miércoles, 30 de enero de 2019

Andalucía y el Atlántico norte


Andalucía bética, que era lo que en la baja Edad Media se entendía por Andalucía[i], fue una encrucijada comercial entre el Mediterráneo, el interior de la península Ibérica y el Atlántico en los últimos siglos medievales. Estas relaciones comerciales fueron intensas aunque las fuentes para su estudio sean tardías, pero aquellas no se limitaban al intercambio bilateral de productos, sino que vamos a ver los que llegan para ser reexportados, los que se exportan procedentes del interior de la península, gestionando este comercio flamencos, andaluces, castellanos, cántabros, gallegos, genoveses, venecianos, franceses, ingleses y de otras naciones. No debe olvidarse la actividad pirática y corsaria.

Los productos eran variados, como la madera, manzanas, pijotas[ii] coquinas[iii], vino, hierro, lana, paños, etc. Entre los puertos conectados por el comercio marítimo estaban los portugueses, ingleses, Burdeos, Bayona, vascos y franceses, pero también Génova y Venecia, entre otros. Los orígenes entre el Mediterráneo y el Atlántico, según Aznar Vallejo[iv] se remontan a la “Crónica General” de Alfonso X de Castilla. Durante el reinado de Sancho IV consta el envío de madera gallega a Sevilla y pocos años después comienzan las referencias al comercio con Portugal. A finales del siglo XIII se enviaron barcas lisboetas hacia Sevilla, y a principios del XIV se prohibió la entrada en dicho puerto, tanto por mar como por tierra, de vino lusitano.

En 1317 consta un envío de trigo andaluz a Inglaterra y, unos años después, Santander y Guetaria obtuvieron ciertos privilegios de pago en relación a otros puertos, entre los que se encontraba Bayona. La intensificación de relaciones entre el Mediterráneo y el Atlántico se culmina con la “batalla del Estrecho”, en realidad una serie de enfrentamientos entre cristianos y musulmanes que se extienden entre el último cuarto del siglo XIII y mediados del XIV, para el control del Estrecho de Gibraltar, cobrando entonces importancia las navegaciones mallorquinas, en las cuales tenían intereses algunos comerciantes venecianos. La regularidad llegó a ser tal –señala el autor citado- que los mercaderes mallorquines que negociaban con Flandes, Sevilla y la costa norteafricana, instituyeron un fondo de garantía para responder de posibles indemnizaciones, y similar era la situación de los genoveses, por lo que en el tratado de paz firmado en 1370 entre Portugal y Génova[v], el monarca portugués acordó compensar a los mercaderes genoveses por las pérdidas que estos habían sufrido.

Ya en 1320 mercaderes gallegos hacían viajes desde Sevilla a La Rochelle, en 1339 un mercader de Brujas negocia aceite en Sevilla y en 1368-1369 un alemán es condenado por haber herido a un marinero en el puerto de Cádiz. Las exportaciones andaluzas eran sobre todo de aceite y vino hacia Inglaterra y Flandes, pero también jabón, frutas, almendras, papel, goma arábiga, añil y especias. Desde Portugal llegaban sardinas y frutas (estas de Sintra), las primeras cargadas por catalanes, sevillanos y aragoneses en Cascais. Un seguro otorgado por el monarca luso salvaguardaba a los que venían por mar “de contra Galicia” y a los que lo hacían “de contra Sevilla”. Galicia jugaba un papel similar en relación al diezmo dado por el rey Enrique III en 1397, destacando e papel de A Coruña como escala del tráfico sevillano hacia el norte, volviendo las nave cargadas de pescado, madera y otras mercancías gallegas hacia Sevilla, donde desde el mismo año los mercaderes flamencos habían obtenido privilegios en dicha ciudad. A petición de montañeses y vascos, Enrique III ordenó que los mercaderes placentines, genoveses, catalanes, franceses, ingleses “u otros extraños”, fletasen los navíos de los naturales antes que los de los extranjeros.  

Estos tráficos sufrieron problemas, como es el caso del mercader lisboeta que, en 1406, con vino de Lepe e higos y cera de Tavira con destino a Flandes, fue asaltado en Viveiro. En el mismo año y mismo puerto varios navíos franceses atacaron a dos de Oporto. Ciertos vecinos de Sevilla, habiendo armado un navío con vino, aceite y cáñamo, yendo para Galicia fue asaltado cerca del cabo de San Vicente. En cuanto a las condiciones de arrendamiento de los diezmos de la mar de Galicia y Asturias, en 1411 establecen “que los paños y pescados y otras mercadurías que se cargaren en cualquier navío en el dicho puerto de La Coruña e en los puertos de Galicia y Asturias para llevar a Sevilla, a Castro, a Santander e a otros cualesquier lugares de nuestros reinos… que las puedan cargar y descargar sin pagar diezmos”.

Se fueron incorporando técnicos especializados, como el caso de los pilotos vizcaínos, diversificándose además los productos objeto de comercio internacional: azafrán, mercurio, etc. La comercialización era, sobre todo, de genoveses pero el transporte estaba dominado por marinos vascos. Galicia tuvo un papel distribuidor de productos, entre los que estaba la sal con destino a Arnemuiden[vi], Llanes y la propia Galicia. Otros productos fueron grana (tinte), cáñamo, cendra (pasta) y fruta seca, algunos de los cuales eran importaciones desde el reino de Granada y otros puntos del Mediterráneo. Andalucía también exportaba cereal, producto que tenía un trato diferencial en los aranceles si los destinos eran Vizcaya y Galicia. Las licencias para distribuir este producto son muy abundantes para el concejo de A Coruña, condado de Vizcaya o la provincia de Guipúzcoa. Las exportaciones andaluzas de loza y jabón, la primera hacia Portugal y el segundo muy relacionado con el aceite. Del norte de África y del Atlántico medio llegaban a Andalucía cueros, cera, malagueta (pimienta), dátiles, orchilla (liquen del que se obtiene un colorante), azúcar, etc.



[i] El otro espacio hoy andaluz era el reino de Granada.
[ii] Tipo de pescadilla
[iii] Tellinas o pequeñas almejas.
[iv] “Andalucía y el Atlántico norte a fines de la Edad Media”.
[v] En el marco de la guerra “de los cien años”, que complicó a muchos estados entre los siglos XIV y XV.
[vi] Suroeste de la actual Holanda.

(En la fotografía un fresco de Dellepiane en el Palacio de Albertis, Génova. Representa a unas carabelas en el río Tinto frente al convento de la Rábida).

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