martes, 22 de enero de 2019

Galicia y Portugal: conflictos medievales

Estuario del Miño

Dice el historiador Carlos Barros[i] que, en el siglo XV, la idea de “reino” de Galicia, o de “reino” de Portugal, equivale a la idea de “señorío” de Galicia, o de “señorío” de Portugal. Las entidades nacionales se concebían como grandes señoríos. Según fuese el estado así se concebía la frontera y el estado territorial en la Edad Media se distinguía mal de las otras formas espaciales. Se superponían las fronteras señoriales, eclesiásticas y políticas; y las fronteras del rey no eran las que más incidían en la vida cotidiana.

Con la “modernidad” se produce el fin de las aduanas señoriales y la nacionalización de las jurisdicciones, al tiempo que se produce por parte del los estados un mayor control comercial, fiscal, judicial, etc. A finales de la Edad Media en la frontera gallego-portuguesa se mantienen relaciones intensas de buena vecindad, pero en el contexto de las guerras por la hegemonía peninsular entre Castilla y Portugal, en la segunda mitad del siglo XIV[ii] y en la segunda del XV[iii], se constituyen en Galicia sendos bandos, uno pro-Portugal y otro pro-Castilla, acabando este por triunfar.

Después de 1385, Joâo I animó a recuperar para Portugal las propiedades del obispado de Tui (que entonces era Diego Anaya Maldonado, sucediéndole Juan Ramírez de Guzmán), entre el Miño y el Limia, que terminaron bajo soberanía portuguesa. Los tudenses llamaron –dice Carlos Barros- “chamorros” a los de Valença, y todavía en 1424 el cabildo de Tui requiere al concejo para que no deje entrar en la ciudad a los rebeldes excomulgados de Valença (en el contexto del cisma papal de la Iglesia).

“Chamorro” significa tener el pelo corto y la barba rapada, moda portuguesa a partir del rey Fernando (1367-1383), que sirvió para que los castellanos, vencidos en Aljubarrota, llamasen así a los portugueses. En la época, “chamorro” equivalía a pobre, vil.

Si nos trasladamos a la batalla de Toro (1476) –siguiendo a Carlos Barros- los gallegos y los portugueses desarrollaron tanta destreza en deshonrarse mutuamente que terminó en guerra. El arzobispo Fonseca y el conde de Monterrei provocaron a los portugueses de Pedro Álvarez de Sotomayor llamándoles “sebosos, cabrones…” y otras lindezas. Los portugueses se pronunciaban: “esperad, ladrones gallegos, páparos[iv], torrezneyros”. El enfrentamiento armado llevó a 150 portugueses a la muerte, defensores de la causa de Alfonso V, partidario de la integración de Galicia en Portugal.  

Dice el historiador al que seguimos aquí que tiene dudas de que las fronteras que luego se han formado fuesen posibles “sin esta aportación de las enemistades nacionales propias de la modernidad”.


[i] “Cierre de fronteras y enemistades colectivas”.
[ii] La guerra civil desencadenada en Portugal (1383-1385) tras la muerte de Fernando I, llevó a varios candidatos, entre los que estuvo Juan I de Castilla, lo que no fue aceptado por todos.
[iii] La guerra civil castellana entre 1475 y 1479 por la sucesión de Enrique IV, llevó a la monarquía portuguesa a apoyar a la hija del rey castellano, contra las pretensiones de su hermana, Isabel, que resultaría triunfante.
[iv] Persona simple.

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