domingo, 20 de octubre de 2013

El sarcófago de Herodes

Herodes "el Grande" mandró reconstruir el templo de Jerusalén (hoy solo queda un muro) y cuando murió se le enterró en un mausoleo de veinticinco metros de altura cuya parte central se ha podido ver en una exposición arqueológica en Israel. Esto es coherente con la obsesión que este rey tuvo por la arquitectura, pues mandó construir varios palacios, restos de los cuales se han expuesto también. En cuanto al mausoleo quizá lo que tenga más interés sea el sarcófago, hallado en Herodión, cerca de Belén. El encuentro se debe al equipo de arqueólogos dirigidos por Ehud Netzer.

El mausoleo constaba de tres alturas y en la exposición se ha reconstruido la sala del trono en Jericó. El sarcófago tiene toda la influencia de la cultura grecolatina, con una cubierta a dos aguas y frontones con decoración aunque se ha perdido parte de la misma. En la parte frontal un gran rosetón ricamente labrado es el motivo más sobresaliente desde el punto de vista decorativo. 

Judea ya estaba bajo la dominación romana, los judíos ya habían dado muestras de su oposición a los soldados y administradores romanos pero Herodes, sin embargo, se mostró complaciente con ellos para conservar el poder. Su reinado fue largo, superior a cuarenta años y, auque judío, su cultura era griega. Su muerte, en el año 4 después de Cristo, le impidió conocer lo que sería el nacimiento de la facción judía que luego se conocería como cristianismo.

Herodes fue coetáneo de las primeras décadas del Imperio como régimen romano, de los últimos años de la República y de Octavio Augusto. Su mausoleo, en el cual se encontró el sarcófago, fue grandioso no ya por la pretensión constructora del rey, sino porque se sometió de tal manera a las autoridades romanas que le fue permitida su construcción.

sábado, 19 de octubre de 2013

Guaraníes y jesuitas

Ruinas de San Ignacio (nordeste de Argentina)
Al sur de Perú, lejos de la costa, se encuentra Juli, la primera misión jesuítica en América, aunque quizá los dominicos llegaron antes. Los jesuitas llegaron solo comenzar el último cuarto del siglo XVI. Cerca del lago Titicaca aún se encuentra allí la iglesia de San Pedro, con su aspecto macizo, su torre rematada en cúpula y sus dos cuerpos en la fachada, tipicamente barrocos. Cerca, las pequeñas casas en la ladera, el lago en su inmensidad y la iglesia de Juli, con su fachada lateral destacando sobre la horizontalidad del edificio aladrillado y rojizo. Hoy la población, a poco más de 16º sur, todavía conserva la fisonomía de la misión jesuítica en cuadrícula, con calles trazadas a cordel, con manzanas regulares y la plaza de Armas en el centro. A casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar, el clima es soportable gracias a la altura.

Ruinas en una de las misiones del Paraná
A partir de principios del siglo XVII los jesuítas se desplazaron a la región del Guayrá, cerca del río Paraná. El clima húmedo propio de las proximidades del trópico propiciaba la existencia de una tupida selva que era el hábitat de los guaraníes. Estos vivían en pequeños núcleos de población no muy lejanos unos de otros. Cultivaban y se valían de animales domesticados para los trabajos y para la alimentación, pero al cabo de unos pocos años abandonaban el lugar -que había sido rozado- y se instalaban en otro. Así hasta que había transcurrido un tiempo y el primer lugar se encontraba otra vez en condiciones de ser cultivado. 

Entre los guaraníes hubo conflictos y guerras intermintentes, pero también entre estos indígenas y los criollos españoles y portugueses, que querían hacerse con mano de obra esclava para ser llevada a Asunción o al sur de Brasil. La lucha contra estos depredadores fue una constante y cuando los jesuítas se instalaron en la zona tuvieron que combatir las incursiones de los blancos en sus rapiñas. En este ambiente constituyeron los jesuítas sus misiones, poblados de nueva planta que se adaptaban, en cada caso, a la comunidad indígena de que se tratase. Nunca les fue impuesto un determinado tipo de poblado sino que dichas misiones presentan ciertas semejanzas, pero también diferencias en su fisonomía. Al mismo tiempo los jesuítas, que tenían un doble objetivo, defender a los indios de la opresión y cristianizarles, respetaron -según Graciela Viñales- sus mitos, leyendas, tradiciones, las fuerzas cósmicas y la presencia constante de la divinidad, las plantas, los animales, los ciclos estacionales, el monte, el agua y en general sus formas de vida. 

También respetaron los jesuitas a los chamanes y caciques de los guaraníes, pero estos tendieron a prescindir de la autoridad de los últimos, propensos al egoísmo, y seguir en cambio fieles a los sacerdotes en sus creencias ancestrales. En la medida en que dichas creencias fueron compatibles con el cristianismo los jesuítas realizaron una labor económica, cultural y humanitaria de gran altura, muy apartada de la de las jerarquías eclesiásticas de la época, y esto mismo se puede decir de franciscanos, dominicos y otros monjes en América. 

Algunas misiones fueron las de Itapúa, Yapeyú y Candelaria, atendidas por fraciscanos y jesuítas. Itapúa se encuentra al sur del actual Paraguay, cerca del río Paraná, fundada en 1607 y perdurando hasta la expulsión de los jesuítas en 1768. La fundación correspondió al criollo Roque González de Santa Cruz, natural de Asunción, habiendo ya participado en la misión de Encarnación y en la de San Ignacio Mini. Otras misiones fueron Trinidad, Corpus, Loreto, Apóstoles, Concepción, Mártires. Yapeyú se encuentra al borde del río Uruguay, a donde llegaron en 1627 los jesuítas y más tarde fue la sede de la autoridad jesuítica de estas misiones. Sus habitantes se dedicaron fundamentalmente a la ganadería y fueron de los que más tuvieron que soportar los ataques de los bandeirantes o cazadores de indios para llevarlos a las poblaciones criollas de Brasil. Candelaria se encuentra hoy en la provincia argentina de Misiones. 

Planta de San Ignacio Mini (Argentina)
La Cruz, San Ángelo y otras misiones entre las actuales Paraguay, Uruguay y Argentina, forman el extremo meridional de otras misiones más al norte, como Chiquitos, Moxos y Maynas; la primera y la segunda en la actual Bolivia y Maynas al norte de Perú, en la región montañosa por la que se despeñan los ríos que van a desaguar al gran Amazonas, después de su curso alto o Ucayali. En todas estas regiones, siempre con abundancia de agua, con selvas y vegetación abundante, al lado de grandes rios en ocasiones, con climas tropicales, los jesuítas desarrollaron una labor que nada tiene que ver con la de los encomenderos y los explotadores de indios mitayos.

viernes, 18 de octubre de 2013

La ideología de Ludwig Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein

Yo creo que no tenía una ideología definida, porque de ser así habría entrado en múltiples contradicciones. Lo que tenía este filósofo austríaco es una actitud ante la vida que le llevó a pensar en irse a vivir a la Unión Soviética, por ejemplo. Como señala Vicente Sanfélix no es lo mismo hablar de Wittgenstein cuando era joven que en su edad madura (vivió sesenta y dos años muriendo en 1951). Puede que en su juventud fuese liberal y luego evolucionó hacia el conservadurismo, pero no en tanto que opiciones políticas sino en cuanto concepciones del mundo. En algún momento también puede haber parecido un nacionalista, pero su concepción de la ética (y la ética es lo que realmente define a este pensador) le llevó a una vida de austeridad, cuando era rico, lo que se nota más que nunca en su etapa de profesor en Cambridge.

Como el término liberal se puede entender de manera muy distinta en unos países y en otros y de igual manera no es lo mismo el liberalismo político que el liberalismo económico, en el caso de que nos inclinásemos por encasillar a Wittgenstein como liberal habría que hilar muy fino para decidirse por que tipo de liberalismo sería el suyo. Seguramente él nunca se definió ni como liberal ni como conservador, nacionalista, socialista, comunista..., porque "el núcleo de todo su pensamiento filosófico" fue su concepción del lenguaje. Vicente Sanfélix, de la Universidad de Valencia, ha captado una opinión del filósofo austríaco sobre las mujeres: llegó a decir que todas las que conocía eran idiotas, por lo que las mujeres lo eran, lo no tiene racionalidad de ningún tipo y por lo tanto tampoco lógica. Años más tarde se arrepentiría de tal opinión con vehemencia. 

Wittgenstein adoptó una actitud cosciente ante la vida y ello le llevó a participar voluntariamente en la primera guerra mundial, trabajó como maestro de escuela incitado por las preocupaciones pedagógicas que en Austria hubo durante los años veinte del siglo XX. Para él la ética trata de lo que realmente importa, y la ética debe de inspirar y conducir toda acción política y ante la vida. La ética es lo que merece la pena en la vida. También se puede decir de él que más que un seguidor del racionalismo fue un romántico que puso el acento en desdeñar el mundo occidental por haberse encaminado en el utilitarismo. Él era partidario de un cierto primitivismo vital hostil a los valores burgueses. Ve en la austeridad un valor, como en la tradición y minusvalora la libertad política para preservar los valores tradicionales.

Observando con detenimiento lo que se ha denominado mundo occidental, excluye a Rusia de este y valora la revolución soviética (hay que tener en cuenta los años en los que vivió) no como resultado de una supuesta ciencia política que empezaría en Marx para seguir en Lenin y otros pensadores socialistas. La revolución, para él, fue resultado de una pasión (romántica, añado yo); Lenin fue un héroe trágico, no un verdadero director de masas, y Marx no fue un verdadero científico en tanto que inspirador del socialismo, sino alquien que tuvo una ilimitada fe en el proletariado (la fe tiene poco que ver con la razón).

Y si colocásemos a Wittgenstein ante la tesitura de un conflicto social de gran alcance ¿en que lado se situaría él? ¿Actuaría como un conservador? No lo parece, pues desdeña los valores burgueses del negocio y el egoísmo; ¿Actuaría como un liberal? Habría que precisar que entendemos por liberal, porque en su acepción más elemental consiste en el "dejar hacer" según las leyes del mercado y esto podría no ser ético a sos ojos; ¿actuaría como un socialista? Creo que ante todo se dejaría guiar -si fuese coherente con su pensamiento- por lo que considerease ético en cada momento, por lo tanto tomaría una postura en unos casos y quizá la contraria en otros. Por ambiguo que esto parezca lo importante es valorar a Wittgenstein en su concepción de la vida: o es una vida acorde con la ética de la conciencia individual o no merece la pena vivirla.

jueves, 17 de octubre de 2013

Polacos y rutenos


La larga y profunda historia de Europa hace que se den fenómenos que han quedado en el olvido, al menos en parte, y son cosa solo de especialistas. Entre el sureste de Polonia y el oeste de Ucrania, estados actuales, se encuentra el espacio geográfico de Galicia o Galitzia, según la grafía que usan unos y otros. En poder del imperio austriaco y luego austro-húngaro, varias comunidades han convivido, pero sobre todo polacos y rutenos, estos últimos una suerte de ucranianos aunque asimilados tardíamente a esta nacionalidad y con lengua propia (por lo tanto rasgos culturales propios). 

Cuando Stalin, Churchill y Roosevelt se reunieron en la población balnearia de Yalta en febrero de 1945, la guerra mundial ya estaba ganada para los aliados, aunque todavía morirían miles de europeos, asiáticos, africanos y de otros continentes. Al sur de la península de Crimea y al borde del mar Negro, en Yalta se acordó que se separase de Polonia un territorio de unos 177.000 km2 y se anexionase a la Unión Soviética. Los once millones de habitantes que tenía ese territorio al comenzar la II guerra mundial, según Jedrzej Giertych, hablaban lengugas distintas: más de cuatro millones polaco, cuatro millones ruteno, más de un millón bielorruso, un millón hebreo, ochocientos mil polesio (un dialecto ucraniano), ciento treinta mil ruso, ochenta y cuatro mil lituano, ochenta mil alemán y treinta y cinco mil checo. Más de seis millones eran católicos de rito latino y casi tres millones católicos de rito griego, casi cuatro millones ortodoxos griegos, más de un millón judíos, cien mil protestantes y ochenta mil que profesaban diferentes tipos de religión (musulmanes entre otros). Casi no se puede pedir mayor complejidad para un territorio relativamente pequeño. 

Para el que conozca minimamente la historia de Polonia como estado y de los polacos como pueblo, lo ocurrido en Yalta no debe extrañar, pues Polonia ha sido objeto de reparto entre las potencias vecinas en repetidas ocasiones, sobre todo en la segunda mitad del siglo XVIII. Por lo que respecta a la Conferencia de Yalta, Galitzia oriental fue incorporada a la Ucrania soviética y la occidental a Polonia. 

Galitzia, si nos remontamos a la edad media, había pertenecido a la monarquía polaca desde mediados del siglo XIV, aunque poco después pasó a poder de los húngaros para volver a Polonia. Esta inestabilidad se debe a la extinción de la dinastía que gobernaba Galitzia, lo que hizo que unos y otros se la disputasen, pero la mayoría de población polaca inclinó a favor de Polonia aquel territorio. Ya entonces estaba poblado por polacos, rutenos, ucranianos no rutenos, judíos y alemanes.

Cuando terminó la primera guerra mundial se produjo una guerra en Galitzia entre los partidarios de Polonia y un movimiento separatista ruteno, que se desarrolló entre los años 1918 y 1919, aunque según algunos autores estos nacionalistas contaron con apoyo internacional. A las autoridades del vencido imperio Austro-Húngaro les interesaba debilitar al reciente estado soviético y a Polonia, que se beneficiaría de una parte de territorio antes bajo soberanía austríaca, aunque con un cierto grado de autonomía. Un comité separatista, liberado del poder austíaco, proclamó la independencia de la "República de Ucrania occidental", patria de los rutenos. Parece ser que Lloyd George, liberal en materia ideológica, primer ministro británico en el momento, apoyó a los separatistas; puede que porque como galés había apoyado a los nacionalistas de su país contra el centralismo londinense, pero también influiría la intención de debilitar a la que pronto se llamaría Unión Soviética.

Algunas ciudades jugaron un importante papel por su relevancia cultural, política o por haber sido centro de decisiones. Lwów era la capita de Galitzia con su universidad, que pasó por vicisitudes derivadas de la conflictividad en la región. Sufrió mucho durante la primera guerra mundial y su reconstrucción a partir de 1918 coincidió con el intento secesionista ruteno. Cracovia fue centro de la identidad polaca al recobrar los polacos su independencia tras la ocupación rusa desde 1815. Shitomir, por cuanto en 1918 se estableció allí la capital provisional de la República Socialista Soviética de Ucrania, al noroeste del país.

Contra el separatismo se levantó la ciudad de Lwów a comienzos de noviembre de 1918, acaudillada por Czeslaw Maczynski, que como antiguo militar del imperio austró-húngaro tenía experiencia militar, pero en las operaciones no intervino autoridad polaca alguna, ya que Polonia no era todavía independiente. La ciudad había sido sitiada por los separatistas rutenos. Mientras tanto, Cracovia había sido liberada del poder austríaco y poco después lo fue Lublin; Varsovia fue liberada de los alemanes en noviembre y Poznan en diciembre. Wilno no fue liberada hasta abril de 1919, pero con el tiempo Lwów recibió ayuda de otras regiones polacas, lo mismo que ocurrió con ucranianos que apoyaron a los rutenos. En la primavera de dicho año toda la Galitzia oriental fue conquistada por Polonia y las fuerzas militares rutenas y ucranianas fueron desplazadas a la Ucrania dependiente de Rusia.

Esto no fue todo, ya que a la victoria militar siguió la lucha diplomática. Se opuso a que Polonia tuviese la soberanía sobre Galitzia oriental Gran Bretaña, pero dicha soberanía fue reconocida por la Sociedad de Naciones en marzo de 1923. En realidad había muchos polacos en el país consecuencia de migraciones a lo largo de los siglos, sin perjuicio de que, como se ha dicho más arriba, también hubiera rutenos, ucranianos no rutenos y miembros de otros colectivos nacionales y/o religiosos. De todas formas el movimiento ruteno y sus aspiraciones nacionalistas existía desde los movimientos liberales del siglo XIX, particularmente desde 1848, que realizó sus actividades, de muy corto alcance, dentro del imperio Austro-Húngaro.

Habrá que esperar a la ocupación alemana de 1939, que colmó el vaso de la paciencia de los gobiernos británico y francés, para que Polonia volviese a ser ocupada militarmente por nazis y soviéticos, como si el tiempo no hubiese transcurrido: los nazis unieron Prusia oriental a Prusia occidental y Stalin se comportó como el zar Alejandro I en 1815. La liberación de Polonia tras la segunda guerra mundial desplazó su territorio hacia el oeste, pero Galitzia quedaría definitivamente dividida en dos soberanías como muestra el mapa de arriba y de acuerdo con lo decidido -o impuesto por Stalin- en la Conferencia de Yalta.

miércoles, 16 de octubre de 2013

La mujer sentada

"Mujer sentada", 1920
Esta obra es un óleo sobre lienzo de 92 por 65 cm. que se encuentra en el Museo Picasso de París. Muestra los estudios que Picasso había hecho sobre la escultura clásica en el tratamiento de los ropajes, con sus pliegues y colores; al mismo tiempo la monumentalidad de la figura, destacada claramente sobre el fondo y con pies y brazos rotundos, desproporcionados con respecto al cuerpo, que no son ejemplo de ningún canon de belleza. El rosto nos da idea de una mujer joven y pensativa, con encarnaciones formadas por diversas tonalidades del color rosa. En cuanto a los pliegues del ropaje Picasso no los representa con la sutileza de la antigüedad griega, sino de una forma acartonada, rígida en sus dobleces. Es lógico dada la estética geométrica del mundo cubista. 

A esta misma estética corresponden las obras que representan a mujeres corriendo por una playa, con gestos exagerados: otra vez brazos y piernas gruesos y encarnaciones rosáceas. O las tres mujeres hablando con ropajes clásicos, en este caso más acusadamente reveladores de la antigüedad griega. También la mujer que se peina después del baño, en un desnudo casi integral. Atrás quedan las angulosidades de "Las señoritas de Aviñón". Las mujeres de formas rotundas son propias del Picasso de los años veinte, aunque volverá sobre ellas más tarde. 

Debia vivir Picasso en la calle de la Boëtie, en París, y ya había conocido a muchos personajes de la vida bohemia y a otros del teatro y de diversas clases sociales que le inspiraron en varias de sus obras. En particular conoció a Léonide Massine, un bailarín y coreógrafo ruso. Para él decoró Picasso los fondos de "El sobrero de tres picos", de Manuel de Falla. 

De mujeres como la del cuadro de arriba realizó Picasso muchos dibujos, previos a las pinturas, donde se representaban bañistas y modelos que Picasso empleó también para su afición a la escultura. En realidad la monumentalidad y redondez de las formas de estas mujeres tiene mucho de escultórico y los volúmenes no son planos como en las obras más estrictamente cubistas.

martes, 15 de octubre de 2013

Encuentro en Montoire


Entre el centro y el noroeste de Francia se encuentra Montoire, en la zona ocupada por los nazis desde 1940 y tras el armisticio de junio. Es un pequeño pueblo dependiente de Vendôme. Montoire tiene una iglesia gótica, vistosa sobre todo por dentro, un castillo desmochado en las afueras, bonitas casas que parecen haber heredado la decoración exterior de los pueblos alsacianos y, cerca, la iglesia románica de Lavardin. 

El siniestro Laval, que a partir de la entrevista de Montoire sería nombrado ministro de asuntos exteriores del mariscal Pétain, organizó una entrevista entre aquel y el dictador alemán, mientras las relaciones entre la España de Franco y la Francia de Vichy estaban tensas. Según Avilés Farré los regímenes de Pétain y de Franco eran "fascistizantes más que fascistas y eran vistos con cierto desprecio por Hitler, quien en cierta ocasión comentó a Mussolini que la clique formada por 'Acción Francesa', los reaccionarios y el clero que dominaba en Vichy, era equiparable a la que rodeaba a Franco". 

Según el mismo autor el régimen de Madrid no mostró cordialidad alguna hacia el de Vichy, en parte por las aspiraciones territoriales que Franco tenía sobre las colonias francesas en África. Hitler no estuvo de acuerdo en acceder a las pretensiones del español porque los militares destacados en las colonias francesas podrían unirse al general De Gaulle, opuesto a la ocupación de Francia por los nazis. 

Después de que Franco se entrevistase con Hitler en Hendaya (octubre de 1940) se produjo en Montoire la de Hitler con Pétain. Se trataba de decidir como se iban a relacionar los dos regímenes "amigos", el de Vichy y el del Reich. La idea que se ha dado de un Pétain colaborador de Hitler es en parte equivocada: es evidente que no se opuso a la ocupación de su país y se plegó a las exigencias de los nazis, pero siempre con la esperanza de desembarzarse, alguna vez, de la tutela alemana. Otra cosa es que Pétain deseaba para Francia una dictadura conservadora y fascistoide. En las colonias africanas el ejército francés era poderoso, mucho más que el de metrópoli, que no pudo contener la embestida alemana. Pétain se ofreció a Hitler -a cambio de una amplia autonomía- para poner dicho ejército contra Gran Bretaña y al lado de Alemania, es decir, contra la democracia y a favor del nazismo.

No fue un encuentro provechoso para los franceses, ni los de Vichy ni los de la Francia libre. Sí muestra, como en Hendaya poco antes, la política que Hitler seguía con los dictadorzuelos a los que consideraba vasallos y les permitía que se hiciesen ilusiones mientras no contravinieran los intereses del régimen nazi. Por su parte Laval, socialista durante casi toda su vida, empezó a simpatizar con los regímenes fascistas al comenzar los años treinta, más con los nazis, y ello le llevó a colaborar con Pétain, lo que le costaría la vida solo cinco años más tarde del encuentro de Montoire.


El conde de Pótting


La España de Carlos II ha sido muy mal tratada por la historiografía y es que hasta los años ochenta del siglo XVII no levantó cabeza, sobre todo por la rapiña y ociosidad de su nobleza, ineptitud de sus gobernantes, empeño en mantener un imperio para el que la monarquía no estaba preparada y por el surgimiento de potencias como Francia, Holana e Inglaterra. Los males venían de lejos: ya fue penoso el reinado de Felipe IV, a pesar de la fuerte personalidad política del Conde de Olivares y Duque de Sanlúcar, que no pudo sustraerse a su tiempo. Inlcuso las bancarrotas durante los reinados de Felipe II y Carlos hacen aparecer al reinado de los Reyes Católicos como el momento de mayor esplendor del estado que luego se llamará España. 

Pero si bajamos varios peldaños y analizamos la vida de las gentes comunes, no en todas las regiones y reinos de España fueron las cosas mal: el siglo XVII fue regresivo desde un punto de vista demográfico y económico pero no en todos los lugares de igual manera; incluso hubo regiones donde la economía mejoró según en que momentos de la centuria.

Embajador en España del Imperio germánico, entre los últimos años del reinado de Felipe IV y los primeros del de Carlos II, fue el tudesco conde Pótting, cultivado y muy religioso como correspondía a uno de los nobles no reformados de la Sajonia alemana. El historiador Miguel Nieto Ñuño ha publicado el "Diario del Conde de Pótting...", que ha sido editado en dos tomos en 1990. Es una delicia leerlo, pues muestra muchos aspectos de la vida cortesana de la época, de sus miserias y ambiciones. También de la humanidad de algunos de sus personajes. 

Pótting se distinguió por solicitar de contínuo ayudas económicas para ayudar a la monarquía española, que hacía agua hasta que personajes como el conde de Oropesa (Manuel Joaquín Álvarez de Toledo) puso orden en el Consejo de Castilla (1684) y saneó la Hacienda con la restricción de gastos que hasta entonces se habían permitido con largueza. Respecto de validos como Nithard dijo Pótting: 

Esta fue, poues, la más memorable tragedia que podrán contar las historias, representada en el teatro de esta Monarquía con un Ministro que lo quiso ser con solo el nombre y sin ningunas máximas asentadas hacia el rumbo que tiraba. Dichoso tras esto en que Dios le diese ocasión de aprovecharse de un tal sensible golpe para el merecimiento de la otra vida... Vel valido Valenzuela dijo: 

El nuevo conductor de embajadores Juan de Valenzuela estuvo conmigo, a quien antes nunca había conocido ni visto; reconocí, pero, que su elección era muy conforme a las demás que esta memoredad [memez] se han visto, siendo y pareciendo máxima acertado de escoger siempre lo peor.

Más allá de los méritos o deméritos del conde Pótting lo cierto es que tuvo fino olfato y mejor retina para ver y apuntar lo que observaba en la corte española. Y así lo dejó anotado en su "Diario". 

lunes, 14 de octubre de 2013

Esclavitud: ¿racismo o economía?


José Andrés Gallego ha estudiado la polémica entre historiadores sobre la esclavitud negra en diversas partes y por diversos estados, citando para ello la obra de Eric Williams, Capitalism and slavery (1944) y la de Frank Tannembaum, Slave and citizen: The Negro in the Americas (1946). Williams defiende que los británicos no practicaron la esclavitud en América por racismo sino por razones económicas, lo que luego llevó al racismo. También este autor defiende que gracias a la explotación de la mano de obra esclava se acumuló el capital que llevaría a la revolución industrial inglesa, sobre todo en Bristol, Liverpool y Glasgow. Para la práctica del esclavismo se llegaron a elaborar una serie de leyes que justificaban la esclavitud y ello dio ocasión a una crueldad extraordinaria. Cuando la esclavitud fue abolida no intervino al humanitarismo -siempre según el autor citado- sino la decadencia en la que había caído dicha práctica, pues eran más rentables otras formas de explotación. 

Williams contrastó el mundo ibérico con el anglosajón señalando que el paternalismo ejercido en el primero contrasta con la crueldad en el segundo, aunque ello deba ser matizado (digo yo) cuantas veces sea necesario. Así fueron apareciendo diferentes formas de esclavismo según se tratase de la tradición que esta institución tuviese en unos países y en otros. Para los ibéricos el negro era un ser humano (las leyes le pretegían pero se cometieron abusos sobre ellos) mientras que para el anglosajón el negro era una cosa como cualquier otra objeto de comercio. La Iglesia anglicana, cuando se empezó a practicar la esclavitud por comerciantes, funcionarios y la nobleza inglesa no movió un dedo, mientras que la Iglesia católica sí, aunque los resultados dependiesen más del voluntarismo de ciertos clérigos que de la propia jerarquía. Por otra parte, el los países Ibéricos la esclavitud era una tradición de origen romano -lo que no existió en Gran Bretaña- y dicha tradición continuó durante la ocupación musulmana de la península Ibérica por espacio de varios siglos: había por tanto una costumbre más arraigada de "aceptar" al otro que no se dio en el mundo anglosajón. 

El hecho de que en la América latina no abundasen las plantaciones no hizo tan necesaria la explotación del negro con el fin de sacarle el máximo beneficio, pero esto no parece una explicación suficiente porque sí existió la esclavitud doméstica y se utilizó a los negros para otros menesteres. La legislación anglosajona fue de nueva planta, lo que implicó considerar al negro inferior en tanto que tal negro: racismo. También habrá que matizar la actitud de la Iglesia católica con respecto a los esclavos negros, pues solo salió en defensa de aquellos que fueron bautizados: los consideraba "suyos" y no así los no bautizados. 

(Incompleto)

domingo, 13 de octubre de 2013

Depuración del magisterio

Orden por la que se sustituyen maestros por militares
Son ya muchos los trabajos que se han realizado sobre la depuración del magisterio durante la guerra civil española de 1936 y posteriormente. Dicha depuración no correspondió solo a los militares sublevados, sino también a las autoridades republicanas, pero en ello hay una diferencia fundamental y es la legitimidad: la República tenía derecho a depurar al magisterio que colaboró con los militares levantados contra la legalidad democrática; la dictadura del general Franco careció en todo momento de dicha legitimidad. ¿Como mantener en sus puestos a maestros, profesores de instituto y de universidad que se habían indisciplinado contra el Estado y estaban colaborando con los que se levantaron en armas?

En Galicia, en Cantabria, en Guadalajara y en el resto de Castilla-La Mancha, en Burgos y el resto de Castilla y León, en Valencia, en Huelva y Cádiz así como en otros territorios de España, los investigadores han encontrado y sistematizado los hechos, la legislación, las injusticias cometidas contra el magisterio español. En las zonas donde el gobierno republicano mantuvo su control durante los primeros años de la guerra también se cometieron brutalidades e injusticias, sobre todo por parte de los sindicatos y de otras organizaciones como comités, pero quizá quepa algún tipo de responsabilida al Gobierno al no haber sabido cortar esto a tiempo.

Han sido miles los maestros, profesores y, en general, funcionarios que fueron objeto de depuración por parte de las autoridades, muchos más durante la época franquista, pues la perduración en el tiempo hizo que los agravios e injusticias se prolongasen hasta bien entrados los años cincuenta del pasado siglo. De todas formas también las autoridades republicanas violaron principios democráticos fundamentales cuando exigieron confesar a los maestros y profesores a que partidos políticos pertenecían, a que sindicatos, a quienes habían votado, si habían ejercido cargos públicos y en nombre de quien... 

El fenómeno es de tal gravedad que en no pocas ocasiones se juzgó a unos y otros maestros varias veces por la misma causa, de forma que existen casos en los que el encausado había quedado absuelto en la primera ocasión y condenado en la segunda. Consejos de guerra sumarísimos, sin garantías procesales, de acuerdo con una legislación aberrante porque incurría en el vicio de la retroactividad. Este es el caso de la Ley de Responsabilidades Políticas, dictada en febrero de 1939 para casos que habían tenido lugar con anterioridad (por supuesto también a partir de dicha fecha). 

Algunos maestros fueron "paseados" y en esto no hubo distinción entre la España republicana y la sublevada (aunque en la primera nunca por orden de las autoridades). Se trasladó a muchos maestros, a otros se les destituyó, a otros se les privó de empleo y sueldo por varios años, a otros se les ultrajó; otros sufrieron penas de diverso tipo sin que quedara probada su "culpabilidad". Muchos apelaban y veían repuesto su derecho pero la mayoría no; incluso se dio en caso -en la zona republicana- en la que el Presidente de la Comisión Depuradora llegó a criticar las depuraciones hechas arbitrariamente con las siguientes palabras: 

... de los maestros destituidos hay bastantes que han sido después movilizados y cumplen lealmente su deber militar... Otras son maestras ajenas a toda actuación política ... tachadas de un derechismo cierto y evidente, pero meramente devoto y superficial, impuesto por la corriente más generalizada. La verdad es que, salvo algunas muy raras excepciones, el Magisterio, cuerpo por todos reconocido como el más predispuesto a poder conseguir encuadrarle en un neto republicanismo... No se conoce documento alguno como este que haya salido de una autoridad sublevada. Muy al contrario, la depuración continuó después de la guerra hasta la náusea.

Así fueron asesinados cientos de maestros, religiosos (en el territorio dominado por la República) solo a partir de denuncias de particulares, por el celo excesivo puesto por parte del cura párroco, el comandante de la guardia civil o por rencillas incubadas hace mucho tiempo entre vecinos. Para colmo muchos de los casos de depuración del magisterio se entregaron -por parte de las autoridades sublevadas- a la jurisdicción militar, mucho más severa, formando parte de los tribunales personal que no tenía formación jurídica y que ignoraba los más elementales procedimientos garantistas. Las sentencias, en muchas ocasiones sumarísimas, es decir, sin capacidad para ser recurridas, llevaron a la muerte, a la miseria y a la vergüenza públicas a miles de maestros.

A algunos se les aplicó la ley de Vagos y Maleantes, a otros la de represión de la Masonería y el Comunismo; a otros en fin se les condenó a inhabilitación perpetua, sobre todo si habían colaborado con sindicatos obreros como la Unión General de Trabajadores o la Confederación Nacional del Trabajo. Las maestras -en realidad no hacemos distingos en este artículo- también fueron víctimas de la arbitrariedad y de la negación de los derechos más elementales, dándose varias veces la circunstancia -como en el caso de los varones- que se trataba de condenas por rebelión cuando lo que habían hecho es permanecer leales al Gobierno republicano democraticamente establecido. El mundo al revés: se había rebelado el que no se había sumado a la rebelíón militar.

sábado, 12 de octubre de 2013

Joan Maragall


Cuarenta y nueve años tenía Joan Maragall cuando se produjeron los acontecimientos de la "semana trágica de Barcelona". La impresión que causaron en este poeta aquellos hechos le llevaron a escribir tres artículos de los cuales uno no sería publicado porque el catalanista Prat de la Riba lo prohibió. El tercero, titulado "La Iglésia Cremada", lo concibió cuando asistió a una misa en uno de los templos que habían sido incendiados por los participantes en las manifestaciones violentas de aquellos días (julio de 1909). Asistir a una misa en una iglesia totalmente despojada de oropeles y vistosidad, desnuda, incluso arruinada, le inspiró que así debía ser la Iglesia a la que él pertenecía, aunque más cabe habar de un cristiano convencido que de un católico ferviente en el caso de Maragall.

Casi cien muertos entre manifestantes -la mayoría- y fuerzas del orden se produjeron en la "semana trágica", consecuencia del descontento de la población por la decisión del Gobierno, presidido por Antonio Maura, de hacer una nueva recluta para luchar en Marruecos, recientemente ocupado por España en su parte norte (Rif) y donde algunas empresas habían empezado a explotar el territorio con la oposición de los indígenas rifeños. Aquellos que habían sido reclutados no pudieron pagar el canon para librarse de ir a la guerra, como ocurría con los jóvenes y no tan jóvenes de las familias ricas. La Iglesia había hecho campaña en favor del reclutamiento y por ello las manifestaciones desembocaron en una  muestra de anticlericalismo sin precedentes. 

Unas ochenta iglesias y conventos ardieron en Barcelona, fueron saqueadas tumbas de religiosos y religiosas, se hizo burla de ellas, incluso un deficiente mental sería condenado a muerte -junto con otros cuatro individuos- por haber bailado macabramente con uno de los cadáveres. Como es sabido, el pedagogo progresita Ferrer Guardia fue una de las víctimas inocentes de las sentencias de muerte que se dictaron. Maragall, como cristiano y como ser humano, no podía aprobar aquellos hechos, pero comprendió perfectamente la idignación y las protestas de los obreros que salieron en masa a las calles durante varios días, quizá hasta principios de agosto. 

La represión fue desenfrenada, siendo ministro del ramo Juan de la Cierva, que según Hilari Raguer hizo publicar que las manifestaciones tenían una intención separatista, por lo que el movimiento no se propagó al resto de España, donde también hubo levas. 

Yo nunca había oído una Misa como aquella -dice Maragall-. El Sacrificio estaba allí presente, vivo y sangrando, como si Cristo volviera a morir por los hombres, dejando otra vez su Cuerpo y su Sangre en el Pan y en el Vino. El Pan y el Vino parecían recién hechos: la Hostia parecía palpitar, y el Vino, al vaciarse en el cáliz, a la luz del sol, parecía que chorreaba... Yo nunca había oído una Misa como aquella.

En efecto, la bóveda de la iglesia resquebrajada, las paredes ahumadas y agrietadas, los altares destruidos, ausentes, sobre todo aquel gran hueco negro al fondo... sigue diciendo Maragall. La "semana trágica" de Barcelona le había impresionado hondamente, ya de por si impresionable por su alta sensilibidad poética y religiosa. Las masas enfurecidas por tantos años de oprobios, por el odio cacumulado contra los poderosos, entre los que se encontraba la Iglesia a sus ojos, habían hecho estragos en templos y conventos. En el puerto y en otros barrios las fuerzas del orden reprimieron con especial dureza las manifestaciones y desmanes.

Maragall no aprueba, sino que rechaza con toda su fuerza la brutalidad de los atentados anticatólicos, pero al mismo tiempo considera que la Iglesia y las clases burguesas han estado demasiados años con una "religiosidad postiza", en palabras de Hilari Raguer. El poeta catalán es un símbolo del equilibrio: burgués por la familia en la que nació y por su cultura, no está sin embargo por cerrar los ojos a los problemas sociales de su tiempo, y compara la brutalidad de los trabajadores cuando se lanzan ciegamente a la calle con la placidez de la burguesía -catalana y española en general- solo atenta a sus negocios en el norte de Marruecos, a engordar sus beneficios, muchas veces mal ganados, a endulzar su existencia con ritos religiosos ajenos a toda espiritualidad.

Españoles refugiados en Alemania del este


Hartmut Heine es un historiador al que debemos algunos trabajos sobre el exilio español tras la guerra civil de 1936. Alemania del este fue uno de los destinos de españoles, sobre todo comunistas, aunque no en número tan grande como en Francia o México, por ejemplo. Este exilio comienza en 1950 aproximadamente, después de que los comunistras franceses fueran declarados fuera de la ley (consecuencia de la "guerra fría") y algunos españoles que estaban en Francia tuviesen que encontrar otros países de acogida.
Hay que tener en cuenta que Alemania del este no es un estado propiamente dicho hasta 1949, habiendo recibido entre tanto a millones de refugiados alemanes que fueron expulsados de los territorios anexionados por Polonia y la Unión Soviética. Las ciudades donde fueron a parar la mayor parte de estos españoles fueron Leipzig, Dresden y Chemnitz, además de la pequeña Teupitz, cerca de Berlín, donde los comunistas alemanes, dueños del país, organizaron cursillos para comunistas españoles allí enviados.

Algunos eran estudiantes, otros trabajadores manuales con o sin especialización y también hubo intelectuales. Alemania del este, tras la guerra mundial, se recuperó a base de una política económica centralizada y planificada, poniendo el acento, como en la mayoría de los países comunistas, en la industria. Sajonia fue la región más industrializada y precisamente en sus principales ciudades estaban los exiliados españoles. Cuando los años sesenta toquen a su fin, sin embargo, la economía española habrá despegado lo suficiente como para que ya no se observasen grandes diferencias entre uno y otro estado, aunque con el común denominador de que en ninguno había libertades políticas.

El Partido Comunista de España era el que daba el visto bueno para que los comunistas españoles fueran acogidos en Alemania del este -en particular- y según Hartmut Heine, el gallego Santiago Álvarez hizo de burócrata negando en ocasiones la ayuda que algunos comunistas solicitaron. A partir del año 1970, aproximadamente, el PCE indicó u ordenó a los exiliados en Alemania del este (supongo que también en otros países comunistas y no comunistas) que regresasen a España para colaborar a la implantación del partido aquí, lo que hicieron muchos. Otros, ya viejos, prefirieron esperar la muerte en Alemania y muchos regresaron para alentar la política que luego sería la seña de identidad del último comunismo español. No sin antes haber sufrido varias escisiones, de una de las cuales nació el efímero PCE VIII y IX congreso y el dirigido por Líster PCOE (1973).

viernes, 11 de octubre de 2013

Izurdiaga: un cura falangista

Fernández Cuesta con el cura Izurdiaga
Durante la guerra civil española de 1936 el cura Izurdiaga protagonizó un conflicto con las autoridades eclesiásticas por su aceptación de varios cargos en Falange Española (era falangista convencido) y en el Consejo Nacional, para lo que fue nombrado directamente por el general Franco. Tanto el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea, de quien dependía, como el cardenal Gomá, primado de España, tuvieron que vérselas para que el díscolo cura falangista cediese y abandonase los cargos que desempeñó durante algún tiempo: la dirección de revistas políticas, la propaganda de Falange y el citado como consejero. Su intención era -según sus propias palabras- catolizar a Falange. El cardenal Segura, otro díscolo, estuvo repetidamente en desacuerdo con las misas de campaña (al aire libre) que organizaban los falangistas, pues consideraba que la Iglesia no debía de ser instrumentalizada por ningún partido político.

El obispo Olaechea, por su parte, sostuvo que los sacerdotes no debían compatibilizar su labor como tales con cargos políticos, pero lo cierto es que ya durante la segunda República española algún clérigo lo había hecho y durante el franquismo fueron legión los que participaron en la vida política incluso oficial, como procuradores en Cortes y consejeros. El problema de la Iglesia en España -a estos efectos- es que al ponerse al lado de los militares sublevados entró en numerosas contradicciones y estas no afectaron a la Iglesia jerárquica solamente, sino al conjunto de la población muy negativamente: curas que delataban, que participaban en crímenes, que se enfrentaban al clero vasco nacionalista... El propio papa, al haber nombrado nuncio en la España gobernada por el general Franco a finales de 1937, reconoció implícitamente a dicho régimen, aunque el reconocimiento formal viniese años más tarde.

Santiago Martínez Sánchez, de la Universidad de Navarra, ha estudiado este caso, señalando que el obispo Olaechea no tuvo inconveniente en apoyar al general Franco a pesar de sus preocupaciones sociales. Incluso en su escudo episcopal aparecía una chimenea de altos hornos alusiva a los trabajadores siderúrgicos vizcaínos, hijo de uno de los cuales era él. El cura Izurdiaga, por su parte, no era un patán, sino que había dado clase en el Instituto de Pamplona y colaboraba con el Diario de Navarra. Tuvo sus devaneos con las Juntas Ofensivas Nacional Sincicalistas pero prefirió adherirse a la Falange ya en 1933. Franco le nombró en 1937 jefe de la delegación nacional de prensa y propaganda de FET y de las JONS una vez que se produjo la unificación por decreto de estos dos grupos fascistas.

Prueba de la personalidad de Izurdiaga fue el diario que apareció en Pamplona a principios de agosto de 1936: ¡Arriba España! Hoja de combate de la F.E. de las JONS. Lo de "combate" delata a sus creadores, entre los que estaba Izurdiaga, pero esta palabra desapareció poco después para no dejar evidencias. El nombramiento para aquellos cargos sorprendió al obispo Olaechea, que habría esperado la solicitud del sacerdote a su persona para aceptarlos. Por ello fue requerido en varias ocasiones para que renunciase a ellos. Como el cura no hizo caso, sino que contestó a cada requirimiento del obispo con evasivas, Olaechea se puso en contacto con el propio Franco para que "liberase" al cura de aquellos menesteres. Franco tampoco le hizo caso e Izurdiaga incluso alegó que "algunos sacerdotes se movían en la más turbia política [durante la República] y hasta alguno de la minoría vasca llegó al sumo sacerdocio del pontificado", refiriéndose a Antonio Pildain, obispo de Canarias desde principios de 1937.

Izurdiaga fue incluso invitado al congreso que los nazis celebraron en Nuremberg en septiembre de 1937, pero a esto sí renunció debido a las recomendaciones del obispo, que alegó las persecuciones que los católicos alemanes estaban sufriendo por parte de los nazis. No obstante el obispo, en relación a España, no tuvo inconveniente en decir "Gobierno y pueblo a quienes tan agradecidos vivimos" en referencia a la Alemania nazi. Por aquel entonces Pamplona era refugio de varios obispos afectos al régimen de Franco, como el propio cardenal Gomá, que por tanto pudo tener noticia de primera mano sobre el conflicto planteado por el sacerdote, y el obispo de Girona, Cartañá. El problema de las autoridades eclesiásticas es que siempre han querido poner por delante el derecho de la Iglesia al del Estado. Las autoridades franquistas pudieron ser condescendientes con la Iglesia hasta extremos poco imaginables, pero no estuvieron de acuerdo en que en todo la Iglesia prevaleciese sobre el Estado. Por eso, si el cura había sido nombrado por Franco, el problema de que aceptando desobedeciese al obispo le traía sin cuidado al general.

Contento el cura Izurdiaga por los favores que de Franco recibía, no tuvo inconveniente en pronunciar un discurso en Vigo a finales de noviembre de 1937: [Yo creo] -dijo el cura- [en] el espíritu de una llama eterna, sobrenatural, vehemente y violenta -más violenta que la fuerza ciega de las pistolas- que ilumina, que mueve, que arrastra el gobierno de los mundos. Pues la Falange en estas horas augustas de su silencio renueva su vigor entrañablemente con el poder del espíritu... Con este personal tuvieron que lidiar los "rojos", entendidos por tales tanto los que militaban en partidos democráticos y/o de izquierdas como los que no se avenían a aceptar el fascismo de Falange, el catolicismo rancio de la Iglesia y la brutalidad del régimen franquista.

martes, 8 de octubre de 2013

Arte e industria

"En el puente de Europa" (1876-77)
El cuadro de la fotografía es un óleo sobre lienzo de 106 por 131 cm. que se encuentra en el Kimbell Art Museum de Fort Worth, al norte de Texas. Su autor es Gustave Caillebotte, nacido en París a mediados del siglo XIX pero moriría relativamente joven, a la edad de 46 años. El "Puente de Europa" fue pintado por Caillebotte en varias versiones, mostrando el hierro claveteado y la impresión de un mundo moderno en contraste con otras obras cuyo tema es la vida y las escenas en el campo.

Rico desde siempre, heredó la fotuna de su padre y se dedicó a ayudar a otros pintores. En su propiedad de Essonne, cerca de París y del Sena, se retiró muchas veces para dedicarse a su pasión: la pintura. Tuvo la oportunidad de captar la atmósfera del campo y de la ciudad, pintó escenas rurales y urbanas, en estas mostrando a veces los progresos de la industria, que estaba en pleno auge durante su vida, pero nunca muestra los aspectos negativos de aquella, con la contaminación y el desorden de los barrios industriales.

En 1976 participó por primera vez en una de las exposiciones de los impresionistas y él se puede considerar uno más de los pintores de esta corriente estética, aunque por los temas quepa encuadrarlo mejor entre los realistas. De pincelada menos suelta que otros impresionistas, no descompone la forma tanto como Monet, por ejemplo. En cuanto al colorido es vivo y audaz incluso cuando se trata de escenas campestres, pero gris y apagado y se trata de la ciudad y sus personajes, como en el caso del cuadro de arriba, donde los colores grises y azulados predominan. Al fondo se ve el humo de una locomotora, como hiciera, en un plano más corto, Monet con su "Estación de San Lázaro". El tren quizá fue el símbolo del progreso en aquella época, cuando estaba en plena expansión y permitió que las mercancías y las personas se desplazasen de un lugar a otro, sobre todo si se trataba de individuos de la burguesía o de las clases acomodadas.

Las escenas presentan a personas disfrutando de la vida en el campo, sobre todo en los días soleados, personajes en interiores en actitudes domésticas, trabajadores dedicados al lijado del parquet, personajes más o menos solitarios caminando por las calles empedradas de París, fábricas humeantes y caseríos, paisajes floridos y ríos, embarcaciones y casas de pequeñas poblaciones. En algunas de las escenas campestres de familias acomodadas se nota la influencia de Giuseppe de Nittis, aunque no sabemos si este pintó dichas escenas por influencia de Caillebotte. Los puentes metálicos pintados por él quizá sean el símbolo de la época que le tocó vivir, teniendo en cuenta que otros pintores impresionistas se vieron atraidos también por la industria, la máquina y la vida urbana.

"El puente de Argenteuil", pintado también por Monet

Nacionalistas bretones con los nazis


Duhamel, Marchal, Dabauvais, Millardet y Mordrel con otros nacionalistras bretones en 1927

Los diversos grupos nacionalistas bretones tendieron a agruparse en el Emsav. La tradición literaria y el sentimiento de que Bretaña era una tierra y una comunidad singular en el conjunto de Francia se remonta muy atrás en el tiempo. A finales del siglo XIX se formó la primera organización nacionalista y separatista que iría desarrollándose con el tiempo. En el período de entreguerras y muy particularmente desde 1930, los nacionalistas bretones mantuvieron relaciones con los nazis alemanes a quienes vieron como el principal soporte para conseguir sus fines. 

Los independentistas bretones nunca dejaron de ser una minoría en el conjunto de la población, pero se extremaron a partir de 1920 a partir de posiciones moderadamente autonomistas. Entre los diversos grupos que formaron el Ensav hubo matices que permiten diferenciarlos, desde los que consideraron a los nazis como un simple instrumento para conseguir los fines soberanistas hasta los que se identificaron con ellos admirando a la Alemania que se empezó a construir a partir de 1933. Incluso durante la II guerra mundial y tras la firma del armisticio por parte de Francia en 1940 el colaboracionismo nacionalista bretón fue evidente y gozó del apoyo de los nazis para sobrellevar la ocupación con ventajas sobre el resto de la población. 

Uno de los más importantes teóricos del nacionalismo bretón fue Roparz Hemon, escritor en lengua francesa y bretona que, luchando al lado de su pais en los primeros meses de la guerra, luego colaboró con los nazis y se mostró antijudío. Al terminar la guerra fue condenado y se exilió en Irlanda. Jean-Marie Perrot fue un sacerdote católico que colaboró también con los nazis durante la guerra hasta que fue fisilado por un grupo de comunistas franceses. Yann Fouréré colaboró también con los nazis hasta el extremo de que se vio obligado a huir del país en 1945.

Estos personajes basaban su nacionalismo -además de en aspiraciones políticas- en el pasado celta bretón, elemento que formaba parte de la mitología ideológica y que entroncaba a los antiguos habitantes de Bretaña con el conjunto de pueblos celtas prehistóricos.

Según ha estudiado José Antonio Rubio Caballero los nazis fueron partidarios de estimular los irredentismos exitentes en los países por ellos invadidos. Mordrel, "uno de los líderes de la línea más ferrea del Partido Nacionalista Bretón, dejó memoria de lo siguiente: Usted entiende, me dice Kraft [un miembro de las SS] que Bretaña representa para nosotros un enorme interés estratégico ... Necesitamos un hinterland seguro para avituallamiento y comunicaciones. Por eso construiríamos un estado bretón autónomo. 

De todas formas, una vez que se firmó el armisticio en 1940, dichas promesas se quedaron en nada, pues los nazis se dieron cuenta de que Mordrel y Dabauvais, dos dirigentes nacionalistas bretones, habían exagerado su fuerza, cuando en realidad eran una minoría en la región. De igual manera que en Bretaña también los nazis estimularon el nacionalismo alsaciano (aquí con más razón, pues se trata de una región anteriormente alemana. Algunos sirvieron de enlace entre Berlín y Bretaña, como Leo Weisgerber, Otto Abetz y Werner Best. El primero fue un especialista en celtismo (otra vez la pretensión de enlazar el celtismo bretón con el nacionalismo del siglo XX); el segundo era el embajador de Alemania en París y el tercero un jurista y militar de las SS.

"Justo antes de la guerra -dice José Antonio Rubio- los dirigentes del movimiento bretón, Olier Mordrel y François Debauvais, fueron acogidos en Berlín [y] planificaron la instauración de una república bretona bajo tutela alemana". No deja de ser contradictorio que unos nacionalistas se dejen tutelar por una potencia extranjera antes que por el estado al que pertenecían, a no ser que pesasen más los presupuestos ideológicos (fascismo) que el nacionalismo en sí. O bien que los nacionalistas bretones estuviesen utilizando a los nazis (vana ilusión) para sus fines. Por su parte, estudiosos del celtismo en las SS (organización alemana para el estudio de la raza aria) mantuvieron relaciones con los nacionalistas bretones. Así consiguieron estos que Radio Rennes emitiese programas en lengua bretona.

Se fundó así mismo el Instituto Céltico de Bretaña en 1941 con la colaboración alemana y Best "inspiró una relevante memoria favorable a la constitución de un estado bretón, en la que apelaba al carácter nórdico de Bretaña y a los beneficios estratégicos que le aportaría al Reich la soberanía de este país: La unión de la Europa no mediterránea es un gran espacio dirigido por Alemania pone al Reich en la obligación de proteger el espacio que domina contra ... poderes extranjeros... Para la salvaguarda atlántica de Alemania solo se presentan dos posiciones... : Noruega y Bretaña... Desde Bretaña se podría completar el cerco a Inglaterra... Es evidente que la liberal y parlamentaria Gran Bretaña no interesaba al nacionalismo fascista bretón. 

lunes, 7 de octubre de 2013

La pobreza en Mihály Munkácsy


Ahora Mukacheve se encuentra en el extremo occidental de Ucrania, pero antes estuvo dentro del imperio Austro-Húngaro y Munkácsy era de nacionalidad húngara. La ciudad se encuentra en el valle que riega el río Latorica, que desemboca en el Bodrog. Al norte se extienden los montes Cárpatos y al sur la llanura panónica. 

Nacido Munkácsy a mediados del siglo XIX, su vida se agotó antes de que entrase el siglo XX, por lo que no pudo conocer algunas vanguardias en las artes plásticas, pero sí tendría conocimiento del impresionismo, del realismo, del romanticismo y por supuesto de los movimientos artísticos anteriores. Tuvo la ocasión de estudiar en Budapest y luego vivir en Munich y en París, capital artística de Europa en la segunda mitad del siglo XIX. 

Su obra está compuesta por escenas de condenados, por pobres con sus harapos, en ambientes sórdidos y lúgubres. Sus personajes reflejan la vida de las clases menesterosas, pero no tanto por el trabajo largo y pesado que soportaban, sino en otras circunstancias. Así el "Condenado en su celda", obra realizada entre 1869 y 1872. Es un óleo sobre madera de 88 por 116 cm. que se encuentra en la Galería Magyar Memzeti de Budapes. Los personajes que rodean al protagonista quizá le avergüenzan, cada uno de ellos, incluso niños, mirándole en diferentes actitudes. El guardia con su bayoneta se apoya en la pared mientras un familiar afligido llora en una esquina. 

"Vagabundos por la noche" (en la fotografía, arriba) es de entre 1872-1873; un óleo sobre madera de 162 por 120 cm., lo que le confiere cierta monumentalidad. Los personajes, una vez más pobres, entran en una calle donde hay mercado y son observados por las mujeres pueblerinas. Los niños, las paredes, el ambiente oscurecido, como en el caso del "Condenado en su celda", donde solo entra luz por un ventanuco en la parte superior; en los "Vagabundos" la luz de día asoma también por arriba. Aunque el colorido es variado no en cambio vistoso, sino abundando los colores oscuros en contraste con los rojos y los pardos, acordes con la escena miserable de los que nada tienen. 

La obra "El marido" representa a un hombre joven que quizá llega a casa tarde y borracho, acompañado por un amigo, mientras su esposa, claramente enfadada, apenas puede atender, en la humildad de la estancia, a sus pequeños hijos. Mientras amamanta a uno el otro está subido a la mesa en muestra de desorden, como los demás objetos de la habitación. Es obra realizada por los mismos años al óledo sobre madera, de 108 por 150 cm.

Una anciana atareada elaborando queso mientras una niña observa con cierta tristeza la escena; una joven cargada a su espalda con leña se ha sentado un momento al borde del camino, pensativa, mostrando su pobreza y falta de esperanza. Otras obras suyas demuestran el conocimiento que tendría de la obra de Turner, con el carruaje acercándose al espectador en el borroso paisaje; o el bosque de frondosos árboles, por entre los que se filtran los rayos del sol. Recoge así este autor toda la tradición romántica del siglo XIX, pero no para exaltarla, salvo cuando se trata de paisajes, sino para denunciar la miseria humana, la pobreza y el desamparo. En esto ha aprendido bien -si no era ya su temperamento proclive a estos sentimientos- de los realistas como Daumier, Millet y Courbet. 

Otras veces las escenas que ha elegido para algunas de su obras son burguesas, como "Baby Visitors", pintada en 1879 al óledo sobre madera, de 110 por 150 cm. En esta misma línea "The Greyhound", obra de 1882; o los temas religiosos como "Cristo ante Pilatos" y "Ecce Homo". Pero su obra más característica es la que tiene por protagonistas a los pobres, que abundaban en toda Europa en su época, ya fuera por las penurias de la vida en el campo, ya por la explotación que sufrían en las industrias urbanas. De ahí a la delincuencia, a la marginación, a la desesperación y a la tristeza, sensaciones que ha plamado Munkácsy extraordinariamente.

Plinio habla de Iseo

Posible aspecto del ágora de Atenas
Habiendo sido Iseo un logógrafo ateniense que vivió la mayor parte de su vida durante la primera mitad del siglo IV antes de Cristo, siglos más tarde nos habla de él Plinio el joven diciéndonos que le precedía gran fama porque hablaba siempre improvisando, pero como si lo hubiera escrito durante largo tiempo. Su lengua, el griego, concretamente el ático; sus exordios pulidos, delicados, agradables, a veces nobles y sublimes. Insta a numerosas discusiones; deja la elección a sus oyentes, a menudo también la parte a defender; se levanta, se arregla la toga y comienza; acuden todos sus recursos al instante y casi espontáneos, pensamientos profundos, palabras -¡pero de que tipo!- selectas y esmeradas. En sus improvisaciones se trasluce un copioso hábito de lectura, una copiosa práctica de escritura. 

Plinio reconoce en Iseo un gran lector que es capaz de improvisar razonamientos con solo oir a sus intepelantes; también fue un buen escritor, pues de lo contrario no habría sido contratado para escribir los discursos de otros. En sus intervenciones públicas empieza con un preludio que hace más fácil el entendimiento de lo que vendrá después, sus explicaciones son claras y los finales de sus discrusos son resúmenes espléndidos de lo que ha querido defender o atacar. Plinio añade que la oratoria de Iseo está adornada sin demasiados miramientos, pero no dejándola a la sequedad de la palabra suelta. ¿Que hay más agradable en la ancianidad -dice Plinio- que lo que es más placentero en la juventud? Por eso considero a Iseo no solo el más elocuente, sino también el más afortunado.

Es de piedra y de hierro quien no desee conocerlo, pero como vivió en el siglo IV antes de Cristo y Plinio entre el I y el II de nuestra era, se trata de conocer su obra y por ella al personaje. Filóstrato nos ha dejado testimonio de la vida del orador griego, que llegó a Roma cuando ya tenía edad avanzada y extendió el sofismo entre los habitantes de la república que se acercaban a él. Capta Plinio las enseñanzas de Iseo cuando dice que la aptitud se obtiene a partir del estudio y del ejercicio, es decir, de la lectura, la reflexión y la exposición de lo estudiado. Y luego se extiende Plinio en indicar que el que oye palabras bien articuladas aprende mejor y con mayor agrado que el que lee, pues para leer siempre habrá tiempo, pero no tanto para escuchar a un sabio, que excita los espíritus con su oratoria.

domingo, 6 de octubre de 2013

Agesilao según Plutarco

Ruinas de Esparta
Tras la guerra del Peloponeso contra otras ciudades griegas Esparta estaba en la cumbre de su poder. Entonces tocó gobernar como rey a Agesilao II, que lo hizo al mismo tiempo que Pausanias y otros de acuerdo con la tradición espartana. Su reinado comenzó en el año 404 y terminó en el 371 antes de Cristo. Algunos rasgos de su personalidad fueron recordados por varios autores, como su frugalidad y austeridad, su amor por el joven Lisandro y el éxito de sus campañas militares contra los persas en particular. 

En las llamadas greyes [congregaciones] de los jóvenes que se educaban juntos tuvo por amador a Lisandro, prendado principalmente de su carácter modesto; pues aunque muy sensible a los estímulos de la emulación, y el de genio más pronto entre los de su edad, por lo que en todo aspiraba a ser el primero, y se mostraba irreductible e inflexible en la vehemencia de lo que emprendía, era, por otra parte, de aquellos con quienes pueden más la persuación y la dulzura que el miedo, y de los que por pundonor ejecutan cuanto se les manda, siéndoles de más mortificación las reprensiones que de cansancio los trabajos.

La ciudad griega de Éfeso, en la costa jónica, a principios del siglo IV antes de Cristo, cuando llegó Agesilao con un ejército para combatir a los persas, estaba en su esplendor. Como era costumbre en la época, el rey espartano consiguió, por medio de Lisandro, que un caudillo persa se les uniese por simple conveniencia. A la postre Jonia estaba muy lejos de la capital persa,  al sur de la meseta irania.

 El ser humano, en todo tiempo y lugar, ha buscado las justificaciones más pregrinas para imponer su voluntad. Así, como Agesilao era cojo, hubo uno que alegó los oráculos predecían los perores males para Esparta si reinaba uno con esa tara:  Diopites dijo que era cosa impía el que un cojo fuera rey de Lacedemonia, pero otros sostuvieron que al dios le era indiferente el que reinara uno a quien le flanqueasen los pies... Así fue reconocido rey de Esparta Agesilao y a poco de haberse encargado del reino... vinieron algunos del Asia, anunciando que el rey de Persia preparaba grandes fuerzas para excluir a los lacedemonios del mar.

Aquel amor que Agesilao tenía por Lisandro pasó por momentos de tirantez, hasta el punto de que entre las tropas muchas veces era Lisandro el que daba las instrucciones quedando Agesilao (el rey) en segundo plano. Lisandro estimulaba este comportamiento, por lo que Agesilao, para escarmentarle, le nombró repartidor de carne; y según dicen, al anunciar el nombramiento añadió delante de muchos: '¡Que vayan ahora estos a hacer la corte a mi carnicero!' Mortificado, pues, Lisandro, se presentó y le dijo: 'Sabes muy bien ¡oh Agesilao! humillar a tus amigos'; y este la respondió: 'Si, a los que aspiran a poder más que yo'; y Lisandro entonces: 'Quizá es más lo que tú has querido decir que lo que yo he ejecutado; mas señálame puesto y lugar donde sin incomodarte pueda serte útil'. 

Aunque Lisandro sirvió a Agesilao en Beocia y en el Helesponto, no por ello se alivió la ojeriza del rey sobre aquel. De este modo -dice Plutarco- los caracteres ambiciosos, que no saben en la república guardar un justo medio, hacen más daño que provecho: pues si Lisandro era insolente, como lo era en verdad, no guardando modo ni tiempo en su ambición, no dejaba Agesilao de saber que podía haber otra corrección más llevadera que la que usó un hombre distinguido y acreditado que se olvidaba de su deber, sino que, arrebatados ambos del mismo afecto, el uno, parece haber desconocido la autoridad del general y el otro no haber podido sufrir los yerros de un amigo.

Amapolas de Vonnoh


Es quizá uno de los ejemplos más notables del impresionismo de Estados Unidos, aunque probablemente la obra fue realizada en Francia por su autor, que vivió entre la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del XX, por lo tanto en las décadas de madurez del impresionsimo. La influencia de la pintura francesa en Vonnoh es evidente, abandonando el neoclasicimo de su maestro, Gustave Boularger, con sus escenas en marcos clásicos y artificiosos. Vonnoh tiene más de Paul Delaroche, aunque la temática de ambos sea muy distinta: este con sucesos históricos reinterpretados a la manera romántica, mientras que el primero gusta más de los retratos y de los paisajes. En Vonnoh, como en todos los impresionistas la luz juega un papel fundamental, muy viva y colorista en su caso, contrariamente por lo tanto a lo que representó Sisley, por ejemplo. 

Algunas obras de Antoine-Jean Gros, que quizá conociese Vonnoh, también pudieron influirle. Aunque Gros osciló entre el neoclasicismo y el romanticismo y estuvo muy lejos del impresionismo (vivió entre los siglos XVIII y XIX) el colorido de algunos retratos de este pudieron impresionar a Vonnoh. Este, en ocasiones ha preferido los cielos nublados, pero en contraste pinta campos amarillos; a veces gusta del contraste entre la luz y la sombra, esta muy tenue, como es común en los impresionistas; las escenas del mundo rural, los árboles, los huertos...

La obra de arriba, titulada "Amapolas", fue realizada en 1888 y es un óleo sobre lienzo de 33 por 46 cm. que se encuentra en Museo de Arte de Indianápolis.

sábado, 5 de octubre de 2013

La obra de Jenaro de la Fuente

Edificio Bonín en Vigo

La obra de Jenaro de la Fuente en Vigo asombra no solo por las características de sus edificios, sino porque el autor no era arrquitecto, sino maestro de obras. Nacido a mediados del siglo XIX en Valladolid, todavía joven sería destinado a la comandancia militar de Vigo, convirtiéndose en 1889 en director de obras del Ayuntamiento. Su afición y maestria para el dibujo contribuyeron a las concepciones arquitectónicas, llegando a ser profesor de esta disciplina en la Escuela de Artes y Oficios (ver en este mismo sitio). 

La mayor parte de su obra es civil, siguiendo los estilos ecléctico y modernista, que son los dos que triunfaban en las ciudades españolas entre finales del siglo XIX y pricipios del siglo XX. El material que empleó para sus edificios fue el granito, abundante en Galicia y particularmente en la provincia de Pontevedra. Casi todas sus obras cuentan con una abundante ornamentación, lo que les da un carácter más solemne en una ciudad que, en 1900, contaba tan solo con 23.259 habitantes, pues aún no se le habían agregado los concejos de Bouzas (1904; 7.569 habitantes en el mismo año, y Lavadores, 15.085, tras la guerra civil). 

Todas las obras que realizó fueron encargos de importantes personajes de la época, ya por su cultura, por su riqueza o por ambas cosas a la vez, como es el caso del conde de Torrecedeira, Manuel Bárcena, que le encargó "siete casas para particulares", obra que estaba hecha en 1879. El edificio Bonín (arriba, en la fotografía) fue encargo de Manuel Rodríguez, un hombre que había hecho fortuna en América. También es obra de de la Fuente el edificio Rubira (hoy desaparecido) y la remodelación del palacio de Lourizán, entre Marín y Pontevedra, propiedad de Montero Ríos (1909). El Gran Hotel de Mondariz y el Hotel Acuña en Caldas de Reis también son obra suya, y así mismo otras en Pontevedra, Caldas, Vilagarcía, Ourense y Porriño.

Es la época de las fábricas de curtidos, los astilleros y los salazones. Los industriales eran foráneos en su mayoría, sobre todo catalanes: nombres tan conocidos en Vigo como Velázquez Moreno, Barrié, Manuel Bárcena, Policarpo Sanz, Sanjurjo Badía o Mestú constituyeron parte de la burguesía industrial emparentada con algún caso con la financiera, como es el caso de Augusto Bárcena. Entre los políticos locales encontramos a Eduardo Iglesias, Joaquín Pérez y Antonio Conde, miembros del Partido Liberal de Sagasta, al igual de Ángel Urzaiz, diputado por Vigo tras la época de Elduayen. Este es el Vigo que conoció Jenaro de la Fuente, verdadero artífice de la mejor arquitectura viguesa aún hoy en día.

La economía lo primero


La contemporización e incluso colaboración de las autoridades británicas y francesas con la Alemania nazi y la Italia fascista antes de estallar la segunda guerra mundial, tuvo un precedente en la guerra civil española de 1936. El primer ministro Stanley Waldwin primero y Neville Chamberlain después por parte británica, y León Blum, Camille Chautemps y Édouard Daladier por parte francesa, demostraron, desde diferentes puntos de vista e intereses, la cortedad de miras que llevaría a una larga guerra en España y a otra más larga en Europa y en alejadas partes del mundo. 

Los intereses británicos en el continente (Alemania con una economía saneada sería una buena cliente para las empresas británicas) y en el Mediterráneo (las bases británicas eran amenazadas por la Italia fascista) primaron a la hora de decidir si ayudar a la II República española, un estado democrático, o dejar que el fascismo se extendiese entre el Mediterráneo y el Atlántico. Por su parte las autoridades francesas no hicieron tanto hincapié en los intereses económicos exteriores, sino en la seguridad de Francia por su posición estratégica (fronteras con una Alemania amenazante y dolida por la dureza del Tratado de Versalles).

Además, el signo político de los gobiernos británico y francés durante la guerra civil española fue distinto, pero lo arriba expuesto y el temor acérrimo de las autoridades británicas a la expansión del comunismo (si es que este riesgo era cierto) hicieron que se pusiesen de acuerdo para no intervenir en ayuda de la república española mientras que las potencias fascistas sí lo hacían en favor de un ejército sublevado contra la democracia. 

Son muchos los investigadores que han estudiado ya este tema: P. Kennedy, A. Furnia, M. Alpert, J. Colton, E. Moradiellos y Rocío Navarro entre otros. Esta última ha consultado Les Evénements Survenus, publicación con los informes de las autoridades francesas para una comisión parlamentaria en 1947. Todas estas fuentes revelan que la política exterior -y por lo tanto de ayuda a la república española por parte de Francia- estuvo mediatizada por Gran Bretaña, en manos de gobiernos conservadores, aunque también el Partido Laborista y los sindicatos ingleses hicieron lo suyo para que Gran Bretaña no se viese involucrada en una guerra por ayudar a la España democrática, lo que al final no fue posible evitar porque las ambiciones de Hitler no parecían tener límite.

¿Por que una vez que se comprobó que el acuerdo de "no intervención" en la guerra de España había sido violado por Alemania, Italia, Portugal y la Unión Soviética, las democracias occidentales siguieron empeñadas en ajustarse a él? Los intereses económicos de las empresas británicas y del Estado como tal prevalecieron sobre consideraciones humanitarias, ideológicas y de otro tipo. ¿Hasta que punto el fracaso de la Sociedad de Naciones no es consecuencia de la actitud británica ante la guerra de España y ante la Alemania de Hitler? Nunca podremos contestar categóricamente a esta pregunta, pero lo cierto es que si la guerra europea se hubiese adelantado al año 1936 -con la intervención en la guerra de España de las potencias que luego se enfrentarían en la II mundial- no se hubiese dado la imagen de debilidad de las democracias ante los fascismos. Quizá Austria, Polonia y Checoslovaquia no hubiesen sido invadidas, al estar Alemania involucrada en el frente español. No tiene sentido seguir haciendo especulaciones de este tipo salvo que se consideren simples reflexiones.

La gran depresión económica de los años treinta estaba todavía cercana y no muy lejana la I guerra mundial, que había dejado a los países europeos contendientes con una economía exhausta. Esto explica -otra cosa es que lo justifique- la cautela de Gran Bretaña y, en menor medida Francia, con respecto al rearme alemán y al expansionismo mediterráneo italiano. Contrasta la prudencia de las autoridades francesas, pendientes en todo momento de Gran Bretaña, con la osadía de Raymond Poincaré en 1923, intentando la ocupación de la cuenca del Rurh aunque en vano. Quizá influyese en esta decisión la proximidad de la gran guerra y el mayor nacionalismo del partido al que pertenecía Poincaré, de centro-derecha. En cuanto a la política de colaboración con Gran Bretaña (aparte la entente cordiale) quizá el que la estableció fue el radical-socialista Édouard Herriot en 1925 en los Tratados de Locarno, aunque estos involucraron a más países.

Rocío Navarro constata el telegrama que el jefe del Gobierno español dirigió el 19 de julio de 1936 a Leon Blum: Hemos sido sorprendidos por un peligroso levantamiento militar, requerimos urgentemente vuestra ayuda con armas y aviones. Fraternalmente tuyo, Giral. Lo de "sorprendidos" sorprende, pues había claras muestras de oposión militar a la república española desde el intento golpista de Sanjurjo en agosto de 1932; mucho más desde que el Frente Popular ganó las elecciones en febrero de 1936. El telegrama de Giral sirvió para que Blum consultase días más tarde con Yvon Delbos, ministro de Exteriores francés, y con Edouard Daladier, ministro de la Guerra: acordaron ayudar a la república española, entre otras cosas porque entre España y Francia existía un tratado comercial firmado en 1935 por el que España podía comprar armas a Francia. Con Pierre Cot, ministro del Aire, se determinó el envío de armas al Gobierno español aunque en el más absoluto secreto. Pocos días después fue descartado, sin embargo, el envío de aviones y municiones. Puede que ya hubiese intervenido en el cambio de actitud la diplomacia británica.

Leon Blum y otros miembros de su gobierno fueron partidarios de ayudar con armas a la España republicana y democrática, pero hasta que se firmó el pacto de "no intervención" (en el mismo año 1936, a propuesta de Francia) las dudas y los cambios de parecer fueron constantes en Francia. El 31 de julio, en un mitin en honor de Jaurès, los asistentes gritaron a Blum: "aviones para España". Fueron ventisiete países los que firmaron el pacto de "no intervención", entre ellos Alemania, Francia, Italia, Portugal, Reino Unido y Unión Soviética, pero lo violaron todos los citados menos Francia y Reino Unido. Así, la República española quedó abandonada a su suerte. Lo primero, al menos para Reino Unido, fue la economía.