domingo, 27 de enero de 2019

Excomuniones, pleitos y raciones

Iglesia en Urrizola (Navarra)

La convivencia entre los cabildos catedralicios y los obispos, pero también entre los miembros de dichos cabildos, ha estado llena de conflictos, pleitos y medidas coercitivas para hacer cumplir ciertas normas o evitar comportamientos que se consideraban abusivos o erróneos. Podría decirse que el estado de conflictividad entre esos dos poderes –cabildo y obispo- han sido la norma. Por otro lado, detenerse en el caso de alguna diócesis, es un buen ejercicio para comprender la naturaleza humana, el comportamiento social de un grupo reducido pero poderoso e incluso una aportación a la antropología social.

Ángeles García de la Borbolla[i] ha estudiado las desavenencias entre cabildo y obispos, así como las circunstancias de la vida material de los mismos y el clima espiritual en estos grupos. El cabildo de la catedral de Pamplona –dice la autora- quedó formado a finales del siglo XI con el episcopado de Pedro de Roda[ii] y, poco a poco, fue logrando un grado de autonomía mayor respecto a los obispos sucesivos, lo que se sustentó en la creación de un patrimonio propio. Esto mismo se puede observar en otros cabildos peninsulares desde el siglo XIII, llegando a tener un gran peso social y político en los núcleos urbanos. Se trata de grupos que tenían un sólido poder económico y que gestionaban un importante patrimonio, sirviendo estos cabildos para afirmar a los linajes urbanos de los que formaban parte.

A comienzos del siglo XIV se produce la cesión del dominio temporal de la ciudad a los reyes, con la consiguiente compensación económica para el obispo y su cabildo (1319), existiendo ya la división entre las rentas episcopales y las del cabildo, en el cual había canónigos o dignidades con más poder que otros: algunos arcedianos, entre ellos el de la tabla y el de la cámara, priores, chantre, tesorero y enfermero[iii]. Gobernaba entonces la diócesis el obispo Arnalt de Barbazán (1318-1355), de origen francés, terminando el siglo con el obispo Martín de Zalba (1377-1403).

La creación de una mesa capitular conllevaba su división en prebendas para cada uno de los canónigos, cada uno de los cuales recibía una ración, que era distinta según la función que realizaba cada uno de ellos. Esto dificultó, dice García de la Borbolla, las funciones religiosas, relajando la disciplina y entablando numerosos pleitos. Los arcedianos de la tabla y de la cámara son los que más pleitos suscitaron, estando de por medio el número de canónigos que formaban el cabildo, pues cuantos más fuesen menos ración correspondía a cada uno. En general dicho número osciló entre veinte y treinta con algunas excepciones. En 1309 se incorporaron doce nuevos canónigos, a cuatro de los cuales se les envió al studium de Toulouse o París para que completasen su formación durante seis años, correspondiéndoles 12 libras anuales más los corriedos[iv], pitanzas[v], claverías y pimientas como al resto.

La dignidad de la tabla era la mejor dotada y cuando la tuvo el canónigo García de Deza las confrontaciones fueron constantes, de forma que el incumplimiento de sus funciones le supuso la pena de excomunión en varias ocasiones. Cabe pensar que si estaba excomulgado ya no se le podría excomulgar otra vez, por lo que se supone que se arrepentía, se le perdonaba la excomunión y volvía a incurrir en dicha pena. Hubo pleitos porque el cabildo reclamó se repartiesen entre sus miembros las raciones de los capitulares difuntos, por cobrar los honorarios de las visitas que realizaban a este o aquel territorio, por la negativa del de la tabla a pagar las raciones, etc. Se había establecido que los bienes de un canónigo cuando fallecía se debían repartir en tres partes: el oro, plata, dinero y vestidos “para gastos en misas por su alma”, los animales, trigo y utensilios para el sucesor, y los libros para el cabildo. Vemos, pues, a canónigos convertidos en administradores de una fortuna pecuaria, dineraria, en joyas y otros bienes materiales que nada tienen que ver con su teórica función espiritual.

El canónigo Deza se negó en cierta ocasión a pagar al médico del obispo y el cabildo, al maestro de la fábrica de la catedral, dar limosna a los pobres y no pagar a ciertos servidores: capellanes, portero, cocinero, dormitoreros, etc. El cabildo amenazó entonces con suspender todos los oficios litúrgicos, como si estos tuviesen algo que ver con la situación material de sus miembros. Deza recibió en 1308 de una viuda una casa en San Sebastián “por el alma de su marido” y por los 3.000 maravedíes que el arcediano le había prestado y, al año siguiente, recibe de un matrimonio los palacios, casas y collazos[vi] que tenían en Añorbe[vii]; el monasterio de san Juan, cerca de Oloriz[viii], los diezmos, heredades y collazos en Urrizola[ix].

El pertinaz Deza tuvo que ser suspendido a divinis después de que “hayamos amonestado al nuestro amado en Jesús Cristo…” y dado que no causaban efecto en él los sucesivos “excomulgamientos”. Pero los problemas no cesaron por estas penas, pues los canónigos reclamaron al arcediano ausente sus raciones de pan, vino, carne, pescado, huevos y queso… como vemos, asuntos muy espirituales. En 1318 un nuevo conflicto se desata con Deza y de nuevo se le amenaza de excomunión, sentenciándose que el cabildo tomase en arriendo todas las rentas del arcediano por el plazo de 8 años, plazo ampliable si la vida del arcediano se alargara, pagándole por ello 800 cahíces[x] de trigo y una ración. No fuese a ser que el arcediano Deza tuviese larga vida y los problemas se prolongasen…

Luego vinieron los problemas con el arcediano de la cámara, ya que las dignidades llevaban aparejadas unas rentas, y en 1321 el obispo tuvo que mediar como árbitro por haber cierto desacuerdo, además de que se pedía que el número de canónigos debía reducirse a treinta. García de la Borbolla habla de una cadena ininterrumpida de pleitos con penas de excomunión y suspensión “de los oficios divinos”, que quizá no tuviesen tanto de divinos. En 1328 vuelven las quejas de los canónigos por esta o aquella cuestión. Hasta se llega a recordar que los canónigos, cada día, debían comer en el refectorio carne, en concreto un cuarto de carnero para cada dos. En ciertas ocasiones se debía proporcionar “doble ración de queso y huevos”, y proveer a la cocina ollas y sartenes, así como la leña requerida. Lo más curioso es que si se veía a un canónigo “desfallecido” (lo que no sería muy difícil de aparentar) se le debía dar durante tres días doble ración, y los canónigos que se encontrasen enfermos  debían recibir “cada noche un vaso de vino más de la porción acostumbrada”. Toda una casuística elaborada por sesudos canónigos que quizá tuviesen tiempo, aún, para rezar.

Hubo momentos en los que el cabildo vivió con estrecheces, hasta el punto de tener dormitorios para sus miembros muy humildes. Tuvo que ser un hijo del rey Carlos III el que, en el siglo XV, edificase uno nuevo. Más pleitos que incluso llegan a la rota romana hasta que un personaje de gran capacidad administrativa entra en acción. Se trata de García Sánchiz de Reta, canónigo que, entre 1336 y 1343 adquiere una serie de bienes que permiten, mediante arriendo, disponer de más recursos al cabildo; incluso algunos canónigos, a título particular, hacen operaciones de compra y arriendo como si se tratase de seglares. En 1336, por ejemplo, ceden a Sánchiz de Reta una viña en Burlada[xi], y un hortelano de Pamplona y su mujer le venden una viña en Villaba[xii]; un zapatero y su mujer, vecinos también de Pamplona, le venden otra viña, y una operación similar se produce en 1337 con la compra de otra viña que ha de servir para el aumento de la ración de los canónigos. En 1340 Sánchiz de Reta compra otra viña a un miembro del cabildo, Pérez de Itoiz, casi seguro hijo de un mercader franco –dice García de la Borbolla- que llevó a cabo una intensa actividad individual de adquisición de propiedades entre 1329 y 1348. No es de extrañar el abandono de las funciones propias de los canónigos, que eran asistir a la iglesia catedral y a las necesidades espirituales de los fieles. En 1346 compró a un mercader de Pamplona un huerto para hacer frente a las necesidades de leña. En la década de los treinta la economía del cabildo mejora, lo que se demuestra por el volumen de compra de propiedades, sobre todo viñas y huertos. En la mayor parte de los casos estas propiedades serán arrendadas, obteniendo una rentabilidad nada despreciable para poder hacer frente a un importante volumen de gastos.

El arcediano de la tabla era el mejor retribuido, después del obispo, lo que demuestra la autora a la que seguimos aquí mediante un documento de 1363. En él se detalla lo que pagaban en concepto de rediezmos todos los conventos e iglesias de la diócesis en proporción a sus rentas. Así será posible admitir nuevos canónigos que vengan a sustituir a los fallecidos, con los consiguientes nuevos pleitos. En todo caso, entre 1335 y 1336 se registran numerosas compraventas de viñas y huertos, lo que proporciona unos beneficios regulares al cabildo. De nuevo en 1342 está Sánchiz de Reta comprando una viña a un mercero de Pamplona, y en 1343 adquiere a un vecino de Burlada otra viña… Se vendieron unos montes de Guipúzcoa y una viña comprada por un canónigo la arrienda a su antiguo propietario. En 1342 se da un caso particular que pone de manifiesto el abuso de la excomunión para cuestiones totalmente ajenas a lo espiritual: obispo y cabildo exigen que los corriedos paguen en dinero y no en especie y en un plazo de quince días “bajo pena de excomunión”. Ver para creer.



[i] “Encuentros y desencuentros en el seno del cabildo de la catedral de Pamplona (siglo XIV)”.
[ii] Natural de Rodez, sur de Francia, lo que veremos en más casos debido a la vinculación durante mucho tiempo de la monarquía navarra a la francesa.
[iii] El arcediano de la tabla era el encargado de administrar los alimentos, el de la cámara el vestido, el chantre se encargaba del culto, el tesorero se encargaba de la sacristía y objetos valiosos.
[iv] Son divisiones eclesiásticas del territorio.
[v] Porción de comida que corresponde a cada uno.
[vi] Personas sujetas a un poder señorial.
[vii] En el centro de la actual Navarra.
[viii] En el centro de la actual Navarra.
[ix] Al noroeste de la actual Navarra.
[x] Medida de capacidad que en Navarra se empleaba para los cereales.
[xi] Cerca de Pamplona.
[xii] Cerca de Pamplona.

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