sábado, 20 de abril de 2019

Cartagena y el antiguo reino de Murcia

Plano de Cartagena en el siglo XIII
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Ángel Luis Molina es el autor de un trabajo sobre el reino de Murcia desde el siglo XIII, cuando pasa a manos cristianas tras siglos de dominio musulmán. Ha recopilado una serie de estudios, además de los propios, de otros historiadores[i]. Durante la baja Edad Media el reino de Murcia estuvo en una permanente inseguridad debido a una triple amenaza: la piratería y el corso en el Mediterráneo, las hostilidades con el reino de Granada y con la Corona de Aragón. Esto repercutió en la población, que tendió a abandonar la costa y a instalarse en el interior e incluso en otras regiones de la Corona de Castilla.

La costa murciana de aquella época tenía una longitud aproximada de 170 km., pues comprendía parte de la actual provincia de Alicante, con el puerto de esta ciudad, el segundo en importancia después de Cartagena. El rey Alfonso X de Castilla tuvo dos proyectos para el litoral murciano: ser base de la política africana y los contactos con las repúblicas italianas. No descuidó el rey sus aspiraciones a la coronación imperial, que como es sabido terminaron “en un rotundo fracaso”, en expresión de Molina; al mismo tiempo dichas aspiraciones fueron ruinosas para la población de Murcia.

A partir, pues, de los puertos de Cartagena y Alicante, se inaugura la política marinera en el Mediterráneo por parte de Castilla, cuyos precedentes son la proyección africana en época de Fernando III, que quiso llevar las hostilidades contra los musulmanes norteafricanos. Los medios que se pusieron para ello aumentaron notablemente con Alfonso X, y así se producen las expediciones de Tagunt y Salé (este último al norte de la actual Rabat). Se inician así una serie de franquicias y exenciones a favor de los propietarios de las naves, y la concesión a Cartagena del fuero de Córboda (1246), mientras que Alicante recibiría los mismos privilegios a favor de sus armadores[ii]. El resto consistió en favoreceré el corso, lo que practicaban todos los reinos costeros, y así propiciar el nacimiento de una burguesía mercantil.

El rey Alfonso estuvo en Murcia varias veces, una de ellas en 1257, cuando su ejército conquistó el castillo de Tagunt, que le animó a proseguir en su política militar y comercial. En 1271 vuelve el rey a estar en Murcia, disponiendo para el reino “un verdadero estatuto comercial” donde se contemplan las diversas formas de comercio y ocupando Cartagena el primer puesto en el proyecto, pues será sede maestral de una nueva orden militar marinera, la de Santa María de España (nombre interesante porque parece concebirse ya a Castilla como centro del futuro estado con ese nombre). Una diversidad de problemas tuvieron el rey y la orden militar que atajar, inspirándose en la labor que los calatravos y santiaguistas habían desarrollado en la conquista de Andalucía y Murcia, pero la de España tendría un carácter exclusivamente marinero aunque por poco tiempo. Sus cuatro conventos principales fueron Cartagena, San Sebastián, A Coruña y Santa María del Puerto.

La orden de Santa María de España[iii] participó en la campaña contra Algeciras (1278-1279) que acabó en estrepitoso desastre para aquella, lo que supuso el abandono por parte del rey Alfonso de su política marinera. Sus sucesores acudirían a flotas genovesas, mientras que la orden de España desapareció con su derrota en la batalla de Moclín[iv] (1280). Esto llevó al rey a disolver la orden marinera y a incluir a sus miembros en la de Santiago. Mientras tanto el corso operaba con intensidad en busca de productos valiosos; se olvidaban pactos entre reinos e incluso se practicó contra embarcaciones de la misma nacionalidad. Ángel Luis Molina cita el caso de Bonajunta de las Leyes que, en 1295, hizo una navegación en corso contra naves aragonesas y un año después daba cuenta de haber ganado 3.000 maravedís.

Los mercaderes en el reino de Murcia eran sobre todo italianos, que aprovecharon la época de prosperidad económica en algunas décadas de la segunda mitad del siglo XIII, y que hicieron negocios con los dueños de donadíos, adquirentes estos de los artículos que aquellos traían. Desde el reino de Murcia se llevaban, a su vez, mercancías al interior de Castilla, particularmente a Sevilla, pues el viaje por tierra era más corto y con menos riesgos que por mar. Seguramente la ruta era por Lorca, que desde 1243 era un protectorado castellano y al año siguiente fue conquistada por el todavía infante Alfonso. Luego se alcanzaría Huéscar y Jaén, pues más al sur se entraba en tierras granadinas, y desde Córdoba llegar a la baja Andalucía. Los productos eran higos, aceite, miel, cera, arroz y lino, según autorizó el rey Fernando IV en 1295; luego se amplió el permiso para comerciar el azogue, el bermejón (polvo de cinabrio de color rojo y anaranjado para pinturas), cominos y greda (arcilla de color blanquecino para hacer tejas y ladrillos). No faltaba el contrabando de productos cuya salida estaba prohibida por Alfonso X y luego por Sancho IV: caballos, armas, mulas, pan, vacas, carneros, ovejas, cabras, cabrones “e todas carnes vivas e muertas”, oro, plata y “billón”. La proximidad de las fronteras granadina y valenciana facilitaba dicho contrabando.

Pero llegó una etapa de estancamiento desde finales de la década de 1270, y más con la ocupación del reino de Murcia por Jaime II de Aragón en 1296. La sentencia arbitral de Torrellas[v] (1304) partió el reino integrando en la Corona de Aragón las tierras situadas al norte del río Segura, perdiendo así Murcia el puerto de Alicante. El primer tercio fue desalentador desde el punto de vista económico, pero los acuerdos comerciales con Mallorca en 1327, confirmados y ampliados por Alfonso XI de Castilla en 1332, permitió que por el puerto de Cartagena salieran lanas y entrase trigo, y la desaparición del monopolio real sobre los tintes permitieron un cierto desarrollo urbano. La vocación marinera de Pedro I de Castilla también se vería frustrada, pero Murcia se benefició de la supremacía castellana tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo.

Desde tiempos de Alfonso XI Castilla y Génova habían establecido una alianza económica que permitió una línea Sevilla-Génova, de la que se beneficiaron genoveses, judíos y castellanos, pero la base de dicha línea estuvo en Cartagena, que durante la guerra de “los dos Pedros”[vi] fue asediada (1358). La respuesta de Castilla con las milicias murcianas fue mediante una incursión por Orihuela, al tiempo que se preparaba una escuadra en Sevilla destinada a combatir la plaza de Guardamar[vii], que fue asaltada, pero la expedición fue un fracaso, pues una tempestad hizo que la mayor parte de las galeras se estrellasen contra la costa.

El rey castellano mandó armar otra flota en Sevilla para atacar las costas aragonesas con ayuda de Portugal, Granada y Génova. Desde Cartagena atacaron el litoral alicantino, sucumbiendo esta vez Guardamar y, siguiendo la flota por el litoral valenciano llevó a la desembocadura del Ebro y luego ante Barcelona (junio de 1359), pero solo atacó al puerto para luego retirarse haciendo algunas presas en puertos catalanes, sobre todo en Sitges e Ibiza, mientras naves catalanas perseguían a las castellanas que, llegando a Cartagena, alcanzaron luego Sevilla. En los próximos años la flota castellana castigará el litoral valenciano, pero no con base en Cartagena, bloqueando en una ocasión a la naves catalanas en Cullera (al sur y muy cerca de la ciudad de Valencia).

Ahora cambia la estrategia castellana efectuando ofensivas por tierra, sobre todo con Enrique II de Trastámara, que tuvo que soportar un bloqueo internacional. La paz de Almazán (1375) puso fin a las hostilidades entre Aragón y Castilla, pero Murcia vuelve al abandono: en 1381 el concejo cartagenero declaraba al de Murcia que el número de sus vecinos era 176, es decir, 800 habitantes, pero con la mayoría de edad de Enrique III mejoran las perspectivas gracias al comercio y la apertura de nuevas rutas; la monarquía consigue controlar a la nobleza, las órdenes militares y los concejos. Cartagena conoció entonces otra época de prosperidad, pero puede que solo para los extranjeros que hacían negocios, pues en 1407 tenía solo 500 habitantes. Para todo el siglo XV el cronista Alonso de Palencia dijo que Cartagena era famosa por su fuerte y castillo, pero en todo lo demás está arruinada.

Luego el puerto de Cartagena mantuvo contactos con los de Mallorca, Alicante, Valencia, Barcelona, Génova, Saona y Venecia, pero también con otros de Granada y Berbería. De Flandes llegaron barcos que desembarcaron en Cartagena “ropas y paños berbíes”, de Venecia llegó cobre y marcos de plata. De Cartagena salieron para Mallorca lanas y también para Venecia, junto con cueros. Pero los hombres de negocios eran extranjeros, fundamentalmente genoveses, que actúan según las coyunturas y de nuevo cae la prosperidad de Cartagena hasta que termine la guerra de Granada en 1492 y la política de los reyes se oriente hacia África e Italia.

Entonces Cartagena se convierte en un puerto militar, su población aumenta en el siglo XVI consecuencia de la reactivación económica. La plaza de Mazalquivir[viii] fue conquistada en 1505 con aportación murciana, y en 1509 se prepara en Cartagena la flota que conquistó Orán, con el cardenal Cisneros, entre otros, mandando la expedición. La salida de los judíos del reino de Murcia por Cartagena hizo que los mercaderes genoveses ocupasen su lugar, sobre todo en las operaciones de crédito…



[i] Juan Torres Fontes, Francisco Cascales, Mª de los Llanos Martínez Carrillo y Eloy Benito Ruano entre otros.
[ii] El rey concedió a Alicante el fuero de Córdoba y las franquicias de Cartagena, pero más adelante el autor señala que Alicante recibió el fuero de Toledo, así como Cartagena. También Alicante recibió exención del pago de ancoraje a los mercaderes que acudían allí.
[iii] En un momento dado se incorporó al císter.
[iv] En el interior de la actual provincia de Granada, por lo que intervinieron santiaguistas con grandes pérdidas personales.
[v] Al oeste de la actual provincia de Zaragoza.
[vi] Entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón (1356-1369). Entre cuestiones internas de Castilla e internacionales de Europa occidental, está también en este conflicto el control sobre el reino de Murcia.
[vii] Hoy al sur de la provincia de Alicante.
[viii] Al oeste de Orán.

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