jueves, 17 de octubre de 2019

Repartirse la monarquía española

Mariana de Austria por
Claudio Coello

La última vez que los reyes de la casa de Austria (en el Imperio austriaco y en el español) intentaron una restauración de su colaboración, aunque con dificultades y carencias, fue durante la regencia de Mariana de Austria (la minoridad de Carlos II).

Desde 1569 Polonia formaba parte, junto con Lituania, una Manconumidad que comprendía vastos territorios en Europa del este, hoy bajo soberanía de estados distintos. Al norte los territorios de la Mancomunidad limitaban con el golfo de Riga, a donde se asomaban territorios suecos; por el oeste llegaba a Poznan; por el sur a Breslov[i] y, por el este hasta Smolensko[ii] y Poltava[iii]. Por el oeste la Mancomunidad limitaba con Brandemburgo y con el Imperio austríaco, por el sur con el turco y por el este con el ruso. Dentro de la Mancomunidad había territorios gobernados directamente por la monarquía polaco-lituana y feudos con un diverso grado de autonomía, pero esto en el momento de su mayor extensión (1619), porque luego siguieron pérdidas territoriales, sobre todo en el este. Se trataba, además, de un estado aristocrático donde los reyes estaban mediatizados por los grupos dirigentes de la sociedad.

Durante el corto período de cuatro años[iv], el rey polaco-lituano, Miguel I,  tuvo que hacer frente al ejército turco, además de a otros conflictos en el avispero que era Europa, donde las ambiciones del rey francés Luis XIV estaban en alza. Al frente del Imperio de los Habsburgo estaba Leopoldo I, rey de Hungría a partir de 1655 y de Bohemia desde el año siguiente, que se debatió en restar el poderío de Francia (en realidad tenía un parentesco cercano con el rey Luis XIV) y la amenaza turca en el sudeste de Europa. De hecho, la Triple Alianza[v] formada a principios de 1688 en La Haya, entre Suecia, las Provincias Unidas e Inglaterra, pretendió frenar las aspiraciones francesas, alianza que no tuvo que intervenir militarmente porque su sola existencia disuadió a Luis XIV por el momento.

En el puzle europeo jugó también un papel la monarquía española de Mariana de Austria, llegando a un acuerdo con Francia que puso fin a la llamada guerra de Devolución (1667-1668), favorable a esta desde la invasión francesa de los Países Bajos españoles, aunque por un tratado firmado en Aquisgrán[vi] se devolvió a la monarquía española el Franco Condado[vii], Cambrai y otras plazas a cambio de Charleroi, Tournai y Lille entre otras posesiones. La corte de Mariana de Austria mantuvo también relaciones diplomáticas con Hungría y el Imperio Otomano.

Quien llevó a cabo las relaciones diplomáticas en nombre de la monarquía española fue el tan denostado Everardo Nithard, valido de la regencia, que quiso sacar a España del aislamiento en que había vivido hasta ese momento, toda vez que en solitario, le sería imposible vencer las ofensivas de Luis XIV, sobre todo en los Países Bajos, donde se concentraban gran parte de las tensiones de Europa occidental, dice Miguel Conde Pazos.

Apartado Nithard, el Consejo de Estado reforzó su papel en la diplomacia y a él correspondieron las relaciones de la monarquía española con el resto de los países: España empezó a participar entonces en las sucesivas alianzas que se fueron formando y definió el grado de compromiso con el Imperio austríaco. Se trataba de buscar un equilibrio europeo que, si se dio alguna vez, no es sino tras la guerra de sucesión a la corona de España en 1713. Según Miguel Conde Pazos[viii], los resultados de la política de la reina fueron notables, al lograrse el aislamiento de Francia (en el contexto de la guerra franco-holandesa (1672-1678)[ix] gracias a una serie de alianzas en las que el papel de España fue determinante, aunque desde 1673 obligaron a una reformulación de la política exterior.

Dos fueron los puntos donde la diplomacia española centró más su atención a partir de 1670, tras la firma del tratado de Dover entre Francia e Inglaterra, por el que esta debía ayudar a Francia a conquistar las Provincias Unidas. España, por su parte, hizo un acercamiento a Holanda (que ha sido estudiado por Manuel Herrero) y al Imperio austríaco, con el cual habían existido diferencias. Este último alcanzó mucha importancia en las relaciones exteriores españolas en los siguientes años: el emperador Leopoldo, hermano de la reina española, seguía siendo un apoyo indispensable para mantener Flandes y los territorios italianos, pues en ambos escenarios luchaban, en el ejército español, soldados alemanes, además de por la influencia que el emperador ejercía sobre el resto de los príncipes. No obstante, Leopoldo jugaba a varias cartas, pues mantuvo acuerdos secretos con Francia.

Buena parte de la reconstrucción de la influencia española en Viena se debe a la labor de Pablo Spínola Doria, marqués de los Balbases[x], de origen italiano. El acuerdo (1668) al que habían llegado el rey francés y el emperador austríaco para repartirse[xi] las posesiones del rey español, Carlos II, a su muerte, no tenía nada que ver con una supuesta colaboración entre las dos ramas de la familia Habsburgo. Dicho acuerdo significaba, en toda regla, la desaparición de la monarquía española. Los españoles de a pie, mientras tanto, y muy a su pesar, seguían enviando subsidios para las empresas del emperador austríaco, mientras que España tenía aún sin solucionar la independencia de Portugal, que ya era un hecho, pero solo reconocida por España en 1668.

Este no sería el único intento de repartirse las posesiones españolas entre las potencias, aunque resulta algo quimérico teniendo en cuenta que Inglaterra, en virtud de un teórico equilibrio, y más bien el intento de reducir la influencia de Francia, no lo permitiría, no faltándole aliados para ello. Y aquí entra el papel del marqués de los Balbases, que se esforzó en que la monarquía española recuperase su influencia en la corte de Viena. Spínola fue nombrado embajador y empleó a su importante red de amistades para llevar a cabo la misión. Él fue el encargado de establecer un nuevo marco de entendimiento entre las dos ramas de la dinastía, encauzando la política de Viena en un sentido contrario a Francia (se había producido el cambio del emperador Fernando III por Leopoldo). Para ello –dice Miguel Conde- estructuró unos espacios cortesanos propios, así como nuevos vínculos de carácter político y cultural.

No se trató de una labor sencilla. En 1671 Leopoldo volvió a firmar un acuerdo de neutralidad con Luis XIV, dejando Holanda a expensas de la agresión francesa. Tampoco fue fácil lograr la salida de Gremonville, autor del primer reparto, uno de los objetivos de Spínola solo llegar a Viena, pero en 1673 sus esfuerzos empezaron a dar frutos, firmándose un acuerdo con los holandeses; a este le siguió la salida de Gremonville de la corte vienesa y, poco después, la caída en desgracia de Wenzel von Lobkowitz, que ya venía de conocer la historia europea desde la guerra de los treinta años. Había sido consejero de Fernando III de Austria y luego de Leopoldo I. Así Spínola consiguió salvar a la monarquía española, si es que alguna vez estuvo en peligro en los términos del acuerdo franco-vienés. Es muy probable que el nombramiento de Spínola por parte de la regente Mariana de Austria se explique por la influencia, mediante sus amistades, que aquel tenía en la corte de Viena.



[i] Hoy en Ucrania.
[ii] Hoy en Rusia.
[iii] Hoy en Ucrania.
[iv] 1669-1673.
[v] Impuso pesados subsidios a la monarquía española
[vi] Impuesta por la Triple Alianza.
[vii] Entre Suiza y Borgoña.
[viii] “Miguel I de Polonia…”. En este trabajo se basa el presente resumen.
[ix] Participaron también Inglaterra y los obispados de Münster y Colonia.
[x] Los Balbases es una localidad del oeste de la actual provincia de Burgos.
[xi] Cambrai, el ducado de Luxemburgo o el Franco Condado, Douai, Aire, Saint.Omer, Bergues y Furnes, Pasíes Bajos, Filipinas, Navarra, Rosas, las plazas de Norte de África, Nápoles y Sicilia, etc.  pasarían a Francia. Para el emperador se destinaban los reinos de España (menos Navarra), las Indias, Milán, Finale, los puertos de Longón, Porto Ercole, Orbetello (presidios de Toscana) y las posesiones del mar de Liguria, Cerdeña, Baleares y Canarias.



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