza del linaje de su autor, mestizo y descendiente del mismo Moctezuma y de sus antepasados, todos nobles. Escrita en castellano con vocablos en náuatl, existen varias copias, una de ellas en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, pero se ha perdido el original.

Alvarado Tezozómoc nació en la década de los veinte del s. XVI y murió en 1600, participando de la educación que se daba a los nobles en colegios establecidos por los españoles; allí aprendían náuatl si no lo conocían, latinidad, castellano, historia antigua, particularmente romana y otras disciplinas.

La Crónica de Alvarado Tezozómoc, contrariamente a otras, no consta de ilustraciones, y debe tenerse en cuenta que nuestro personaje no vivió la conquista de Tenochtitlan, pero sí la pérdida de los privilegios de la nobleza a la que pertenecía, por lo que buena parte de su obra la dedica a reivindicar el derecho sobre los mismos. Es curioso que en no pocas ocasiones la descripción que hace de las conquistas de sus antepasados están tomadas de las que había aprendido de César en la Galia y otros lugares del Imperio Romano.

También dedica una parte de su Crónica a la historia de su familia antes de la llegada de los españoles, poniendo de manifiesto el protagonismo de aquella. El cronista se mueve entre dos mundos, capaz de asistir a la iglesia para los oficios religiosos pero manteniendo sus ídolos al mismo tiempo. Esto, que le fuera reprochado en alguna ocasión por Fray Diego Durán[i], dominico, fue respondido airosamente por Alvarado Tezozómoc como mestizo, necesitando ser fiel a ambas tradiciones.

En su obra nos habla de la guerra, el comercio, los tributos, costumbres, gastronomía (incluso por regiones) y detalla la invitación que Moctezuma hizo a los españoles con una gran variedad de alimentos (aves, hortalizas, empanadas, conejos) aderezados de las más variadas maneras, para ponerles a prueba: si comían dichos alimentos era señal de que eran divinidades enviadas por su dios, pero si los rechazaban habría que descartar tal posibilidad. Los españoles de Cortés, que recibieron con mucho gusto la invitación –señala Alvarazo Tezozómoc- exigieron no obstante que los nativos probasen antes los alimentos, en lo que quizá fueron ingenuos, pues de estar envenenados, los indígenas quizá conociesen los antídotos…

Expone con detalle la fauna de la época en el reino mexica, sobre todo aves, pero también insectos lacustres, caracoles que se capturaban para hacer ofrendas; garzas y pájaros bandera por la variedad del colorido en el plumaje de cada uno de los individuos, lo que sin duda causó la admiración de los españoles. También describe la existencia de pumas y ocelotes, ambos para la obtención de pieles; gatos monteses, víboras y serpientes de cascabel de diferentes coloraciones, peces que los españoles creyeron truchas, etc.

Se describe también en la Crónica el sometimiento de los pueblos del valle de Veracruz después de haber sido recibidos los de Cortés con todo tipo de alimentos y flores, de tal variedad que se pone de manifiesto el desarrollo cultural de estos pueblos, porque las elaboraciones eran muy variadas. Comienza la Crónica con la decadencia y linaje en Nueva España (escrita en 1598) de “los yindios mexicanos que abitan en este Nuevo Mundo, el tiempo que llegaron en la ciudad de Mexico Tenuchtitlan, asiento y conquista que en ella hicieron…”. Continúa con la muerte del rey de los mexicanos Acamaplichtli[ii] “y el rrey que su lugar se puso y las cosas que suçedieron con los comarcanos”, tratando de la “baxada que bió el rrey Teçocomochtli a los mexicanos haziéndoles libres y francos de la seruidumbre tenía dellos…”. Se nota que es un mestizo de cultura conquistadora pero que no abandona su raíz mexica, precisamente por pertenecer a la nobleza de los reyes que precedieron a Moctezuma.

La publicación impresa de la crónica tuvo que esperar hasta 1848, edición de Lord Kinsborough; y más tarde la de Orozco y Berra, que ha venido reimprimiéndose hasta el presente. Una y otra procedían de copias tardías del original. El manuscrito de Kraus, por su parte, consta de 158 hojas de texto de un tamaño de 305 milímetros de largo por 213 de ancho, es decir, el tamaño llamado folio menor. En la obra abundan las  digresiones fabulosas, pero hay ediciones que no prescinden de ellas, porque son expresión –se dice– de la religión, de la filosofía, del estado social, de la civilización en suma de los pueblos a que corresponden. El interés de Tezozómoc por el lenguaje llega a veces a niveles obsesionantes que dificultan la lectura, pues incluye continuamente largas y repetitivas listas de voces náhuatl acompañadas por su traducción.

Describe la coronación de Ahuitzotl[iii] con las siguientes palabras: “E acabado esto, le ponen la corona, que es azul, de pedrería rrica, como media mitra le llaman xiuhtzolli. Luego le aguxerean la temilla de la nariz dentro de las bentanas de la nariz y luego le ponen lo que llaman…”. El interés de esta crónica es que nos permite conocer –con los errores que el autor haya cometido- la situación de los reyes y nobleza azteca antes de la llegada de los españoles.



[i] 1537-1588, historiador como autor de una “Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme”

[ii] Debió vivir entre 1336 y 1387, quizá el primer rey de los mexicas.

[iii] Autoridad religiosa, militar y política de los antiguos mexicas.

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