sábado, 15 de diciembre de 2018

La derrota de Espartero

Fotografía tomada de "Huelva información"

Andalucía ha sido, con frecuencia, centro de operaciones revolucionarias para cambiar el régimen político de España. En el verano de 1843 fueron contra el general Espartero, regente de España durante la minoridad de la futura Isabel II. En Huelva se formó una Junta para dirigir la insurrección y Sevilla sufrió el asedio del general Van Halen. De dilatada carrera militar (era marino) defendió al regente pero, caído este, ascendió a mariscal de campo. 

La oposición que suscitó el general Espartero por su carácter autoritario, que incluyó a sus antiguamente aliados liberales, hizo que en muchas partes de España, particularmente en Andalucía, se dieran pronunciamientos contra él: Málaga, Almería, Granada y Algeciras; más tarde Sevilla y Huelva, mientras que Cádiz permaneció fiel al regente. Incluso en Huelva y Sevilla se habían producido intentos fallidos con anterioridad a 1843 y un goteo de incidentes continuaron repitiéndose durante el mes de julio de ese año en Huelva, según ha estudiado María Felisa Álvarez Rey[i] y V. Núñez García la insurrección progresista en Huelva durante el bienio 1835-36.

En junio de 1843 un pequeño grupo intentó que se levantasen contra el regente primero Almonte y luego La Palma, ambos pueblos en el sureste de la provincia de Huelva, y los milicianos de Escacena, pueblo cercano a los dos anteriores, lograron que triunfase el pronunciamiento contra Espartero. Se publicaron circulares para hacer llegar a los pueblos donde se apelaba a la Constitución de 1837 como garante de la libertad que se consideraba violada por Espartero. Se adhirieron al pronunciamiento San Juan del Puerto por medio de su milicia nacional, e igualmente Ayamonte, poblaciones situadas al sur de la provincia.

Contra Espartero se sumaron los Ayuntamientos de Lucena[ii], Beas, Palos, Bonares, Redondela, Trigueros, Bartolomé de la Torre y Aljaraque (aquí incluido el cura). Cartaya[iii], por su parte, se levantó con la Milicia Nacional, las autoridades locales y los carabineros. También secundaron el levantamiento los Ayuntamientos de Cabezas Rubias y El Cerro a partir de sus Milicias Nacionales. En Sanlúcar de Guadiana y en Moguer fueron sus Ayuntamientos los principales animadores. En Huelva se adhirió el vicario eclesiástico y, a continuación, Berrocal, Campofrío, Cañaveral[iv], Chucena, Corteconcepción, Cortelazor, Cumbres Mayores, Encinalosa, El Granado, Hinojales, La Granada, Lepe, Linares, Manzanilla, La Nava, Puerto Moral y Villanueva de los Castillejos.

Los datos que aportamos aquí están en el trabajo citado abajo de Álvarez Rey, la cual aporta el dato de que también hubo empleados públicos y autoridades que no secundaron el levantamiento. Hubo quejas de los vecinos de Santa Olalla por la falsedad de las actas que se levantaban con las firmas de los que apoyaban el levantamiento, por lo que cabe suponer que no existió unanimidad, por muy autoritario que se pintase a Espartero, que a la postre era más progresista que el régimen que se establecería en España a partir de 1845. El Ayuntamiento de Ayamonte, por ejemplo, protestó por considerar a la Junta Superior de Huelva “partidista”, añadiendo que quienes suscribían eran personas “en su mayor parte de fortuna”. La Junta Auxiliar de Ayamonte pidió comportamientos democráticos, “por cuya salvación nos hemos levantado”.

La Junta Superior de Huelva tuvo dos problemas fundamentales: la falta de recursos económicos para llevar adelante la sublevación y contar con efectivos militares suficientes. Para lo primero se estableció que los cargos otorgados por la Junta se hicieran a título no oneroso y se pidió a la empresa de sal de la provincia la cantidad de 10.000 reales que debían ser satisfechos en el plazo de 24 horas mediante las correspondientes amenazas. En cuanto a los efectivos militares se creó un cuerpo de voluntarios y se movilizó a la Milicia Nacional. En una proclama se hacía alusión al fracaso en la batalla de Ayacucho (Perú) de Espartero y se remontaba a la resistencia de Niebla al poder musulmán en la edad media. Se exigió que para servir con las armas no se considerase exentos a los hombres de mar, pues era costumbre antiguamente que no prestasen servicio de armas por estar muchas veces fuera de sus residencias. La Junta hizo un llamamiento a los oficiales y militares retirados, que serían los que pondrían orden en una tropa de inexpertos soldados. Importante fue controlar con el Boletín Oficial de la Provincia, que hoy es fuente fundamental para reconstruir estos hechos.

Pero las dificultades fueron muchas, en primer lugar porque los hombres de mar expresaron su oposición a tener que engrosar el ejército antiesparterista;  la Junta se propuso además proteger los puntos más estratégicos de la costa, haciéndose con buques para este fin. Pero lo cierto es que incluso pueblos que habían mostrado su apoyo al levantamiento, a la hora de traducirlo en aportes materiales no lo hicieron. A mediados de julio de 1843 la Junta desmovilizó a la Milicia Nacional porque muchos de los mozos debían ocuparse en trabajar los campos para la recolección de las mieses.

Huelva vivía en calma, pero no así Sevilla, donde Espartero, por medio de Van Halen, puso el acento bombardeándola y poniéndole sitio. La Junta sevillana pidió ayuda a los pueblos pero estos dieron una débil respuesta, otra muestra de que una cosa es predicar y otra dar trigo. En Sevilla ardieron iglesias y conventos entre otros edificios; el Regente ofreció una rendición honrosa a la ciudad pero los dirigentes de esta no la aceptaron. Como ya se había producido la batalla de Torrejón de Ardoz[v] favorablemente para los opositores a Espartero, Sevilla se mostró firme y el Regente se dirigió a Cádiz, ciudad leal a su persona, exiliándose en Inglaterra.

La Junta de Huelva tuvo que emplearse a fondo para lograr la colaboración de la población: la pena de muerte para los desertores, igual para los derrotistas; se considerarían traidores los que organizasen tumultos y todos ellos serían juzgados sumariamente por tribunales militares. De Cádiz salieron las bombas que se lanzaron sobre Sevilla, por lo que ya se ve que no se puede hablar de unanimidad en ninguno de los bandos. Los adalides de la sublevación recordaron en sus bandos a Sagunto, Numancia, Tarifa y Zaragoza, mezclando hechos de guerra de la antigüedad con otros de la edad media y del siglo XIX y se apeló a la Constitución de 1837 sin saber –como era lógico- que quienes se aprovecharían de la derrota de Espartero impondrían otra de signo distinto y más moderada, pero también se hicieron llamamientos a “olvidar toda clase de resentimientos”, repudiando la existencia de partidos “que desgraciadamente han dividido a la Nación”. La Nación, sabemos hoy, estaba dividida por múltiples fisuras, la de clases quizá en primer lugar.


[i] “El pronunciamiento de Huelva contra el general Espartero”.
[ii] Debe de tratarse de Lucena del Puerto.
[iii] Todos estos municipios se sitúan al sur de la provincia de Huelva, próximos unos a otros.
[iv] Estos pueblos están situados al este y norte de la provincia.
[v] Contra Espartero estuvo aquí Narváez.

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