jueves, 30 de julio de 2015

La guerra de Arauco (2)



Río Biobio en Chile

Aunque Valdivia y los suyos consiguieron derrotar a los indígenas en los cerros de Chillox, cerca de Valparaíso, capturando incluso a su jefe, los levantamientos no cesaron entre 1541 y 1544: en el valle del Aconcagua, en los alrededores de Santiago, que fue sometida a cerco, y al sur del río Maipo (todo en el centro del actual Chile). Los indígenas basaron su lucha en los pucarás o fortificaciones, así como en quemar los campos cultivados y, cuando procedía, la huída a las montañas no controladas por los españoles. Los picunches, sin embargo, propusieron el abandono de los asentamientos indígenas al norte del río Maipo demostrando con ello el establecimiento de una frontera con los españoles. Esto fue aprovechado por Valdivia para tomar un fuerte en Angostura.
 
Los españoles recibieron en 1543 refuerzos llegados desde Perú; al mando estaba Alonso de Monroy que, a cambio de su colaboración, recibiría tierras y encomiendas, aunque murió dos años más tarde. De todas formas los lonkos, jefes mapuches con funciones religiosas, se dieron cuenta de que los españoles no eran invencibles. 
 
Lázaro Avila considera que los españoles no dispusieron de muchas armas de fuego, por lo que no fue esto el factor decisivo en sus victorias, sino disponer de caballos, que los indígenas llegarían a tener también. A partir de la segunda mitad del siglo XVI fueron adquiriendo armas españolas (fundamentalmente blancas), mientras Valdivia fundaba en la bahía de Talcahuano la ciudad que luego sería Concepción, verdadero centro neurálgico para los ataques españoles desde este momento. Siguió un febril proceso de fundación de ciudades: La Imperial en 1551, Valdivia y Villarrica en 1552 y Angol en 1553. También se constituyeron plazas fuertes como Arauco, Tucapel y Purén, las dos primeras en las proximidades del Bíobio y la última más al sur. 
 
Al norte del Bíobio, en lo que ahora es Concepción, se descubrieron las minas de oro de Quilacoya, lo que llevó a la ambición sin tener en cuenta, al parecer, el peligro que corrían los españoles en la zona. De todas formas la colonización de estas regiones fue apresurada y débil, además de que la temprana distribución de encomiendas llevaría a la primera gran sublevación indígena, la de 1553. Las condiciones de trabajo a las que eran sometidos los indios la explican, y la muerte de Pedro de Valdivia en la lucha hizo que a los mapuches se unieran los huillinches del sur. Cuatro años de rebelión obligó a los españoles a despoblar las ciudades de Concepción, Angol y Villarica. Un ejército español al mando de Francisco de Villagra no fue eficaz, pues hubo disensiones entre este, Rodrigo de Quiroga y Francisco de Aguirre.
 
Al frente de los indígenas estaban los jefes Lautaro y Caupolicán, que morirían en esta contienda, pero en la batalla de Marigueñu, Villagra sufrió una derrota con muchos soldados muertos y teniendo que despoblar Concepción. Francisco de Aguirre luchó también en la conquista del noroeste de Argentina, habiendo participado en el saqueo de Roma en 1527. Rodrigo de Quiroga participó en la exploración del Gran Chaco con Diego de Rojas, teniendo la confianza de Valdivia. 
 
El indígena Lautaro fue un mapuche que participó en 1550 en la batalla de Andalién, cerca de Concepción, viendo los abusos que Valdivia cometió contra los mapuches (mutilaciones). No obstante, al año siguiente, Lautaro colaboró con Valdivia en la construcción de los fuertes de Cautín y Villarrica, pero se fugó de la vigilancia del español. Los cronistas le retratan con una gran habilidad como guerrero y como líder militar.

Caupolicán fue un toqui mapuche (líder militar) al que se refiere Alonso de Ercilla en su obra. Tras la muerte de Lautaro los mapuches fueron derrotados en la batalla de las Lagunillas, cerca de la desembocadura del Bíobio; entonces fue elegido Caupolicán como toqui, participando en las batallas de Millaraupe y de Cañete, en la región del Bíobio. Las dos batallas fueron favorables a los españoles, huyendo Caupolicán en la segunda pero, perseguido, fue apresado y muerto tras la batalla de Antihuala (1558). Una muestra de la crueldad de la época es que el toqui mapuche fue empalado, orden que dio Alonso de Reinoso cuando era corregidor de Cañete.
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Fuente: "La transformación sociopolítica de los araucanos...".

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